Así es el buscador chino de Huawei que quiere competir con Google

Google le ha salido competencia. Algo positivo desde el punto de vista del consumidor, porque, siendo realistas, los usuarios tienen pocas posibilidades de elección en lo que a buscadores se refiere. Claro que existen Yahoo! o Yandex, pero la realidad es que Google ostenta el 95% del mercado. Prácticamente es un monopolio con todo el riesgo que ello conlleva para el consumidor. Desde que hace dos años el gobierno de Trump envistiera en contra de los productos chinos en plena guerra comercial, y lo hiciera especialmente en contra de Huawei, vetándola del acceso al mercado americano y a los componentes y aplicaciones estadounidenses, la empresa se ha volcado en encontrar, por sí misma, una solución al problema.

Esta situación ha provocado que Huawei haya desarrollado su propio sistema operativo, Harmony OS, una tienda de aplicaciones y, recientemente, su propio buscador, «Petal Search». Con un mercado nacional de casi 1.400 millones de habitantes, Huawei se puede permitir lanzar prácticamente lo que quiera en China, donde Google y otras aplicaciones americanas hace tiempo que no tienen cabida.

Petal Search ha pasado de un experimento para buscar aplicaciones a algo mucho más serio. Y ya es capaz de hacerle frente a Google. El proyecto surgió de la necesidad de ofrecer al usuario de los móviles de Huawei una forma de instalar aplicaciones de forma extraoficial buscando en repositorios públicos, y que al mismo tiempo las mantuviera actualizadas. Por ejemplo, puedes buscar Instagram o Airbnb e instalarlas sin recurrir a la Play Store de Google.

30 millones de usuarios para 2021

Ahora, Petal ha evolucionado y es capaz de ofrecer búsquedas relevantes, además de compras, viajes, resultados locales y noticias, categorías muy similares a las que ofrece Google. Aunque inicialmente Petal estaba sólo disponible para los móviles Huawei, a partir de ahora también se puede acceder a través de Gopetal.com y en forma de aplicación tanto para Android como para iOS, en una clara apuesta de Huawei por lanzar un buscador global para todo el mundo.

El servicio está disponible en 170 países desde mayo y ya ha llegado a los 3 millones de usuarios, con intención de alcanzar los 30 millones en el 2021. Al igual que Google su modelo de negocio se encuentra en las campañas de publicidad, las cuales ya han empezado a funcionar estas Navidades. Huawei ha apostado por cuatro categorías integradas en el buscador. Además de dotarlo de sugerencias en la aplicación móvil, cosa que Google no hace. La primera categoría es la búsqueda de productos que ayuda al usuario a encontrar tiendas online donde adquirirlos, la categoría de viajes ofrece resultados, vuelos, hoteles y restaurantes, la local busca servicios a nuestro al rededor, y la de noticias, artículos gracias a los acuerdos con medios españoles, capaces además de identificar si la noticia es de pago o no.

El buscador Petal sólo tiene unos meses de vida y todavía es muy pronto para que pueda sustituir a Google, pero está en el buen camino para lograrlo.

 

petal-2-kKyF--620x349@abc

¿Que supone una caída de Google, como la de la semana pasada, para el usuario, la empresa y la seguridad?

Sin la tecnología no somos nada. Especialmente en tiempos de pandemia, en los que se ha convertido en un elemento vital para la supervivencia de las empresas y para que la sociedad pueda seguir en contacto a pesar de la brecha física. Por eso, cuando alguna de las plataformas y dispositivos tecnológicos que empleamos, y que a estas alturas ya son casi un apendice más de nuestro cuerpo, dejan de funcionar, el problema puede desesperar e, incluso, generar pérdidas económicas. Así ha quedado en evidencia esta mañana, cuando Google y sus plataformas, como GmailYouTubeGoogle DriveHangouts, Google Play, Google Duo o Google Maps, han sufrido una caída del servicio que ha dejado a usuarios de zonas de todo el mundo sin acceso entre las 12.45 y las 13.35 horas en España. El problema: un fallo en el sistema de autenticación, que es el que permite a los usuarios acceder a sus cuentas.

