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¿Que supone una caída de Google, como la de la semana pasada, para el usuario, la empresa y la seguridad?

Sin la tecnología no somos nada. Especialmente en tiempos de pandemia, en los que se ha convertido en un elemento vital para la supervivencia de las empresas y para que la sociedad pueda seguir en contacto a pesar de la brecha física. Por eso, cuando alguna de las plataformas y dispositivos tecnológicos que empleamos, y que a estas alturas ya son casi un apendice más de nuestro cuerpo, dejan de funcionar, el problema puede desesperar e, incluso, generar pérdidas económicas. Así ha quedado en evidencia esta mañana, cuando Google y sus plataformas, como GmailYouTubeGoogle DriveHangouts, Google Play, Google Duo o Google Maps, han sufrido una caída del servicio que ha dejado a usuarios de zonas de todo el mundo sin acceso entre las 12.45 y las 13.35 horas en España. El problema: un fallo en el sistema de autenticación, que es el que permite a los usuarios acceder a sus cuentas.

«Google experimentó una interrupción del sistema de autenticación durante aproximadamente 45 minutos debido a un problema de cuota de almacenamiento interno. Los servicios que requieren que los usuarios inicien sesión experimentaron altas tasas de error durante este período. Todos los servicios están funcionando de nuevo. Pedimos disculpas a todos los afectados. Llevaremos a cabo un seguimiento exhaustivo para asegurarnos que este problema no se repita en el futuro», explican desde Google en un comunicado remitido a este diario.

La tecnológica afincada en Mountain View descarta que haya sufrido un ciberataque. Asimismo, expresa que en estos momentos está llevando a cabo una investigación para asegurarse de que el fallo no se vuelva a producir.

Posibles pérdidas económicas

Las plataformas digitales y los buscadores no funcionan por amor al arte. Google, como el resto de ramas de su empresa propietaria, Alphabet, depende enormemente del negocio de la publicidad. Según datos de Statista, el 83,3% de los ingresos de su matriz provienen de la publicidad digital. En buena medida gracias a ella, Alphabet logró un beneficio neto de 34.343 millones de dólares (31.063 millones de euros) a lo largo de 2019. Esto quiere decir que cuantas más reproducciones y visualizaciones le entregan los usuarios, más se acelera la máquina de hacer dinero de la tecnológica. En caso de que se produzca una caída del servicio, aunque sea en algunas zonas concretas del globo, como ha sido el caso, la máquina se desacelera.

Rafael Conde, director de digital e innovación de la consultora tecnológica Vector ITC, explica a este diario que, al haberse tratado de un fallo del servicio de autenticación de usuario, «todos los servicios de Google de publicidad y de navegación se han mantenido activos». Por lo que el impacto económico por el lado de la publicidad «no ha sido especialmente alto». Sin embargo, el hecho de que los servicios de Google no funcionen y hayan causado problemas a las empresas que los tienen contratados puede derivar en otros problemas para la compañía estadounidense: «Dentro de las cláusulas que firma Google con las compañías que emplean sus servicios hay contratos de disponibilidad. Y si se incumplen tienen penalizaciones. Si las grandes empresas que tienen contratados sus servicios realizan reclamaciones el impacto económico puede ser importante».

Más dificil de cuantificar resultan las potenciales pérdidas que pueda haber supuesto para las empresas que emplean los servicios de la compañía. Varias compañías consultadas por ABC reconocen haber sufrido problemas a causa del fallo registrado por Google en la mañana. «Nosotros trabajamos directamente con Google Merchant, el servicio a través del cuál las tiendas suben los datos de sus productos y tienda online con el objetivo de realizar campañas de marketing en Google Shopping. Debido a la caída estuvimos aproximadamente una hora sin poder actualizar los catálogos de nuestros clientes y por consecuencia esto puede afectar a la decisión de cambios de precios y anuncios en base a la competitividad», explica a este diario Lavin Luis, cofundador de la empresa de optimización digital Boardfy.

«Por otro lado algunos de nuestros clientes, como por ejemplo Sabina Store, tuvo una saturación en su departamento de atención al cliente sumada a la inactividad del fin de semana y a encontrarnos en la época más fuerte del año. La saturación vino dada por la imposibilidad de conectarse a sus cuentas de correo y Drive», añade el cofundador de Boardfy sobre los efectos colaterales que puede tener un problema de este tipo para una compañía digital.

