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La misma cuenta en diferentes dispositivos; el siguiente paso de WhatsApp

WhatsApp sigue preparando futuras funcionalidades. La aplicación de mensajería, que hace pocos días comenzaba a permitir las videollamadas entre ocho usuarios, sigue trabajando para que en el futuro próximo sea posisble utilizar la misma cuenta en diferentes dispositivos.

Según informa el portal especializado WABetaInfo, la plataforma propiedad de Facebook sigue dejando pistas de cómo será este futuro sistema multiplataforma cuando esté disponible. El medio ha encontrado en la beta para dispositivos Android 2.20.143 una pantalla de registro pensada para guardar aquellos dispositivos que cuenten con permiso para acceder a una cuenta en concreta.

En las imágenes mostradas, se puede ver que la cuenta pide acceso a una red WiFi para que el proceso de «Iniciar sesión en un nuevo dispositivo» resulte más rápido. Y es que, según expresan en WABetaInfo, al sincronizar un dispositivo con una cuenta en concreto, es posible que la aplicación descargue todo el historial almacenado (conversaciones, imágenes y vídeos) en el acto.

WABetaInfo
WABetaInfo

Sea como fuere, el portal ya informó hace unas semanas de que la funcionalidad pedirá un código de seguridad al usuario cuando abra la cuenta en un dispositivo diferente. Por el momento, se desconoce cuando estará disponible y si llegará al mismo tiempo a dispositivos iOS y Android. Aunque, atendiendo a la importancia de la funcionalidad, y al ejemplo del lanzamiento del modo oscuro, lo más probable es que sea así.

Recordemos que, hasta el momento, más allá del dispositivo en el que esté activa la cuenta, solo es posible utilizar WhatsApp de forma remota en la versión web de escritorio para el ordenador. Se trata de una funcionalidad muy interesante. Especialmente para aquellos usuarios que utilicen esta plataforma de mensajería para comunicarse con sus compañeros de trabajo. Para utilizar este recurso, es necesario entrar en la página web de WhatsApp, pinchar sobre la opción «WhatsApp Web» y abrir la aplicación en el «smartphone» para escanear un código QR.

 

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Facebook alertará a los usuarios que interactuen con contenido dañino sobre el coronavirus

Facebook comenzará a mandar mensajes a aquellos usuarios que hayan interactuado con afirmaciones sobre el Covid-19 dañinas para la salud. Tras esto, les pondrá en contacto directamente con el apartado de bulos desmentidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Así lo ha afirmado hoy mismo la compañía propiedad de Mark Zuckerberg a través de un comunicado. El objetivo, según se expresa en el texto, es proteger a los internautas de los efectos que pueda tener una afirmación incierta y peligrosa para la salud.

«Vamos a empezar a mostrar notificaciones en la sección de Noticias a aquellas personas que hayan dado a me gusta, hayan reaccionado o comentado posts con desinformación sobre COVID-19 perjudicial para la salud, información que ya ha sido eliminada de la plataforma. Esas notificaciones dirigirán a las personas a información sobre los mitos más comunes del COVID-19 que han sido desacreditados por la OMS, incluyendo los que hemos eliminado de nuestra plataforma por inducir a un daño físico inminente», afirma en un comunicado Guy Rosen, videpresidente de Integridad de la compañía.

De este modo, la red social se propone desterrar completamente los efectos dañinos que tiene la desinformación generada al calor de la pandemia. «Ejemplos de desinformación que hemos eliminado incluyen afirmaciones dañinas como que beber lejía cura el virus y teorías como que el distanciamiento social no es eficaz para evitar la propagación de la enfermedad», expresa el vicepresidente de Facebook.

Para llevar a cabo esta labor, la red social está trabajando con más de 60 organizaciones de verificación que revisan y califican el contenido en más de 50 idiomas de todo el mundo, y se ha puesto en marcha un programa de subvenciones para este tipo de organizaciones. El videpresidente de la red social expresa, además, que, hasta el momento, han sido eliminados cientos de miles de contenidos de desinformación que podrían provocar un daño físico inminente.

Cabe recordar que esta medida llega poco después de que WhatsApp, plataforma de mensajería que también pertenece a Mark Zuckerberg, afirmase que solo se podrán reenviar mensajes dentro de la plataforma a un único chat.

