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El gigante Google completa la compra de Fitbit por 2.100 millones de dólares

El gigante tecnológico Google ha conseguido, finalmente, completar la compra de Fitbit, según ha reconocido la segunda en un comunicado remitido a ABC. El acuerdo, que se alcanzó hace un año, asciende a los 2.100 millones de dólares (1.887 millones de euros). Su consecución se había frenado debido a la investigación que estaba desarrollando la Comisión Europea con el fin de comprobar cuál iba ser el tratamiento exacto que el buscador pensaba darle a los datos de salud de los usuarios de la marca de «wearables». Esta información, según prometen desde Fitbit y Google, no se empleará para la elaboración de anuncios.

«Google seguirá protegiendo la privacidad de los usuarios de Fitbit y ha asumido una serie de compromisos vinculantes con agencias reguladoras a nivel global, confirmando que los datos de salud y bienestar de los usuarios de Fitbit no se utilizarán para los anuncios de Google y que estos datos se mantendrán separados de los demás datos publicitarios de Google», afirma en una carta abierta remitida a este diario James Park, director ejecutivo de Fitbit.

 «Google también afirmó que seguirá permitiendo a los usuarios de Fitbit elegir conectarse a servicios de terceros. Esto significa que podrás seguir conectando tus aplicaciones favoritas de salud y bienestar a tu cuenta de Fitbit», añade Park.

Desde el lanzamiento de su primera pulsera de actividad, en 2009, Fitbit ha vendido más de 120 millones de dispositivos en más de 100 países. La adquisición final también ha sido celebrada desde Google. Su vicepresidente, Rick Osterloh, ha reafirmado, a través de un comunicado, que el buscador no está interesado en los datos de los usuarios de Fitbit, sino en sus dispositivos.

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Los largos tentáculos de Amazon: como su revolución amenaza la economía global

La evolución de Amazon es digna de estudio. Es el paradigma del emprendimiento: se creó en un garaje y ha conquistado el mundo. Representa el esfuerzo de un hombre, Jeff Bezos, una de las personas más ricas del mundo. Austero y discreto, ha aplicado su personalidad al modelo empresarial del gigante del comercio electrónico. Sin quererlo ni beberlo, de manera sibilina, desde su nacimiento en 1994 ha penetrado en innumerables sectores, aunque con una contrapartida: amenazando su supervivencia. La multinacional ha continuado buscando otras áreas comerciales para seguir expandiéndose.

Adaptarse o morir es la filosofía. Para muchas empresas, el poder acumulado por la compañía ya es imparable. El reciente anuncio de lanzar una farmacia online para vender fármacos a los estadounidenses ha evidenciado, una vez más, los enormes tentáculos que ha extendido en sectores como la distribución, el reparto de mercancías, la compra-venta de artículos, el cine, la música, la robótica industrial. Todo gira entorno a Jeff del gran poder. El cerebro detrás del Kraken. No hay sector en el que quiera estar presente. Y como las langostas, allá por donde pasa deja huella.

Al contrario que Google y Facebook, el negocio de Amazon no depende en su mayoría del oligopolio de la publicidad digital. Sus cuentas se hinchan gracias a las ventas online (todo lo que se compra a través de su plataforma) y a Web Services, su división destinada a arquitectura en la «nube» de la que dependen innumerables empresas como Spotify, Netflix, Airbnb o Uber para estar online, así como otros productos conectados como timbres o cámaras de vigilancia inteligentes.

El problema de esa excesiva dependencia es que, cuando se cae, y a veces ocurre, afecta a todo el ecosistema digital. Esta semana plataformas digitales, aplicaciones del móvil, dispositivos inteligentes del hogar y cientos de miles de webs sufrieron caídas por un fallo en el centro de datos US-East-1 de Amazon Web Services.

Investigada entre dos potencias

El modelo de negocio de esta Big Tech funciona, es incuestionable, aunque no está exento de críticas. La principal es que acumula demasiado poder. Parecía que Amazon había caminado solo, sin demasiados obstáculos legales. Expandiéndose en todos los terrenos a nivel mundial. Y los reguladores estaban ajenos a la fuerza de sus fauces.

