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Reparto de comida gratis para los usuarios Prime de Amazon en el Reino Unido

Amazon cambió, para siempre, la distribución de productos. La logística, y la implicación de la tecnología en sus grandes almacenes, ha sido la punta de lanza para llevar a Jeff Bezos, su fundador, a ser la persona más rica del planeta. El gigante estadounidense del comercio electrónico ha anunciado en un comunicado que repartirá comida y alimentos de manera gratuita a sus abonados a Prime, su programa de entrega rápida por suscripción.

La empresa con sede en Seattle (EE.UU.) aspira a que este nuevo servicio, que ha empezado a funcionar en Londres este martes, pueda dar servicio a todo el país para finales de año. El bloqueo del sector provocado por la crisis sanitaria del coronavirus Covid-19 ha impulsado la venta de alimentos por internet. Un negocio suculento con el que, ahora, quiere darle un gran bocado.

Para ello, Amazon ha añadido su línea Fresh (servicio de entrega de comestibles lanzado hace cuatro años) a su programa de suscripción Prime. De esta manera, repartirá desde carne, leche, yogurt, pescado, frutas, verduras o carne, así como otros alimentos perecederos o artículos para el hogar en periodos inferiores a dos horas para pedidos superiores a 40 libras (52 euros) y sin gastos de envío para los abonados. En la actualidad, el servicio ofrece alrededor de 10.000 productos frescos y alimentos congelados.

Con esta medida, la empresa pretende expandir rápidamente el negocio de entrega de comestibles. Un sector que ha aumentado un 14,6% en el último mes en comparación con el año anterior. Los clientes podrán, de esta manera, adquirir miles de artículos suministrados por la cadena de supermercados Booths and Whole Foods, así como una serie de proveedores de marcas comerciales como Pepsi o Danone.

La crisis sanitaria ha incentivado el interés por los comercios electrónicos. Las medidas de confinamiento y distanciamiento social ha provocado un aumento de las ventas por internet. La necesidad de completar su transformación digital ha asestado un duro golpe a empresas minoristas, que no han podido hacer frente a los pedidos online. La pandemia ha asentado, además, unos nuevos hábitos en los consumidores que, muy probablemente, se extenderán en los próximos años.

 

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¿DE qué viven las grandes empresas tecnológicas?

Existen multitud de modelos de negocio gracias a internet, pero la publicidad digital es, para muchas empresas del sector, su principal medio de subsistencia. Su motor financiero a pesar de hacerlo a espuertas de recabar los datos personales de sus usuarios. El célebre mantra de cuando un servicio es gratuito es porque tú eres el producto se lleva explotando desde hace dos décadas a nivel mundial. El problema: muchos consumidores aún desconocen de qué viven.

Aunque no es una novedad, el primer vagón del tren publicitario lo conducen tres empresas que operan a nivel mundial, Alphabet (Google), Facebook y, cada vez con más fuerza, Amazon. De hecho, el gigante del comercio electrónico estadounidense se ha convertido a su vez en el principal anunciante en internet del mundo. Se reparten el pastel. Entre los tres acumulan el 70% de los ingresos publicitarios en internet, según estadísticas de la consultora eMarketer. Un negocio demasiado suculento: datos recabados por la firma especializada Digiday advierte que de los 333.250 millones de dólares invertidos en publicidad a nivel global en 2019, 144.600 millones fueron a parar al bolsillo de estas empresas.

Aunque es un aumento menos pronunciado que otros años, según el informe de Tendencias de Publicidad Global de Warc, la inversión en publicidad en los motores de búsqueda aumentó un 9,6% el pasado año hasta generar unos 135.900 mil millones de dólares. Un escenario interesante porque, además, en 2019 se produjo el punto de inflexión que auguraban los analistas. Fue el primer año en que la publicidad online superó a la tradicional.

Muchas empresas con servicios digitales, entre ellos, los medios de comunicación, están también llegando a ese punto en sus finanzas internas. La actividad principal de las empresas tecnológicas conocidas como GAFAM -Google, Apple, Facebook, Amazon, Microsoft-, que en su mayoría está relacionada con algunos de los supuestos que recoge el nuevo gravamen europeo conocido como « Tasa Google», se dedica a la publicidad online o las plataformas de intermediación digital.

