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Estados Unidos quiere que Facebook y Google paguen a los medios por usar sus contenidos

Sin contar el tremendo salto que ha conquistado Amazon, las multinacionales estadounidenses Google y Facebook acaparan más del 70% de los ingresos por publicidad digital. Un pastel que deja menos oportunidades para las empresas editoriales, que han sufrido una profunda crisis ante la irrupción de internet en los últimos tiempos. La relación entre las empresas periodísticas y las tecnológicas es un constante tira y afloja a costa del uso de los contenidos informativos.

Los periódicos se han quejado de que son los que elaboran los contenidos pero son, en su gran mayoría, estos servicios digitales los que lo monetizan en mayor medida. Un escenario que en distintos países se ha intentado revertir con un aumento de la presión fiscal. En Estados Unidos, país donde residen en su mayoría estas empresas, han empezado a mover ficha para investigar las posibilidad de que Google o Facebook paguen a los editores por usar sus noticias.

Legisladores estadounidense de ambos partidos (republicano y demócrata) culpan a las compañías tecnológicas de reducir la presencia de prensa local. En los últimos diez años han cerrado multitud de diarios locales de larga historia, que no han podido hacer frente a sus problemas económicos. Eso ha dado como resultado un escenario en donde en numerosas ciudades y regiones importantes del país apenas tengan acceso a informaciones de proximidad.

En un reportaje en el «The New York Times» se han hecho eco esta semana de un caso que demuestra la delicada situación en la que se encuentra la prensa local. Medios que, por lo general, suelen realizar amplias coberturas informativas de sus campañas electorales. En Cornelia, un pequeño pueblo del condado de Habersham en el estado estadounidense de Georgia con poco más de tres mil habitantes, se produjo un accidente de coche que causó la muerte de un menor de edad. Un periodista del «The Northeast Georgian» acudió rápidamente al escenario de la tragedia cubriendo la información.

En pocas horas, la noticia se fue distribuyendo por la red social Facebook. Miles de usuarios la compartieron, pero eso no contribuyó a que el medio obtuviera réditos económicos de esa primicia ni, tampoco, ganar nuevos suscriptores. «Mi abuela solía decir: ‘Cariño, si permites que obtengan leche a través de la cerca, nunca comprarán la vaca’», recordaba Dink NeSmith, director ejecutivo de Community Newspapers, grupo editorial al que pertenece «The Northeast Georgian».

Es una situación que se repite continuamente en la prensa regional. El senador Mitch McConnell, republicano del estado de Kentucky y líder de la mayoría del Senado, presentó la pasada semana un proyecto de ley que propone otorgarle a las empresas de medios una exención de las leyes antimonopolio vigentes en el país. Una vía que les permitiría así unirse para poder negociar con las tecnológicas Google y Facebook sobre cómo se usan sus artículos y fotografías en internet y qué retribución pueden recibir. Esta propuesta está respaldada por News Media Alliance, grupo que representa a organizaciones de noticias entre los que incluyen cabeceras de la relevancia de «The New York Times».

La propuesta ha sido apoyada por el Doug Collins, dirigente republicano de Georgia cuyo distrito incluye, precisamente, la localidad de Cornelia. El texto lo redactó David Cicilline, demócrata de Rhode Island, mientras que el senador John Kennedy, del partido republicano y que representa al estado de Louisiana, ha promovido una medida similar en el Senado. En la actualidad, han surgido incluso iniciativas que proponen utilizar la tecnología «blockchain» para certificar y hacer seguimiento de los contenidos editoriales. Facebook, por otro lado, anunció recientemente una alianza con importantes medios como «The New York Times», «The Wall Street Journal» o «CNN» para fijar un pago por el contenido que comparten.

 

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Más control sobre los anuncios políticos pero sin llegar a vetar los falsos

Facebook ha anunciado a través de un comunicado la actualización de su biblioteca de anuncios (Ad Library) con el fin de ofrecer a sus usuarios un mayor nivel de transparencia además de darles más control sobre los anuncios de temas políticos y sociales que ven en Instagram y Facebook.

La biblioteca de anuncios es una herramienta que lanzó Facebook en mayo de 2018. Se trata de un archivo público que permite a cualquier persona ver todos los anuncios que los políticos y campañas están publicando en Facebook e Instagram y aquellos que han publicado en el pasado.

