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Estados Unidos quiere que Facebook y Google paguen a los medios por usar sus contenidos

Sin contar el tremendo salto que ha conquistado Amazon, las multinacionales estadounidenses Google y Facebook acaparan más del 70% de los ingresos por publicidad digital. Un pastel que deja menos oportunidades para las empresas editoriales, que han sufrido una profunda crisis ante la irrupción de internet en los últimos tiempos. La relación entre las empresas periodísticas y las tecnológicas es un constante tira y afloja a costa del uso de los contenidos informativos.

Los periódicos se han quejado de que son los que elaboran los contenidos pero son, en su gran mayoría, estos servicios digitales los que lo monetizan en mayor medida. Un escenario que en distintos países se ha intentado revertir con un aumento de la presión fiscal. En Estados Unidos, país donde residen en su mayoría estas empresas, han empezado a mover ficha para investigar las posibilidad de que Google o Facebook paguen a los editores por usar sus noticias.

Legisladores estadounidense de ambos partidos (republicano y demócrata) culpan a las compañías tecnológicas de reducir la presencia de prensa local. En los últimos diez años han cerrado multitud de diarios locales de larga historia, que no han podido hacer frente a sus problemas económicos. Eso ha dado como resultado un escenario en donde en numerosas ciudades y regiones importantes del país apenas tengan acceso a informaciones de proximidad.

En un reportaje en el «The New York Times» se han hecho eco esta semana de un caso que demuestra la delicada situación en la que se encuentra la prensa local. Medios que, por lo general, suelen realizar amplias coberturas informativas de sus campañas electorales. En Cornelia, un pequeño pueblo del condado de Habersham en el estado estadounidense de Georgia con poco más de tres mil habitantes, se produjo un accidente de coche que causó la muerte de un menor de edad. Un periodista del «The Northeast Georgian» acudió rápidamente al escenario de la tragedia cubriendo la información.

En pocas horas, la noticia se fue distribuyendo por la red social Facebook. Miles de usuarios la compartieron, pero eso no contribuyó a que el medio obtuviera réditos económicos de esa primicia ni, tampoco, ganar nuevos suscriptores. «Mi abuela solía decir: ‘Cariño, si permites que obtengan leche a través de la cerca, nunca comprarán la vaca’», recordaba Dink NeSmith, director ejecutivo de Community Newspapers, grupo editorial al que pertenece «The Northeast Georgian».

Es una situación que se repite continuamente en la prensa regional. El senador Mitch McConnell, republicano del estado de Kentucky y líder de la mayoría del Senado, presentó la pasada semana un proyecto de ley que propone otorgarle a las empresas de medios una exención de las leyes antimonopolio vigentes en el país. Una vía que les permitiría así unirse para poder negociar con las tecnológicas Google y Facebook sobre cómo se usan sus artículos y fotografías en internet y qué retribución pueden recibir. Esta propuesta está respaldada por News Media Alliance, grupo que representa a organizaciones de noticias entre los que incluyen cabeceras de la relevancia de «The New York Times».

La propuesta ha sido apoyada por el Doug Collins, dirigente republicano de Georgia cuyo distrito incluye, precisamente, la localidad de Cornelia. El texto lo redactó David Cicilline, demócrata de Rhode Island, mientras que el senador John Kennedy, del partido republicano y que representa al estado de Louisiana, ha promovido una medida similar en el Senado. En la actualidad, han surgido incluso iniciativas que proponen utilizar la tecnología «blockchain» para certificar y hacer seguimiento de los contenidos editoriales. Facebook, por otro lado, anunció recientemente una alianza con importantes medios como «The New York Times», «The Wall Street Journal» o «CNN» para fijar un pago por el contenido que comparten.

 

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Más control sobre los anuncios políticos pero sin llegar a vetar los falsos

Facebook ha anunciado a través de un comunicado la actualización de su biblioteca de anuncios (Ad Library) con el fin de ofrecer a sus usuarios un mayor nivel de transparencia además de darles más control sobre los anuncios de temas políticos y sociales que ven en Instagram y Facebook.

