La tecnología basada en en la capacidad de aprendizaje de las máquinas se lleva estudiando desde hace medio siglo. Sus avances han venido a cuenta gotas, pero desde siempre le ha ensombrecido el miedo a que la Inteligencia Artificial campe a sus anchar perjudicando la estabilidad humana. Sus aportaciones, sin embargo, al campo de la medicina o los procesos industriales son indudables. En parte, para una detección anticipada de problemas.

En plena alarma sanitaria por el coronavirus, un virus muy contagioso que ha causado más de un centenar de muertes en China, un software con sistemas de Inteligencia Artificial sirvió para que un epidemiólogo chino diera la primera voz de alarma de la epidemia en la región de Wuhan. En una situación similar el tiempo apremia. Se corre contrarreloj y todas las horas cuentas para poder controlar la propagación, pero un sistema informático supo anticipar el problema antes de que se hiciera pública la alerta a nivel internacional.

Desde la región que se sitúa en el epicentro de la epidemia, el Comité de Salud Municipal de la ciudad de Wuhan emitió un «aviso urgente por tratamiento de neumonía de causa desconocida» en la víspera de Nochevieja. Un día después, el 31 de diciembre, la Organización Mundial de la Salud (OMS) avanzó que está en contacto con las autoridades locales por «un brote no identificado de neumonía viral» en Wuhan, que declararon que habia unas 27 personas -la mayoría de ellas vendedores en el mercado de mariscos- tuvieron que se atendidas en el hospital en un intento de identificar las causas.

En estas situaciones la transparencia y la comunicación son elementos fundamentales para contener la histeria colectiva. En la crisis en Wuhan, el gobierno local ha venido emitiendo comunicados y preparando incluso el terreno para edificar un hospital de campaña para tratar a los posibles afectados. La herramienta proporcionada por Bluedot, una desconocida «startup» de Toronto, una plataforma de monitorización de salud por Inteligencia Artificial contribuyó a detectar el virus, según informó el medio «Quarz».

El software es capaz de procesar y analizar millones datos. Diseñado en 2014, la empresa alertó a sus clientes acerca de un posible brote el pasado 31 de diciembre. Varias semanas antes que se declarara la alerta sanitaria global por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y los centros para el control y la prevención de enfermedades de EE.UU., aun que la organización médica ya había recabado información al respecto.

La compañía creadora del algoritmo asegura en un comunicado que «utiliza análisis de Big Data para rastrear y anticipar la propagación de las enfermedades infecciosas más peligrosas del mundo». El pasado agosto recibió una inyección de capital de 10 millones de dólares en una ronda de inversión. La herramienta es capaz de procesar el lenguaje natural. Emplea técnicas de aprendizaje automático («machine learning», en inglés) para cruzar informaciones procedentes de noticias de alcance global, datos de tránsito en aerolíneas y otros informes de brotes de enfermedades animales, según explica el medio especializado «Wired». Los usuarios, generalmente profesionales epidemiólogos, revisan los resultados registrados.

Si se detecta una situación dudosa, se envían alertas a sus clientes en los sectores público y privado. El objetivo de BlueDot es intentar rastrear la información lo antes posible y de manera más rápida de lo que la enfermedad puede propagarse. Según los primeros avances, el sistema pudo pronosticar correctamente en qué lugar fuera de la China continental iba a llegar el coronavirus (Bangkok, Seúl, Taipei, Tokio) después de su aparición inicial. Sus creadores han asegurado que predijeron el virus Zika en 2014 seis meses antes de declararse la alerta sanitaria.

 

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