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Radar COVID : así funciona la aplicación de rastreos que se esta probando en La Gomera

Radar Covid ya está en marcha. Se trata de la aplicación de rastreo de coronavirus Covid-19 que el Gobierno ha puesto en marcha en una prueba piloto en La Gomera(Canarias). Una «app» que se ha desarrollado por Indra en los dos últimos meses y que está basada bajo el protocolo diseñado en la herramienta de Google y Apple. Se van a usar a unos 300 emuladores para simular que se produce una pandemia en el 10 por ciento de la muestra.

El ensayo durará dos semanas y constará de tres fases: la primera semana se dedicará a una intensa campaña de comunicación, sensibilización y formación a escala local. Y la monitorización se producirá a partir del 6 de julio con simulación de contagios y seguimiento. Una vez finalizado el piloto, previsto para el 20 de julio, las autoridades evaluarán la iniciativa y decidirán en los próximos meses si se escala a nivel nacional como medida adicional para combatir la propagación de la enfermedad.

El objetivo de esta aplicación, que no tiene geolocalización, es evaluar aspectos técnicos y de experiencia de uso del ciudadano, con el fin de optimizar el diseño de la aplicación y su grado de confianza. Además, servirá para calibrar el algoritmo de la app con el fin de garantizar la veracidad de las notificaciones. La prueba es un proyecto tecnológico y social basado en la colaboración ciudadana.

Interoperabilidad

Funciona en los dos sistemas operativos móviles más extendidos, Android e iOS. Ya evaluadas por Google y Apple, se ha publicado en sus respectivas tiendas. La primera en recibirla ha sido Android. Durante las pruebas realizadas, ABC ha podido comprobar que el sistema anima al usuario a activar el Bluetooth. El terminal necesita tener activado esta tecnología inalámbrica, utilizada para conectar dispositivos compatibles, para «recoger y compartir de forma segura» el ID o código de identificación aleatorio con otros teléfonos que estén cerca.

Cómo funciona

Radar Covid puede avisar al usuario si ha estado cerca de alguien que ha indicado que tiene síntomas de coronavirus. La herramienta avisa que se comparten con la «app» la fecha, la duración y la intensidad de la señal asociadas a las exposiciones. Si se permite que esté activa siempre en segundo plano, es posible que se reduzca la duración de la batería. Esta función se puede cambiar desde «Ajustes/Aplicaciones/Notificaciones».

En el primer vistazo, la «app» informa del nivel de exposición al que se ha sometido el usuario. En este caso, la prueba realizada por ABC señala que «Tu exposición es baja». Aún así, el propio sistema recomienda a los usuarios una serie de pautas comm mantener la distancia de seguridad estipulada en 1,5 metros, usar «siempre» mascarilla quirúrgica, lavarse las manos frecuentemente. También se incluye otras medidas como taparse la boca al toser o estornudar o usar pañuelos desechables.

Desde la pestaña «Enviar diagnóstico anónimo», el usuario puede introducir el código del test de Covid-19, la prueba PCR realizada por las autoridades médicas que deberán enviar a los pacientes infectados por la enfermedad. Este asunto es clave dado que, de esta manera, se podrá notificar a los usuarios que se aproximen en un rango cercano de que ha estado en presencia de una persona contagiada.

La privacidad, su gran desafío

El Gobierno promete, y así lo destacan en los términos de uso de la aplicación, que no se recogen ningún dato personal como nombre, dirección, edad, número de teléfono o correo electrónico. Tampoco se recopila información de la geolocalización. «No podemos determinar tu identidad ni saber las personas con las que has estado», aseguran desde el ministerio. De hecho, los datos se guardan en el propio dispositivo y la conexión con el servidor está encriptada. Además de esta objetivo, Radar Covid incluye varios métodos de contacto (teléfono, correo electrónico) para reportar incidencias.

 

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¿Van a fracasar las aplicaciones de rastreo del COVID-19?

