China está, de nuevo, en el epicentro del debate sobre la influencia de las redes sociales en la sociedad. Hasta ahora, las empresas tecnológicas estadounidenses han sido cómplices de la censura del régimen chino, plegándose a sus intereses. Twitter, en cambio, ha decidido cortar por lo sano. En los últimos días ha desactivado más de 174.000 cuentas que, según la red de micromensajes, participaban en una campaña coordinada para promover discursos favorables a su gestión de la crisis del coronavirus Covid-19 y de las protestas prodemocracia de Hong Kong, entre otros temas.

Las cuentas se desactivaron en los primeros tres meses de 2020 y, según explica Twitter en un comunicado, la mayoría escribían mensajes en mandarín. Su objetivo era mejorar la imagen del gobierno liderado por el Partido Comunista Chino, principalmente en otras regiones de Asia. En total, se desactivaron unas 23.750 cuentas y 150.000 perfiles automatizados por «bots», que potenciaban el contenido por medio de sistemas de automatización. En agosto del pasado año se iniciaron las primeras investigaciones acerca del uso progubernamental de esta plataforma, que se incluye en la lista negra de los servicios bloqueados en el país.

Twitter defiende que las 23.750 cuentas eliminadas se detectaron rápidamente por medio de sus sistemas de revisión de contenido automatizados y no lograron gran relevancia. El informe concluye que, por lo general, eran perfiles con un escaso número de seguidores. Algo que también sucedía con las 150.000 cuentas encargadas de «amplificar» los mensajes. Los investigadores analizaron unos 348.608 «tuits» entre enero de 2018 y abril de 2020. Descubrieron que la mayoría de los mensajes se publicaron en horario comercial en Pekín en periodos comprendidos entre los lunes y viernes. El objetivo de sus actividades era influir en el debate social aprovechando los momentos de mayor actividad en la red social.

La gran mayoría de las cuentas (78,5%) no tenía seguidores, mientras que el 95% albergaba a una media de ocho seguidores, aunque esas cuentas tenían un alto nivel de compromiso entre sus seguidores. Las sospechas se iniciaron después de descubrir que el «modus operandi»: muchas de esas cuentas recibían «retuits» sin tener ningún seguidor. La investigación concreta que un total de 156 «tuits» de recibieron más de 50 «me gusta» y 26 «tuits» de perfiles sin seguidores recibieron más de 10 «retuits».

La compañía estadounidense ha insistido en que esta campaña de injerencia estuvo involucrada «en una variedad de actividades de manipulación» informativa. Propagaban sus mensajes en distintos idiomas chinos para amplificar el discurso y difundían opiniones favorables al Partido Comunista de China, mientras «continuaban promoviendo otras narrativas sobre la política en Hong Kong», denuncia la empresa.

La red social explica que ha hallado vínculos entre esta operación y otra llevada a cabo también por el Gobierno chino a mediados de 2019 que se extendió, además de esta plataforma, a otras como Facebook y YouTube. Sin embargo, en esa ocasión, el objetivo principal de la campaña era influir sobre la percepción de la crisis desatada entre Pekín y la autonomía de Hong Kong, y contó con 210 canales de YouTube, 200.000 cuentas en Twitter, y siete páginas, tres grupos y cinco cuentas de usuarios en Facebook.

Además, investigadores del Instituto de Política Estratégica de Australia descubrieron que, aunque Twitter está bloqueado en China, la campaña se diría a usuarios de habla china fuera del país «con la intención de influir en las percepciones sobre cuestiones clave, incluidas las protestas de Hong Kong, el multimillonario chino exiliado Guo Wengui y, en menor medida, la gestión de Covid-19 y sus relaciones con Taiwán».

Polémica con Zoom, la «app» de videollamadas

Por su parte, Zoom, conocida empresa de videollamadas, ha admitido que ha borrado cuentas de activistas siguiendo las recomendaciones del gobierno chino. Entre los perfiles desactivados se encontraban usuarios que organizaban reuniones en la que se conmemoraban las protestas de la Plaza Tiananmen de 1989 y las protestas de Hong Kong.

«El gobierno chino nos informó que esta actividad es ilegal en China y exigió que Zoom cancelase las reuniones y las cuentas de los anfitriones», reconoció en un comunicado la compañía, que gestiona unas 300 millones de cuentas en todo el mundo. Pese a todo, la empresa ha insistido en que no colabora con el régimen: «No proporcionamos ninguna información del usuario ni contenido de la reunión al gobierno chino. No tenemos una puerta trasera que permita que alguien entre a una reunión sin ser detectado».

Otra empresa que se ha plegado a los intereses chinos ha sido Apple, que ha decidido retirar recientemente la aplicación Pocket Casts de la App Store en China por incluir «contenido ilegal». Lo ha hecho después de recibir una petición de la Administración del Ciberespacio China -CAC, por sus siglas en inglés-, según han comentado los propios desarrolladores de la aplicación en un comunicado.