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La difícil tarea de Google de compensar los clics con las ganancias por publicidad

Internet, en los últimos años, se ha construído a base de clics, de los comúnmente conocidos «pinchazos». Sin ello nada tiene sentido. Un inquietante dato conocido este pasado mes de junio augura un profundo cambio en la manera de interactuar los usuarios con los servicios digitales. En ese momento más de la mitad de los resultados obtenidos a nivel mundial no generaron ningún clic, según un informe de SparkToro y Jumpshot. ¿Por qué? A medida que el motor de búsqueda de Google, el más utilizado del mundo, ha evolucionado, también lo ha hecho la manera de presentar los intereses de los consumidores.

[Gráfico elaborado por Statista]

STATISTA
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Las búsquedas con cero clics alcanzaron el 50,3%, mientras que el 44,3% de las búsquedas se tradujeron en tráfico orgánico -el generado a partir de un clic en el enlace- y el 4,4% en los anuncios. Otro descubrimiento interesantes ha sido la evolución experimentada por los clics en búsquedas. Desde 2016 hasta el presente año se ha producido un aumento en el porcentaje de búsquedas con cero clics (de 43,9 a 49,75 por ciento) y clics pagados (de 2,10 a 4,14 por ciento), mientras que los clics en páginas externas han ido descendiendo a lo largo de este periodo (de 54,01 a 46,12 por ciento).

Si tantas solicitudes de información no desembocaron en la apertura de un enlace ¿adónde fueron los usuarios? El buscador, desde hace tiempo, ha implementado funciones más prácticas como mostrar los resultados directamente en página. Eso ha facilitado las cosas en la mayoría de interacciones. Peticiones recurrentes como la fecha de fallecimiento de un personaje famoso o la cartelera del fin de semana se pueden conocer de manera más ágil directamente desde la primera página de resultados. Sin necesidad, por tanto, de continuar una búsqueda. Google está encerrando a sus usuarios en su propia plataforma.

Además, la compañía está pivotando hacia resultados más afinados. En su modificación anual de su algoritmo de organización, el buscador acaba de añadir el modelo BERT (Bidirectional Encoder Representations Transformers) para procesar el lenguaje natural de manera más apropiada. Los términos de búsqueda introducidos por los usuarios cambiarán, lo que obligará a las páginas a adaptarse nuevamente si quieren aparecer en las primeras páginas de resultados, lo que les garantiza mayor audiencia.

Este cambio de paradigma ha supuesto, sin embargo, un gran impacto a nivel mediático. Google se mueve a dos velocidades: la primera su compromiso por indexar contenidos informativos de manera gratuita y, segundo, su verdadero modelo de negocio, la publicidad digital, que junto con Amazon y Facebook acumulan más del 80% de las inversiones a nivel mundial. Y en ese terreno, basado en campañas conocidas como SEM, es donde quiere empujar aún más su facturación.

De hecho, según se desprende del balance trimestral, el negocio del coste por clic (CPC, por sus siglas en inglés) ha caído un 2% en comparación con el anterior trimestre al año anterior. Se trata de la cantidad que los anunciantes invierten cada vez que un usuario pincha en el anuncio que aparece en la publicidad de resultados. Los clics pagados -el número de veces que los usuarios pulsan algún vínculo de publicidad- aumentaron, desde un punto de vista interanual, un 18% y un 1% respecto al anterior trimestre.

Estas decepcionantes ganancias ( PDF) se producen, además, en un momento delicado, cuando la empresa estadounidense se enfrenta nuevos desafíos antimonopolio y sus empleados han condenado algunas de las políticas internas. La caída de sus beneficios se debió a un aumento de la inversión en los servicios en la «nube«», convertido en uno de sus principales líneas de negocio.

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Siete de cada diez aplicaciones de nuestro móvil comparten sus datos con otros proveedores

Nuestros móviles pueden revelar muchas cosas sobre nosotros: dónde vivimos y trabajamos; quiénes son nuestros familiares, amigos y conocidos; cómo nos comunicamos con ellos (e incluso qué comunicamos), así como nuestros hábitos personales. Con toda esta información almacenada en los dispositivos, no es de extrañar que los usuarios tomen medidas para proteger su privacidad, como utilizar números de identificación personal o códigos de acceso para desbloquear el teléfono.

