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Se abre el debate en Facebook sobre prohibir la publicidad política en la plataforma.

Se abre, por fin, el melón. El tema tabú que no querían tratar. Facebook estudia ya la posibilidad de prohibir la publicidad política en sus plataformas por la presión ejercida por el boicot de anunciantes que reclaman contener los llamados discursos de odio y frenar las noticias falsas.

Según informa «The New York Times», la decisión de Facebook se puede producir antes de las elecciones generales de noviembre. La empresa estadounidense se ha enfrentado en los últimos años a una gran presión por parte de autoridades legislativas y organizaciones de derechos civiles para que florezcan los discursos de odio y la desinformación. Las últimas acciones no han convencido y se pide un mayor esfuerzo en esta materia. De hecho, una auditoría externa ha concluido que la red social ha estado lenta en atajar esta problemática.

La decisión de prohibir la publicidad política, una medida que anunció su rival Twitter en octubre, todavía no se ha tomado de manera oficial, según medios locales. El debate interno se produce en un momento delicado después del boicot publicitario al que se han sumado más de mil marcas comerciales. Hasta ahora, la red social ha defendido sus políticas de uso y su negativa de aplicar su sistema de moderación de comentarios de dirigentes políticos ante el temor de una intervención equiparable a la censura.

El asunto central, desvelan las fuentes citadas, es si prohibir los anuncios políticos puede ayudar o perjudicar la libertad de expresión de los usuarios. Lo que temen es que la medida de detener este tipo de anuncios tenga un efecto pernicioso y, en lugar de mejorar el servicio, provoque un aumento de las «fake News». Recientemente, Facebook anunció que etiquetará las publicaciones de los políticos que violen su normativa.

 

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Los mensajes virales se reducen un 70% en WhatsApp tras aplicar los límites

Generó una ardua polémica, fue el detonante de diversos bulos. La limitación de los mensajes reenviados en WhatsApp ha reducido hasta un 70% la propagación de las cadenas de mensajes virales. A principios de abril la conocida aplicación de mensajería endureció sus restricciones impidiendo que los contenidos que habían sido compartidos más de cinco veces por los usuarios únicamente se podían reenviar a un único contacto o grupo.

La medida, que agitó el fantasma de la censura, ha tenido en este tiempo importantes efectos: se ha reducido notablemente la propagación de los mensajes virales a nivel mundial. Esta decisión ha cambiado la manera de interactuar con la aplicación, que alberga a más de 2.000 millones de usuarios registrados. Se tomó porque la empresa estadounidense consideraba que la función de mensajes reenviados de manera masiva se estaba empleando para propagar bulos, una de las lacras de las redes sociales que, pese a todo, no han logrado atajar del todo.

Esta restricción se extendió a nivel mundial desde el pasado 7 de abril. «Recientemente añadimos el límite de compartir ‘mensajes altamente reenviados’ a un solo chat. Desde que se estableció este nuevo límite, a nivel mundial ha habido una reducción del 70% en la cantidad de mensajes altamente reenviados enviados en WhatsApp», apuntaron fuentes de la aplicación en declaraciones al medio especializado «Techcrunch».

Lo cierto es que WhatsApp ha estado muy preocupada por esta problemática. En 2018 introdujo un límite similar: restringió a los usuarios la posibilidad de reenviar un mensaje a más de cinco personas o grupos al mismo tiempo. Esta limitación también dio sus frutos; los mensajes virales cayeron un 25% a nivel mundial en dos años. «Este cambio está ayudando a que WhatsApp sea un lugar para conversaciones personales y privadas», añadieron las mismas fuentes.

Por su naturaleza privada, WhatsApp se ha convertido en un arma de doble filo en algunos países como India o Brasil, donde se ha utilizado masivamente para difundir bulos y poner en marcha campañas de intoxicación informativa. Su sistema de cifrado de extremo a extremo, introducido hace tres años, impide que ni la propia compañía tenga acceso al contenido de los mensajes difundidos, com lo que no se puede conocer el origen de los bulos, algo que sí se puede, en cambio, en su rival Telegram. De hecho, el gobierno de India solicitó a WhatsApp y otras empresas de redes sociales un mayor esfuerzo para controlar los engaños virales que circulan en sus plataformas sobre la infección por el nuevo coronavirus Covid-19.

 

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Facebook alertará a los usuarios que interactuen con contenido dañino sobre el coronavirus

Facebook comenzará a mandar mensajes a aquellos usuarios que hayan interactuado con afirmaciones sobre el Covid-19 dañinas para la salud. Tras esto, les pondrá en contacto directamente con el apartado de bulos desmentidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Así lo ha afirmado hoy mismo la compañía propiedad de Mark Zuckerberg a través de un comunicado. El objetivo, según se expresa en el texto, es proteger a los internautas de los efectos que pueda tener una afirmación incierta y peligrosa para la salud.