Sin problemas de seguridad, sobre el papel

Según expertos en ciberseguridad consultados con ABC, la caída del servicio sufrida por Google no supone, al menos en principio, ningún problema para la seguridad de los archivos de quienes emplean sus servicios en la nube. Eusebio Nieva, director técnico de la empresa de ciberseguridad Check Point, apunta que nada más encuentra tres riesgos potenciales. El primero es la pérdida de datos en caso de que algún usuario estuviese empleando alguna de las plataformas de Google en el momento en el que tuvo lugar el fallo. El segundo es la posible relajación de los sistemas de seguridad de la tecnológica con el fin de revertir el problema, que podrían fallar a la hora de alertar a un usuario cuando entra en alguna página web maliciosa.

«También podría provocar que un usuario sufriese una incidencia de seguridad durante el fallo sin ser consciente. Por ejemplo, si un cibercriminal que opera desde un país que no esta afectado intenta robar el acceso a un servicio como GMail, no habría forma de alertarle de la situación por culpa de la caída. Esto provocaría que el criminal pudiese tener acceso a las cuentas de correo de la víctima sin que esta pudise defenderse», explica el director técnico de Check Point.

¿Es normal?

No es la primera vez que Google sufre un fallo de sus servicios en los últimos meses. El pasado 20 de agosto, la plataforma registró problemas que fueron especialmente intensos en GMail y en el buscador. El fallo, que afectó especialmente a países del centro de Europa, Asia (Japón e India), algunas áreas de Australia y las costas de Estados Unidos, duró casi seis horas antes de su completa resolución.

Otras empresas, como FacebookWhatsApp o Instagram, registran en ocasiones fallos del servicio que pueden deberse a labores de mantenimiento o a algún fallo en los servidores o en la autenticación de usuarios, que es, precisamente, lo que le ha ocurrido a Google. La diferencia es que cuando un problema de estos afecta a la joya de Mountain View, el servicio, al estar centralizado, puede registrar problemas en otras plataformas que, además, en estos momentos son clave para la correcta realización del trabajo en remoto para muchas empresas. Ese es el caso de Google Calendar, Hangouts o el propio correo electrónico.

¿Cómo mitigo los efectos si soy una empresa?

Un fallo como el sufrido en el buscador durante la mañana provoca que el usuario no pueda emplear con normalidad los servicios de Google. Y en tiempos de pandemia, para un teletrabajador eso puede suponer una desconexión prácticamente completa de su puesto de trabajo y, evidentemente, problemas para que la compañía pueda funcionar de forma correcta.

Ofelia Tejerina, abogada digital y presidenta de la Asociación de Internautas, explica a ABC que para que estos problemas no afecten ni al usuario corriente ni, especialmente, a las empresas, es importante manejar alternativas de servicio: «El problema es que con Google lo tenemos todo centralizado, y lo mejor para todo el mundo es que eso no sea así. Una de las principales medidas de seguridad para el trabajo online es no tener el correo y la información en la nube en el mismo sitio».

La experta añade que existen alternativas, tanto en navegadores, como en correo o mensajería, que están fuera del paraguas de Google. Asimismo, afirma que en el caso de las compañías, que se puedan ver afectadas en casos como este, es capital tener siempre activo un plan B por si ocurre algún problema: «Una empresa tiene que tener un protoclo en el que se estudien los servicios que se emplean, así como alternativas en caso de que ocurra un error».

 

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Movimientos en el mundo de los buscadores….Apple prepara el suyo para dejar de depender de Google

Apple está trabajando para crear su propio buscador y dejar de depender de Google. Así lo afirma el Financial Times, que ha descubierto que la empresa de la manzana mordida ha comenzado a añadir funciones en iOS 14 y a intensificar la labor de su bot de búsqueda. Esta herramienta, conocida como Applebot, es empleada por la compañía para recopilar datos de material en internet y ha incrementado su actividad recientemente, según expertos en el sector. Lo que coincide con una mayor movimiento de la división de búsqueda de la compañía.

En la última versión del sistema operativo que emplea Apple para sus «smartphones», iOS 14, la tecnológica ha comenzado a mostrar sus propios resultados de búsqueda y enlaces directamente a páginas web cuando los usuarios escriben consultas desde la pantalla de inicio, según ha informado el medio estadounidense.