La actualización de la biblioteca va a permitir a los usuarios tener un mayor control sobre los anuncios que ven a la vez que concede mayores niveles de transparencia, ya que informa sobre quién está utilizando los anuncios para tratar de influir en los votantes.

Ahora la compañía ha introducido una serie de novedades en la biblioteca de anuncios. La primera de ellas permite ver el tamaño de la audiencia, para lo que hace un alcance potencial del rango de personas al que llega un anuncio. También ha mejorado la búsqueda y filtración de anuncios, donde ahora se pueden encontrar poniendo una frase exacta, mediante la agrupación de anuncios similares y nuevos filtros.

Con la actualización, los usuarios de Facebook e Instagram verán menos anuncios políticos y de asuntos sociales con los nuevos controles introducidos en las Preferencias de anuncios.

Según explican en un comunicado, la actualización también introducirá a finales de mes listas de audiencias especializadas, que permitirán a los usuarios de la red social determinar cómo quieren que un anunciante llegue a ellos. Además incluirá una opción para que los usuarios puedan volverse «elegibles» para un anuncio o para ser excluido del mismo.

Facebook ha optado por no limitar la orientación de los anuncios políticos y sociales a compañías privadas sino dar las herramientas a los usuarios para que elijan los que ellos quieran ver. Estas funciones se irán introduciendo a principios de 2020 en varios países.

 

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Las empresas tecnológicas (salvo Facebook) se alían contra los anuncios falsos

La trama rusa derivó en otros frentes en el universo virtual de las redes sociales. Entes que, utilizados y saboreados por millones de personas, han catapultado, y anulado deliberadamente, un sinfín de torrentes de información. La pregunta es clara: qué fue lo primero, si el huevo o la gallina; si las noticias falsas ya se distribuían por internet antes de la llegada de estas plataformas tan populares, pero lo cierto es que la mentira, que siempre ha sido capitalizada por el mentiroso, ha aprovechado la dejadez de los servicios digitales para manipular a los ciudadanos en los últimos años.

En plena burbuja electoral en muchos países, entre ellos, Estados Unidos, el terreno donde se ha originado todo el problema, las empresas de internet han empezado a mover ficha para intentar subsanar el germen del mal, aunque con pequeñas grandes diferencias. La primera en reconocerlo ha sido Twitter. La red de micromensajes ha sido tajante; prohibir los anuncios políticos directamente. Así, muerto el perro se acabó la rabia, debieron entender en la junta directiva de la empresa estadounidense.

Es una medida drástica, que su fundador, Jack Dorsey, defendió recientemente: «Pagar para aumentar el alcance de un discurso político tiene ramificaciones significativas que la infraestructura política actual podría no estar preparada para gestionar. Merece la pena da un paso atrás para abordarlo», manifiesta. De hecho, cree que «el alcance del mensaje político debe ser ganado, no comprado».

El mayor problema de las redes sociales es su credibilidad. Servicios digitales muy criticados en los últimos años por no bloquear las campañas de manipulación rusas en las elecciones estadounidenses de 2016. La decisión de Twitter contrasta, sin embargo, con la de Facebook, cuyo fundador y líder Mark Zuckerberg, ha defendido incluso la compra de mensajes políticos en la red social incluso si contenían mentiras o falsedades como defensa de la libertad de expresión.

Este enrocamiento de Zuckerberg solamente se puede entender únicamente en términos económicos: el golpe a sus ingresos sería brutal. Pero han empezado a surgir voces críticas que piden un cambio por el bien de la democracia. El obstáculo al que se enfrenta Facebook es que, si acepta que trata contenidos informativos, debería ajustarse a otro tipo de regulación, tal vez menos favorable en algunos mercados a su boyante economía. Pero, por contra, si mira al tendido es posible que vuelva a suceder lo que se teme; que alguien malintencionado intente interceder entre los usuarios con la propagación de anuncios políticos que, en muchas ocasiones, contienen datos falsos.