El estudio que estamos llevando a cabo junto con nuestros compañeros ha identificado y está investigando un riesgo importante desconocido para la mayoría: más del 70% de las aplicaciones para móviles transmite datos personales a empresas de seguimiento como Google Analytics, la API Graph de Facebook o Crashlytics.

Cuando los internautas instalan una nueva aplicación Android o iOS, esta pide permiso al usuario antes de acceder a la información personal. En términos generales, esto es positivo. Además, parte de la información que recogen estas aplicaciones es necesaria para que funcionen correctamente. Por ejemplo, un mapa para móvil sería muchísimo menos útil si no pudiese utilizar los datos del GPS para encontrar una localización.

Pero, una vez que la app tiene permiso para recoger esa información, puede compartir tus datos con quien su creador quiera, permitiendo así que terceras empresas hagan un seguimiento de dónde te encuentras, a qué velocidad te mueves y qué estás haciendo.

Las bibliotecas codificadas

Una aplicación no solo recopila datos para utilizarlos en el propio teléfono móvil. Por ejemplo, los mapas mandan tu localización a un servidor gestionado por el creador de la app para que calcule las direcciones desde el punto donde te encuentras hasta el destino deseado.

Asimismo, la aplicación puede mandar datos a cualquier parte. Igual que las páginas web, muchos programas para móviles están escritos combinando diversas funciones, precodificadas por otros fabricantes y empresas, en lo que se denomina “bibliotecas de terceros”. Estas bibliotecas ayudan a los fabricantes a rastrea los intereses de los usuarios, conectar con las redes sociales y ganar dinero mostrando anuncios y otros elementos sin tener que escribirlos de cero.

Sin embargo, aparte de su valiosa ayuda, la mayoría de las bibliotecas también recogen datos delicados y los envían a sus servidores o a otra empresa totalmente ajena. Los creadores de bibliotecas más competentes son capaces de elaborar detallados perfiles digitales de los usuarios. Por ejemplo, puede que una persona dé permiso a una aplicación para que sepa cuál es su localización, y que a otra le dé acceso a sus contactos. En principio, ambos son permisos separados, uno para cada aplicación; pero si las dos utilizan la misma biblioteca de terceros y comparten fragmentos de información diferentes, el creador de la biblioteca puede conectar esos fragmentos.

Los usuarios nunca se enterarán, porque las aplicaciones no tienen que informarles de las bibliotecas de programas que utilizan. Además, muy pocas aplicaciones hacen pública su política de privacidad y, en caso de que lo hagan, suele ser mediante extensos documentos legales que una persona normal no lee , y muchos menos entiende.

El objetivo de nuestro estudio es dar a conocer cuántos datos se pueden estar recopilando sin que los usuarios lo sepan, y dar a estos últimos más control sobre sus datos. Para obtener una imagen de qué datos se están recogiendo y transmitiendo desde los teléfonos móviles, hemos desarrollado nuestra propia app para Android gratis, llamada Lumen Privacy Monitor. La aplicación analiza el tráfico que envían las apps con el fin de revelar qué aplicaciones y servicios por Internet recopilan activamente datos personales.

Como la finalidad de Lumen es la transparencia, el usuario de un teléfono puede ver en tiempo real la información que recogen las aplicaciones que tiene instaladas y con quién comparten esos datos. Intentamos mostrar los detalles del comportamiento oculto de las aplicaciones de una manera fácil de entender. La investigación también es importante, así que preguntamos a los usuarios si nos permiten recopilar algunos datos sobre lo que Lumen observa que están haciendo sus aplicaciones, pero en ellos no se incluye ninguno personal ni delicado para la privacidad. Este acceso exclusivo nos permite estudiar cómo las apps de los móviles recopilan datos personales del usuario y con quién los comparten a una escala sin precedentes.

En particular, Lumen hace un seguimiento de qué aplicaciones están en funcionamiento en el terminal del usuario, si están transmitiendo desde el teléfono datos delicados para la privacidad, a qué sitios de Internet los envían, el protocolo de red que utilizan y qué clase de información personal manda cada aplicación a cada sitio. Lumen analiza el tráfico de las apps en el mismo terminal y elimina cualquier información relacionada con la identidad de la persona antes de mandárnoslos para el estudio. Por ejemplo, si Google Maps registra la localización GPS de un usuario y manda la dirección específica a maps.google.com, Lumen nos dice “Google Maps ha encontrado una localización GPS y la ha enviado a maps.google.com”, pero no dónde se encuentra realmente esa persona.