«Google experimentó una interrupción del sistema de autenticación durante aproximadamente 45 minutos debido a un problema de cuota de almacenamiento interno. Los servicios que requieren que los usuarios inicien sesión experimentaron altas tasas de error durante este período. Todos los servicios están funcionando de nuevo. Pedimos disculpas a todos los afectados. Llevaremos a cabo un seguimiento exhaustivo para asegurarnos que este problema no se repita en el futuro», explican desde Google en un comunicado remitido a este diario.

La tecnológica afincada en Mountain View descarta que haya sufrido un ciberataque. Asimismo, expresa que en estos momentos está llevando a cabo una investigación para asegurarse de que el fallo no se vuelva a producir.

Posibles pérdidas económicas

Las plataformas digitales y los buscadores no funcionan por amor al arte. Google, como el resto de ramas de su empresa propietaria, Alphabet, depende enormemente del negocio de la publicidad. Según datos de Statista, el 83,3% de los ingresos de su matriz provienen de la publicidad digital. En buena medida gracias a ella, Alphabet logró un beneficio neto de 34.343 millones de dólares (31.063 millones de euros) a lo largo de 2019. Esto quiere decir que cuantas más reproducciones y visualizaciones le entregan los usuarios, más se acelera la máquina de hacer dinero de la tecnológica. En caso de que se produzca una caída del servicio, aunque sea en algunas zonas concretas del globo, como ha sido el caso, la máquina se desacelera.

Rafael Conde, director de digital e innovación de la consultora tecnológica Vector ITC, explica a este diario que, al haberse tratado de un fallo del servicio de autenticación de usuario, «todos los servicios de Google de publicidad y de navegación se han mantenido activos». Por lo que el impacto económico por el lado de la publicidad «no ha sido especialmente alto». Sin embargo, el hecho de que los servicios de Google no funcionen y hayan causado problemas a las empresas que los tienen contratados puede derivar en otros problemas para la compañía estadounidense: «Dentro de las cláusulas que firma Google con las compañías que emplean sus servicios hay contratos de disponibilidad. Y si se incumplen tienen penalizaciones. Si las grandes empresas que tienen contratados sus servicios realizan reclamaciones el impacto económico puede ser importante».

Más dificil de cuantificar resultan las potenciales pérdidas que pueda haber supuesto para las empresas que emplean los servicios de la compañía. Varias compañías consultadas por ABC reconocen haber sufrido problemas a causa del fallo registrado por Google en la mañana. «Nosotros trabajamos directamente con Google Merchant, el servicio a través del cuál las tiendas suben los datos de sus productos y tienda online con el objetivo de realizar campañas de marketing en Google Shopping. Debido a la caída estuvimos aproximadamente una hora sin poder actualizar los catálogos de nuestros clientes y por consecuencia esto puede afectar a la decisión de cambios de precios y anuncios en base a la competitividad», explica a este diario Lavin Luis, cofundador de la empresa de optimización digital Boardfy.

«Por otro lado algunos de nuestros clientes, como por ejemplo Sabina Store, tuvo una saturación en su departamento de atención al cliente sumada a la inactividad del fin de semana y a encontrarnos en la época más fuerte del año. La saturación vino dada por la imposibilidad de conectarse a sus cuentas de correo y Drive», añade el cofundador de Boardfy sobre los efectos colaterales que puede tener un problema de este tipo para una compañía digital.

Sin problemas de seguridad, sobre el papel

Según expertos en ciberseguridad consultados con ABC, la caída del servicio sufrida por Google no supone, al menos en principio, ningún problema para la seguridad de los archivos de quienes emplean sus servicios en la nube. Eusebio Nieva, director técnico de la empresa de ciberseguridad Check Point, apunta que nada más encuentra tres riesgos potenciales. El primero es la pérdida de datos en caso de que algún usuario estuviese empleando alguna de las plataformas de Google en el momento en el que tuvo lugar el fallo. El segundo es la posible relajación de los sistemas de seguridad de la tecnológica con el fin de revertir el problema, que podrían fallar a la hora de alertar a un usuario cuando entra en alguna página web maliciosa.

«También podría provocar que un usuario sufriese una incidencia de seguridad durante el fallo sin ser consciente. Por ejemplo, si un cibercriminal que opera desde un país que no esta afectado intenta robar el acceso a un servicio como GMail, no habría forma de alertarle de la situación por culpa de la caída. Esto provocaría que el criminal pudiese tener acceso a las cuentas de correo de la víctima sin que esta pudise defenderse», explica el director técnico de Check Point.