Además, hace dos años, la empresa contrató a John Giannandrea, jefe de equipo de Google y especialista en Inteligencia Artificial, para mejorar las capacidades en IA de la compañía y de su asistente virtual, Siri. Sin embargo, en el momento en el que se unión a Apple, ya contaba con ocho años de experiencia en el funcionamiento del motor de búsqueda de Google.

A esta contratación se unen las ofertas de trabajo para ingenieros especializados en búsqueda para «definir e implementar la arquitectura innovadora tecnológica de búsqueda de Apple» que está realizando la tecnológica de Cupertino.

Este movimiento de Apple, que no ha sido ni confirmado ni desmentido por la compañía, coincide en el tiempo con la investigación antimonopolio que Estados Unidos está llevando a cabo contra Google. El Departamento de Justicia de Estados Unidos, junto a once estados del país presentaron hace una semana una demanda antimonopolio contra Alphabet, la compañía matriz de Google, acusando a la compañía de abusar de su posición dominante en el mercado de búsquedas y de la publicidad en internet.

 

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¿De qué viven las empresas tecnológicas?

Existen multitud de modelos de negocio gracias a internet, pero la publicidad digital es, para muchas empresas del sector, su principal medio de subsistencia. Su motor financiero a pesar de hacerlo a espuertas de recabar los datos personales de sus usuarios. El célebre mantra de cuando un servicio es gratuito es porque tú eres el producto se lleva explotando desde hace dos décadas a nivel mundial. El problema: muchos consumidores aún desconocen de qué viven.

Aunque no es una novedad, el primer vagón del tren publicitario lo conducen tres empresas que operan a nivel mundial, Alphabet (Google), Facebook y, cada vez con más fuerza, Amazon. De hecho, el gigante del comercio electrónico estadounidense se ha convertido a su vez en el principal anunciante en internet del mundo. Se reparten el pastel. Entre los tres acumulan el 70% de los ingresos publicitarios en internet, según estadísticas de la consultora eMarketer. Un negocio demasiado suculento: datos recabados por la firma especializada Digiday advierte que de los 333.250 millones de dólares invertidos en publicidad a nivel global en 2019, 144.600 millones fueron a parar al bolsillo de estas empresas.

Aunque es un aumento menos pronunciado que otros años, según el informe de Tendencias de Publicidad Global de Warc, la inversión en publicidad en los motores de búsqueda aumentó un 9,6% el pasado año hasta generar unos 135.900 mil millones de dólares. Un escenario interesante porque, además, en 2019 se produjo el punto de inflexión que auguraban los analistas. Fue el primer año en que la publicidad online superó a la tradicional.

Muchas empresas con servicios digitales, entre ellos, los medios de comunicación, están también llegando a ese punto en sus finanzas internas. La actividad principal de las empresas tecnológicas conocidas como GAFAM -Google, Apple, Facebook, Amazon, Microsoft-, que en su mayoría está relacionada con algunos de los supuestos que recoge el nuevo gravamen europeo conocido como « Tasa Google», se dedica a la publicidad online o las plataformas de intermediación digital.

Facebook, a la sombra de las sanciones

En el caso de Facebook, la mayor red social del mundo, el 98,5% de sus ingresos provienen de los anuncios online. Razón de más para no intentar mediar en una nueva dimensión de su herramienta para evitar los llamados «anuncios falsos» que grupos compran para intentar manipular a los usuarios. A sus más de 2.500 millones de usuarios, que se dice pronto.

La multinacional estadounidense facturó en 2019 unos 70.697 millones en el cuarto trimestre, un 27% más que el año anterior, pero sus resultados cayeron debido a las multas por infracciones sobre la privacidad, su gran desafío desde hace cuatro años desde que saltara el escándalo de Cambridge Analytica. El menor crecimiento en un periodo desde que cotiza en bolsa (2012).

Alphabet, de las búsquedas a la «nube»

Bajo el paraguas de Alphabet se esconden varios tentáculos, uno de ellos, el principal motor de búsqueda del mundo que, para muchos usuarios, es sinónimo de internet. Aunque existen muchas otras alternativas, si de repente no se tuviera acceso a Google es muy posible que tuvieran que «aprender» cómo encontrar los resultados que quieren.