«Vamos a empezar a mostrar notificaciones en la sección de Noticias a aquellas personas que hayan dado a me gusta, hayan reaccionado o comentado posts con desinformación sobre COVID-19 perjudicial para la salud, información que ya ha sido eliminada de la plataforma. Esas notificaciones dirigirán a las personas a información sobre los mitos más comunes del COVID-19 que han sido desacreditados por la OMS, incluyendo los que hemos eliminado de nuestra plataforma por inducir a un daño físico inminente», afirma en un comunicado Guy Rosen, videpresidente de Integridad de la compañía.

De este modo, la red social se propone desterrar completamente los efectos dañinos que tiene la desinformación generada al calor de la pandemia. «Ejemplos de desinformación que hemos eliminado incluyen afirmaciones dañinas como que beber lejía cura el virus y teorías como que el distanciamiento social no es eficaz para evitar la propagación de la enfermedad», expresa el vicepresidente de Facebook.

Para llevar a cabo esta labor, la red social está trabajando con más de 60 organizaciones de verificación que revisan y califican el contenido en más de 50 idiomas de todo el mundo, y se ha puesto en marcha un programa de subvenciones para este tipo de organizaciones. El videpresidente de la red social expresa, además, que, hasta el momento, han sido eliminados cientos de miles de contenidos de desinformación que podrían provocar un daño físico inminente.

Cabe recordar que esta medida llega poco después de que WhatsApp, plataforma de mensajería que también pertenece a Mark Zuckerberg, afirmase que solo se podrán reenviar mensajes dentro de la plataforma a un único chat.

Los contenidos falsos no dañinos son etiquetados

La eliminación de contenidos falsos solo afectará, de acuerdo con la compañía, a aquellos que puedan poner en riesgo la salud de los usuarios. Es decir, las afirmaciones que contengan información falsa, o desmentida, pero que no resulten dañinos no serán directamente eliminados. En su lugar, se seguirá reduciendo su distribución y se mostrarán etiquetas de advertencia para que el usuario sea capaz de identificarlos.

«Durante el mes de marzo, mostramos advertencias sobre unos 40 millones de publicaciones en Facebook relacionadas con COVID-19, basadas en casi 4.000 artículos procedentes de nuestros socios de verificación de contenidos. Cuando la gente vio las etiquetas de aviso, el 95% de las veces no siguieron adelante y no vieron el contenido original», expresa Rosen en el comunicado.

 

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Consejos de la Guardia Civil para no caer en los bulos sobre la pandemia

Hay que tener mucho cuidado con la información que se consulta en internet. Especialmente en momentos tan delicados como el actual, cuando toda España se encuentra encerrada a cal y canto para minimizar los riesgos del coronavirus. El enorme interés de la sociedad por la situación del virus provoca que por redes sociales corra todo un reguero de información y de vaticinios errados. También intentos de ciberataques basados en ingeniería social. Con el objetivo de minimizar los riesgos y concienciar a la sociedad, la Guardia Civil ha compartido nueve consejos vía Twitter que pueden ayudarle a separar el grano de la paja.

Ojo con la falta de «links»

La Guardia Civil destaca, en primer lugar, la importancia de desconfiar de todas aquellas «imágenes públicas que no enlazan con un link a una página oficial», ya que pueden ser montajes. Desde que comenzó la crisis del coronavirus, especialmente cuando empezó a azotar con fuerza en España, hemos visto como se le intentaba dar gato por liebre a los usuarios compartiendo, por ejemplo, imágenes del colapso de un centro comercial Aldi y haciéndolo pasar por un supermercado ubicado en España. A su vez, si recibe algún tipo de recomendación vía redes sociales sobre formas de combatir el virus, y no va acompañada de ninguna fuente pública, como sería la OMS o el Ministerio de Sanidad, no debe darle veracidad a la información.

La importancia de verificar

Esta recomendación va de la mano con la primera. La Guardia Civil expresa que se debe «verificar cuándo y dónde se publicó parte del contenido del mensaje» por medio de internet. Es decir, si tiene dudas sobre la veracidad de un texto que le ha llegado rebotado por internet, debe realizar una búsqueda para confirmar la procedencia del mismo y su autenticidad.

Fíjese en la redacción

Un organismo público, o un medio de comunicación profesional, raramente va a compartir un información mal redactada; con numerosos errores ortográficos o de sintaxis. Hay que tener especial cuidado en los casos en los que reciba información de este tipo, sobre todo si le llega por correo electrónico o por WhatsApp, ya que la mala redacción es un rasgo habitual en las ciberestafas de internet. En España ya hay ejemplos de casos de ataques a usuarios para robarles datos y engañarles ofreciendo -aparentemente- información sobre el coronavirus. A su vez, la Guardia Civil recomienda desconfiar de los «perfiles que no sigue habitualmente o de reciente creación».

Ante la duda, consulte

Uno de los principales consejos a seguir en internet, pasa por consultar con la (presunta) fuente oficial de un mensaje toda aquella información que nos resulte extraña o poco veraz. Y es que si antes decíamos que la mala ortografía es uno de los rasgos de las ciberestafas, la principal es la de la suplantación de organismos públicos, empresas y usuarios. «Podemos esperar que los cibercriminales sigan empleando el coronavirus como escusa para lanzar ataques. La forma de actuar es la de la suplantación, como hemos visto en el caso de un grupo de ciberdelincuentes chinos. Sin embargo, ya lo hemos visto en el caso de “phishing” en el que los atacantes se hacían pasar por el Ministerio de Sanidad a través de WhatsApp», explica a ABC Eusebio Nieva, director técnico de la empresa de ciberseguridad Check Point.