¿Es normal?

No es la primera vez que Google sufre un fallo de sus servicios en los últimos meses. El pasado 20 de agosto, la plataforma registró problemas que fueron especialmente intensos en GMail y en el buscador. El fallo, que afectó especialmente a países del centro de Europa, Asia (Japón e India), algunas áreas de Australia y las costas de Estados Unidos, duró casi seis horas antes de su completa resolución.

Otras empresas, como FacebookWhatsApp o Instagram, registran en ocasiones fallos del servicio que pueden deberse a labores de mantenimiento o a algún fallo en los servidores o en la autenticación de usuarios, que es, precisamente, lo que le ha ocurrido a Google. La diferencia es que cuando un problema de estos afecta a la joya de Mountain View, el servicio, al estar centralizado, puede registrar problemas en otras plataformas que, además, en estos momentos son clave para la correcta realización del trabajo en remoto para muchas empresas. Ese es el caso de Google Calendar, Hangouts o el propio correo electrónico.

¿Cómo mitigo los efectos si soy una empresa?

Un fallo como el sufrido en el buscador durante la mañana provoca que el usuario no pueda emplear con normalidad los servicios de Google. Y en tiempos de pandemia, para un teletrabajador eso puede suponer una desconexión prácticamente completa de su puesto de trabajo y, evidentemente, problemas para que la compañía pueda funcionar de forma correcta.

Ofelia Tejerina, abogada digital y presidenta de la Asociación de Internautas, explica a ABC que para que estos problemas no afecten ni al usuario corriente ni, especialmente, a las empresas, es importante manejar alternativas de servicio: «El problema es que con Google lo tenemos todo centralizado, y lo mejor para todo el mundo es que eso no sea así. Una de las principales medidas de seguridad para el trabajo online es no tener el correo y la información en la nube en el mismo sitio».

La experta añade que existen alternativas, tanto en navegadores, como en correo o mensajería, que están fuera del paraguas de Google. Asimismo, afirma que en el caso de las compañías, que se puedan ver afectadas en casos como este, es capital tener siempre activo un plan B por si ocurre algún problema: «Una empresa tiene que tener un protoclo en el que se estudien los servicios que se emplean, así como alternativas en caso de que ocurra un error».

 

fallo-google-kgOH--620x349@abc

La tiranía de los algoritmos

Viven con nosotros, aunque no los veamos. Están ahí, a cada minuto, sin que reparemos sobre ellos. Allá donde alcanza la vista. Tienen más influencia en nosotros que nuestra madre. Que ya es decir. La economía de los algoritmos ha impregnado en los últimos años una cultura empresarial que busca monitorizar a cada momento los pasos de los internautas. Sometidos bajo un puño de hierro en forma de complejas secuencias y operaciones matemáticas. Están detrás de los servicios digitales que consultamos a diario, pero se extienden, cada vez más, a todos los negocios.

Están entre nosotros. Hay algoritmos para predecir el tiempo, los atascos y hasta el amor. Los hay que componen música y pintan cuadros como si fuera Van Gogh. Otros, en cambio, están detrás de la creación de noticias falsas y son capaces de predecir quién va a ganar en unas elecciones. A medida que los ciudadanos cede poder a las máquinas, más preocupa todo aquello que escapa de su control. ¿Son los algoritmos útiles? ¿Deberían poder auditarse? En ocasiones se piensa en ellos como en la fórmula de la Coca-Cola: secreta, opaca, lucrativa. En realidad, no dejan de ser instrucciones que sirven a las máquinas su poder de decisión. Se alimentan de datos regalados por los usuarios, ajustando y personalizando experiencias de uso. Sí, tienen mucho potencial para la toma de decisiones. Un empresario del futuro tendrá (si no la tiene ya) una máquina a su disposición que le ofrecerá los resultados más óptimos ante un problema.