Facebook, a la sombra de las sanciones

En el caso de Facebook, la mayor red social del mundo, el 98,5% de sus ingresos provienen de los anuncios online. Razón de más para no intentar mediar en una nueva dimensión de su herramienta para evitar los llamados «anuncios falsos» que grupos compran para intentar manipular a los usuarios. A sus más de 2.500 millones de usuarios, que se dice pronto.

La multinacional estadounidense facturó en 2019 unos 70.697 millones en el cuarto trimestre, un 27% más que el año anterior, pero sus resultados cayeron debido a las multas por infracciones sobre la privacidad, su gran desafío desde hace cuatro años desde que saltara el escándalo de Cambridge Analytica. El menor crecimiento en un periodo desde que cotiza en bolsa (2012).

Alphabet, de las búsquedas a la «nube»

Bajo el paraguas de Alphabet se esconden varios tentáculos, uno de ellos, el principal motor de búsqueda del mundo que, para muchos usuarios, es sinónimo de internet. Aunque existen muchas otras alternativas, si de repente no se tuviera acceso a Google es muy posible que tuvieran que «aprender» cómo encontrar los resultados que quieren.

Pero, a su vez, el gigante de internet estadounidense cuenta con otros servicios de impresionante factura. YouTube, un canal de vídeos muy popular que genera por sí solo 15.000 millones de dólares anualmente, una tercera parte de lo que suma todo el sector de la televisión por cable en Estados Unidos. Según los datos recopilados por Statista, el 83,3% de sus ingresos provienen de la publicidad digital. Lo que quiere decir que cuantas más reproducciones y visualizaciones le entregan los usuarios, la máquina de hacer dinero se acelera.

De igual manera que en el último año la empresa ha puesto más el foco en las campañas SEM o publicidad pagada que aprovecha los resultados de búsqueda introducidos por sus usuarios. De ahí sus intenciones de eliminar las «cookies» de terceros porque, de esta manera, podrá controlar aún más el negocio de la publicidad digital. Una medida adoptada teóricamente diseñada para proteger a los usuarios pero que los analistas ya estiman que causar estragos en el reparto de la tarta publicitaria a largo plazo.

Durante 2019 obtuvo un beneficio neto de 34.343 millones de dólares, un 11,7% más que el año anterior, cuando logró 30.736 millones de dólares. En el mismo periodo, sus ingresos ascendieron a 161.857 millones de dólares, un incremento del 18,3 % con respecto a los 136.819 millones facturados en el ejercicio fiscal de 2018. El negocio del «cloud», de los servicios en la nube, logró unas ventas por valor de 8.920 millones.

Amazon, de los libros a la logística

Por su parte, es curiosa la evolución del gigante del comercio electrónico. Empezó vendiendo libros y se ha convertido en el mayor escaparate de productos del mundo. Aunque es el tercer jugador que más se está beneficiando de la publicidad digital, le firma con sede en Seattle tiene un gran músico de las tiendas online, que genera la mitad de sus ingresos anuales.

Su política, a diferencia de sus rivales dentro del sector de la innovación, es diversificar sus negocios y reinvertir parte de sus ganancias en la empresa en búsqueda de nuevos servicios. Así, por ejemplo, Amazon Web Services, su división en la nube, logró unos ingresos de 10.000 millones en el último trimestre de 2019, más de los 7.400 obtenidos en el mismo periodo de 2018. Durante todo el año, según su último balance trimestral, recoge que logró unos beneficios de 11.588 millones de dólares, un 15% más con respecto al año anterior. Su facturación ingresó unos 280.522 millones, un 20,45% más que los 232.887 millones facturados un año antes.

Apple, el rey de los productos

De Apple se ha dicho todo, pero también hay que valorar su apuesta por el negocio en la «nube» y los servicios. Lo que más crece en sus balances. Pero, por supuesto, su principal fuente de ingresos se encuentra en la venta de productos tecnológicos (82,2%), con el iPhone como la estrella del firmamento, que representa el 61% del total. En todo el ejercicio fiscal relativo a 2019, la firma de la manzana acumuló unos 260.174 millones de dólares, que cierra en septiembre, y que en este caso acabó un 7% por debajo del año anterior.