Pero, a su vez, el gigante de internet estadounidense cuenta con otros servicios de impresionante factura. YouTube, un canal de vídeos muy popular que genera por sí solo 15.000 millones de dólares anualmente, una tercera parte de lo que suma todo el sector de la televisión por cable en Estados Unidos. Según los datos recopilados por Statista, el 83,3% de sus ingresos provienen de la publicidad digital. Lo que quiere decir que cuantas más reproducciones y visualizaciones le entregan los usuarios, la máquina de hacer dinero se acelera.

De igual manera que en el último año la empresa ha puesto más el foco en las campañas SEM o publicidad pagada que aprovecha los resultados de búsqueda introducidos por sus usuarios. De ahí sus intenciones de eliminar las «cookies» de terceros porque, de esta manera, podrá controlar aún más el negocio de la publicidad digital. Una medida adoptada teóricamente diseñada para proteger a los usuarios pero que los analistas ya estiman que causar estragos en el reparto de la tarta publicitaria a largo plazo.

Durante 2019 obtuvo un beneficio neto de 34.343 millones de dólares, un 11,7% más que el año anterior, cuando logró 30.736 millones de dólares. En el mismo periodo, sus ingresos ascendieron a 161.857 millones de dólares, un incremento del 18,3 % con respecto a los 136.819 millones facturados en el ejercicio fiscal de 2018. El negocio del «cloud», de los servicios en la nube, logró unas ventas por valor de 8.920 millones.

Amazon, de los libros a la logística

Por su parte, es curiosa la evolución del gigante del comercio electrónico. Empezó vendiendo libros y se ha convertido en el mayor escaparate de productos del mundo. Aunque es el tercer jugador que más se está beneficiando de la publicidad digital, le firma con sede en Seattle tiene un gran músico de las tiendas online, que genera la mitad de sus ingresos anuales.

Su política, a diferencia de sus rivales dentro del sector de la innovación, es diversificar sus negocios y reinvertir parte de sus ganancias en la empresa en búsqueda de nuevos servicios. Así, por ejemplo, Amazon Web Services, su división en la nube, logró unos ingresos de 10.000 millones en el último trimestre de 2019, más de los 7.400 obtenidos en el mismo periodo de 2018. Durante todo el año, según su último balance trimestral, recoge que logró unos beneficios de 11.588 millones de dólares, un 15% más con respecto al año anterior. Su facturación ingresó unos 280.522 millones, un 20,45% más que los 232.887 millones facturados un año antes.

Apple, el rey de los productos

De Apple se ha dicho todo, pero también hay que valorar su apuesta por el negocio en la «nube» y los servicios. Lo que más crece en sus balances. Pero, por supuesto, su principal fuente de ingresos se encuentra en la venta de productos tecnológicos (82,2%), con el iPhone como la estrella del firmamento, que representa el 61% del total. En todo el ejercicio fiscal relativo a 2019, la firma de la manzana acumuló unos 260.174 millones de dólares, que cierra en septiembre, y que en este caso acabó un 7% por debajo del año anterior.

El primer trimestre del año ha sido espectacular. Apple ganó durante los tres primeros meses de su ejercicio fiscal de este año 22.236 millones de dólares, un 11,37% más que en el mismo período del año pasado, aupado por las ventas de teléfonos iPhone que han vuelto a resurgir. La multinacional de Cupertino se impuso a los pronósticos de los analistas y sorprendió con un aumento de ingresos del 7,6% en la categoría de teléfonos inteligentes, justo después de cerrar un año en el que las ventas del iPhone habían ido a la baja y habían surgido dudas sobre su crecimiento futuro.

 

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La difícil tarea de Google de compensar los clics con las ganancias por publicidad

Internet, en los últimos años, se ha construído a base de clics, de los comúnmente conocidos «pinchazos». Sin ello nada tiene sentido. Un inquietante dato conocido este pasado mes de junio augura un profundo cambio en la manera de interactuar los usuarios con los servicios digitales. En ese momento más de la mitad de los resultados obtenidos a nivel mundial no generaron ningún clic, según un informe de SparkToro y Jumpshot. ¿Por qué? A medida que el motor de búsqueda de Google, el más utilizado del mundo, ha evolucionado, también lo ha hecho la manera de presentar los intereses de los consumidores.