Zuckerberg quiere abanderar así la «libertad de expresión». Y no solo acepta anuncios políticos de todo tipo sino que se niega a verificarlos. Lo ha manifestado en reiteradas ocasiones a pesar de enfrentarse a la opinión de expertos y dirigentes políticos incluso que, como su nueva villana, la demócrata Elizabeth Warren, proponen «fragmentar» Facebook. Pero ante la marejada, el ejecutivo estadounidense ha empezado a modificar su discurso; está dispuesto a considerar la posibilidad de limitar la capacidad que actualmente tienen los candidatos políticos para mostrar anuncios políticos a grupos de personas concretos, conocidos como microanuncios políticos dirigidos, basándose en la información personal que recoge la plataforma sobre los mismos, con el fin de disminuir la difusión de informaciones falsas. Tres portavoces de Facebook lo contaron hace poco a la cadena «NBC News». Zuckerberg, ahora, ha visto las orejas al lobo: se encuentra abierto a considerar nuevas ideas sobre cómo disminuir la difusión de información falsa a través de los anuncios políticos que emiten los candidatos correspondientes en su plataforma.

Pero ¿quién está detrás de los anuncios falsos patrocinados en redes sociales? Ha habido muchas teorías, pero la preocupación y el nerviosismo se ha asentado en Bruselas y Washington que han iniciado sendas investigaciones, aunque la complejidad del asunto limita sus capacidades de actuación. Aunque no es una red social al uso, Google también es corresponsable de albergar contenido fraudulento y repleto de falsedades. Alphabet, su empresa matriz, ha empezado a planear cambios en su política de anuncios electorales para su buscador, según avanzó «The Wall Street Journal». Lo que ha trascendido extraoficialmente es que la medida más conveniente va a ser hacer ajustes sobre el tipo de audiencia a los que van a dirigirse sus anuncios pagados a través de su plataforma publicitaria. Una medida que, además, se extendería a todos sus servicios como YouTube, el canal de vídeos más popular del mundo.

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Así se intentarán frenar las «fakes news» en las redes sociales para la campaña del 28-A

No es cuestión de suerte sino de atención. De esfuerzo para reducir el poder de las llamadas «noticias falsas», o como nos gusta decir ahora, « fake news». Suena más moderno, pero no deja de ser las andanadas de desinformación que se llevan practicando desde hace décadas cuando se aproximan los procesos electorales. Y, a tenor de los antecedentes, se espera un aumento de intentos de desestabilizar la jornada y de influir en el electorado. Las empresas tecnológicas como Facebook, Twitter o YouTube se han puesto manos a la obra para frenar los bulos, pero hay temor de cara al 28-A.

Es escenario actual de marcada polarización tampoco contribuye a una conversación higiénica y saludable. Los bulos, arraigados en las plataformas sociales más populares, se han convertido en un problema estructural de dimensión global. Los diferentes partidos políticosintentan sacar provecho de los medios digitales y de su capacidad de viralizar contenidos informativos rápidamente. «Las plataformas es donde se viralizan, pero no es donde se producen las ‘fake news’, ni los usuarios son los productores que más interfieren en el acceso a una información veraz y al debate democrático –digamos– limpio y no manipulado», apunta a este diario Simona Levy, de la plataforma activista de derechos digitales Xnet.

En opinión de esta experta, detrás de las «fake news» que han cambiado la historia reciente, como en sorprendente auge de Jair Bolsonaro (Brasil), Donald Trump (EE.UU.) o acontecimientos como el «Brexit» no hay personas, sino grandes inversiones. «El origen de los cuales son los partidos y los gobiernos, que invierten grandes sumas de dinero en empresas que se crean, principalmente, replicando las dinámicas de las celebrities», denuncia. Y, no es para menos, puesto que se han detectado en los últimos meses la existencia de «bots» -programas informatizados- que se encargan de difundir mensajes de contenido político cercano a una determinada formación. Técnicas, sin embargo, que vulneran los términos de uso de plataformas como Twitter, la reina de la conversación informativa en tiempo real.

La red del pajarito azul también ha empezado a verificar los perfiles de los candidatos y dirigentes políticos que confluyen a las diferentes elecciones en un intento de evitar posibles suplantaciones de identidad. En materia de desinformación en el último año han tomado una serie de acciones tangibles, entre ellas, ampliado nuestras reglas para reflejar mejor cómo aborda las cuentas falsas y qué actividad infringe sus normas.

Borrado de cuentas y revisión

La multinacional se escuda, sin embargo, en la voluntad del usuario para no cometer tropelías dialécticas. «Proteger la salud de la conversación pública es nuestra mayor prioridad, particularmente durante los ciclos electorales. Un aspecto clave del trabajo que hacemos es promover una mejor integridad de la información en la plataforma. Para lograrlo, empleamos tecnología especialmente diseñada para mostrar el contenido relevante en primer lugar y para abordar de manera proactiva la propagación maliciosa de la desinformación a escala», aseguran fuentes de Twitter a ABC.