Hasta el pasado julio, cuando Bezos hizo su primera aparición ante los legisladores estadounidenses. Se había librado, pero todo tiene un límite. El empresario participó en un interrogatorio en el Senado del país junto con sus homólogos, Mark Zuckerberg (Facebook), Jack Dorsey (Twitter), Sundar Pichai (Alphabet, matriz de Google) y Tim Cook (Apple). En su intervención, Bezos defendió que ha ayudado a crear más de un millón de empleos directos en todo el mundo, es un motor de crecimiento para las pymes y que, quizá de cara al graderío, debería estar sometida al escrutinio.

Amazon está ahora en el punto de mira de la Comisión Europea y de Estados Unidos. El pasado año, la comisaria europea Margrethe Vestager dejó clara su posición: el gigante del comercio electrónico puede haber incurrido en abuso de posición dominante en su relación con las empresas que venden sus productos a través de sus páginas. Su batalla se ha concretado en las acusaciones de la pasada semana: culpa a la multinacional de usar de manera abusiva los datos que obtiene de otras empresas que utilizan la plataforma para vender sus propios productos.

Es la segunda investigación que abre el Ejecutivo comunitario contra Amazon: sospecha que la firma podría favorecer de manera artificial sus propias ofertas minoristas y las de otros vendedores que utilizan los servicios logísticos y de reparto del gigante tecnológico. En su pliego de cargos, Bruselas constata que su conducta permite a Amazon «evitar los riesgos normales de la competición» en el mercado minorista y aprovechar su dominio a la hora de servir como escaparate para otros proveedores en Francia y Alemania, los mayores mercados de la firma estadounidense en Europa.

«Estamos en desacuerdo con las afirmaciones preliminares de la Comisión Europea y continuaremos haciendo todo lo posible para asegurarnos de que ésta cuenta con la información necesaria para tener una comprensión precisa de los hechos. Amazon representa menos del 1% del mercado minorista mundial; en todos los países en los que operamos encontramos minoristas de mayor tamaño que nosotros», defienden a ABC fuentes de Amazon.

Según la CE, la empresa depende «de manera sistemática» de datos empresariales de los comerciantes independientes que venden en la plataforma del gigante digital. Esos datos no son públicos y su uso beneficia al negocio minorista de Amazon, que compite de manera directa con los demás comerciantes. Las empresas tradicionales han denunciado en los últimos años los desequilibrios regulatorios. Pero para la multinacional tan solo se trata de un análisis de optimización. «Como otros minoristas, miramos las ventas e información de nuestra tienda para poder ofrecer la mejor experiencia para los clientes. Sin embargo, prohibimos estrictamente a nuestros empleados usar información específica de colaboradores comerciales que no sea pública para determinar qué productos de marca propia lanzar», insisten las mismas fuentes.

El mayor vendedor de publicidad online

El gigante del comercio electrónico estadounidense se ha convertido en el principal anunciante en internet del mundo. Se reparten el pastel. Entre los tres acumulan el 70% de los ingresos publicitarios en internet, según estadísticas de la consultora eMarketer. Un negocio demasiado suculento: datos recabados por la firma especializada Digiday advierte que de los 333.250 millones de dólares invertidos en publicidad a nivel global en 2019, 144.600 millones fueron a parar al bolsillo de estas empresas. Su poder ha llevado a que, según las estimaciones de la consultora eMarketer, para el próximo año vaya a acaparar el 80% de la publicidad digital junto con Google y Facebook.

Acusaciones de precariedad laboral

Además del poder acumulado en algunas áreas, Amazon también ha sido cuestionado por su modelo de precariedad laboral y elusión fiscal. En los últimos años, la empresa ha sufrido periodos de huelga por parte de sus trabajadores, quienes han denunciado las malas condiciones en los almacenes. Entre ellos, el de San Fernando de Henares, en Madrid, donde la campaña de Black Friday de 2018 fue especialmente mediática. Los trabajadores han criticado sobrecargas de trabajo, mano de obra precaria y contratos temporales.

De cara al exterior, el gigante del comercio electrónico es un ejemplo de la inversión en robótica industrial en sus almacenes, por donde desfilan máquinas pensadas para agilizar las tareas. «Quien marca los ritmos son las máquinas y tienes que llegar. Esto sube los ritmos de producción y los índices de trabajo. En España pasa, y pasa mucho porque se prima la productividad», señalan a ABC algunos trabajadores, quienes consideran que «hay otros aspectos que no cuidan».