El primer trimestre del año ha sido espectacular. Apple ganó durante los tres primeros meses de su ejercicio fiscal de este año 22.236 millones de dólares, un 11,37% más que en el mismo período del año pasado, aupado por las ventas de teléfonos iPhone que han vuelto a resurgir. La multinacional de Cupertino se impuso a los pronósticos de los analistas y sorprendió con un aumento de ingresos del 7,6% en la categoría de teléfonos inteligentes, justo después de cerrar un año en el que las ventas del iPhone habían ido a la baja y habían surgido dudas sobre su crecimiento futuro.

 

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La justicia europea frena el traspaso de datos entre la Unión Europea y Estados Unidos

Golpe a la economía digital. El Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) ha invalidado este jueves ( PDF) el sistema de intercambio de datos del llamado «Privacy Shield» («Escudo de privacidad», en español) entre la Unión Europea (UE) y los EE.UU al entender que existe una «excesiva vigilancia» por las autoridades estadounidenses.

Es un acuerdo que permitía a las empresas digitales transferir legalmente los datos personales de los ciudadanos europeos a sus bases en Estados Unidos. Esta disposición se utiliza por las grandes multinacionales de internet como Google, Facebook o Twitter e incluyen detalles como la identidad y su geolocalización, así como sus preferencias en internet. A raíz de esta sentencia anticipa nuevos conflictos entre ambas potencias y pone en una situación difícil a las empresas en Europa.

El tribunal ha tomado esta decisión por el «posible riesgo» que representan los programas de vigilancia estadounidenses para la protección de los datos personales de ciudadanos europeos. Entiende que este acuerdo, firmado en 2016 en sustitución al anterior marco legal conocido como «Safe Harbour» («Puerto seguro»), permite hacer posible interferencias en los derechos fundamentales de las personas cuyos datos se transfieren a servidores alojados en Estados Unidos y que pueden tener acceso las autoridades públicas del país sin que se limite «a lo estrictamente necesario».

La legislación estadounidense es menos estricta

Dado que la legislación norteamericana es menos estricta que la europea, el «Escudo de privacidad» fue creado para permitir una excepción a las leyes comunitarias de protección de datos a cambio de que las compañías norteamericanas cumpliesen algunos requisitos específicos. Los jueces han determinado que esa excepcionalidad no puede saltar los propios límites de la legislación europea sobre protección de datos y que «las personas cuyos datos personales se transfieren a un país tercero deben gozar de un nivel de protección sustancialmente equivalente al garantizado dentro de la Unión».

Los jueces afirman que ante un «posible acceso de las autoridades públicas de un país tercero a los datos personales transferidos de ese modo» también se deben tener en cuenta cuidadosamente «los elementos pertinentes del sistema jurídico de dicho país». «Safe Harbor» quedó también invalidado por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea en 2015 obligando así Bruselas a negociar con Washington un nuevo marco para garantizar un mejor nivel de protección de los datos personales. Esta situación provocó que la información de los usuarios se encontrara en una situación de inseguridad jurídica.

«Hasta ahora, era muy sencillo transferir datos personales a Estados Unidos», señala en conversación telefónica Sergio Carrasco, experto en derecho digital de Fase Consulting. «Todos los prestadores de servicios, al final, tienen servicios allí [por Estados Unidos], sea en parte o totalmente. Y ahora existía Privacy Shield, que era un acuerdo que ponía de manifiesto que en Estados Unidos tenía un nivel de protección equiparable a Europa, permitiendo así esa transferencia sin contar con la autorización de los reguladores de protección de datos», explica.

«Lo que dice es que el nivel de protección no son equivalentes porque en EE.UU. existen otros asuntos como la Seguridad Nacional»

La resolución del TJUE implica que no existen las mismas garantías entre ambos territorios. El tratamiento de información sensible en la UE se rige por el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD), que pone el acento en el consentimiento expreso de los ciudadanos. Es un marco legal más garantista en comparación con Estados Unidos. «Lo que dice es que el nivel de protección no son equivalentes porque en EE.UU. existen otros asuntos como la Seguridad Nacional. Como no se garantizan los derechos de las personas como en Europa, lo que hace es anular ese acuerdo y, por lo tanto, la transferencia internacional de protección de datos hacia EE.UU. estará sometida al control de las autoridades de protección de datos como cualquier otro país», apunta.