Facebook, la mayor red social del mundo, lleva meses preparándose para poder identificar cualquier cuenta falsa de cara a los diferentes procesos electorales, no solo en las elecciones generales de España del 28 de abril sino también en el marco de las locales, regiones y europeas fijada para el 26 de mayo. Aún así, la compañía no puede garantizar la ausencia de bulos en su plataforma durante las próximas semanas. «Hay mucha tensión entre privacidad, libertad de expresión y la protección del usuario ante las noticias falsas. Es muy complicado encontrar el equilibrio», aseguró Tessa Lyons-Laing, responsable de producto de Facebook en un encuentro en el que estuvo presente ABC.

Un problema, aunque los esfuerzos de la red fundada por MarkZuckerberg se han dirigido hacia ofrecer una mayor transparencia. Para ello, la firma ha introducido una herramienta de cara a las elecciones por la que exige registrarse a partidos y empresasque deseen comprar publicidad personalizada de contenido político. Una medida que incluye, además, la vinculación con la inversión realizada. Se puede encontrar en una librería de anuncios públicos.

Los grupos políticos han asimilado en los últimos tiempos que explotar las capacidades de las herramientas digitales es muy importante de cara a dirigir sus mensajes a los ciudadanos. Son pocos los grupos políticos que no cuentan con sus propios departamentos de comunicación y social media para difundir sus propuestas. Formaciones como Podemos o Pacma han sido algunas de las siglas que se dieron de alta en el nuevo servicio de Facebook. Vox, pese a haber utilizado activamente la plataforma en los últimos meses, se ha mantenido ligeramente al margen.

En aras de reducir el impacto de las «fake news», Facebook también cuenta con un equipo de verificaciones -internos y externos- de unos 30.000 personas repartidos por todo el mundo. Una medida ha consistido en eliminar directamente todo contenido que promocione la violencia o el odio. De hecho, en los tres últimos meses, Facebook ha eliminado 754 millones de cuentas falsas. Pero, también, ha puesto el foco en la revisión del contenido. La red social ha empezado a penalizar todo contenido detectado por su Inteligencia Artificial (IA) como sospechoso de contener datos falsos. De esta manera, y aunque este no desaparecerá, pero sí permanecerá «perdido», frenando así su difusión. Según la estimación de la compañía, la existencia de alertas de posible bulo puede reducir hasta un 80% la propagación de los mismos.

Pero la herramienta que más se ha empezado a utilizar para fines de desinformación es WhatsApp, propiedad de Facebook, que ha tenido un considerable impacto en países como Brasil. Detectado el problema de los bulos, la aplicación de mensajería ha empezado a tomar medidas para combatirlo: reducir el número de mensajes reenviados y eliminar cuentas que violan sus cláusulas como hacer «spam».

En este sentido, Pandu Nayak, vicepresidente del departamento de Google que se encarga de la herramienta de búsqueda, no cree que se puedan crear algoritmos infalibles que identifiquen qué información es falsa y cuál es verdadera. «Hay ejemplos muy obvios, pero hay zonas grises que son más difíciles de identificar», asegura Nayak. Por ello, el factor humano es fundamental. «Dicho de otra forma -continua-, una noticia falsa no se distingue ‘per se’ en nada de otra verdadera, por tanto requiere algoritmos que identifiquen la ‘intencionalidad’ de la misma o la contextualicen con más información, lo que se antoja difícil. Por tanto, requiere de grandes dosis de sentido común y concienciación sobre estas cuestiones».

La coyuntura actual es difusa. Aunque las Generales será la convocatoria que probablemente se seguirá con más ímpetu, los cuatro procesos electorales que están en marcha para los próximos meses acentúa un mayor interés en España a raíz de los precedentes en Estados Unidos o Brasil. La alta penetración de redes sociales, difusores de información, en ocasiones, sesgada y manipulada, ha empujado a diferentes organismos a blindarse ante las llamadas «fake news».

Pese a todo, expertos en seguridad informática creen que existe una amenaza real ante las elecciones de una proliferación de noticias falsas en internet. «La desinformación se ha usado siempre y ahora es más efectiva gracias a Internet: barata, fácil técnicamente, de acceso inmediato y universal. La velocidad de diseminación de las cosas, hoy en día, es lo que ha variado», recalca, tajante, José Rosell, socio-director de la firma de seguridad S2 Grupo.