Fuentes de Amazon insisten en que la empresa ofrece «un lugar de trabajo seguro y positivo» para miles de personas en toda su red en España con salarios y beneficios competitivos desde el primer día. La remuneración total consiste en un «atractivo salario», apuntan a este diario: «Los empleados de nuestros centros logísticos de San Fernando de Henares (Madrid) y Barcelona (El Prat de Llobregat) cobran actualmente un salario mínimo anual de más de 19.300 euros. El salario se complementa con un amplio paquete de beneficios: seguro médico privado, plan de pensiones de empresa, seguro de vida y accidentes y descuentos para empleados». Pero ese desafío de la Inteligencia Artificial le ha llevado a crear, en algunas ciudades como Seattle -sede de la empresa- un peculiar negocio llamado Amazon Go Grocery, una tienda sin cajeros. ¿El futuro? ¿Están los trabajadores de los supermercados también en peligro?

Críticas a su modelo fiscal

Otro de los aspectos más cuestionables de la compañía ha sido su política fiscal. En su libro « ¡Cállate Alexa!» (Fuera de Ruta, 2019), el escritor alemán Johannes Bröckers asegura que la empresa explota económicamente a los fabricantes de productos de calidad y se les copia debido a que puede producir más barato. Y da algunos datos: por cada cien euros que gana en España, tan solo paga 0,1 céntimos en concepto de impuestos. Las cuatro filiales que tiene en España facturaron en 2018 unos 496 millones de euros, un 78% más que lo generado un año antes (278 millones de euros), según «Economía Digital», pero solo pagó 4,4 millones en impuestos.

 

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No hay pandemia para las Big Tech; en este periodo han seguido aumentando sus beneficios

La pandemia ha servido de catalizador para la digitalización de la economía. En plena incertidumbre financiera por las medidas sanitarias contra la pandemia, las grandes empresas tecnológicas han vuelto a exhibir, una vez más, la fuerza de sus facturas. Apple, Facebook, Amazon y Alphabet -matriz de Google- dispararon sus beneficios en el último trimestre.

En sus respectivos balances trimestrales, presentados a la vez al cierre de Wall Street, las Big Tech mostraron una senda de crecimiento en la mayoría de sus negocios. El gigante del comercio electrónico Amazon ha sido una de las que mayor provecho ha sacado de la crisis sanitaria, triplicando su beneficio trimestral hasta alcanzar los 5.418 millones de euros. Las mejores cifras de su historia.

Entre julio y septiembre recaudó 82.312 millones de euros, un 37% más que el año anterior. En los nueve primeros meses registró unas ventas de 222.986 millones de euros frente a los 165.274 millones de euros, lo que equivale a un 35% más respecto al mismo periodo de 2019. Hasta septiembre obtuvo un beneficio neto de 12.826 millones de euros, un 69% más respecto al mismo periodo del año anterior.

Mejora de la inversión de la publicidad digital

En el entorno de las redes sociales, los efectos iniciales del Covid-19 se ha desvanecido. A pesar del boicot publicitario experimentado en julio por un centenar de marcas comerciales, Facebook también volvió a marcar un trimestre al alzamejorando sus ingresos en un 21,6% hasta alcanzar los 18.377 millones de euros. El gigante de las redes sociales, en el punto de mira de las autoridades estadounidenses por su posible influencia en las próximas elecciones, generó unos beneficios de 6.716 millones de euros, un 28% más que hace un año.

Entre enero y septiembre la compañía registró 16.300 millones de euros, un 61% más que los obtenidos en el mismo periodo del año pasado, impulsada por un notable aumento de la publicidad online durante los meses de la pandemia. En este periodo facturó un total de 52.630 millones de euros, en su gran mayoría provenientes del negocio de publicidad en la red social e Instagram (de su propiedad), que es la principal fuente de ingresos de la compañía. Un negocio que ha repercutido en una nueva subida del número de usuarios monetizables diarios, 1.820 millones, con un acumulado de 2.740 millones de usuarios registrados en todo el mundo. En ambos casos un 12% más que el periodo anterior.

También se recuperó Alphabet, empresa matriz de Google, cuyo negocio publicitario, su principal fuente de ingresos, repercutió en un incremento del 14% en sus ingresos (39.534 millones de euros). La firma de Mountain View (EE.UU.) elevó en este periodo su beneficio hasta 9.633 millones de euros, un 60% por encima.

