Artillería pesada de Apple preparada para el 12 de septiembre.

Misma fecha del año pasado, pero en miércoles por la coincidiencia con un día muy señalado en la sociedad norteamericana. Apple ha confirmado de manera oficial que dará a conocer sus novedades el próximo 12 de septiembre. Será durante un evento organizado en su campus en California (EE.UU.) en donde todo apunta a que, si se sigue la tradición, se conocerán los nuevos modelos de su producto estrella, el iPhone.

Además de móviles, la firma tecnológica puede desvelar su artillería pesada en categoría. Lo que más fuerza tiene son los nuevos iPhone. Lo normal hubiera sido que, dado el hermetismo que rodea siempre a las presentaciones de Apple, todo el material se quedar en el cajón de los secretos. Una vez más, las filtraciones han tocado a la puerta y, en estos momentos, la mayoría de características y posibles diseños se han recorrido medio internet. En esta ocasión, las imágenes y los detalles se han escapado gracias al medio especializado en rumores «9to5mac».

Así, se espera que la compañía presente hasta tres modelos distintos diferenciados principalmente por tamaño del iPhone. Las pruebas sugieren incluso sus nombres, iPhone XS -sustituto del actual iPhone X-, iPhone XS Plus y un tercero en discordia en la misma línea de diseño casi sin bordes pero con otros acabados y componentes para reducir el precio.

Tres tamaños de iPhone

Se tratará de una secuela del modelo actual que conmemora el décimo aniversario con la pantalla tipo OLED de 5.8 pulgadas, pero lo más probable es que la versión más grande también apueste por estos paneles OLED aunque con 6.5 pulgadas. La versión más barata vendrá lo más seguro con una pantalla LCD de 6.1 pulgadas. Una tecnología de imagen ya perfeccionada y que puede reducir los costos en su fabricación.

Como es de esperar, todos ellos vendrán acompañados de mejoras técnicas y un rendimiento mayor a tenor los avances en ingeniería producidos. De lo que se duda también es si, finalmente, todos los dispositivos incorporarán la tecnología de reconocimiento facial FaceID estrenada en el iPhone X, pero dados los diseños casi sin bordes que han trascendido hace presuponer que así será. Y, por supuesto, estrenarán el nuevo sistema operativo móvil, iOS 12.

Un Apple Watch más fino

Otra de las novedades en su batería de propuestas para este año será el Apple Watch series 4, cuya principal novedad serán sus acabados, más finos y ligeros que sus predecesores y un mayor tamaño, según los primeros detalles desvelados por medios especializados que han logrado hacerse con las primeras imágenes. Ello afectará a la visualización, dado que esta nueva esfera de reloj será capaz de mostrar mucha más información que las caras actuales.

Con ello cumplirá algunas de las peticiones más demandadas por sus usuarios. En este dispositivo no se han filtrado demasiados detalles en los últimos meses, con lo que hace pensar que no incorporará tampoco grandes cambios a nivel técnico.

Un iPad Pro sin marcos

También se apunta a la posibilidad de que se presente un nuevo MacBook Air y una actualización del Mac Mini y actualizaciones para el iPad. Es más, se espera que Apple actualice sus modelos de iPad Pro con pantallas y funciones que imitan al iPhone X. Es decir, reducción de los marcos y posibilidad de desbloquearse por medio de FaceID. Algo que tendría sentido dada la estrategia de la compañía de hacer crecer y extender todas sus innovaciones al resto de productos una vez que se han asentado en el mercado.

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La vuelta al cole en el siglo XXI, ¿el fin de los libros?

Para las generaciones adultas, el mes de septiembre evoca recuerdos infantiles como el olor a libros nuevos o al plástico del forro que se despega del papel adhesivo; también al sonido de cremalleras de estuches recién comprados; o a la visión de cajas de pinturas de colores a las que aún no les falta ni un lápiz ni conocen qué es un sacapuntas.

La vuelta al colegio significaba todo un ritual (amado por muchos, odiado por otros tantos) que con los tiempos modernos se ha visto algo alterado. Igual que los jóvenes de ahora son totalmente ajenos a «artilugios» como las cintas de casette, al video VHS o al teléfono fijo, puede que en un futuro no muy lejano tampoco reconozcan los manuales subrayados y pintarrajeados. Porque ya existen alumnos que no se manchan con tiza las manos porque sus pizarras son electrónicas; o que llenan sus mochilas no de libros, sino con una tableta. Así es como la tecnología está aterrizando en la educación en España.