No, no, las máquinas no se levantarán contra los humanos, pero sí existe, en cierto modo, una tiranía de los algoritmos en las actuales sociedades al estar presente a nuestro alrededor. Eso también quiere poner coto organismos reguladores y autoridades. El objetivo de los actuales visionarios es dotarle de ética para que no se descabalgue de la justicia social en las décadas venideras. Es decir, reducir brechas en lugar de abrirlas aún más. «Un algoritmo es un sistema de información. La información genera conocimiento que, por definición, es positivo para nosotros: sabes más de las cosas. Otra cosa es cómo lo utiliza. La tecnología no es buena o mala, depende de su uso», señala en conversación telefónica con ABC Xavier Ferràs, profesor del departamento de Operaciones, Innovación y Data Sciences de Esade.

Esos famosos algoritmos son el libro de instrucciones de los grandes servicios digitales que han conquistado la sociedad en los últimos tiempos. Netflix, la plataforma de «streaming» de contenidos multimedia, sabe perfectamente en cada momento los programas que mejor se adaptan a un determinado consumidor. Y el propio software implementado anima, precisamente, a sacar esa sed televisiva. Cambia capturas de sus series cuando una ha dado el estirón. « Gambito de Dama», por ejemplo, está protagonizada por la deslumbrante actriz Anya Taylor-Joy. Ahora, una de sus apariciones (secundarias) se ha reforzado con su imagen para captar el interés: «Peaky Blinders». Su algoritmo es capaz de recomendar unas series y no otras.

Lo mismo sucede en otras plataformas como Spotify. El ejemplo más terrenal es Facebook: lo que ves es producto de tu imaginación. Edgerank, que así se denomina, decide los contenidos que aparecen en tu perfil. Cualquier modificación, por pequeña que sea, tiene un impacto. Si no que se lo digan a los medios de comunicación, que han sufrido una notable pérdida de tráfico por la decisión de darle mayor visibilidad a las publicaciones de amigos. «Muchas de las cosas que nos pasan no se escapa del control de los algoritmos. Y, por mucho que nos lleguen de máquinas inteligentes, hay siempre cosas increíbles», sostiene por videollamada Marta García Aller, autora de « Lo Imprevisible: Todo lo que la tecnología quiere y no puede controlar» (Planeta, 2020).

Hacia una inteligencia «natural»

Los avances en en el campo de la Inteligencia Artificial están cosechando grandes logros para la economía y, por extensión, la humanidad. Hay innumerables ejemplos de cómo empresas y negocios lo aplican a diario para mejorar sus procesos industriales. Y consiguen una armonía con la eficiencia. Una IA, sin ir más lejos, está ayudando a agricultores africanos en Zambia a obtener información instantánea sobre enfermedades de las plantas y patrones climáticos, que antes solo provenían de expertos en agricultura y meteorólogos.

Hay, también, sistemas que indican cuál es la ruta más rápida hasta un punto determinado. Gracias a estos recursos informáticos se han podido descubrir nuevos exoplanetas. Hay un torrente infinito de ejemplos sobre las oportunidades que ha brindado esta emergente tecnología. «Hay una nueva generación de sistemas de información que son capaces de aprender sobre sí mismos, que es una cuestión inherente al ser humano», apunta Ferràs.

En ese sentido, los expertos consideran que las máquinas deben ser vistas más como compañeros que como sustitutos naturales. Siempre hará falta intuición y creatividad, algo inherente a la condición humana. Las máquinas, de lo que nos pueden proveer, es de información. Que de otra manera sería imposible de profesar, pero las «inteligencias artificiales» sí pueden. Quien decida qué es justo o bueno o malo tiene que ser un humano. «Que los algoritmos conviertan a la sociedad en una sociedad más justa, democrática o autoritaria no tiene que mostrar a los algoritmos como una dictadura. Necesitamos de la electricidad, pero no decimos que es una dictadura», añade García Aller. Se pregunta Ferràs, en ese sentido, si la tencología crea o destruye empleos. Su argumentación: «Depende de se la haces o la cosumes. Si eres un mero consumidor puede que seas un elemento pasivo de la economía».

La IA va a permeabilizar todos los aspectos de la vida cotidiana. No nos damos cuenta de hasta qué punto es necesaria. García Aller lo deja claro: «Va a transformar las relaciones humanas, el amor, el trabajo; poco a poco lo va transformando todo, pero lo que tenemos que pedirle es que a las empresas que los diseñan, que son corporaciones, sean más transparentes en sus cálculos. Porque no son neutros, tienen un fin Y sabemos que las máquinas carecen de ambición. Lo que esos algoritmos buscan es lo que lo que un humano ha querido». Para Ferràs, esta tecnología tiene aplicaciones impresionantes en todos los ámbitos. «Ahora las máquinas pueden reconocer voces, caras, imágenes. Pueden entender los patrones del significado de las palabras, movimientos estratégicos en un juego, saber en base a la experiencia y se empiezan a comportar como la inteligencia humana».