«Actualmente la velocidad es enorme y esto complica mucho las labores de identificación y control de este tipo de noticias. Después de los ‘éxitos’ en este tipo de campañas de desinformación y ante la enorme dificultad de defenderse de ellas, es evidente que es una amenaza cada vez más real y creciente», añade. De cara a tranquilizar a la población, el director del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), el general Félix Sanz Roldán, garantizó recientemente que todos los procesos electorales que se celebren este año estarán «protegidos de ciberataques», pero reconoció que las «fake news» «pueden existir y contra las que habrá que estar prevenido».

Máximas medidas de seguridad en el recuento

En cuanto a los resultados electorales, que se mirarán con lupa, también se pasea la sombra de las dudas, aunque los expertos consultados por este diario son claros: «no se puede hackear unas elecciones». Así, fuentes de Indra -empresa encargada del recuento en las elecciones generales- han asegurado a ABC que está previsto que se apliquen las «máximas medidas de seguridad» exigidas en un proceso electoral de esta magnitud «en las diferentes tareas relacionadas la recogida y difusión de los datos» relacionados con el escrutinio provisional de las elecciones generales. Por motivos de seguridad, no han trascendido las medidas a seguir, «ya que al hacerlo perderían efecto».

No obstante, y a pesar de que se va a, este diario ha podido confirmar que se actualizarán algunas medidas para hacer frente a las técnicas más modernas empleadas por los grupos de ciberatacantes en la actualidad. Al igual que en las anteriores convocatorias de 2016 y 2017, se va a «mantener el mismo sistema de trabajo» para garantizar la transparencia de los resultados provisionales que, en opinión del centro, solo tienen «carácter informativo». Los expertos insisten en que es «imposible hackear» unas elecciones ni «retrasar respecto a sus plazos habituales», ya que este es un proceso manual y físico.

 

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El fake más temible que permite la tecnología: suplantar tu identidad en vídeo

El refranero español, tan jugoso, tiene consejos para todo. Una imagen vale más que mil palabras, se suele decir. Nuestros ojos, pensamos, son incapaces de engañarnos. La realidad es otra.Es una cuestión de fe. Estamos sometidos a tal sobreabundancia de información que descubrir las fuentes fiables resulta cada día más complicado. Durante un siglo el video y el audio han sido esenciales a la hora de construir una percepción de la realidad. Ha sido la base por la circulaba la verdad, ahora en entredicho por culpa de las nuevas tecnologías.

Las redes sociales son los espacios principales por donde las llamadas «fake news» o «noticias falsas» se mueven con mayor naturalidad. La tecnología, en cambio, ya está preparada para subir una velocidad más en el arte del engaño con las «mentiras profundas». Así se definen las «deep fakes». Videos manipulados que intentan colarte una mentira en boca de un dirigente político o cualquier personalidad famosas con dotes de influencia. La manipulación de las imágenes hiperrealistas se ha sofisticado rápidamente hasta el punto que son difícilmente detectables.

Los avances en inteligencia artificial empiezan a ser capaces de reproducir audio y video falsos de manera convincente, pero sobre todo mediante un proceso al alcance de cualquiera. Existen programas informáticos que se han aplicado a la industria del sexo. Software que permiten instaurar el rostro de una persona famosa sobre el cuerpo de una actriz de contenidos pornográficos, personalizando las fantasías sexuales. No ha tardado en ponerse en práctica esta capacidad a otro entorno, la de la política.

Lograr que una persona parezca decir o hacer algo que no ha dicho está llevando, según una investigación elaborada por CNN, a la guerra contra la desinformación a un nivel completamente nuevo. Los servicios de inteligencia de países como Estados Unidos ha dado la voz de alarma. Empiezan a trazar un protocolo de actuación para frenar este avance que puede provocar un caos social en caso de extenderse. Porque si no te puedes fiar de nada, en nada vas a creer. El Pentágono, a través de la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de la Defensa (DARPA, por sus siglas en inglés), está trabajando con varias instituciones de investigación para adelantarse a estos vídeos manipulados.