Los rastreadores están en todas partes

Desde octubre de 2015, más de 1.600 personas han utilizado Lumen, lo cual nos ha permitido analizar más de 5.000 aplicaciones. Hemos descubierto 598 sitios de Internet que probablemente estaban haciendo un seguimiento de los usuarios con fines publicitarios, incluidos proveedores de servicios de redes sociales como Facebook, grandes compañías de Internet como Google y Yahoo, y empresas de marketing en la Red que operan bajo el paraguas de proveedores de servicios de Internet como Verizon y Wireless.

Hemos descubierto que más del 70% de las aplicaciones que analizamosconectaron al menos con un rastreador, y que el 15% lo hicieron con cinco o más. Uno de cada cuatro rastreadores recopiló al menos un identificador propio del dispositivo, como el número de teléfono o el número IMEI de 15 dígitos exclusivo del terminal. Los identificadores exclusivos son cruciales para los servicios de seguimiento por Internet porque permiten conectar los diferentes tipos de datos personales proporcionados por distintas aplicaciones con una persona o un dispositivo concretos. La mayoría de los usuarios, incluidos los que dominan el tema de la privacidad, desconocen estas prácticas ocultas.

Más que un problema de los móviles

El seguimiento de los usuarios a través de sus dispositivos móviles no es más que una parte de un problema mayor. Más de la mitad de las aplicaciones de seguimiento que hemos identificado también actúan a través de las páginas web. Gracias a esta técnica, denominada seguimiento “interdispositivos”, los proveedores de servicios pueden elaborar un perfil mucho más completo de la imagen de uno en Internet.

Por otra parte, cada uno de los sitios que realizan seguimientos no tiene por qué ser independiente de los demás. Algunos son propiedad de la misma persona jurídica, mientras que cabe la posibilidad de que otros sean absorbidos en futuras fusiones. Por ejemplo, Alphabet, la empresa matriz de Google, es propietaria de varios de los dominios de seguimiento que investigamos, incluidos Google Analytics, DoubleClick o AdMob, y a través de ellos recopila datos de más del 48% de las aplicaciones que analizamos.

Las leyes de los países de origen de los usuarios no protegen las identidades de estos en la Red. Hemos descubierto que los datos se transfieren más allá de las fronteras nacionales, y que a menudo van a parar a países cuyas leyes sobre la privacidad son de dudosa confianza. Más del 60% de las conexiones con los sitios dedicados al seguimiento se realizan con servidores ubicados en Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Singapur, China y Corea del Sur, seis países que han aplicado tecnologías de vigilancia masiva. Es posible que en estos sitios los organismos gubernamentales tengan acceso a los datos, aunque los usuarios estén en países con leyes de protección de la privacidad más estrictas, como Alemania, Suiza o España.

Todavía más preocupante es que hemos observado la presencia de rastreadores en aplicaciones destinadas a los niños. Al analizar 111 apps infantiles en el laboratorio, vimos que 11 de ellas filtraban la dirección MAC, un identificador exclusivo del router inalámbrico al cual estaban conectados. Esto es un problema, porque es fácil buscar a través de Internet las localizaciones físicas asociadas con unas direcciones MAC concretas. Recopilar información privada sobre menores de edad, incluido el lugar donde se encuentran, sus cuentas y otros identificadores exclusivos constituye una posible infracción de las normas de protección de la privacidad de los menores de la Comisión Federal de Comercio.

Un simple atisbo

Aunque incluyan muchas de las apps Android más utilizadas, nuestros datos son una pequeña muestra de usuarios y aplicaciones y, por lo tanto, probablemente representen un conjunto reducido de todos los rastreadores posibles. Es posible que nuestros hallazgos solamente estén arañando la superficie de lo que cabe pensar que es un problema mucho mayor que abarca múltiples jurisdicciones normativas, dispositivos y plataformas.

Es difícil saber qué pueden hacer los usuarios al respecto. Impedir que la información delicada salga del teléfono puede afectar al funcionamiento de la aplicación o a la experiencia del usuario. Una aplicación puede negarse a funcionar si no puede cargar publicidad. De hecho, bloquear los anuncios es perjudicial para los creadores de aplicaciones al privarlos de una fuente de ingresos para apoyar su trabajo con los programas que, por lo general, son gratuitos para los usuarios.

Que la gente estuviese más dispuesta a pagar a los creadores por usar las aplicaciones podría ser de ayuda, pero no lo soluciona todo. Hemos descubierto que, aunque las aplicaciones de pago suelen contactar con menos sitios de rastreo, también hacen un seguimiento de los usuarios y conectan con servicios de seguimiento de terceros.