Algunos de los chavales pioneros en probar este cambio de metodología están matriculados en el colegio público Las Cañadas, ubicado en la localidad de Trescasas (Segovia), con apenas un millar de vecinos. Este pequeño colegio era perfecto para formar parte del Proyecto Samsung Smart School, una iniciativa de la marca coreana junto con el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, que llegaron a un acuerdo para llevar el «aula del futuro» a 15 comunidades autónomas que se prestaron al experimento. Entre los requisitos, se buscan escuelas que, a priori, tienen más papeletas para sufrir la brecha tecnológica: núcleos rurales, como el caso de Las Cañadas, o urbes con un alto índice de desempleo.

En una clase sin libros

Las mesas de los alumnos de quinto de Primaria de Las Cañadas forman cuatro grupos de cuatro que favorecen la comunicación entre los chavales, no en línea directa con el profesor (cosa que ya rechina con el pasado y las regañinas que muchos nos llevamos por comentar la jugada con el compañero de pupitre). En el aula vacía durante el recreo, las tabletas se encuentran apagadas por encima de los pupitres, conviviendo de manera natural con los cuadernos escritos a mano y algún libro de texto. Suena la campana y el grupo vuelve a entrar a clase.

Cada uno se sienta en su sitio con una algarabía normal para su edad, pero las voces cesan cuando Jesús Solera, su profesor, lo indica. Hace unos días recibieron la visita de un experto en seguridad vial y hoy repasan lo aprendido a través de un juego online de preguntas tipo test. Pero la actividad puede consistir en un reto que su maestro les propone a través de un video de YouTube y en el que tienen que encontrar el porcentaje de chicos que tienen hermanos en el colegio. O realizar un trabajo conjunto con otra escuela de Cantabria que también está dentro del proyecto.

JavierNachoMarcos Fran son los integrantes de uno de estos equipos que ya lleva utilizando la tableta desde el curso anterior. Los dos primeros afirman que «a veces» echan de menos los libros, «porque se puede escribir encima». Pero todos coinciden en que les gusta corregir en común con la clase y ver los resultados de los exámenes de forma inmediata después de hacerlos. «Mis amigos me dicen que qué morro tengo por estar con esto -señala al dispositivo de Samsung-, pero nosotros ya estamos acostumbrados», afirma Marcos mientras maneja con soltura una aplicación para aprender las partes del cuerpo humano.

Sorprende ver la naturalidad con la que han asimilado sus nuevos «libros», que en todo momento están controlados por una aplicación que posee el profesor. Aparte de lugares totalmente vetados a los que no pueden entrar los alumnos desde los dispositivos del colegio (como redes sociales, por ejemplo), los profesores como Jesús pueden observar en todo momento qué es lo que están viendo por las pantallas sus alumnos, cuándo hicieron los deberes «cibernéticos» (no se llevan las tabletas a casa, pero pueden conectarse a la plataforma online desde cualquier dispositivo conectado a internet) o a quién le ha costado más el último ejercicio de Matemáticas.

Los miedos de los adultos

A algo más de cien kilómetros de Trescasas, en la populosa localidad madrileña de Arganda del Rey, se está produciendo una escena parecida. Hace un par de años que el equipo directivo entrante en el Colegio Malvar propuso un cambio de metodología en el que la tecnología sería la herramienta estrella de su proyecto educativo y eligieron a Apple como empresa compañera en el camino.

Después de la formación de los profesores (que duró aproximadamente un curso), en septiembre de 2017 cada alumno de segundo y quinto de primaria, así como los de segundo de ESO, poseían su propio iPad. Y la intención es cubrir todos los cursos, desde primaria a bachillerato, y que incluso infantil tenga contacto con las nuevas tecnologías, como de hecho ya está ocurriendo. De momento, en estos tres cursos, las tabletas van y vuelven de casa al colegio, a pesar de que este centro concertado tiene una política de «no deberes» que desconcierta a muchos padres.

«No hemos encontrado mucha resistencia a la tecnología, salvo la preocupación por la vista o que muchas veces los padres se sientan por detrás de sus hijos en conocimientos. Les costó más con el tema de los deberes»

«No hemos encontrado mucha resistencia a la tecnología, salvo la preocupación por la vista o que muchas veces los padres se sientan por detrás de sus hijos en conocimientos. Les costó más con el tema de los deberes», explica Laura Mañueco, profesora de Biología y Geología, además de directora del centro. El miedo que sienten los padres de la generación que ha ido aprendiendo según se desarrollaban las nuevas tecnologías, pero que no las han «mamado» como sus propios hijos, se traslada también a los profesores.