A falta de vacunas y tratamientos más efectivos, el empleo de la tecnología, el uso de mascarillas y las medidas de confinamiento se han revelado como los únicos escudos seguros contra el coronavirus Covid-19. De las propuestas más innovadoras, las aplicaciones de rastreo de contagio han sido las que más han llamado la atención por su aparente efectividad. La proliferación de iniciativas público-privadas, las peleas en Europa para decantarse por un modelo u otro y las dudas que despiertan en la privacidad han satanizado a las herramientas.

Cuando la pandemia echaba a rodar, el mundo, enmudecido, se asombró ante las estrategias adoptadas por países como Singapur o Corea del Sur. Fueron pioneras en el empleo de aplicaciones de rastreo. Había un voto de confianza. Pero también había un problema adicional: estas herramientas de trazabilidad, por sí solas, no sirven de nada; requieren del respaldo de la ciudadanía. Hay estudios que apuntan a que para que estas «vacunas» digitales tengan efectividad deben utilizarse por un 60% de la población.

España hará una prueba piloto en las próximas en La Gomera (Canarias) una «app» de rastreo de exposición del coronavirus basada en el protocolo diseñado por Apple y Google. La herramienta, que no es obligatoria ni accede a la geolocalización de los usuarios, emplea la tecnología inalámbrica Bluetooth, presente en los teléfonos móviles, para mandar alertas de posibles personas contagiadas. El proyecto, que ha sido apoyado por 22 países, es interoperable entre territorios y sistemas operativos, con lo que el enfoque es evidente: preparado para el turismo y la apertura de fronteras.

La canalización y centralización de esta iniciativa ha estado dirigida por dos empresas aparentemente rivales como Apple y Google, que han prestado su tecnología que las autoridades sanitarias que lo deseen puedan utilizar su API -software de creación de servicios digitales- para poder integrar sus propias herramientas de notificación de exposición al virus. Otros países han decidido hacer la guerra por su cuenta con el desarrollo de sus propias aplicaciones. En Europa, en su mayoría no se han puesto todavía en marcha. Algunas regiones que han ido por libre o bien las han cancelado o bien no han logrado el efecto esperado. El recelo hacia el respecto de la privacidad han limitado su introducción en los países.

Aunque con menor o peor acierto. Italia ha llevado proyectos pilotos. En Singapur, que fue pionero en este tipo de herramientas, ha funcionado razonablemente bien, aunque al igual que en Corea del Sur también han tenido que realizar medidas de confinamiento. Reino Unido, que en un primer momento decidió crear un desarrollo propio y lo probó en la Isla de Wight, ha tenido que reconsiderar la iniciativa de las dos tecnológicas. Noruega ha sido uno de los que ha tirado la toalla. Esta semana el Instituto Noruego de Salud Pública anunció que abandona el proyecto de recopilación de datos a través de la «app» de rastreo llamada Smittestopp.

El proyecto, que ha costado unos 229.000 euros, ha tenido una buena respuesta entre los ciudadanos. Se estiman más de 1,5 millones de descargas. Pero incluía una particularidad que no ha gustado del todo a la autoridad reguladora en materia de protección de datos noruega, el acceso al sistema GPS. Una tecnología que permite monitorizar en tiempo real los movimientos de los ciudadanos. Una supuesta invasión a la intimidad de las personas.

El lanzamiento de la nueva aplicación de rastreo de contagios de Alemania para enfrentarse al coronavirus ha provocado, por su parte, críticas por parte del comisionado de protección de datos del país. El Gobierno alemán ha creado una aplicación con un sistema de geolocalización voluntaria que permitirá rastrear personas que puedan haber estado en contacto con un caso confirmado del nuevo coronavirus, aunque apuesta por una «solución interoperativa europea». El uso de la aplicación, que utiliza Bluetooth, responde a «una decisión totalmente voluntaria» del ciudadano, que decide si se la quiere bajar, si la quiere activar e incluso si la activa, si quiere facilitar sus datos en caso de confirmación de contagio.

El nivel de penetración de este tipo de soluciones digitales está en centro del debate. Kuwait y Bahrein, en el Golfo Pérsico, han lanzado, por su parte, algunas de las aplicaciones de rastreo de contactos Covid-19 más invasivas del mundo, poniendo en riesgo la privacidad y seguridad de sus usuarios, según denuncia Amnistía Internacional. El grupo de derechos descubrió que las herramientas estaban llevando a cabo un seguimiento en tiempo real de la ubicación de los usuarios mediante el acceso al GPS desde un servidor central.