Twitter, por su parte, también vio una mejora de sus cuentas, con un crecimiento del 13% de sus ingresos (801 millones de euros), aunque experimentó una caída de sus beneficios (24,5 millones de euros), equivalente a un 21% menos. Las medidas contra la desinformación ha derivado en que el crecimiento de usuarios se ha moderado, apuntando unos 187 millones de usuarios activos diarios en el trimestre entre julio y septiembre, solo 1 millón más que en el período anterior.

pesar de la reducción de las ventas del iPhone, su producto estrella, Apple registró unos ingresos trimestrales de 55.399 millones de euros, un 1% más que el año anterior, elevando a su vez sus beneficios (10.857 millones de euros) un 3,7%. Al cierre del ejercicio anual, la multinacional estadounidense ingresó un 5% más que el año anterior (235.150 millones de euros).

Los retrasos en la comercialización de los nuevos modelos de teléfono móvil, que se han lanzado hace dos semanas en los primeros mercados, repercutió en sus beneficios anuales: 49.178 millones de euros, lo que representa una reducción del 8%. El golpe fue especialmente evidente en China, donde genera alrededor del 20% de sus ventas. Las unidades vendidas del terminal cayeron casi un 30%. En cambio, las ventas de tabletas iPad y ordenadores se vieron beneficiados del teletrabajo al experimentar notables aumentos, al igual que su negocio de servicios, en donde se engloban las plataformas de música y contenidos multimedia.

Samsung también anotó un incremento de las ventas de sus productos y componentes electrónicos. El gigante surcoreano, cuyo presidente murió recientemente tras cuatro años hospitalizado, ingresó 66,96 billones de wones (50.394 millones de euros), un 8% más. Y elevó sus beneficios hasta los 27 billones de wones (6.976 millones de euros), un incremento del 51,7%.

 

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Monopolio en las tecnológicas; EEUU incrementa la presión. Facebook en el punto de mira

Las acusaciones del departamento de Justicia estadounidense sobre Google ha abierto la veda para disparar contra las empresas tecnológicas. Tras dos décadas de perfil bajo, EE.UU. se ha cansado. Ahora, otra firma del sector puede quedar en el punto de mira por posibles prácticas monopolísticas: Facebook.

La fiscalía de la Comisión Federal de Comercio se prepara para acusar al titán de las redes sociales de violar las leyes de competencia. El gobierno de Trump está elaborando un borrador para acusar a Facebook «en pocas semanas» de emplear su posición de dominio para perjudicar a rivales más pequeños, según informa «The Telegraph». Una medida que se puede convertir en el segundo ataque de Washington DC a Silicon Valley.

La investigación de la Cámara de Representantes sobre los monopolios digitales ( PDF, 450 páginas) afecta también a Apple, Amazon y Google. Esta última ha estado en la línea de fuego de los legisladores. El Departamento de Justicia acusó formalmente al gigante de internet de abuso de poder, aunque supone el inicio de una travesía normativa que puede durar años. Pero Facebook vuelve a estar también en entredicho, aunque ya ha comenzado a preparar su defensa, según «The Wall Street Journal», alegando que una posible fragmentación de sus negocios «no tendría sentido».

El pulso a los gigantes tecnológicos puede cambiar la economía digital tal y como está construida en estos momentos. Se da la paradoja que desde la Unión Europa han llevado la delantera en las últimas dos décadas en materia de competencia.

Ahora, en la cuna de estas compañías, empiezan a agitar las dudas. «Es una cuestión de poder de mercado. En Europa tenemos normas de competencia y hay una prohibición del abuso de la posición de dominio. Europa se diferencia de EE.UU. en que en las últimas décadas se ha perseguido a empresas en el ámbito tecnológico y en el ecosistema digital. Y se imponen multas muy altas», explica en conversación telefónica con ABC Alberto Escudero, socio de derecho de la competencia de PeW.

«Las autoridades de la competencia siempre han perseguido el abuso de posición de dominio y no ha habido ningún parón», insiste Escudero, en referencia a la presión ejercida desde Europa sobre los gigantes de la tecnología. «Este movimiento se produce ahora en EE.UU. y es novedoso porque supone reactivar las políticas que han tenido continuidad en Europa», añade.

La consecuencia -dice- es que la Comisión Europea ha marcado el estándar y le ha dicho a los grandes operadores de la economía digital lo que podía y no podían hacer. «Es paradójico que, siendo empresas estadounidenses, el regulador haya sido Europa». Un hecho que puede desembocar, por inercia, en futuras multas.