«El vértigo a que ellos controlan más que tú está ahí y al principio fue difícil. Pero luego te das cuenta de todas las posibilidades que ofrece, que es una herramienta que les motiva y que además les hace interactuar a unos con otros para explicárselo, incluso te ayudan a ti. No se centran en la tableta, la utilizan como un medio de juego para aprender», explican las profesoras Laura Sáiz Laura Egozcue.

Alumnos aventajados y gamberradas

Como chavales, las gamberradas siguen ocurriendo, independientemente de si se utiliza el lápiz o la tinta electrónica. Las notas de papel de toda la vida se convierten en mensajes vía bluetooth; o se crea la necesidad de «capar» YouTube «porque si no se tiraban viendo vídeos de reguetón todo el día». Se dio incluso un incidente con un «hacker escolar» que consiguió engañar a la red del colegio, que está restringida, para poder «colarse» en las páginas vetadas por el centro, como la famosa plataforma de videos.

«Cuando nos enteramos, tuvo su reprimenda, claro está. Pero también reconocimos su parte de mérito, ya que un chico que apenas llevaba unos meses utilizando un iPad consiguió burlar nuestros sistemas porque por su cuenta se puso a investigar. Ahora nos ayuda con la seguridad del sistema», dice la directora del Malvar con una sonrisa que delata orgullo.

Además, según afirman los profesores, tener algo entre las manos tan delicado como una tableta ha supuesto, al contrario de lo que se podría pensar, que crezca la responsabilidad de los alumnos con el material. «En todo quinto, que serán unos 125 niños, solo se ha roto una pantalla. Antes lanzaban las mochilas al aire, ahora nada. Y se las llevan todos los días a casa y raro es el chaval que no la trae cargada.Las cuidan mucho más que los libros y los cuadernos», aseguran.

¿Recuerdan el mimo con el que trataban los primeros días el material escolar? ¿Tienen la imagen de cómo estaban a final de curso? Quizá sus hijos no tengan el olor a libro nuevo entre sus recuerdos de septiembre; pero puede que estén desarrollando más conciencia sobre cómo tratar y utilizar lo que a ciencia cierta será su futuro: la tecnología.

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El distribuidor de armas 3D desafía a la justicia poniendo a la venta los planos.

l director de Defense Distributed (DD), Cody Wilson, cuya empresa produjo la primera pistola hecha con una impresora 3D, anunció este miércoles que ha comenzado a vender los planos para la fabricación de estas armas, desoyendo un mandato judicial.

Wilson alegó que la orden del juez federal del Distrito del estado de Washington, Robert Lasnik, se refiere a «la distribución gratuita de los planos» y a la forma de envío de los mismos en base a cuestiones de seguridad, no a su comercialización responsable. «La orden nos impidió simplemente regalar las cosas, se trata solo de una autorización para poder venderlo, ya que podemos enviarlo por correo electrónico o en una memoria USB, de manera segura», explicó Wilson durante una conferencia en Austin (Texas, EE.UU.), donde se encuentra la sede de DD.

Este joven empresario, un anarquista y libertario radical de 30 años, no dudó en desafiar a los magistrados al afirmar que «todos los que quieran estos archivos en Estados Unidos los tendrán». Su compañía, según reveló él mismo, recibió 392 pedidos de planos de armas 3D en la hora aproximada que duró la conferencia de prensa, con ofertas «de entre 1 y 15 dólares».

La empresa no establece ningún precio para los archivos, aunque Wilson reconoció que «la publicidad generada por la pelea legal» les ha permitido recaudar 200.000 dólares en donaciones en una semana, la mitad del dinero que pretenden obtener para continuar el desarrollo del proyecto.

En medio de la controversia, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, opinó que no tenía «mucho sentido» que se pudieran imprimir estos dispositivos en casa, pese a que su propio Gobierno lo había permitido. «Estoy viendo (el tema de) las armas de plástico 3D que se venden al público. Ya he hablado con la Asociación Nacional del Rifle (NRA, en sus siglas en inglés), ¡no parece tener mucho sentido!», escribió Trump en la red social Twitter, sin dar más detalles.