 

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Cómo proteger tu cuenta de zoom, la app de moda

Zoom ha sido un fenómeno reciente que corre el riesgo de vivir un éxito fugaz. La conocida aplicación de videollamadas, que gestiona más de 200 millones de usuarios registrados, ha prometido mejoras en su seguridad y privacidad después de descubrirse en las últimas semanas algunos agujeros. Una de ellas va a ser que a partir de este sábado va a requerir el uso de contraseñas por defecto para todas las videoconferencias, explica en un comunicado la empresa. Una de las formas para unirse a una llamada son los identificadores de reuniones personales (PMI, por sus siglas en inglés), que llevan a salas virtuales reservadas permanentemente para un usuario. Pero existen otras medidas para tener un perfil robusto.

Establecer una contraseña

El uso de las contraseñas es necesario para los servicios digitales. Es, por el momento, una de las medidas de contención a ataques más seguras, pero no todas son adecuadas. Para crearla es recomendable no reutilizarla de otras plataformas o el gestor de correos electrónicos. Debe contener letras mayúsculas y minúsculas, así como otros caracteres especiales. Tampoco es buena idea que se incluyan datos personales como tu nombre o la fecha de nacimiento.

Cada reunión de Zoom se basa en una ID de reunión de 9 dígitos. Si esa identificación se hace pública de alguna manera o los «trolls» la encuentran con una simple búsqueda en la web pueden aparecer en sus chats. Desde Zoom aseguran que es importante «asegurar cualquier reunión con una contraseña para que sólo los invitados con contraseña puedan unirse a la reunión». Estas contraseñas pueden establecerse para reuniones individuales o pueden habilitarse a nivel de usuario, grupo o cuenta para todas las reuniones.

Requerir autenticación

Otra medida para proteger las conversaciones de miradas ajenas es evitar las reuniones públicas abiertas. Cuando se permite que sólo se unan usuarios autenticados, deben tener una cuenta de Zoom y estar registrados para unirse a una reunión. «La autenticación -dice la empresa en un comunicado- ayuda a garantizar que sólo los asistentes autorizados puedan unirse a la reunión».

Requerir un registro

Además de implantar una autorización previa para sumarse a una conferencia. Con Zoom se puede, entre otras cosas, pedir a los invitados que se registren con antelación con su nombre, correo electrónico e información adicional. «Esto proporciona una capa de seguridad para la reunión sin obligar a los participantes a tener una cuenta», aseguran desde la empresa.

Habilitar salas de espera

Es posible a su vez llevar un cierto control sobre los usuarios. Para ello, se recomienda poner en marcha una sala de espera, un gran recurso para proteger cualquier reunión porque es «una zona de espera virtual que evita que la gente se una hasta que sea admitida», describe la empresa. De esta manera, los anfitriones y coanfitriones de las reuniones pueden admitir a todos desde la sala de espera de una sola vez o individualmente. Para los invitados que deseen llamar por teléfono, es posible obtener con antelación el número de teléfono que utilizará. Los anfitriones sólo pueden ver a los usuarios por sus números de teléfono, y de esta manera, pueden admitir desde la sala de espera sólo a los usuarios que estaban esperando.

Añadir marcas de agua

Aunque no es exactamente una medida de protección al usuario, sí lo es para el contenido que se presenta, con lo que le puede interesar a profesionales. Los anfitriones pueden habilitar una marca de agua para proteger la privacidad de la información confidencial compartida durante una reunión.

Bloquear la reunión

Después de que todos los invitados se hayan unido y la reunión haya comenzado, es posible bloquear la reunión para evitar que alguien más se una. Esta opción está dentro del icono de seguridad en los controles de la reunión. Para ello, hay que hacer clic en la opción «Administrar participantes», ir a «Más» y luego «Bloquear reunión».