[Gráfico elaborado por Statista]

STATISTA
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Las búsquedas con cero clics alcanzaron el 50,3%, mientras que el 44,3% de las búsquedas se tradujeron en tráfico orgánico -el generado a partir de un clic en el enlace- y el 4,4% en los anuncios. Otro descubrimiento interesantes ha sido la evolución experimentada por los clics en búsquedas. Desde 2016 hasta el presente año se ha producido un aumento en el porcentaje de búsquedas con cero clics (de 43,9 a 49,75 por ciento) y clics pagados (de 2,10 a 4,14 por ciento), mientras que los clics en páginas externas han ido descendiendo a lo largo de este periodo (de 54,01 a 46,12 por ciento).

Si tantas solicitudes de información no desembocaron en la apertura de un enlace ¿adónde fueron los usuarios? El buscador, desde hace tiempo, ha implementado funciones más prácticas como mostrar los resultados directamente en página. Eso ha facilitado las cosas en la mayoría de interacciones. Peticiones recurrentes como la fecha de fallecimiento de un personaje famoso o la cartelera del fin de semana se pueden conocer de manera más ágil directamente desde la primera página de resultados. Sin necesidad, por tanto, de continuar una búsqueda. Google está encerrando a sus usuarios en su propia plataforma.

Además, la compañía está pivotando hacia resultados más afinados. En su modificación anual de su algoritmo de organización, el buscador acaba de añadir el modelo BERT (Bidirectional Encoder Representations Transformers) para procesar el lenguaje natural de manera más apropiada. Los términos de búsqueda introducidos por los usuarios cambiarán, lo que obligará a las páginas a adaptarse nuevamente si quieren aparecer en las primeras páginas de resultados, lo que les garantiza mayor audiencia.

Este cambio de paradigma ha supuesto, sin embargo, un gran impacto a nivel mediático. Google se mueve a dos velocidades: la primera su compromiso por indexar contenidos informativos de manera gratuita y, segundo, su verdadero modelo de negocio, la publicidad digital, que junto con Amazon y Facebook acumulan más del 80% de las inversiones a nivel mundial. Y en ese terreno, basado en campañas conocidas como SEM, es donde quiere empujar aún más su facturación.

De hecho, según se desprende del balance trimestral, el negocio del coste por clic (CPC, por sus siglas en inglés) ha caído un 2% en comparación con el anterior trimestre al año anterior. Se trata de la cantidad que los anunciantes invierten cada vez que un usuario pincha en el anuncio que aparece en la publicidad de resultados. Los clics pagados -el número de veces que los usuarios pulsan algún vínculo de publicidad- aumentaron, desde un punto de vista interanual, un 18% y un 1% respecto al anterior trimestre.

Estas decepcionantes ganancias ( PDF) se producen, además, en un momento delicado, cuando la empresa estadounidense se enfrenta nuevos desafíos antimonopolio y sus empleados han condenado algunas de las políticas internas. La caída de sus beneficios se debió a un aumento de la inversión en los servicios en la «nube«», convertido en uno de sus principales líneas de negocio.

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Siete de cada diez aplicaciones de nuestro móvil comparten sus datos con otros proveedores

Nuestros móviles pueden revelar muchas cosas sobre nosotros: dónde vivimos y trabajamos; quiénes son nuestros familiares, amigos y conocidos; cómo nos comunicamos con ellos (e incluso qué comunicamos), así como nuestros hábitos personales. Con toda esta información almacenada en los dispositivos, no es de extrañar que los usuarios tomen medidas para proteger su privacidad, como utilizar números de identificación personal o códigos de acceso para desbloquear el teléfono.

El estudio que estamos llevando a cabo junto con nuestros compañeros ha identificado y está investigando un riesgo importante desconocido para la mayoría: más del 70% de las aplicaciones para móviles transmite datos personales a empresas de seguimiento como Google Analytics, la API Graph de Facebook o Crashlytics.

Cuando los internautas instalan una nueva aplicación Android o iOS, esta pide permiso al usuario antes de acceder a la información personal. En términos generales, esto es positivo. Además, parte de la información que recogen estas aplicaciones es necesaria para que funcionen correctamente. Por ejemplo, un mapa para móvil sería muchísimo menos útil si no pudiese utilizar los datos del GPS para encontrar una localización.

Pero, una vez que la app tiene permiso para recoger esa información, puede compartir tus datos con quien su creador quiera, permitiendo así que terceras empresas hagan un seguimiento de dónde te encuentras, a qué velocidad te mueves y qué estás haciendo.

