La tecnología ha vivido hasta ahora su mayor desarrollo. Todos hemos sido testigos de cómo los avances tecnológicos nos han otorgado mejoras que hasta hace no mucho parecían impensables. Pero recientemente se está desarrollando un debate paralelo del que aún queda mucho por escrutar.

El Centro de Investigación Pew Research Center junto a Elon University han llevado a cabo una investigación sobre las ventajas e inconvenientes del futuro tecnológico: «El futuro del bienestar en un mundo saturado de tecnología». Para ello, preguntaron a expertos en tecnología, académicos y especialistas en salud, entre el 11 de diciembre de 2017 y el 15 de enero de 2018, una complicada cuestión: «Durante la próxima década, ¿cómo afectarán física y mentalmente los cambios de la vida digital en el bienestar general de las personas?»

Aunque la mayoría de los encuestados considera que la vida digital continuará superando límites y ofreciendo oportunidades, un tercio de los expertos piensa que la futura vida digital será perjudicial para la salud, la aptitud mental y la felicidad de las personas. Por suerte, apuntan, hay soluciones.

Claves para mitigar los problemas

«Unos 1.150 expertos respondieron en este escrutinio no científico», explica Pew Research Center. De ellos, el 47% asegura que el futuro tecnológico traerá más cosas buenas que malas mientras que el 32% opina todo lo contrario: considera que el bienestar de los individuos se verá más perjudicado que beneficiado. El 21% restante predice que no habrá muchos cambios.

«Muchos de los que argumentan que el bienestar humano se verá perjudicado, también reconocen que las herramientas digitales continuarán mejorando varios aspectos de la vida», explican. «También saben que no hay vuelta atrás» y por ello ofrecen una serie de ideas para que se mitiguen los problemas y se enfaticen los beneficios. «Además, muchos de los encuestados optimistas también están de acuerdo en que surgirán nuevos daños en el futuro, especialmente para aquellos que son vulnerables», añade el estudio.

Amy Webb, profesora de la Universidad de Nueva York, aseguró: «Si nuestros hábitos actuales se mantienen sin cambios, obtendremos escenarios pesimistas y catastróficos», es decir, seguiremos rodeados de información falsa o «los reguladores, con la esperanza de salvaguardar nuestro bienestar, introducirán leyes y estándares que difieren de un país a otro, creando de manera efectiva un internet fragmentada».

La experta recuerda que «nuestro bienestar está directamente relacionado con nuestra sensación de seguridad y protección». Por suerte, hay escenarios catastróficos que, por suerte, no son aún una realidad. «Podemos decidir que queremos un resultado diferente, pero eso requiere hacer cambios serios», avanza la experta, tales como mejorar la calidad de nuestras experiencias digitales , educación digital temprana, vigilar a los distribuidores de contenido, etc.

«Podemos decidir que queremos un resultado diferente, pero eso requiere hacer cambios serios»

Para Ethan Zuckerman, director del Centro de Medios Cívicos del MIT, las consecuencias negativas que ya hemos experimentado de la tecnología ha hecho que nos hallamos vuelto «más conscientes de los peligros y deficiencias de una vida conectada digitalmente. Estamos en un momento de despertar a las desventajas y descubrir cómo abordarlas».

Según Aram Sinnreich, profesor asociado de la American University’s School of Communication, «lo más importante que podemos hacer para mitigar los efectos sociales negativos de internet es recurrir a la investigación social científica y de la comunicación. comprender las funciones multifacéticas que desempeña en las vidas públicas y privadas, y utilizar las medidas reguladoras estatales y de mercado para abordar estas diferentes dimensiones por separado, mientras se mantiene una comprensión holística de su potencial de transformación en general. En la práctica, esto significa: 1) Hacer que los algoritmos, y las empresas responsables de ellos, rindan cuentas de su papel en el cambio y la configuración de la dinámica del poder social y político. 2) Desarrollar una ‘declaración digital de derechos’ que privilegie la dignidad humana sobre el afán de lucro. 3) Involucrar a múltiples partes interesadas a escala global en la gobernanza de internet. 4) Integrar la alfabetización mediática digital más profundamente en nuestros sistemas educativos. 5) Regular las comunicaciones por internet de una manera que privilegie la diversidad de la participación en todos los niveles y exija responsabilidad y transparencia a los consumidores y los ciudadanos».

 

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