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Restricciones en whatsapp para evitar bulos

WhatsApp, conocida aplicación de mensajería instantánea, se ha convertido en un espacio de difusión de bulos y mentiras. Algo que se ha amplificado durante la pandemia del coronavirus Covid-19. A las medidas adoptadas en el pasado para combatir las llamadas «fake news» o noticias falsas, se suma ahora una nueva característica: a partir de ahora solo se podrán reenviar los mensajes a un único chat.

De esta forma pasará a segundo plano, según explica la compañía en un comunicado, la limitación a cinco chats los mensajes reenviados para luchar las noticias falsas que se puso en marcha el pasado año para combatir la influencia de los bulos. Ahora, se limitarán los mensajes reenviados para que solo se puedan enviar una vez por cada chat. Tras introducir los límites a los mensajes reenviados para restringir su viralidad, la «app» ha registrado una disminución del 25% en el reenvío de este tipo de mensajes a nivel mundial.

En ese sentido, WhatsApp especifica que este tipo de mensajes que se difunden a mansalva «son menos personales»comparados con los mensajes que se envían habitualmente por la plataforma, que gestiona más de 2.000 millones de cuentas en todo el mundo. «Ahora adoptamos un nuevo límite para que estos mensajes solo se puedan reenviar a un chat cada vez», añade la compañía, al tiempo que justifica la medida al asegurar que «como servicio de mensajería privada hemos dado varios pasos estos años para ayudar a mantener las conversaciones personales».

En las últimas semanas, muchos usuarios han utilizado WhatsApp también para organizar acciones multitudinarias de apoyo a los trabajadores sanitarios, aunque no ha sido la regla habitual. «Hemos visto un aumento significativo en la cantidad de reenvíos que los usuarios consideran que puede ser abrumador y puede contribuir a propagar desinformación. Creemos que es importante disminuir la transmisión de estos mensajes para mantener la plataforma como espacio para la conversación personal», agrega.

WhatsApp ha manifestado, además, que la empresa pretende ser un servicio más privado. «Creemos que, ahora más que nunca, la gente necesita poder comunicarse en privado. Nuestro equipo está trabajando duro para mantener el servicio funcionando durante esta crisis global sin precedentes. Continuaremos escuchando vuestros comentarios y mejorando la forma en que la gente puede compartir información con otros», apunta.

 

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Las aplicaciones «espia», una «vacuna» contra el coronavirus que invade la privacidad

La guerra contra el coronavirus Covid-19 ha cambiado la manera de enfrentarse a los problemas de la sociedad. Este enemigo invisible que ha sumido al planeta en una profunda crisis sanitaria no tiene visos todavía de claudicar. Las medidas de distanciamiento social han sido muy eficientes para reducir la pandemia. Un desafío que ha llevado al desarrollo de aplicaciones móviles «espía» capaces de geolocalizar a los ciudadanos para controlar la epidemia. Su uso ha sido capital en la respuesta en los países asiáticos, que se han revelado como más inteligentes que Europa y Estados Unidos a la hora de proteger sus servicios sanitarios y reactivar la economía.

En Corea del Sur, China o Singapur lo pusieron en marcha en tiempo récord con resultados óptimos. Pero estas iniciativas que han contribuido a reducir los infectados y aplicar de manera controlada las medidas de cuarentena ha despertado un intenso debate en materia de protección de datos. La falta de un consenso y de una dirección clara en Europa ha llevado a la multiplicación de herramientas de autodiagnóstico a través del móvil.

En las últimas semanas, han florecido en países como España, en donde en la comunidad de Madrid, regiones como Alicante o iniciativas privadas han desarrollado servicios similares para un bien común, descongestionar las urgencias y ayudar a los ciudadanos a conocer los síntomas. El Gobierno española ha estudiado poner en marcha una aplicación similar en territorio nacional. Este proyecto independiente, impulsado por la Secretaría de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial, dependiente de Nadia Calviño, podría sumarse al estudio de movilidad nacional para rastrear más de 40 millones de móviles con datos anónimos y agregados facilitados por las tres principales operadoras de telefonía (Telefónica, Vodafone y Orange). Esta iniciativa es posible tras la reciente derogación de la Ley de Protección de Datos Personales como respuesta la excepcional situación de la crisis.