Las bibliotecas codificadas

Una aplicación no solo recopila datos para utilizarlos en el propio teléfono móvil. Por ejemplo, los mapas mandan tu localización a un servidor gestionado por el creador de la app para que calcule las direcciones desde el punto donde te encuentras hasta el destino deseado.

Asimismo, la aplicación puede mandar datos a cualquier parte. Igual que las páginas web, muchos programas para móviles están escritos combinando diversas funciones, precodificadas por otros fabricantes y empresas, en lo que se denomina “bibliotecas de terceros”. Estas bibliotecas ayudan a los fabricantes a rastrea los intereses de los usuarios, conectar con las redes sociales y ganar dinero mostrando anuncios y otros elementos sin tener que escribirlos de cero.

Sin embargo, aparte de su valiosa ayuda, la mayoría de las bibliotecas también recogen datos delicados y los envían a sus servidores o a otra empresa totalmente ajena. Los creadores de bibliotecas más competentes son capaces de elaborar detallados perfiles digitales de los usuarios. Por ejemplo, puede que una persona dé permiso a una aplicación para que sepa cuál es su localización, y que a otra le dé acceso a sus contactos. En principio, ambos son permisos separados, uno para cada aplicación; pero si las dos utilizan la misma biblioteca de terceros y comparten fragmentos de información diferentes, el creador de la biblioteca puede conectar esos fragmentos.

Los usuarios nunca se enterarán, porque las aplicaciones no tienen que informarles de las bibliotecas de programas que utilizan. Además, muy pocas aplicaciones hacen pública su política de privacidad y, en caso de que lo hagan, suele ser mediante extensos documentos legales que una persona normal no lee , y muchos menos entiende.

El objetivo de nuestro estudio es dar a conocer cuántos datos se pueden estar recopilando sin que los usuarios lo sepan, y dar a estos últimos más control sobre sus datos. Para obtener una imagen de qué datos se están recogiendo y transmitiendo desde los teléfonos móviles, hemos desarrollado nuestra propia app para Android gratis, llamada Lumen Privacy Monitor. La aplicación analiza el tráfico que envían las apps con el fin de revelar qué aplicaciones y servicios por Internet recopilan activamente datos personales.

Como la finalidad de Lumen es la transparencia, el usuario de un teléfono puede ver en tiempo real la información que recogen las aplicaciones que tiene instaladas y con quién comparten esos datos. Intentamos mostrar los detalles del comportamiento oculto de las aplicaciones de una manera fácil de entender. La investigación también es importante, así que preguntamos a los usuarios si nos permiten recopilar algunos datos sobre lo que Lumen observa que están haciendo sus aplicaciones, pero en ellos no se incluye ninguno personal ni delicado para la privacidad. Este acceso exclusivo nos permite estudiar cómo las apps de los móviles recopilan datos personales del usuario y con quién los comparten a una escala sin precedentes.

En particular, Lumen hace un seguimiento de qué aplicaciones están en funcionamiento en el terminal del usuario, si están transmitiendo desde el teléfono datos delicados para la privacidad, a qué sitios de Internet los envían, el protocolo de red que utilizan y qué clase de información personal manda cada aplicación a cada sitio. Lumen analiza el tráfico de las apps en el mismo terminal y elimina cualquier información relacionada con la identidad de la persona antes de mandárnoslos para el estudio. Por ejemplo, si Google Maps registra la localización GPS de un usuario y manda la dirección específica a maps.google.com, Lumen nos dice “Google Maps ha encontrado una localización GPS y la ha enviado a maps.google.com”, pero no dónde se encuentra realmente esa persona.

Los rastreadores están en todas partes

Desde octubre de 2015, más de 1.600 personas han utilizado Lumen, lo cual nos ha permitido analizar más de 5.000 aplicaciones. Hemos descubierto 598 sitios de Internet que probablemente estaban haciendo un seguimiento de los usuarios con fines publicitarios, incluidos proveedores de servicios de redes sociales como Facebook, grandes compañías de Internet como Google y Yahoo, y empresas de marketing en la Red que operan bajo el paraguas de proveedores de servicios de Internet como Verizon y Wireless.