También el fiscal general estadounidense, Jeff Sessions, aseguró a mediados de mes que perseguirá la producción y posesión de armas de fuego hechas con impresoras 3D, que suponen una amenaza por ser indetectables a los dispositivos de seguridad.

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Posible fuga de datos de más de 130 millones de clientes en cadena hotelera en China

El gigante hotelero chino Huazhu, que posee diez cadenas en el sector turístico, anunció en un comunicado que está investigando la posible filtración de datos de más de 130 millones de sus clientes. La empresa cuenta con más de 3.800 hoteles en 382 ciudades.

Según informó el diario económico local «Caixin», los supuestos datos, con un tamaño de 142 gigabytes, se han colocado a la venta en la «internet profunda» (contenidos de la red no indexados por los buscadores, en muchos casos dedicados a negocios ilegales) por un usuario anónimo llamado Darknet, al precio de ocho bitcóins (54.400 dólares). La información filtrada incluye 240 millones de líneas de datos que contienen desde números de teléfono, direcciones de correo electrónico, números de cuenta bancaria y detalles de reserva.

De confirmarse la filtración, podría tratarse de uno de los mayores casos de robo de datos en la historia de China, aunque un comunicado de Huazhu subraya que aún están tratando de confirmar junto a la Policía si se trata realmente de información sobre sus clientes. Según advierten desde la firma de seguridad china Threat Hunter en un comunicado, los resultados de las primeras pruebas de verificación de datos indican que la autenticidad de los datos filtrados «es muy alta». La compañía señaló que esta a supuesta fuga de datos «puede ser la filtración de información personal más grave en el país en cinco años».

Huazhu posee marcas de hoteles populares en China como Hanting, Manzin o Starway, y a su vez es parte de la cadena francesa Accor. Los rumores de filtración provocaron que en la sesión matinal del Nasdaq, donde cotiza Huazhu, sus acciones cayeran un 3,5%.

 

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El navegador de Google (Chrome) almacena más datos que Apple.

Es la era de la privacidad. De tener al menos presente los datos personales que dejamos voluntariamente en los servicios digitales que utilizamos a diario. Una contrapartida que hay que asumir si queremos seguir aprovechando sus virtudes. El nuevo marco legal europeo, que desde el 25 de mayo es de obligado cumplimiento por las empresas, ha dibujado un panorama atroz repleto de miedos e incertidumbres que los usuarios no habían reparado realmente. Este reglamento, sin embargo, ha puesto el foco en la privacidad con unos protocolos más garantistas, pero las grandes firmas tecnológicas son conscientes que, en muchos casos, la recopilación de información personal es parte de su negocio. [Gráfico elaborado por Statista]

Por fortuna, la mayoría de firmas del sector permiten consultar (y descargar en muchos casos) la información que guarda de nosotros. Los permisos es un arma al que aferrarse para evitar que acaben en menos ajenas, aunque ya se sabe: todo lo que está conectado a internet es susceptible de «hackearse». Según un estudio (PDF, en inglés) titulado «Google Data Collection», elaborado por el investigador Douglas C. Schmidt de la Universidad Vanderbilt, Google obtiene información sobre las actividades tanto online como en la vida real del usuario, «incluso cuando este no la comparte de forma intencionada» o «cuando el dispositivo se encuentra en modo reposo».

En opinión de este experto, el gigante de internet recopila más datos personales que su rival Apple, que suele sacar pecho de que la información no suele almacenarla en los servidores propios. Tanto el sistema operativo Android -ecosistema desarrollado por Google- como otros servicios como Chrome son «algunos de los instrumentos principales» que emplea la compañía para obtener datos. Y son muchos: nombre, localización, direcciones, historial de navegación, datos bancarios asociados.

Entre otros hallazgos de la investigación se encuentra que incluso los dispositivos Android inactivos (con el navegador Chrome activado en segundo plano) están ofreciendo datos. El terminal analizado comunicó información de ubicación 340 veces a lo largo de un período de 24 horas. Comparándolo con Safari (iOS), Google no podía recopilar datos «a menos que un usuario interactuara con el dispositivo».

También curioso resulta el hecho que Apple utilice los servidores de Google para almacenar datos en su servicio de almacenamiento en la nube iCloud, según consta en un documento oficial (PDF, en inglés) de la firma de la manzana. Una decisión, sin embargo, que no está reñida con la seguridad. El informe deja claro que toda la información del usuario está encriptada, desglosada en porciones y una clave especial, guardándose las claves y los metadatos de los archivos en la cuenta de iCloud del usuario.

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