La pandemia ha visibilizado momentos extraordinarios pese a la dureza de las personas afectadas. Un momento terrible que, sin embargo, ha mostrado extraños compañeros de cama. Apple y Google, dos empresas competidoras, se han unido para desarrollar una tecnología de rastreo de contactos que ayude a controlar la propagación del coronavirus Covid-19 pero «manteniendo una gran privacidad». Pondrán la tecnología a disposición de las autoridades sanitarias.

La tecnología ha demostrado en esta crisis sanitaria que juega un papel importante. Servicios digitales y aplicaciones de autoevaluación que se han erigido como una de las «vacunas» para prevenir y monitorizar contagios gracias al uso de un dispositivo electrónico que está presente en millones de bolsillos, el teléfono móvil. El objetivo que persiguen gobiernos y empresas privadas es lograr controlar a los posibles infectados. Las propuestas se han multiplicado pero ha despertado las dudas y recelos de los defensores de la privacidad.

La boda de estas dos empresas no es baladí: ultiman un servicio digital para que organismos gubernamentales puedan utilizarlo para analizar nuevos contagios. Y ya dan plazos: mayo. Lanzarán una solución integral que incluye interfaces de programación de aplicaciones (APIs) y tecnología a nivel de sistema operativo para ayudar a permitir el seguimiento de contactos. Será el embrión de una aplicación global que desembarcará en todos los sistemas operativos propietarios, iOS y Android, que cubren el 90% del parque de «smartphones» en el mundo. Pedirá permiso al usuario.

Un sistema de alertas por proximidad

En un encuentro vía telefónica, ingenieros de Apple y Google explicaron que el proyecto ofrecerá una «gran privacidad». A diferencia de otras herramientas existentes para la lucha del Covid-19, que aprovechan el sistema de geolocalización de los terminales, la idea que les ha unido se basa en Bluetooth. Una tecnología inalámbrica de corto alcance que permitirá intercambiar datos e información cuando dos «smartphones» se encuentren cerca.

Es decir, permitirá conectarse entre dispositivos y alertar a otros usuarios si han estado cerca de una persona con síntomas, aunque la clave está en el propio usuario: deberá comunicar y participar en la iniciativa para que sea efectiva. La idea es usar las señales que emiten desde otros móviles y procesarlas en forma de alertas por diferentes niveles de proximidad y peligrosidad. Un aspecto positivo es que seguirá funcionando incluso cuando el GPS no se pueda conectar, por lo que es más eficiente que otras aplicaciones de geolocalización.

Para entenderlo: dos móviles que estén cerca intercambiarán un código de identificación, anónimo y aleatorio (que cambiará cada dos semanas, el tiempo de la cuarentena), por lo que ningún usuario podrá conocer el paradero del resto. En el listado de notificaciones un usuario podrá saber si ha estado en contacto con una persona. «No se usa la geolocalización», avanzan los expertos, quienes insisten en que no se conocerá la identificación de los usuarios. «La privacidad, la transparencia y el consentimiento son de suma importancia en esta iniciativa, y esperamos construir esta funcionalidad consultando a las partes interesadas. Publicaremos abiertamente información sobre nuestro trabajo para que otros la analicen», recalcan los expertos. La gran ventaja se encuentra en la participación de los usuarios. Que funcione, debe de ser una respuesta masiva. ¿Lo harán?

 

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