Necesidad de auditarlos

En los últimos años han aparecido movimientos de organismos de derechos civiles y reguladores que han instado a mirar con más determinación la influencia de los algoritmos en las sociedad, en parte por la proliferación de los servicios de comunicación digitales que han atrapado en un laberinto sin salida a los usuarios. Borja Adsuara, experto en derecho digital y miembro del observatorio OdiseIA, defiende que las plataformas sean neutrales. «No deberían entrar en verificar los contenidos. El poder que tienen es, según lo que te recomienden, es enorme al intentar modificar tu opinión y conducta», dice. «Están condicionando -asegura- la opinión de sus usuarios a base de un perfilado psicológico de sus usuarios. Saben por dónde entrarles (a los usuarios)». Pero desliza una frase lapidaria: «No hay que regular los algoritmos como si fueran algoritmos, sino como si fuera una inteligencia natural. No hay que regular la tecnología, sino lo que se hace con ella».

 

afp-kNMH--620x349@abc

En España hay carencia de profesionales especializados en ciberseguridad

La pandemia de coronavirus Covid-19 ha servido como motor de la digitalización de las empresas. Se ha dado un gran salto a nivel tecnológico. Cinco meses han sido equivalentes a cinco años de avances, pero el salto ha sido demasiado rápido como para levantar en condiciones los cimientos de la seguridad informática. Las pymes han sido las grandes perjudicadas de una crisis que ha evidenciado la necesidad de contar con profesionales en materia de seguridad. Y, aunque haberlos haylos, España tiene una carencia de expertos en ciberseguridad.

«En España, en materia de ciberseguridad, tenemos muchísimas fortalezas, como la normativa y legislación existente que es muy detallada y una industria de servicios muy buena, aunque tenemos debilidades: no producimos tecnología y hay carencias de personal experto», lamentó este lunes Luis Jiménez, subdirector general del Centro Criptológico Nacional (CCN), durante jornadas STIC CCN-CERT, el evento de ciberseguridad más importante de España, organizado por el Centro Criptológico Nacional (CCN), adscrito al Centro Nacional de Inteligencia (CNI).

Los expertos coinciden en la existencia muchos factores que afectan a la carencia de profesionales de la seguridad informática. «La tecnología evoluciona muy rápido y mantener conocimientos actualizados profundos sobre la naturaleza de la seguridad de la tecnología no es fácil. Mantener nuestras capacidades de conocimientos en los ingenieros no es sencillo porque cambia a gran velocidad», añadió Jiménez, quien destacó además que los conocimientos en este terreno nunca han sido tratados de una manera regulada. «Encuentras a los profesionales no el mundo académico sino en el mundo de la empresa o independientes».

Para Juan Carlos López Madera, jefe de la Oficina de Coordinación de Ciberseguridad, España se encuentra con capacidad reconocido a nivel internacional. «Tenemos un modelo de gobernanza sólido y reconocido, tenemos unas fuerzas de seguridad de estado muy avanzadas en la persecución de ciberdelitos muy avanzadas», reconoció al tiempo que dejó clara una necesidad: «Necesitamos más coordinación público-privada».

El «secuestro de datos» se dispara en la pandemia

Durante la pandemia de coronavirus se ha evidenciado la necesidad de fortalecer la seguridad de los equipos informáticos. Las amenazas se han multiplicado por cuatro en los últimos nueve meses, según varios informes consultados por ABC. Por contar con mayores recursos, las grandes empresas han podido contenerlas al disponer de departamentos técnicos con experiencia, pero las pymes han sido las principales afectadas. Los expertos coincidieron en que «se han detectado elementos más sofisticados y más virulentos por parte de los ciberdelincuentes».