La biblioteca de anuncios es una herramienta que lanzó Facebook en mayo de 2018. Se trata de un archivo público que permite a cualquier persona ver todos los anuncios que los políticos y campañas están publicando en Facebook e Instagram y aquellos que han publicado en el pasado.

La actualización de la biblioteca va a permitir a los usuarios tener un mayor control sobre los anuncios que ven a la vez que concede mayores niveles de transparencia, ya que informa sobre quién está utilizando los anuncios para tratar de influir en los votantes.

Ahora la compañía ha introducido una serie de novedades en la biblioteca de anuncios. La primera de ellas permite ver el tamaño de la audiencia, para lo que hace un alcance potencial del rango de personas al que llega un anuncio. También ha mejorado la búsqueda y filtración de anuncios, donde ahora se pueden encontrar poniendo una frase exacta, mediante la agrupación de anuncios similares y nuevos filtros.

Con la actualización, los usuarios de Facebook e Instagram verán menos anuncios políticos y de asuntos sociales con los nuevos controles introducidos en las Preferencias de anuncios.

Según explican en un comunicado, la actualización también introducirá a finales de mes listas de audiencias especializadas, que permitirán a los usuarios de la red social determinar cómo quieren que un anunciante llegue a ellos. Además incluirá una opción para que los usuarios puedan volverse «elegibles» para un anuncio o para ser excluido del mismo.

Facebook ha optado por no limitar la orientación de los anuncios políticos y sociales a compañías privadas sino dar las herramientas a los usuarios para que elijan los que ellos quieran ver. Estas funciones se irán introduciendo a principios de 2020 en varios países.

 

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Cuidado con la estafa de las opiniones falsas en los productos en este Black Friday 2019

Las estafas en internet están a la orden del día, y se vuelven especialmente peligrosas durante épocas en las que el consumismo se dispara. Como es el caso, por ejemplo, de Black Friday. Ahora, la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) afirma en un comunicado que ha constatado la existencia de empresas que venden sus productos a través de internet, y que que ofrecen una comisión o sus productos gratis a cambio de una valoración positiva.

OCU explica que estas empresas, o sus intermediarios, suelen emplear redes sociales como Facebook o Telegram para establecer el contacto con los consumidores que emiten esas opiniones. Por el momento, la organización ha podido reunir más de 75 empresas, casi todas radicadas en China, que venden centenares de productos en Amazon y están utilizando este mecanismo para dar más visibilidad a sus productos.

A su vez, afirma que las opiniones falsas se pueden encontrar en las tres plataformas más importantes: AmazonTripAdvisor y Booking. Para descubrirlas, se han empleado técnicas de big data y se han analizado 6.360.000 opiniones, sobre 47.000 productos y hoteles. De este análisis se desprende que un 8,4% de los productos analizados en Amazon están afectados por opiniones anómalas. En TripAdvisor el 6,2% de los hoteles anunciados está afectado por este problema, mientras que en el caso de Booking se limita al 2,1%.

OCU apunta que estas pruebas han demostrado que las opiniones falsas, lejos de ser una anécdota, podrían estar teniendo una significativa influencia en la oferta de los grandes gigantes comerciales en internet. A su vez, señala que los controles que establecen no son suficientes para eliminar este tipo de opiniones.

Según los datos de la organización, y dependiendo del producto, casi un tercio de los consumidores señala las opiniones de los usuarios como un motivo importante para decidir su compra. Si además, explican, aproximadamente el 70% de los consumidores solo mira los resultados de la primera página del buscador, la existencia de opiniones falsas tiene una repercusión negativa en las decisiones de compra de los consumidores.

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Las tecnológicas de Silicon Valley no quieren ser un banco….ya lo son

Hasta hace pocos años uno iba andando tranquilamente por la calle y se encontraba, de sopetón, con una sucursal bancaria. Los cajeros automáticos eran -lo son todavía- el monedero de muchos usuarios para disponer de capital para su consumo. Todo eso, ahora, se hace a través de internet, pero en esa transformación digital sangrante se ha llevado por delante a numerosos empleados de banca, oficinas y ha dado paso a una mayor concentración de empresas.