Los contenidos falsos no dañinos son etiquetados

La eliminación de contenidos falsos solo afectará, de acuerdo con la compañía, a aquellos que puedan poner en riesgo la salud de los usuarios. Es decir, las afirmaciones que contengan información falsa, o desmentida, pero que no resulten dañinos no serán directamente eliminados. En su lugar, se seguirá reduciendo su distribución y se mostrarán etiquetas de advertencia para que el usuario sea capaz de identificarlos.

«Durante el mes de marzo, mostramos advertencias sobre unos 40 millones de publicaciones en Facebook relacionadas con COVID-19, basadas en casi 4.000 artículos procedentes de nuestros socios de verificación de contenidos. Cuando la gente vio las etiquetas de aviso, el 95% de las veces no siguieron adelante y no vieron el contenido original», expresa Rosen en el comunicado.

 

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Dating, el servicio de citas de Facebook pospone su llegada a Europa.

Torpeza, olvido o dejadez. Las empresas que tratan datos, y Facebook es una de las más grandes en este negocio, están obligadas a realizar unos análisis de impacto cuando se lanzan a la conquista de usuarios en Europa. Territorio donde reina unas exigencias garantistas en materia de protección de datos. El gigante de internet planeaba para este viernes, con motivo del Día de los Enamorados, su nueva aplicación: un servicio para ligar llamado Facebook Dating, pero lo ha tenido que posponer por las dudas en la privacidad de sus usuarios.

La Comisión de Protección de Datos de Irlanda, organismo regulador que ejerce de sede para Europa, ha asegurado que hubo un problema al no presentar la documentación requerida. El gigante de internet pretendía, de esta manera, lanzar un nuevo servicio independiente de citas al estilo de Tinder. Se trata de una aplicación que se presentó oficialmente en 2018 que, desde entonces, ha llegado a otros mercados como Brasil.

El organismo regulador ha asegurado en un escueto comunicado que realizó incluso un registro de las oficinas de Facebook en Dublín el pasado miércoles para obtener la documentación relativa a Facebook Dating.«Nuestras preocupaciones se agravaron por el hecho de que no se nos proporcionó información el 3 de febrero en relación con la evaluación de impacto», apunta el texto.

Un informe de obligado cumplimiento por parte de las empresas y que está tipificado en el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) como sanción grave, con lo que estaría sancionado con un 4% de la facturación anual o 20 millones de euros. El gigante de internet ingresó durante 2019 unos 70.697 millones de dólares (65.255 millones de euros).

«Trabajamos cuidadosamente con la privacidad»

Facebook ha confirmado a ABC que el aplazamiento de esta nueva función, aunque ha asegurado que se va a «tomar más tiempo» para asegurarse de que el producto «está preparado para el mercado europeo». «Es realmente importante que tengamos el lanzamiento correcto de Facebook Dating», añaden fuentes de la empresa estadounidense, al tiempo que deja claro un asunto: «Trabajamos cuidadosamente para crear fuertes salvaguardas de privacidad y completar la evaluación de impacto del procesamiento de datos antes del lanzamiento propuesto en Europa».

Los expertos consideran que es necesario pasar ciertos filtros para poder operar en terrotorio comunitario. «Hay una obligación con el RGPD que, cuando una empresa vaya a realizar un tratamiento de datos en los que se puede ver afectado la privacidad de las personas, antes de hacer ese tratamiento, antes de lanzar el servicio, existe una evaluación de impacto, que es obligatorio para Europa», explica en conversación telefónica Samuel Parra, experto en derecho digital. «Aunque sea Facebook, que tiene la sede en Estados Unidos, está obligado a hacerlo y conlleva una sanción económica», añade.

Miedo al reconocimiento facila, ¿debería estar prohibida esta tecnología?

De unos años a esta parte, nos hemos acostumbrado a vivir con las cámaras de vigilancia. Tanto, que ni siquiera reparamos en su presencia. Si sale de casa, y pega una vuelta por el centro de su ciudad, seguramente se sorprenda con la cantidad de dispositivos de este tipo anclados a las fachadas. Ahora, gracias al desarrollo de la tecnología, algunos paises han decidido dar una paso más y añadirles un software de reconocimiento facial con fines de vigilancia. Algo que ha generado una importante polémica debido a sus implicaciones éticas y legales.