Para Francisco Javier Roca, 2º comandante del Mando Conjunto del Ciberespacio, la naturaleza de las amenazas siguen siendo las mismas en el escenario previo a la pandemia, pero han aumentado en peligrosidad. «La realidad es que hay múltiples actores que tienen la capacidad de alterar el ciberespacio y alterar nuestro modo de vida», manifestó.

Una realidad que se ha traducido en la existencia cada vez más frecuente de cibermilicias financiadas por gobiernos. «Los ataques a los que nos enfrentamos no son fruto de un joven delante del ordenador que se infiltra o sacar partido sus conocimientos. Nos enfrentamos a organizaciones con muchos recursos, superiores a algunos estados. Tienen una capacidad mayor que la de muchos países», recalcó.

De todos los tipos de ataques, el secuestro de datos o «ransomware» ha sido la amenaza que más ha crecido, pero no han afectado únicamente a las pymes, sino al conjunto del sector sanitario. «El ‘ransomware’ se ha disparado durante la pandemia de Covid-19, suponiendo un antes y un después», insistió el subdirector del CCN. Una situación que, en su opinión, «ha provocado que lleguen una serie de cambios y medidas que se van a quedar para siempre». También ha tenido sus implicaciones en las instituciones públicas. «La pandemia ha resultado un fenómeno que nos ha tenido que ponernos al día a los organismos públicos».

Futuras amenazas por el 5G

Los expertos han coincidido en que la hiperconectividad que va a traer en los próximos años el despliegue de las redes móviles de quinta generación, conocidas como 5G, va a obligar a reforzar las medidas de contención. «Los nuevos servicios y posibilidades asociadas al Internet de las cosas son retos desde el punto de vista de seguridad tremendos porque tenemos que estar preparados para a la hora de determinar los requisitos de seguridad que deben implementar en estas redes basadas en 5G», añadió Jiménez.

El portavoz del CCN cree que va a ser necesario a partir de ahora tener preparadas unas «mayores exigencias» para el 5G con «capacidad de evaluar esa tecnología» y «ser capaces de implementarla de una manera segura» para poder sacar partido a sus beneficios pero sin poner en riesgo a la población ni infraestructuras públicas.

Mayor concienciación

Durante su intervención, Rosa Díaz, directora de Incibe, consideró que se están dando los pasos adecuados para que los ciudadanos y las pymes estén concienciados en la ciberseguridad. «Esta situación en pandemia ha dado un paso hacia adelante. Tenemos muchos retos por delante y muchas cosas que hacer, en especial en las pymes. Tienen que ser conscientes de que hay que estar protegidos. Todos los datos son importantes para los ciberdelincuentes, pero pueden ser la puerta de entrada a empresas más grandes», añadió.

Por su parte, Miguel Ángel Ballesteros, director del Departamento de Seguridad Nacional, manifestó que la pandemia ha forzado al teletrabajo a las empresas de cualquier tamaño pero han tenido que desarrollar sistemas seguros para poder trabajar. «Y eso ha permitido también al ciudadano y trabajador, a los directivos, tomar una mayor conciencia de lo que tiene esto. La fortaleza de toda la estructura lo da el punto más débil de la estructura. aunque se ha avanzado mucho en la cultura de la ciberseguridad», aseguró.

«Los niveles de concienciación son similares a los del resto de Europa. Hemos avanzado mucho en la toma de conciencia en el problema de la ciberseguridad. Las Administraciones Públicas han sido motor de la ciberseguridad, pero el siguiente paso es elevar los niveles de la formación de los empleados públicos. ahora tiene que tener habilidades para afrontar el reto de la seguridad», señaló el subdirector general del CCN.

4485621-U30835232952FMF--620x349@abc

Inteligencia artificial «ética» e «inclusiva»; el plan estratégico del gobierno

España quiere subirse al tren de la Inteligencia Artificial. Un imparable avance tecnológico que se ha acelerado en los últimos y que está llamado a cambiar para siempre la economía global. Pero antes de su eclosión, es necesario abordar las cuestiones éticas sobre la responsabilidad de los algoritmos y la robotización de los procesos industriales. Esta tecnología, que ha empezado a aplicarse en numerosas áreas de la economía global, va a jugar un papel importante en las próximas décadas. Los países quieren establecer antes de que sea demasiado tarde las reglas del juego.