En cualquier caso, el dinero sigue siendo la mercancía para tener acceso a productos y servicios de la economía. Pero este es cada vez más digital. Las empresas tecnológicas metieron la patita hace un tiempo con sus soluciones de pagos móviles que aprovechaban las capacidades de los teléfonos móviles modernos. De ahí surgieron servicios como Apple Pay o Google Pay, pero tenía una filosofías más básica: ser tu tarjetero móvil.

Conforme han surgido iniciativas que se centran en tecnologías como «Blockchain» (cadena de bloques) y se ha hablado hasta la saciedad de criptomonedas como Ethereum o Bitcoin, otros gigantes de la tecnología de consumo como Apple, Google o Facebook han pensado en dar un paso más. Apple, por ejemplo, ha creado la Apple Card, una tarjeta de crédito diseñada para pagar por artículos y servicios tanto online como en tiendas físicas.

Esta tarjeta es física, con lo que se puede pagar de manera tradicional a través de un TPV -Terminal de Punto de Venta- pero también «vive» en el móvil en un formato digital. El requisito es que acepte Mastercard. Todavía no ha llegado a España, pero diversas fuentes conocedoras han asegurado que el proyecto está en marcha para el año que viene. Uno de los aspectos más interesantes es su capacidad para «trackear» las transferencias, para monitorizar todos los gastos. Además, tiene asociado un programa de recompensas por determinadas compras, con lo que se puede ahorrar un 2% en compras de productos de la marca tecnológica de la manzana.

Google, el mayor gigante de internet, también ha querido aprovechar este potencial y, según adelantó recientemente «The Wall Street Journal», tiene previsto comenzar a ofrecer el próximo año cuentas corrientes. Es un paso más en la apuesta de los gigantes tecnológicos por los servicios bancarios y financieros. El proyecto, bautizado como «Cache», arrancará con el apoyo del banco Citigroup y con una cooperativa de crédito de la universidad de Stanford (California). Esas cuentas estarán asociadas al sistema de pago móvil Google Pay, disponible para el sistema operativo Android, el más popular del mundo.

Esta iniciativa, sin embargo, se enmarca dentro de la presión por parte de los reguladores y gobiernos que ejercen hacia las empresas «tech», que en su mayoría recopilan datos personales de millones de usuarios. El Banco de España ha advertido incluso de los posibles riesgos de la irrupción de las grandes empresas tecnológicas en el mercado financiero. Ahí, por ejemplo, se encuentra el proyecto Libra liderado por Facebook. La red social ha estado trabajando una criptodivisa digital que se está encontrando con trabas de los reguladores y que propone realizar transferencias por internet.

Pese a todo, no ha tirado la toalla. En Brasil han comenzado las primeras pruebas de una plataforma transversal que permite enviar dinero a través de sus servicios, Facebook, Instagram y WhatsApp. Tres de las aplicaciones más utilizadas en el mundo. Pero tampoco es el primer intento de la empresa fundada por Mark Zuckerberg. La red social ha estado probando un sistema de pago para WhatsApp en India de 18 meses, y ha procesado más de dos mil millones en donaciones a través de sus herramientas de recaudación de fondos, que se lanzaron en 2015. Algo lógico, por otra parte, porque según cifras del Banco Mundial, en la actualidad existen más de 2.500 millones de adultos, principalmente en países de Latinoamérica, Asia y África, que están excluidos del sistema financiero formal, es decir, no disponen de ningún servicio financiero tradicional como tarjeta o cuenta bancaria. La tecnología, ahí, les ha facilitado las compras.