«Teniendo en cuenta el desarrollo de la tecnología, es normal que se emplee. Pero esto no significa que sea necesariamente bueno. Hay un problema de reflexión. Estamos viendo que el reconocimiento facial se está empleando, en algunos casos, para monitorizar a la población. Especialmente en lugares donde no hay derechos reconocidos», dice a este diario Ofelia Tejerina, abogada y presidenta de la Asociación de Internautas.

«Hay un problema de reflexión. Estamos viendo que el reconocimiento facial se está empleando, en algunos casos, para monitorizar a la población»

Efectivamente, esta tecnología se está asentando con facilidad. «Smartphones», como el iPhone X y 11 o el Samsung Galaxy S20, permiten su empleo para mejorar la seguridad del dispositivo. Lo mismo ocurre con entidades bancarias, comercios o redes sociales como Facebook. Incluso las empresas automovilísticas están trabajando para adoptarla, junto al reconocimiento de voz, en sus futuros vehículos. Hasta aquí, todo correcto. Sin embargo, cuando se emplea en espacios públicos con fines de vigilancia, ¿qué pasa si falla o se le da un uso erroneo?

«Ante un error del software de reconocimiento, que podría ocurrir, el usuario va a tener muy difícil demostrar que él no estaba ahí. También hay que saber quien tiene acceso a esa información y para qué la va a utilizar. Si hubiese una brecha de seguridad, y alguien la emplease para hacer ver que estaba en un sitio, puede resultar también muy difícil demostrar lo contrario. Por otra parte, si esa tecnología cuenta con mecanismos para reconocer las emociones e intenciones de los ciudadanos, nos encontramos ante otro problema. ¿Qué pasaría si se utilizase esa información para realizar propaganda electoral? La manipulación del ciudadano sería mucho más fácil con esos datos», explica Tejerina.

Monitorización social

La preocupación por el uso de esta tecnología no es infundada. Especialmente, si atendemos al empleo que se le está dando en países como China. «Existe un gran riesgo de que el Estado [chino] pueda utilizar estos datos para sus propios fines como la vigilancia, el seguimiento de disidentes políticos, el control de la sociedad y de la información, así como de los perfil étnicos o, como en el caso de los uigures en Xinjiang, incluso para implantar un sistema vigilancia policial predictiva», explicaba hace unos meses en declaraciones a AFP Adam Ni, investigador de China en la Universidad Macquarie de Sydney (Australia).

Más allá del estado asiático, la policía de Londres (Reino Unido) ha avanzado su intención de usar cámaras con reconocimiento facial en sus labores de vigilancia de delincuentes. A su vez, el reciente descubrimiento de un software que empleaba el FBI estadounidense ha vuelto a poner de relieve la falta de una regulación más exhaustiva en esta materia. Desarrollado por una «startup» desconocida llamada Clearview IA, su objetivo es el reconocimiento facial de posibles delincuentes. En este caso, una sola fotografía es más que suficiente para acceder a un banco de 3.000 millones de imágenes.

Falta de regulación

Estos ejemplos han llevado a la Comisión Europea a meditar la posibilidad de prohibir durante cinco años su empleo con fines de identificación en lugares públicos. Sin embargo, según adelantaba hace unos días «Expansión», Bruselas ha terminado optando por dejar en manos de los estados miembro la posibilidad de adoptarla o restringirla. Independientemente de lo que ocurra, los juristas destacan la importancia de que el uso se regule específicamente. Y es que el reconocimiento facial no solo representa un riesgo para el derecho a la privacidad de las personas, sino que también choca contra la libertad de expresión reconocida por las constituciones occidentales.

«Es un dato personal que entra en la regulación de la normativa, pero como tiene una característica especial necesita una regulación igualmente peculiar porque ahora mismo es genérica»

«A diferencia de otros mecanismos de seguimiento, con el reconocimiento facial tú no puedes desconectar tu cara. Si no quiero que me sigan con el GPS, desconecto la función del móvil. Con la red Wifi sucede igual. Pero no puedo apagar mi rostro temporalmente. Y no puedo ir por la calle con un pasamontañas. Además, el reconocimiento facial es invisible para el usuario por lo que tú no te das cuenta de que te están haciendo un reconocimiento», apunta a ABC Samuel Parra, jurista experto en derecho digital.