Hemos descubierto que más del 70% de las aplicaciones que analizamosconectaron al menos con un rastreador, y que el 15% lo hicieron con cinco o más. Uno de cada cuatro rastreadores recopiló al menos un identificador propio del dispositivo, como el número de teléfono o el número IMEI de 15 dígitos exclusivo del terminal. Los identificadores exclusivos son cruciales para los servicios de seguimiento por Internet porque permiten conectar los diferentes tipos de datos personales proporcionados por distintas aplicaciones con una persona o un dispositivo concretos. La mayoría de los usuarios, incluidos los que dominan el tema de la privacidad, desconocen estas prácticas ocultas.

Más que un problema de los móviles

El seguimiento de los usuarios a través de sus dispositivos móviles no es más que una parte de un problema mayor. Más de la mitad de las aplicaciones de seguimiento que hemos identificado también actúan a través de las páginas web. Gracias a esta técnica, denominada seguimiento “interdispositivos”, los proveedores de servicios pueden elaborar un perfil mucho más completo de la imagen de uno en Internet.

Por otra parte, cada uno de los sitios que realizan seguimientos no tiene por qué ser independiente de los demás. Algunos son propiedad de la misma persona jurídica, mientras que cabe la posibilidad de que otros sean absorbidos en futuras fusiones. Por ejemplo, Alphabet, la empresa matriz de Google, es propietaria de varios de los dominios de seguimiento que investigamos, incluidos Google Analytics, DoubleClick o AdMob, y a través de ellos recopila datos de más del 48% de las aplicaciones que analizamos.

Las leyes de los países de origen de los usuarios no protegen las identidades de estos en la Red. Hemos descubierto que los datos se transfieren más allá de las fronteras nacionales, y que a menudo van a parar a países cuyas leyes sobre la privacidad son de dudosa confianza. Más del 60% de las conexiones con los sitios dedicados al seguimiento se realizan con servidores ubicados en Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Singapur, China y Corea del Sur, seis países que han aplicado tecnologías de vigilancia masiva. Es posible que en estos sitios los organismos gubernamentales tengan acceso a los datos, aunque los usuarios estén en países con leyes de protección de la privacidad más estrictas, como Alemania, Suiza o España.

Todavía más preocupante es que hemos observado la presencia de rastreadores en aplicaciones destinadas a los niños. Al analizar 111 apps infantiles en el laboratorio, vimos que 11 de ellas filtraban la dirección MAC, un identificador exclusivo del router inalámbrico al cual estaban conectados. Esto es un problema, porque es fácil buscar a través de Internet las localizaciones físicas asociadas con unas direcciones MAC concretas. Recopilar información privada sobre menores de edad, incluido el lugar donde se encuentran, sus cuentas y otros identificadores exclusivos constituye una posible infracción de las normas de protección de la privacidad de los menores de la Comisión Federal de Comercio.

Un simple atisbo

Aunque incluyan muchas de las apps Android más utilizadas, nuestros datos son una pequeña muestra de usuarios y aplicaciones y, por lo tanto, probablemente representen un conjunto reducido de todos los rastreadores posibles. Es posible que nuestros hallazgos solamente estén arañando la superficie de lo que cabe pensar que es un problema mucho mayor que abarca múltiples jurisdicciones normativas, dispositivos y plataformas.

Es difícil saber qué pueden hacer los usuarios al respecto. Impedir que la información delicada salga del teléfono puede afectar al funcionamiento de la aplicación o a la experiencia del usuario. Una aplicación puede negarse a funcionar si no puede cargar publicidad. De hecho, bloquear los anuncios es perjudicial para los creadores de aplicaciones al privarlos de una fuente de ingresos para apoyar su trabajo con los programas que, por lo general, son gratuitos para los usuarios.

Que la gente estuviese más dispuesta a pagar a los creadores por usar las aplicaciones podría ser de ayuda, pero no lo soluciona todo. Hemos descubierto que, aunque las aplicaciones de pago suelen contactar con menos sitios de rastreo, también hacen un seguimiento de los usuarios y conectan con servicios de seguimiento de terceros.

La clave reside en la transparencia, la educación y un marco legal fuerte. Los usuarios tienen que saber qué información relacionada con ellos se está recopilando, quién la está recopilando, y para qué se está utilizando. Solo entonces podremos decidir como sociedad qué protecciones son necesarias y llevarlas a la práctica. Nuestros hallazgos, así como los de muchos otros investigadores, pueden ayudar a volver las tornas y rastrear a los rastreadores.

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