Para Rafael García del Poyo, jurista de Osborne Clarke, las empresas deberán hacer un mayor esfuerzo en el tratamiento de datos. «La historia se repite. Una vez más el TJUE ha establecido altos estándares de protección de datos personales y ni el «Safe Harbor» ni el «Privacy Shield» han sobrevivido a la evaluación de la justicia europea. Esta decisión es un recordatorio de que los esfuerzos por lograr el cumplimiento de la GDPR es un proceso continuo y que, ahora más que nunca, las empresas deben realizar un examen detallado de las circunstancias que rodean cada transferencia internacional de datos y de las partes que los procesan antes de utilizar las cláusulas modelo de la UE o cualquier otra alternativa», apunta.

Para solucionar este escollo, los expertos creen que EE.UU. puede verse obligado a cambiar toda su normativa en materia de Seguridad Nacional porque «no pueden utilizar las amplias competencias en investigación» en el caso de ciudadanos europeos. «Y no lo van a hacer», interpreta Carrasco. Esta decisión anticipa un torrente de reacciones por parte de empresas estadounidenses filiales que operan en Europa como Google, Facebook, Amazon o Microsoft, además de adelantar un nuevo obstáculo en las relaciones entre ambos territorios.

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Europa se convierte en el enemigo de Amazon

Amazon ha sido, durante años, una Arcadia feliz. Poco peligrosa a ojos de los legisladores. Revolucionaria en su modelo de negocio en internet. Cambió, para siempre, la logística y la distribución de productos en internet. Junto con la publicidad segmentada, ha sido una de las ideas de negocio más lucrativas que se han dado en la última década. ¿Se le acabará el chollo? La Comisión Europea (CE) ultima una acusación contra el gigante del comercio electrónico por prácticas monopolísticas.

Bruselas cree que hay razones para acusarle de prácticas monopolísticas, principalmente por el uso de los datos comerciales de aquellos que venden en su plataforma. La acusación se presentará, según publicó «The Wall Street Journal», en las próximas semanas. Se trata del siguiente paso en la investigación que Bruselas inició contra el gigante el año pasado, cuando comenzó a obtener pesquisas sobre la relación entre Amazon y los datos de otros vendedores.

Fue en julio del pasado año cuando la CE abrió una investigación preliminar contra la multinacional estadounidense por presuntas prácticas contrarias a la competencia. De esta manera, seguirá los pasos de otros gigantes como Google -que ha sido sancionada en tres ocasiones- y Apple, que recientemente se ha situado en el punto de mira de Europa por posibles abusos en dos de sus servicios, Apple Pay y la tienda App Store.

Lo que pretende averiguar es si Amazon utiliza prácticas contrarias a la competencia. Las razones que esgrime la CE se encuentran en el «doble papel» que juega Amazon en la economía digital. La empresa proporciona la plataforma para que cualquier vendedor pueda comercializar sus productos pero, a su vez, también es un fabricante de productos tecnológicos que ejerce de minorista, por lo que compite directamente con los distribuidores. De hecho, la página web destaca sus propios dispositivos en una situación privilegiada. vendedores.

La investigación sospecha que Amazon puede haberse aprovechado de esa situación para aprovechar los datos de compras y transacciones en el desarrollo y promoción de sus propios productos. Una nueva muestra de cómo el pez grande se come al pequeño. Ahora, los gobiernos se están preguntando si el gigante tecnológico es demasiado grande. En declaraciones a la cadena «BBC» el año pasadoMargrethe Vestager, comisaria europea de Competencia, apuntó: «Nunca aceptamos en un partido de fútbol que un equipo también juzgue el partido».

La normativa comunitaria no marca unos plazos cerrados para el final de la investigación, de la que el Ejecutivo comunitario ha informado no solo a Amazon sino a otros competidores y que si encuentra elementos fehacientes de que la plataforma violó las normas europeas podría desembocar en una multa millonaria. La posible sanción podría ascender hasta el 10% de la facturación de la empresa, según los tratados europeos.