La clave reside en la transparencia, la educación y un marco legal fuerte. Los usuarios tienen que saber qué información relacionada con ellos se está recopilando, quién la está recopilando, y para qué se está utilizando. Solo entonces podremos decidir como sociedad qué protecciones son necesarias y llevarlas a la práctica. Nuestros hallazgos, así como los de muchos otros investigadores, pueden ayudar a volver las tornas y rastrear a los rastreadores.

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Según un estudio británico, Instagram es la red que mas puede afectar a la salud mental de los jóvenes.

Las redes sociales más populares son fuente de innumerables beneficios y ventajas para sus usuarios, pero también generan efectos secundarios poco saludables. Un nuevo estudio, realizado entre jóvenes británicos, se centra en un problema muy particular: el bienestar y la salud mental de los usuarios de estas aplicaciones. Según este trabajo, Instagram podría terminar siendo la más nociva entre los adolescentes, por su impacto en la salud psicológica de este grupo de edad más vulnerable. Por detrás, aunque con notas también negativas, estarían Snapchat, Facebook y Twitter. La única red analizada con valoración positiva es YouTube, el portal de vídeos del gigante Alphabet.

«Los jóvenes que pasan más de dos horas al día en redes sociales como Facebook, Twitter o Instagram son más propensos a sufrir problemas de salud mental, sobre todo angustia y síntomas de ansiedad y depresión», recogen en el estudio, realizado por la Royal Society of Public Health y la Universidad de Cambridge. Para analizar el posible impacto en la juventud británica, los especialistas estudiaron las actitudes hacia estas redes en 1.500 británicos de entre 14 y 24 años. España es el país con mayor penetración de redes sociales y de telefonía móvil de la Unión Europea.

Se valoraron 14 factores, tanto positivos como negativos, en los que estas aplicaciones impactan en la vida de este grupo de edad en el que su personalidad aún está en formación. Instagram suspendió en siete de estos aspectos: notablemente, los jóvenes reconocían que esta app para compartir fotografías afecta muy negativamente en su autoestima (imagen corporal), en sus horas de sueño (asociado a múltiples problemas que se derivan de dormir poco) y en su miedo a quedarse fuera de eventos sociales (conocido por las siglas en inglés FoMO). Además, consideran que fomenta el ciberacoso, que les genera ansiedad y, en menor medida, síntomas depresivos y sensación de soledad.

«Instagram logra fácilmente que las niñas y mujeres se sientan como si sus cuerpos no fueran lo suficientemente buenos mientras la gente agrega filtros y edita sus imágenes para que parezcan perfectas», asegura uno de los jóvenes estudiados. «El ciberacoso anónimo a través de Twitter sobre temas personales me ha llevado a autolesionarme y a tener miedo de ir a la escuela. El acoso en Instagram me ha llevado a intentar suicidarse y también a lesionarme. Las dos me hicieron experimentar episodios depresivos y ansiedad», confiesa un menor de 16 años que participó en el estudio.

Snapchat obtiene unas notas casi tan negativas como Instagram, aunque es más perjudicial para las horas de sueño y para la ansiedad social que genera perderse eventos sociales. En el ranking negativo le sigue Facebook, que es la red más propicia para el ciberacoso, según el estudio. Twitter mejora levemente las notas de las anteriores y casi compensa sus efectos negativos con sus aportaciones positivas. YouTube, finalmente, logra el aprobado gracias a que sus efectos tóxicos son más escasos, según la encuesta, salvo en el caso de las horas de sueño: este portal para ver vídeos es el que menos deja dormir a los jóvenes.

No todo es malo en estas redes: los aspectos más positivos en los que destacaron estas apps fueron la capacidad de tomar conciencia (sobre todo en YouTube), de expresarse y encontrar una identidad propia (Instagram) y de crear comunidad y de dar con apoyo emocional (Facebook).

«Ser un adolescente es ya suficientemente difícil, pero las presiones a las que se enfrentan online los jóvenes son sin duda únicas para esta generación digital. Es de vital importancia que intervengamos poniendo medidas preventivas», aseguran las autoras del estudio. El informe propone algunas de estas medidas, como que los usuarios reciban una notificación de la propia aplicación avisándoles del exceso de uso, que la red advierta cuando una foto está manipulada o que se realicen campañas de formación sobre estos riesgos en el ámbito escolar.