El experto hace referencia al  sonado caso de suplantación advertido por la Guardia Civil en Twitter hace unas semanas. En ese caso, los atacantes suplantaban al Ministerio de Sanidad a través un mensaje en el que se solicitaba colaboración ciudadana para combatir la, por entonces, epidemia de Covid-19. Acompañando al texto, los delincuentes adjuntaban un enlace que conducía a una página de venta de mascarillas. Precisamente, entre las recomendaciones de la Guardia Civil, también se hace mención a que, en caso de que le llegue información alarmista a través de la aplicación de mensajería, no debe compartirla con el resto de sus contactos.

Fíjese en la fuente

No todo lo que ve por internet o le llega vía mensaje es cierto. Por lo tanto, debe tener cuidado y seleccionar bien las fuentes que escoge para informarse. Especialmente sobre un tema tan espinoso como el coronavirus A este respecto, la Guardia Civil señala que si la noticia en cuestión «es de hace varias horas y no la ve en ningún medio de comunicación profesional, sin duda ha de tratarse de un bulo». A su vez, recuerda que «el primo, el amigo al que le ha contado un familiar que sabe de buena tinta… No es una fuente solvente».

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Estados Unidos quiere que Facebook y Google paguen a los medios por usar sus contenidos

Sin contar el tremendo salto que ha conquistado Amazon, las multinacionales estadounidenses Google y Facebook acaparan más del 70% de los ingresos por publicidad digital. Un pastel que deja menos oportunidades para las empresas editoriales, que han sufrido una profunda crisis ante la irrupción de internet en los últimos tiempos. La relación entre las empresas periodísticas y las tecnológicas es un constante tira y afloja a costa del uso de los contenidos informativos.

Los periódicos se han quejado de que son los que elaboran los contenidos pero son, en su gran mayoría, estos servicios digitales los que lo monetizan en mayor medida. Un escenario que en distintos países se ha intentado revertir con un aumento de la presión fiscal. En Estados Unidos, país donde residen en su mayoría estas empresas, han empezado a mover ficha para investigar las posibilidad de que Google o Facebook paguen a los editores por usar sus noticias.

Legisladores estadounidense de ambos partidos (republicano y demócrata) culpan a las compañías tecnológicas de reducir la presencia de prensa local. En los últimos diez años han cerrado multitud de diarios locales de larga historia, que no han podido hacer frente a sus problemas económicos. Eso ha dado como resultado un escenario en donde en numerosas ciudades y regiones importantes del país apenas tengan acceso a informaciones de proximidad.

En un reportaje en el «The New York Times» se han hecho eco esta semana de un caso que demuestra la delicada situación en la que se encuentra la prensa local. Medios que, por lo general, suelen realizar amplias coberturas informativas de sus campañas electorales. En Cornelia, un pequeño pueblo del condado de Habersham en el estado estadounidense de Georgia con poco más de tres mil habitantes, se produjo un accidente de coche que causó la muerte de un menor de edad. Un periodista del «The Northeast Georgian» acudió rápidamente al escenario de la tragedia cubriendo la información.

En pocas horas, la noticia se fue distribuyendo por la red social Facebook. Miles de usuarios la compartieron, pero eso no contribuyó a que el medio obtuviera réditos económicos de esa primicia ni, tampoco, ganar nuevos suscriptores. «Mi abuela solía decir: ‘Cariño, si permites que obtengan leche a través de la cerca, nunca comprarán la vaca’», recordaba Dink NeSmith, director ejecutivo de Community Newspapers, grupo editorial al que pertenece «The Northeast Georgian».

Es una situación que se repite continuamente en la prensa regional. El senador Mitch McConnell, republicano del estado de Kentucky y líder de la mayoría del Senado, presentó la pasada semana un proyecto de ley que propone otorgarle a las empresas de medios una exención de las leyes antimonopolio vigentes en el país. Una vía que les permitiría así unirse para poder negociar con las tecnológicas Google y Facebook sobre cómo se usan sus artículos y fotografías en internet y qué retribución pueden recibir. Esta propuesta está respaldada por News Media Alliance, grupo que representa a organizaciones de noticias entre los que incluyen cabeceras de la relevancia de «The New York Times».

La propuesta ha sido apoyada por el Doug Collins, dirigente republicano de Georgia cuyo distrito incluye, precisamente, la localidad de Cornelia. El texto lo redactó David Cicilline, demócrata de Rhode Island, mientras que el senador John Kennedy, del partido republicano y que representa al estado de Louisiana, ha promovido una medida similar en el Senado. En la actualidad, han surgido incluso iniciativas que proponen utilizar la tecnología «blockchain» para certificar y hacer seguimiento de los contenidos editoriales. Facebook, por otro lado, anunció recientemente una alianza con importantes medios como «The New York Times», «The Wall Street Journal» o «CNN» para fijar un pago por el contenido que comparten.

 

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