Ante estos desafíos, el Gobierno español ha presentado este miércoles su Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial (ENIA), cuyos principales ejes son la necesidad de alinear las políticas nacionales destinadas a fomentar el desarrollo y el uso de esta tecnología, aumentar la inversión y fortaleciendo la colaboración entre el sector público y privado. Su documento, todavía no definitivo, promete potenciar esta tecnología para la recuperación económica. El Gobierno invertirá 600 millones de euros hasta 2023 en su desarrollo, según anunció el presidente Pedro Sánchez en la presentación de este plan en La Moncloa.

De esta cuantía, unos 275 millones se destinarán al desarrollo tecnológico de la inteligencia artificial, 133 millones para integrar su uso en todos los sectores del tejido económico, 100 para hacer lo propio en la administración pública, 42 para potenciar el talento, otros 42 para plataformas de datos y 8 para desarrollar un marco ético normativo que refuerce nuestros derechos y libertades. Estas inversiones se desglosarán en una treintena de medidas que se llevaran a cabo entre 2020 y 2025.

Un marco «ético de confianza»

El objetivo es crear un «marco ético y de confianza» para el «desarrollo de las tecnologías disruptivas como la Inteligencia Artificial que están aquí para quedarse y van a ser claves para nuestra recuperación económica», según avanzó Carme Artigas, secretaria de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial. «Estamos en una oportunidad histórica para transitar hacia una nueva economía digital», que debe ser «más productiva, moderna e inclusiva».

El Ejecutivo contempla, además, la creación de una Oficina del Dato y un programa Nacional de Algoritmos Verdes destinado a «diseñar algoritmos eficientes energéticamente». El texto propone potenciar la «excelencia científica en la innovación en España», «poner a España en una posición de liderazgo en el uso de la lengua española en Inteligencia Artificial» y «creación de empleo de calidad y retener el talento», así como emplear esta tecnología para la mejora de la productividad. El plan es generar un «entorno de confianza» del desarrollo de esta tecnología.

Control y transparencia sobre los algoritmos

A medida que esta tecnología ha avanzado en los últimos años, se han venido descubriendo paralelamente sesgos y prejuicios que ponen en cuestión el futuro de la Inteligencia Artificial. El temor a que produzca nuevos desequilibrios y brechas ha provocado que organismos internacionales hayan puesto la voz de alarma para intentar construir un futuro más igualitario. Los expertos, no obstante, considerna que es clave para la mejora de la productividad.

Para David Carmona, responsable de Inteligencia Artificial e Innovación en Microsoft, es necesario aplicar la «responsabilidad» desde el primer momento. «El desarrollo de Inteligencia Artificial responsable va más allá de identificar los desafíos y establecer unos principios; requiere también implantar nuevas prácticas en el ciclo completo de desarrollo así como herramientas y tecnologías específicas en áreas como privacidad, transparencia o control de los algoritmos», señaló durante un evento organizado por OdiseIA, Observatorio del Impacto Social y Ético de la Inteligencia Artificial.

Acerca del debate asociado a vigilancia y control de datos personales, Franciso José Montalvo, director de datos en Telefónica, está convencido que en España existe un «buen equilibro entre el respeto a la privacidad y la expoliación que sea susceptible de eso». «El uso de la IA se engloba dentro de un marco más amplio de diseño responsable cubriendo la privacidad, la seguridad, la sostenibilidad, la ética, la accesibilidad y el cliente», apuntó durante el mismo evento.

Las principales empresas tecnológicas han señalado en los últimos años su compromiso por mejorar esta disciplina tecnológica. «Es imprescindible educar a la ciudadanía, desmentir mitos y alcanzar un estándar de transparencia y prácticas éticas que generen confianza. Esto nos permitirá avanzar con paso firme hacia metas aspiracionales, por ejemplo en precisión y ‘explicabilidad’, que a día de hoy están más allá del estado del arte», añadió Pilar Manchón, directora de estrategia de investigación de inteligencia artificial de Google.

Para Enric Delgado Samper, director de tecnología para IBM Spain, «el valor de un sistema de IA no está en su potencia tecnológica “per se”, sino en su capacidad para contribuir al progreso justo de las personas y servir al bien común. Desde esa base ética, su potencial para ayudarnos y potenciar las mejores capacidades y los mejores valores del ser humano es inmenso».

 

1411744731-kaeG--620x349@abc