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Las claves de la profesionalización del hacker

Este 17 de octubre se cumple el sexto aniversario de la inclusión de la palabra «hacker» en el diccionario de la Real Academia Española (RAE), castellanizada como jáquer. Además, hace dos años se ampliaba su definición, añadiéndose connotaciones positivas. En un principio, la palabra «hacker» tuvo una acepción negativa, hasta el punto de que, en 2014, la primera definición de la RAE fue la de «persona que accede ilegalmente a sistemas informáticos ajenos para apropiárselos u obtener información secreta».

Con el paso de los años ha conseguido completar su imagen y evolucionar hacia la profesionalización. De hecho, hoy en día estos perfiles cada vez se ven más en las plantillas de todo tipo de empresas, incluyendo a las más importantes del mundo. Los expertos aseguran que es importante difundir una imagen de más positividad a los profesionales de la cibersegudidad. Las claves, señalan en un comunicado expertos de Entelgy Innotec Security, el objetivo es demostrar que es un tipo de perfil al alza

Un «hacker» es un experto, no un delincuente

«Actualmente los hackers se han convertido en imprescindibles y no resulta extraño verlos en los puestos de mayor importancia a nivel tecnológico, coordinando estrategias de ciberseguridad, Big Data o Inteligencia Artificial», aseguran fuentes del sector. De hecho, los llamados «White Hat», es decir, aquellos que hacen un uso ético y útil de sus conocimientos para el bienestar de la sociedad, consiguieron que en 2018 la RAE cambiase la definición de Hacker por «persona con grandes habilidades en el manejo de computadoras que investiga un sistema informático para avisar de los fallos y desarrollar técnicas de mejora».

Perfil fundamental

Es, a día de hoy, un perfil que ha pasado de ser importante a ser fundamental. Hasta agosto de 2020, la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) había registrado 908 brechas de seguridad. De las 61 que hubo en agosto, 43 fueron clasificadas como intencionales (ataques a través de código malicioso o «malware» o suplantación de identidad o «phishing», por ejemplo).

Los expertos señalan que «la necesidad de organismos públicos y privados» de defenderse de estas amenazas externas ha resultado «vital y clave» en la profesionalización de los «hackers». En este punto, cabe destacar que esta figura no solo es cada vez más importante en las grandes empresas, sino que es también esencial en las pequeñas y medianas.

Mayor formación

Hasta hace unos años, muchos profesionales del sector eran simplemente personas con conocimientos y, en su mayoría, autodiactas. Pero a medida que ha crecido el interés por contratar estos perfiles se han adecuado las universidades y centros de estudios para mejorar su preparación. «No solo se es hacker por vocación, cada vez hay más formación especializada», añaden los expertos.

Porque hace solo unos años no existían estudios que contemplasen la actividad del «hacker». Hoy en día -dicen los expertos- sigue habiendo mucho de afición pero casi todos los niveles formativos incluyen materias específicas sobre «hacking»: formación profesional de diversos niveles, temarios de carreras universitarias e incluso estudio de postgrados universitarios y tesis doctorales. Esto es esencial ya que, a pesar de lo necesarios que son, en la actualidad no existen muchos perfiles «altamente cualificados en este campo».

Igualmente, la industria contribuye cada vez más a esta formación. Muchas empresas, tanto especializadas como de otros sectores, realizan formaciones y cada vez se organizan más eventos, bootcamps, competiciones y congresos para captar talento, incluso en edades muy tempranas y antes de acabar el instituto.

Especialización

Cuando se habla de un «hacker» se piensa que lo sabe todo en términos informáticos. Ahora, empieza a haber otro añadido, a especialización. Es, sugieren los expertos consultados, la clave del del futuro, porque además de la formación, se trata de una profesión altamente demandada y, por ello, cada vez más se exige una especialización concreta en diferentes ramas.

Algunas de ellas son la seguridad defensiva o «Blue Team», «Threat Hunting», «malware», «exploiting» o seguridad ofensiva y Red Team, entre otras. Esta última es quizá una de las más populares. Consiste en la realización de ataques controlados a un objetivo, previamente definido entre ambas partes, por un equipo que utiliza las mismas tácticas que usaría un atacante. Y manifiestan: «Se buscan las vulnerabilidades de una organización y se prueban sus capacidades para defenderse y gestionar cualquier incidente».

 

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