Un campo de investigación

El objetivo es adelantarse al fenómeno, aunque para ello hay que bajar al barro. Desde la Universidad de Colorado en Denver, un grupo de investigadores trabajan en un programa informático capaz de generar vídeos manipulados muy convincentes. Crear «deep fakes» en toda regla. Para contrarrestar el envite, otros investigadores están desarrollando una tecnología preparada, teóricamente, para detectar qué es real y qué falso. Una medida que permitiría agilizar la lucha contra los bulos en redes sociales.

También están trabajando en detectar audios falsos. La inteligencia artificial está emergiendo como la próxima frontera que atravesar por las noticias falsas. Y podría provocar que los humanos vuelvan a tener que «adivinar» lo que está viendo con sus propios ojos. «Todavía no hemos llegado a la etapa en la que vemos cómo se usan los ‘deep fakes’ como armas, pero ese momento llegará», valoraba en AFP Robert Chesney, profesor de derecho en la Universidad de Texas.

Jorge Muñoz, experto en Deep Learning y Visión Artificial de Serendeepia, firma especializada en este área, reconoce que esta práctica «da un poco de miedo», aunque rebaja la preocupación porque, de momento, se necesitan ciertas consideraciones para lograr un grado de hiperrealismo: una gran cantidad de datos, vídeos de alta calidad y se se han ensayado con personajes famosos. Hace dos años, precisamente, se realizó una prueba con Barack Obama, expresidente de Estados Unidos. Su resultado fue espeluznante, y es difícil saber si se trata de una secuencia procesada por ordenador.

Este experto, sin embargo, considera que estas técnicas de «deep fakes» funcionan de manera más impactante, llegando incluso a sembrar la confusión, cuando se aplican únicamente a los rostros humanos. «Cuando solo tomas la cara se simplifica el problema. Tomar un cuerpo entero de una persona, con un fondo en el que trabajar, no se consigue ser totalmente realistas, pero ya existe un campo de investigación al respecto», añade.

Pese a lo sofisticado de estos videos falsos, que en manos de personas malintencionadas pueden contribuir a propagar bulos, diversos grupos de investigación ya se han puesto manos a la obra para desarrollar herramientas diseñadas para su detección. «Al mismo tiempo que se está creando contenidos falsos, también se está intentado crear sistemas para detectarlo», recalca Muñoz.

Este experto no pone el grito en el cielo, pero considera que, sin embargo, puede derivar en una situación impredecible: que sea más difícil creernos las cosas. «Lo que está pasando hoy en día con las noticias es que ya no vas a un solo medio, sino a tres o cuatro fuentes que son la que revisas. Intentas consultar varios y te crees antes lo que te dicen los contactos de tus redes sociales. Siempre va a haber una lucha que lo va a poner en duda», apunta.

A su juicio, «si se detecta [un video falso] puedes creerlo una temporada, pero tendrá sus repercusiones. Estas técnicas no se van a aplicar tanto como se está temiendo. No es tan fácil de crear y requiere mucho tiempo de dedicación. Además, cuando haces un video así te sirve para una uno montaje y no para otros». Pero hay argumentos para, al menos, empezar a dudar de lo que se ve. Es época de «fake news». De mentiras y bulos en internet. De «memes» que sirven de formato para la información, aunque a veces la falta de rigor sea lo habitual. Tiempo de sistemas de aprendizaje automático. Y de máquinas. Una era en la que el diseño gráfico ha evolucionado hasta tal punto que un software es capaz de crear rostros humanos de gran realismo, exactos a los reales. Personas que no existen.

Un proyecto de Nvidia, multinacional de componentes informáticos y desarrolladora de tarjetas gráficas para ordenadores, ha logrado crear rostros sintéticos y artificiales cuyo realismo es tal que podría confundirse con una persona real. Mediante una red generativa antagónica (Generativa Adversarial Networks, en inglés), los ingenieros han conseguido que el sistema pueda «inventar» caras humanas a partir de una base de datos de rostros de personas, por lo que por el momento no se puede generar desde cero.

Pero su efecto sorprende. Y asusta, aunque las técnicas de modelaje y reproducción de rostros no es algo nuevo. La industria cinematográfica se ha aprovechado de las posibilidades de la época en algunos de sus productos audiovisuales. Una de las que tuvo más repercusión fue la aparición del actor Peter Cushing en «Star Wars: Rogue One»,resucitando virtualmente veinte años después de su fallecimiento. Un escenario que puede anticipar la creación de figuras artificiales para productos de entretenimiento en el futuro.

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