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Los taxis sin conductor de Google empiezan a funcionar en Arizona

Waymo, la empresa de coches sin conductor del conglomerado Aphabet Inc. al que también pertenece Google, ha iniciado este martes en Phoenix (Arizona, EE UU) su primera prueba abierta al público de vehículos autónomos. La compañía ha asegurado que tiene 100 monovolúmenes Chrysler Pacifica y acaba de adquirir otros 500 para satisfacer toda la demanda prevista.

Waymo ya ha estado probando su servicio con un grupo de familias para observar lo que los potenciales clientes requieren en un traslado. Ahora, el radio de actuación se amplía. A través de su blog, la empresa ha invitado a los 4,5 millones de residentes del área metropolitana a participar en la primera prueba para coches autónomos abierta al público

Los vehículos llevarán un operador humano detrás del volante, por si es necesaria su intervención o simplemente para recibir retroalimentación. Este nuevo ensayo de Waymo está ideado para entender lo que la gente quiere de un coche autónomo, cómo lo utiliza y cómo integra ese servicio a su vida. Quienes participen, tendrán acceso a los coches todos los días a cualquier hora.

Silicon Valley vive una carrera por la tecnología de la conducción autónoma, con la apuesta de que este modelo va a transformar la industria del automovilismo y se volverá una mina de oro para las empresas. Waymo ha logrado uno de los mejores resultados tecnológicos, además de tener una alianza con Fiat Chrysler. Muchas compañías creen que los usuarios buscarán los coches autónomos como un servicio y no para tener el suyo propio. Uber es otra de las compañías que ya ha hecho pruebas con coches autónomos.

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Un nuevo sueño tecnológico hecho realidad : el coche volador

A los seres humanos le tienta eso de imaginar cómo será el futuro. Lo ha hecho siempre. Configurar el lugar donde pasará el resto de su mortal existencia es apasionante. Así que imaginemos por un momento cómo será el coche del futuro. En plena era de los vehículos conectados, el mayor sueño sigue siendo un transporte aéreo a nuestro alcance. Y la última idea de Larry Page, fundador de Google y presidente de Alphabet, va por esa senda.

En un video difundido para mostrar sus virtudes, el empresario ha presentado Kitty Hawk, un prototipo de máquina voladora cuya primera versión comercial pretende vender a finales de año. Por ahora, únicamente está diseñado para moverse (o planear) por el agua, no así por tierra, según las primeras informaciones. No tiene ruedas, funciona con un motor eléctrico y únicamente tiene capacidad para transportar una sola persona, pero puede ser una muestra más del desafío de la industria en perfilar vehículos más ecológicos que «vuelen» como una postal de ciencia-ficción. Y, para ello, el «padre» de Google ha invertido la friolera de cien millones de dólares.

Más cerca de un drone que de un coche, esta máquina dispone de dos flotadores y el piloto se monta en la misma posición que lo haría en una motocicleta. Está alimentado por ocho rotores y el sistema de despegue y aterrizaje es vertical al igual que un helicóptero. Tiene un peso de cien kilogramos y funciona a una velocidad de aproximidamente 40 kilómetros por hora. No requiere de permiso de conducir y, según la firma americana, se aprende a pilotar en cuestión de dos horas.

«Nuestra misión es hacer que el sueño de volar individual una realidad. Creemos que todo el mundo tendrá acceso personal y un nuevo mundo se abrirá sin límites», señalan fuentes de la compañía de Kitty Hawk en un comunicado. La compañía, con sede en Mountain View (California), pretende hacerlo viable en cuestión de un año. La idea se suma a otros proyectos similares que intentan convencer de las posibilidades y potencialidades de los vehículos voladores como uno de los sistemas de transporte del futuro.

Y, por ahora, son varias las empresas que buscan desarrollar máquinas voladoras similares, entre ellas, el fabricante de aviones europeo Airbus llamado Vahana, una «startup» eslovaca llamada AeroMobil que ha inventado un biplaza, Terrafugia que hizo lo propio con un diseño con alas movido por gasolina, la firma alemana Lilium o Uber Elevate, una iniciativa de la compañía de transporte que ha ideado un servicio para transportar pasajeros por el aire. Los gobiernos ya están estudiando cómo regular los aviones no tripulados y los vehículos sin conductor, pero antes habrá que articular ciertas actualizaciones en materia de legislación, seguros o códigos viales.

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