El abogado destaca, además, que en el marco del Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) se considera que el rostro es un dato biométrico que identifica a una persona. Algo que implica que es personal, y, por tanto sensible: «Es un dato personal que entra en la regulación de la normativa, pero como tiene una característica especial necesita una regulación igualmente peculiar porque ahora mismo es genérica».

 

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Estados Unidos quiere que Facebook y Google paguen a los medios por usar sus contenidos

Sin contar el tremendo salto que ha conquistado Amazon, las multinacionales estadounidenses Google y Facebook acaparan más del 70% de los ingresos por publicidad digital. Un pastel que deja menos oportunidades para las empresas editoriales, que han sufrido una profunda crisis ante la irrupción de internet en los últimos tiempos. La relación entre las empresas periodísticas y las tecnológicas es un constante tira y afloja a costa del uso de los contenidos informativos.

Los periódicos se han quejado de que son los que elaboran los contenidos pero son, en su gran mayoría, estos servicios digitales los que lo monetizan en mayor medida. Un escenario que en distintos países se ha intentado revertir con un aumento de la presión fiscal. En Estados Unidos, país donde residen en su mayoría estas empresas, han empezado a mover ficha para investigar las posibilidad de que Google o Facebook paguen a los editores por usar sus noticias.

Legisladores estadounidense de ambos partidos (republicano y demócrata) culpan a las compañías tecnológicas de reducir la presencia de prensa local. En los últimos diez años han cerrado multitud de diarios locales de larga historia, que no han podido hacer frente a sus problemas económicos. Eso ha dado como resultado un escenario en donde en numerosas ciudades y regiones importantes del país apenas tengan acceso a informaciones de proximidad.

En un reportaje en el «The New York Times» se han hecho eco esta semana de un caso que demuestra la delicada situación en la que se encuentra la prensa local. Medios que, por lo general, suelen realizar amplias coberturas informativas de sus campañas electorales. En Cornelia, un pequeño pueblo del condado de Habersham en el estado estadounidense de Georgia con poco más de tres mil habitantes, se produjo un accidente de coche que causó la muerte de un menor de edad. Un periodista del «The Northeast Georgian» acudió rápidamente al escenario de la tragedia cubriendo la información.

En pocas horas, la noticia se fue distribuyendo por la red social Facebook. Miles de usuarios la compartieron, pero eso no contribuyó a que el medio obtuviera réditos económicos de esa primicia ni, tampoco, ganar nuevos suscriptores. «Mi abuela solía decir: ‘Cariño, si permites que obtengan leche a través de la cerca, nunca comprarán la vaca’», recordaba Dink NeSmith, director ejecutivo de Community Newspapers, grupo editorial al que pertenece «The Northeast Georgian».

Es una situación que se repite continuamente en la prensa regional. El senador Mitch McConnell, republicano del estado de Kentucky y líder de la mayoría del Senado, presentó la pasada semana un proyecto de ley que propone otorgarle a las empresas de medios una exención de las leyes antimonopolio vigentes en el país. Una vía que les permitiría así unirse para poder negociar con las tecnológicas Google y Facebook sobre cómo se usan sus artículos y fotografías en internet y qué retribución pueden recibir. Esta propuesta está respaldada por News Media Alliance, grupo que representa a organizaciones de noticias entre los que incluyen cabeceras de la relevancia de «The New York Times».

La propuesta ha sido apoyada por el Doug Collins, dirigente republicano de Georgia cuyo distrito incluye, precisamente, la localidad de Cornelia. El texto lo redactó David Cicilline, demócrata de Rhode Island, mientras que el senador John Kennedy, del partido republicano y que representa al estado de Louisiana, ha promovido una medida similar en el Senado. En la actualidad, han surgido incluso iniciativas que proponen utilizar la tecnología «blockchain» para certificar y hacer seguimiento de los contenidos editoriales. Facebook, por otro lado, anunció recientemente una alianza con importantes medios como «The New York Times», «The Wall Street Journal» o «CNN» para fijar un pago por el contenido que comparten.

 

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