No son los únicos que se han asomado a la ventana de los pagos; en China, mercado donde se ha invertido mucho dinero en desarrollar sistemas de pagos digitales y trabaja para integrar criptomonedas, hay empresas de la talla de Alibaba (comercio electrónico) o Tencent (videojuegos) que también están trabajando en estos sistemas de compras. El principal problema al que se enfrentan es la confianza en modelos de pago todavía nuevos que, en muchos casos, vienen de empresas que han protagonizado escándalos de privacidad.

«Para hablar de la aplicación de la tecnología en el nuevo ecosistema financiero, las “fintech”, hay una necesidad de transparencia en los modelos financieros»

Los expertos creen que la seguridad de la marca y la transparencia van a ser los elementos que se van a imponer para adaptar el mundo de las financias a los nuevos tiempos. «Para hablar de la aplicación de la tecnología en el nuevo ecosistema financiero, las “fintech”, hay una necesidad de transparencia en los modelos financieros», subraya a ABC Leopoldo Abadía, profesor y escritor español conocido por su análisis de la Gran Recesión, quien se ha aliado con Finanbest, gestor automático en el que puedes invertir tu dinero sin complicaciones. El divulgador reivindica, en ese sentido, «las buenas prácticas y la transparencia en el sector financiero», abogando por un «modelo sostenible» basado en la transparencia.

Este experto va incluso más allá; a su juicio, en los últimos años los ciudadanos se han acostumbrado a vivir en una sociedad demasiado cambiante donde el tráfico de los datos personales está a la orden del día. Por esta razón, abandera un lema: «hay que hacer la revolución de la normalidad». En su opinión, es lógico que empresas como Facebook entren en el mundo financiero por el verdadero potencial de este tipo de plataformas para conectar con millones de personas. «Están cambiando mucho las finanzas. Hay que pensar que mis nietos; no hacen una sola operación desde el banco. Es una manera distinta completamente. Ha cambiado tanto que no les entiendo».

«Las tecnologías móviles son un importante factor para conseguir un mundo más inclusivo y justo. El acceso a productos y servicios financieros tiene un gran impacto en los ciudadanos, ya que les permite mejorar sus condiciones de vida»

En España han surgido otras iniciativas que, como el caso de PaynoPain, han desarrollado un monedero electrónico llamado Changeit que permite simplificar todo tipo de transacciones monetarias: cualquier persona con un «smartphone» y dinero en efectivo pueda empezar a operar de manera «cashless». «Estamos convencidos de que las tecnologías móviles son un importante factor para conseguir un mundo más inclusivo y justo. El acceso a productos y servicios financieros tiene un gran impacto en los ciudadanos, ya que les permite mejorar sus condiciones de vida», afirma en un comunicado Jordi Nebot, cofundador de la empresa.

«Estas empresas de base tecnológica, a menudo concebidas como empresas emergentes (startups), que ofrecen productos financieros totalmente online con tecnologías rupturistas, estructuras más flexibles y metodologías mucho más ágiles», explica en un comunicado Àngels Fitó Bertran, profesora de los Estudios de Economía y Empresa de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y vicerrectora de Competitividad y Empleabilidad de dicha universidad. Entre las particularidades de estas empresas -insiste- destaca su enfoque centrado en las necesidades y preferencias del consumidor y basado en un modelo sin intermediarios, que, por un lado, democratiza el acceso al mundo financiero y, por el otro, reduce el coste de la prestación del servicio gracias a sistemas mucho más eficientes. Atraídos por esas características, millones de usuarios ahora forman parte de su clientela.

 

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Las empresas tecnológicas (salvo Facebook) se alían contra los anuncios falsos

La trama rusa derivó en otros frentes en el universo virtual de las redes sociales. Entes que, utilizados y saboreados por millones de personas, han catapultado, y anulado deliberadamente, un sinfín de torrentes de información. La pregunta es clara: qué fue lo primero, si el huevo o la gallina; si las noticias falsas ya se distribuían por internet antes de la llegada de estas plataformas tan populares, pero lo cierto es que la mentira, que siempre ha sido capitalizada por el mentiroso, ha aprovechado la dejadez de los servicios digitales para manipular a los ciudadanos en los últimos años.

