La trama rusa derivó en otros frentes en el universo virtual de las redes sociales. Entes que, utilizados y saboreados por millones de personas, han catapultado, y anulado deliberadamente, un sinfín de torrentes de información. La pregunta es clara: qué fue lo primero, si el huevo o la gallina; si las noticias falsas ya se distribuían por internet antes de la llegada de estas plataformas tan populares, pero lo cierto es que la mentira, que siempre ha sido capitalizada por el mentiroso, ha aprovechado la dejadez de los servicios digitales para manipular a los ciudadanos en los últimos años.

En plena burbuja electoral en muchos países, entre ellos, Estados Unidos, el terreno donde se ha originado todo el problema, las empresas de internet han empezado a mover ficha para intentar subsanar el germen del mal, aunque con pequeñas grandes diferencias. La primera en reconocerlo ha sido Twitter. La red de micromensajes ha sido tajante; prohibir los anuncios políticos directamente. Así, muerto el perro se acabó la rabia, debieron entender en la junta directiva de la empresa estadounidense.

Es una medida drástica, que su fundador, Jack Dorsey, defendió recientemente: «Pagar para aumentar el alcance de un discurso político tiene ramificaciones significativas que la infraestructura política actual podría no estar preparada para gestionar. Merece la pena da un paso atrás para abordarlo», manifiesta. De hecho, cree que «el alcance del mensaje político debe ser ganado, no comprado».

El mayor problema de las redes sociales es su credibilidad. Servicios digitales muy criticados en los últimos años por no bloquear las campañas de manipulación rusas en las elecciones estadounidenses de 2016. La decisión de Twitter contrasta, sin embargo, con la de Facebook, cuyo fundador y líder Mark Zuckerberg, ha defendido incluso la compra de mensajes políticos en la red social incluso si contenían mentiras o falsedades como defensa de la libertad de expresión.

Este enrocamiento de Zuckerberg solamente se puede entender únicamente en términos económicos: el golpe a sus ingresos sería brutal. Pero han empezado a surgir voces críticas que piden un cambio por el bien de la democracia. El obstáculo al que se enfrenta Facebook es que, si acepta que trata contenidos informativos, debería ajustarse a otro tipo de regulación, tal vez menos favorable en algunos mercados a su boyante economía. Pero, por contra, si mira al tendido es posible que vuelva a suceder lo que se teme; que alguien malintencionado intente interceder entre los usuarios con la propagación de anuncios políticos que, en muchas ocasiones, contienen datos falsos.

Zuckerberg quiere abanderar así la «libertad de expresión». Y no solo acepta anuncios políticos de todo tipo sino que se niega a verificarlos. Lo ha manifestado en reiteradas ocasiones a pesar de enfrentarse a la opinión de expertos y dirigentes políticos incluso que, como su nueva villana, la demócrata Elizabeth Warren, proponen «fragmentar» Facebook. Pero ante la marejada, el ejecutivo estadounidense ha empezado a modificar su discurso; está dispuesto a considerar la posibilidad de limitar la capacidad que actualmente tienen los candidatos políticos para mostrar anuncios políticos a grupos de personas concretos, conocidos como microanuncios políticos dirigidos, basándose en la información personal que recoge la plataforma sobre los mismos, con el fin de disminuir la difusión de informaciones falsas. Tres portavoces de Facebook lo contaron hace poco a la cadena «NBC News». Zuckerberg, ahora, ha visto las orejas al lobo: se encuentra abierto a considerar nuevas ideas sobre cómo disminuir la difusión de información falsa a través de los anuncios políticos que emiten los candidatos correspondientes en su plataforma.

Pero ¿quién está detrás de los anuncios falsos patrocinados en redes sociales? Ha habido muchas teorías, pero la preocupación y el nerviosismo se ha asentado en Bruselas y Washington que han iniciado sendas investigaciones, aunque la complejidad del asunto limita sus capacidades de actuación. Aunque no es una red social al uso, Google también es corresponsable de albergar contenido fraudulento y repleto de falsedades. Alphabet, su empresa matriz, ha empezado a planear cambios en su política de anuncios electorales para su buscador, según avanzó «The Wall Street Journal». Lo que ha trascendido extraoficialmente es que la medida más conveniente va a ser hacer ajustes sobre el tipo de audiencia a los que van a dirigirse sus anuncios pagados a través de su plataforma publicitaria. Una medida que, además, se extendería a todos sus servicios como YouTube, el canal de vídeos más popular del mundo.

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