Su viacrucis legal también puede llevar a su fundador, Jeff Bezos, el hombre más rico del mundo, a prestar declaración en el Congreso de Estados Unidos. En una misiva a la que tuvo acceso «CNN», Bezos está dispuesto a testificar ante los legisladores de la Cámara de Representantes que están investigando a la industria tecnológica por posibles violaciones antimonopolio. En el texto asegura que la compañía está «comprometida a cooperar» y «se pondrá a disposición el ejecutivo para testificar».

 

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Amazon prohíbe a la policía de EEUU usar el reconocimiento facial

La identificación de rostros es uno de los avances en el campo de la Inteligencia Artificial más interesantes. Como si fuera «Terminator», hoy en día es posible conocer muchos datos personales de un sujeto a partir del análisis de su rostro. Y lo que es más jugoso, en tiempo real. Pero esta tecnología emergente, que está presente incluso en productos de consumo como los teléfonos móviles, no está sujeto a fallos. En pleno debate por la muerte de George Floyd, Amazon ha anunciado que prohíbe el uso del reconocimiento facial a las autoridades policiales de Estados Unidos durante un año.

El gigante del comercio electrónico sigue los pasos de IBM, que recientemente anunció su salida del negocio del reconocimiento facial argumentando fallos técnicos y presencia de sesgos raciales. Esta tecnología ha estado cuestionada en los últimos años después de diversos hallazgos en los que los sistemas empleados llegaban a confundir a personas negras con simios. La gran mayoría de empresas de tecnología cuentan con sus propios desarrollos como Google o Facebook.

Amazon, ahora, da un paso más allá y ha decidido bloquear el acceso a los cuerpos de seguridad estadounidenses a su controvertida herramienta de reconocimiento facial llamada Rekognition. El gigante de internet no especificó cómo forzará la aplicación de la prohibición, aunque es probable que lo haga negándose a ofrecer sus servicios a los cuerpos de Policía y eliminando el apoyo técnico a aquellos que ya dispongan de esta tecnología.

La firma con sede en Seattle (estado de Washington, EE.UU.) ha aprovechado para mandar un recado a las autoridades: reclama una regulación más estricta para que en el futuro se utilice esta tecnología de manera ética. «Esperamos que esta moratoria de un año le brinde al Congreso suficiente tiempo para implementar las reglas apropiadas», explican en un comunicado fuentes de la empresa. Y apuntó que, tras el asesinato de Floyd y la consecuente oleada de protestas a lo largo y ancho del país, «parece que el Congreso está preparado para asumir el desafío» de regular el uso de las técnicas de reconocimiento facial.

Este «parón» durará un año, aunque no ha especificado a partir de qué momento entrará en vigor la prohibición. Tampoco ha trascendido si la medida se extiende más allá de Estados Unidos. Esta medida no implica el abandono de los ensayos y experimentos comerciales de la tecnología facial. Amazon ha insistido en que seguirá vendiendo y proporcionando soporte a organizaciones sin ánimo de lucro como Thorn, el Centro Internacional para Niños Desaparecidos y Explotados y Marinus Analytics para ayudar a rescatar a víctimas de trata de personas y ayudar a que niños desaparecidos se encuentren con sus familias.

El uso de Amazon sobre esta tecnología tuvo que someterse a votación entre sus accionistas el año pasado para decidir si seguía vendiendo a agencias gubernamentales. A principios de 2019, además, una alianza formada por 85 expertos de defensa las libertades civiles envió una carta abierta al fundador de la empresa, Jeff Bezos, implorando a dejar de vender su tecnología de reconocimiento facial a las autoridades. La petición apenas tuvo incidencia. ese mismo año se descubrió que el FBI empleaba el reconocimiento facial para sus labores de investigación.

Esta tecnología está cada vez más cuestionada. Gobiernos y agencias de seguridad de todo el mundo hace años que utilizan las técnicas de reconocimiento facial para labores de identificación de criminales, ayudar en las tareas de búsqueda de menores desaparecidos o prevenir el fraude documental. Sin embargo, grupos en defensa de los derechos civiles han asegurado que esta tecnología invade la privacidad de los ciudadanos de forma excesiva, a la vez que puede perpetuar sesgos contra minorías étnicas.

 

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