En plena burbuja electoral en muchos países, entre ellos, Estados Unidos, el terreno donde se ha originado todo el problema, las empresas de internet han empezado a mover ficha para intentar subsanar el germen del mal, aunque con pequeñas grandes diferencias. La primera en reconocerlo ha sido Twitter. La red de micromensajes ha sido tajante; prohibir los anuncios políticos directamente. Así, muerto el perro se acabó la rabia, debieron entender en la junta directiva de la empresa estadounidense.

Es una medida drástica, que su fundador, Jack Dorsey, defendió recientemente: «Pagar para aumentar el alcance de un discurso político tiene ramificaciones significativas que la infraestructura política actual podría no estar preparada para gestionar. Merece la pena da un paso atrás para abordarlo», manifiesta. De hecho, cree que «el alcance del mensaje político debe ser ganado, no comprado».

El mayor problema de las redes sociales es su credibilidad. Servicios digitales muy criticados en los últimos años por no bloquear las campañas de manipulación rusas en las elecciones estadounidenses de 2016. La decisión de Twitter contrasta, sin embargo, con la de Facebook, cuyo fundador y líder Mark Zuckerberg, ha defendido incluso la compra de mensajes políticos en la red social incluso si contenían mentiras o falsedades como defensa de la libertad de expresión.

Este enrocamiento de Zuckerberg solamente se puede entender únicamente en términos económicos: el golpe a sus ingresos sería brutal. Pero han empezado a surgir voces críticas que piden un cambio por el bien de la democracia. El obstáculo al que se enfrenta Facebook es que, si acepta que trata contenidos informativos, debería ajustarse a otro tipo de regulación, tal vez menos favorable en algunos mercados a su boyante economía. Pero, por contra, si mira al tendido es posible que vuelva a suceder lo que se teme; que alguien malintencionado intente interceder entre los usuarios con la propagación de anuncios políticos que, en muchas ocasiones, contienen datos falsos.

Zuckerberg quiere abanderar así la «libertad de expresión». Y no solo acepta anuncios políticos de todo tipo sino que se niega a verificarlos. Lo ha manifestado en reiteradas ocasiones a pesar de enfrentarse a la opinión de expertos y dirigentes políticos incluso que, como su nueva villana, la demócrata Elizabeth Warren, proponen «fragmentar» Facebook. Pero ante la marejada, el ejecutivo estadounidense ha empezado a modificar su discurso; está dispuesto a considerar la posibilidad de limitar la capacidad que actualmente tienen los candidatos políticos para mostrar anuncios políticos a grupos de personas concretos, conocidos como microanuncios políticos dirigidos, basándose en la información personal que recoge la plataforma sobre los mismos, con el fin de disminuir la difusión de informaciones falsas. Tres portavoces de Facebook lo contaron hace poco a la cadena «NBC News». Zuckerberg, ahora, ha visto las orejas al lobo: se encuentra abierto a considerar nuevas ideas sobre cómo disminuir la difusión de información falsa a través de los anuncios políticos que emiten los candidatos correspondientes en su plataforma.

Pero ¿quién está detrás de los anuncios falsos patrocinados en redes sociales? Ha habido muchas teorías, pero la preocupación y el nerviosismo se ha asentado en Bruselas y Washington que han iniciado sendas investigaciones, aunque la complejidad del asunto limita sus capacidades de actuación. Aunque no es una red social al uso, Google también es corresponsable de albergar contenido fraudulento y repleto de falsedades. Alphabet, su empresa matriz, ha empezado a planear cambios en su política de anuncios electorales para su buscador, según avanzó «The Wall Street Journal». Lo que ha trascendido extraoficialmente es que la medida más conveniente va a ser hacer ajustes sobre el tipo de audiencia a los que van a dirigirse sus anuncios pagados a través de su plataforma publicitaria. Una medida que, además, se extendería a todos sus servicios como YouTube, el canal de vídeos más popular del mundo.

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