La hora de la verdad para las «vacunas» digitales. El Gobierno iniciará a partir del 29 de junio y hasta el 13 de julio una prueba piloto para rastrear contagios por coronavirus Covid-19 a través de una aplicación. El proyecto, desarrollado por la empresa Indra durante dos meses, se iniciará en La Gomera (Canarias). El objetivo es alcanzar entre 2.800 y 3.000 descargas en este periodo para comprobar su efectividad. España, de esta manera, sigue los pasos de otros países como Alemania o Francia que han puesto en marcha iniciativas similares para frenar la curva de infectados. De sus resultados dependerá si se extiende a toda España.

El contrato aprobado en Consejo Ministros por el procedimiento de emergencia se ha suscrito con la empresa Indra Soluciones Tecnológicas de la Información por un importe de 330.537 euros. El servicio estará basado en la API -software de creación de aplicaciones- creada por Google y AppleFuncionará por medio de la tecnología inalámbrica de corto alcance Bluetooth, será interoperable entre países y distintos sistemas operativos (iOS y Android) y estará basado en DP3T, el protocolo europeo más extendido. Para garantizar la privacidad de la información personal, será una aplicación completamente descentralizada, es decir, la información se almacenará en el dispositivo móvil del usuario y no en centros de datos gestionados por empresas de terceros.

Su funcionamiento es simple: un código de identificación anonimizado (no permitirá conocer datos personales de los usuarios) de generación aleatoria (cada dos semanas, lo que dura la cuarentena) se podrá intercambiar cuando dos terminales móviles se encuentren en el mismo rango de alcance: a menos de dos metros de distancia y durante un periodo superior a 15 minutos. Su descarga será voluntaria y promete no recabar ninguna información personal. El usuario deberá introducir el código de la prueba PCR realizada por el servicio médico. «Esta es una experiencia europea de alto nivel. Hay una colaboración estrecha con distintos organismos tecnológicos en Europa», apuntan fuentes del Ejecutivo en un encuentro con periodistas al que ha asistido ABC.

Simular una epidemia

Para llevar a cabo esta prueba piloto, las autoridades realizarán una simulación de personas infectadas. El objetivo es recrear un escenario severo de contagios para mejorar la experiencia de usuario y modificar ajustes para un hipotético lanzamiento en el territorio nacional. El objetivo es contar con al menos unas 3.000 descargas de la aplicación en La Gomera para poder analizar los resultados. «Lo que queremos ver es si es suficientemente representativo para que la información epidemiológica sea útil en la gestión de la pandemia», añaden.

La decisión sobre si esta herramienta se extenderá al resto de España se tomará una vez concluida y evaluada la prueba piloto en un escenario real. El Gobierno prevé que en otoño se pueda tener operativa una aplicación de rastreo en toda España ante el temor de nuevos rebrotes después de la reapertura de los colegios. Esta decisión dependerá del visto bueno de las distintas comunidades autónomas, que tienen transferidas las competencias en Sanidad.

«Confiamos que la gente se lo tomará en serio»

«Vamos a hacer un piloto para probar cosas y no descartamos que se efectúen cambios», reconocen las mismas fuentes, al tiempo que la aplicación tenga una respuesta masiva: «Confiamos que la gente se lo tomará en serio». Su objetivo es evaluar los aspectos técnicos de la aplicación y la experiencia de uso del ciudadano con el fin de optimizar su diseño y grado de confianza que ofrece. Además, este ensayo servirá para calibrar el algoritmo de la aplicación con el fin de garantizar la veracidad de las notificaciones.

Estas propuestas vienen inspiradas directamente de las aplicaciones de seguimiento adoptadas por países asiáticos como Corea del Sur o Singapur, donde en algunos territorios se ha tenido acceso a la ubicación de los individuos. Un planteamiento que fue «desde el primer minuto descartado» por considerarse «invasivo», insisten las mismas fuentes, que han aclarado, sin embargo, que este tipo de herramientas funcionarán como complementos a las distintas medidas adoptadas por las autoridades sanitarias en la gestión de la pandemia.

Volantazo de Reino Unido

En este momento, la mayoría de países europeos se encuentran en fases similares del desarrollo de herramientas de alerta de contagios. Francia, Italia o Alemania las han lanzado en las últimas semanas. España se sitúa como cuarto país del mundo en lanzar un piloto bajo el desarrolo de Apple y Google. En Europa, en su mayoría no se han puesto todavía en marcha. Algunas regiones que han ido por libre o bien las han cancelado o bien no han logrado el efecto esperado. El recelo hacia el respecto de la privacidad han limitado su introducción en los países. Estas propuestas han tenido un impacto diverso. Italia ha llevado proyectos pilotos a algunos territorios.

En Singapur, territorio que fue pionero en este tipo de soluciones tecnológicas, ha funcionado razonablemente bien, aunque al igual que en Corea del Sur también han tenido que aplicar medidas de confinamiento para combatir la propagación del virus. Reino Unido, que en un primer momento decidió crear un desarrollo propio y lo probó en la Isla de Wight, ha tenido que parar su proyecto y reconsiderar la iniciativa de las dos tecnológicas. Noruega ha sido uno de los que ha tirado la toalla. La semana pasada el Instituto Noruego de Salud Pública anunció que abandonaba el proyecto de recopilación de datos a través de la «app» de rastreo llamada Smittestopp.

La proliferación de iniciativas público-privadas, las peleas en Europa para decantarse por un modelo u otro y las dudas en privacidad que han despertado han satanizado a las herramientas. Pero también existen otros problemas adicionales: estas herramientas de trazabilidad, por sí solas, no sirven de nada; requieren del respaldo de la ciudadanía. Un estudio de la Universidad de Oxford, de hecho, indica que para que estas «vacunas» digitales tengan efectividad deben utilizarse por un al menos el 60% de la población. También se desconoce si pueden dar falsos positivos como el hecho que se reciba una notificación de un posible infectado que reside en la vivienda colindante y con el que, sin embargo, no ha habido contacto cercano.

 

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