Respuesta rápida en Asia

Aprovechando los sistemas de geoposicionamiento de los «smartphones», Asia se ha mostrado más ágil. Por su cultura, idiosincrasia y leyes, sus habitantes han descargado «apps» del coronavirus. La idea es controlar a la población para determinar los focos de contagio a través de un dispositivo electrónico que llevan a cuestas millones de personas. Algunas de estas herramientas incluyen alertas para que el ciudadano conozca si se aproxima a una zona de riesgo, pero también puede contribuir a que las autoridades sanitarias se aseguren del obligado cumplimiento del confinamiento. Se trata de soluciones digitales de monitorización que permiten aplicar de manera controlada las medidas de cuarentena en los focos necesarios. A falta de una vacuna, estos servicios pueden facilitar una reanudación progresiva de la actividad económica en el mejor tiempo.

Uno de los grandes logros de Corea del Sur en la lucha contra la pandemia está siendo, además de la realización de test masivos, su capacidad de hacer seguimiento de los ciudadanos infectados y de su entorno. Para ello, han venido creando servicios digitales y aprovechando los patrones de movimiento procedentes de los teléfonos móviles para lograr romper la cadena de transmisión del coronavirus. ravés de aplicaciones que se encargan de que no nos saltemos la cuarentena. En el caso de Singapur, la idea se ha plasmado a través de una aplicación que almacena los contactos para poder alertar de aquellos con mayor riesgo de contagio en caso de que alguien de su entorno se infecte.

Estos servicios digitales permiten monitorizar los movimientos de los ciudadanos para indicarle si pueden salir a la calle o no cruzando varios parámetros, como si se ha realizado la prueba, si está inmunizado, si se ha tomado la temperatura. Se expide un certificado con una especie de semáforo (rojo, amarillo y verde) en función de los resultados, lo que permite a las autoridades seguir el rastro de personas portadoras del virus.

Estas herramientas de autodiagnóstico están proliferando a nivel mundial. Según diversos estudios consultados, en Corea del Sur ha tenido más de un millón de descargas. De tal manera, que la sociedad coreana ha conseguido aislar todo lo que está siendo posible a los infectados, reduciendo así la propagación del virus.

Las restricciones en materia de protección de datos en Europa, más garantista con el ciudadano, dificulta la implantación de una herramienta estandarizada en todos los territorios porque puede implicar una invasión a la privacidad, aunque los primeros proyectos se han empezado a aplicar de manera anónima y de manera voluntaria.

Dudas en privacidad

La privacidad de los ciudadanos está en el centro del debate. «Lo que hay es un riesgo porque en situaciones de crisis hay una mayor flexibilidad por parte de la sociedad a la hora de ceder su privacidad a cambio de esta lucha contra el coronavirus. La normativa actual permite determinar tratamientos específicos como en una crisis sanitaria. Lo que habrá que mirar es hasta dónde permite», sostiene en declaraciones a este diario Sergio Carrasco, experto en derecho digital.

En opinión de este experto, en caso de introducir una medida similar en Europa es necesario «respetar la proporcionalidad, el Reglamento General de Protección de Datos no se deroga» aunque se establece una excepción. En caso de introducir una medida similar en Europa es necesario «respetar la proporcionalidad, el Reglamento General de Protección de Datos no se deroga» aunque se establece una excepción. «Estamos avanzando tímidamente sobre proyectos de Big Data y Inteligencia Artificial», declara Borja Adsuara, abogado especialista en derecho digital y exdirector general de Red.es. «El Big Data salva vidas. Ha salvado vidas como en Corea, también en China. Lo malo es la finalidad; si es para salvar vidas bien, pero si es para controlar a los ciudadanos, mal», añade.

Fuentes de la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) han asegurado que esta situación de emergencia no puede suponer una suspensión del derecho fundamental a la protección de datos personales. «La normativa de protección de datos no puede utilizarse para obstaculizar o limitar la efectividad de las medidas que adopten las autoridades competentes, especialmente las sanitarias, en la lucha contra la epidemia». Medidas extraordinarias en tiempos difusos.