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Por qué las redes 5G van a cambiar el mundo.

Futuro y presente se están uniendo gracias a internet. Es el pilar de todo en estos momentos, creador de valor. Como ha estado ocurriendo en los últimos años en la feria Mobile World Congress, las redes 5G fueron indiscutibles protagonistas del evento de tecnología móvil más importante del mundo. Pero su importancia trasciende de la mera movilidad, ya que anticipa la llegada de un nuevo modelo productivo gracias a la hiperconectividad.

Y su impacto, se cree, será importante. Nuevos trabajos, nuevos procesos, nuevos modelos de negocios se implantarán en el momento en el que se hayan desplegado. Y, con ello, se inauguará –según los expertos– un mundo donde no solo las velocidades de conexión serán más altas, sino que se podrá conducir, por ejemplo, un coche a distancia, ahorrando con ello costes en desplazamientos. Lo ha demostrrado un proyecto de coche conectado de Telefónica en colaboración con Ericsson.

Han conseguido que sea posible conducir remotamente un vehículo de pequeñas dimensiones situado a 50 kilómetros de distancia y bajo una latencia de 30 milisegundos, inferior a lo que son capaces de captar los sentidos de un ser humano. De esa manera, la respuesta del volante, la imagen y el cart, estaban perfectamente sincronizadas en tiempo real, transfiriendo la friolera de 32 GB por segundo, entre imagen, y datos del vehículo.

Primeras pruebas en laboratorio

La idea es que para 2020 ya estén disponibles las primeras conexiones comerciales, pero el trasvase hacia un nuevo tipo de red requiere inversión, infraestructuras nuevas, apoyo de diferentes sectores, desarrollo de sistemas compatibles como para pensar que de la noche a la mañana tendremos todo listo. No obstante, los resultados obtenidos por diferentes marcas implicadas en este momento da pie a considerar que se cumplirán los plazos y que la tecnología avanza más rápido.

El 5G va a cambiar la economía y la sociedad hasta un punto que no nos podemos llegar a imaginar. Los objetos y máquinas conectadas, nos llevarán a una nueva era de automatismo y eficiencia, que algunos podrían denominar como la tercera revolución industrial. Realmente no sabemos qué aplicación tendrá el 5G en el futuro. La tecnología puede ser a veces predecible; los seres humanos, no. Parece una frase hecha, pero no tenemos más que remitirnos a, por ejemplo, el despliegue de las conexiones 3G, que no estaban pensada en un principio para los «smartphones», que llegaron después.

Con el 4G y la alta velocidad móvil se ha dado un importante paso en los últimos años y es de esperar que con el nuevo 5G, que las empresas implicadas (telecomunicaciones, operadoras, tecnológicas) están creando actualmente el protocolo y estandarización, también ocurra igual. La idea es alcanzarlo durante este año, pero eso quiere decir que a día de hoy no existe prácticamente el modelo de nuevas conexiones. «El 5G es mucho más que la comunicación en sí, va a traer cambios en la sociedad y la economía. Sectores que no estaban digitalizados, como la agricultura, se transformarán creando nuevos modelos y oportunidades de negocio», apunta a este diario Sara Mazur, vicepresidente y directora de investigación de Ericsson.

La importancia del 5G radica en que posibilitará el desarrollo del «Internet de las cosas» y la comunicación e inteligencia entre máquinas, lo que nos llevará a la próxima revolución industrial. El 5G -según se cree- solventará dos problemas de nuestro actual 4G. El primero es que éste no optimiza las conexiones, siendo la misma para una persona que está viendo video en alta resolución que un termostato que envía la temperatura a un teléfono, lo que termina saturando las redes.

Huawei ha apostado este año por la nube total. Al fin y al cabo, la evolución al 5G nos va a llevar a un mundo donde toda la inteligencia del sistema se producirá en la nube, con millones de fuentes de datos que administrar y gestionar. Algo que requerirá de todo una nueva generación de servicios en la nube, y que superan la capacidad de procesamiento actual. Junto a Audi y Vodafone se han lanzado a por un coche conectado que utiliza una tecnología intermedia entre el 4G y 5G, lo que permite conectar a los vehículos entre sí, mejorando la seguridad y la gestión del tráfico.

Resolver varios problemas

La era del 5G creará diferentes conexiones con diferentes características dependiendo de la demanda del dispositivo, permitiendo así, que cientos de máquinas se puedan conectar a internet de forma inalámbrica. El segundo problema a resolver es la latencia, es decir, la velocidad de la respuesta de la conexión. En 4G no es lo suficientemente rápida como para soportar, por ejemplo, el coche autónomo con total seguridad.

Técnicamente, el 5G ya es una realidad (al menos en pruebas de laboratorio y ensayos públicos a menor escala) a pesar que faltan flecos por resolver. Es la primera vez que hemos podido ver prototipos reales de 5G. Desde antenas a coches autónomos o teléfonos móviles como el de ZTE, el Gigaset, que ya está preparado para ser compatibles con este tipo de conexiones, aunque a día de hoy su propietario no pueda aprovecharlo.

Colaboración entre empresas

La clave de esta nueva era tecnológica pasa por la colaboración entre empresas. Ninguna va conseguir salir adelante por sí sola. Por eso nos encontramos con productos fruto de la colaboración de varias o muchas empresas, como es el caso del coche conectado de Intel, entre Ericsson y BMW. Un hecho sin precedentes, que ha llevado a toda la industria y a antiguos competidores a enterrar el hacha de guerra. Y a trabajar codo con codo.

Otro detalle a tener en cuenta es que el 5G llegará primero a la industria, donde más se notará su impacto unido al «Internet de las cosas». Donde las máquinas serán capaces de «hablar» entre ellas en tiempo real gracias a la baja latencia del 5G. Entraremos de lleno en la tercera revolución industrial, produciendo con una eficiencia nunca vista hasta ahora. No estamos hablando de una revolución tecnológica, sino más bien de una evolución, como comentan a ABC diversas fuentes de empresas del sector.

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La impresión 3D, un escalón en la evolución de la medicina.

Hoy en día, la cirugía personalizada o de precisión a través de la herramienta de la impresión 3D es ya una realidad. Esta aplicación en medicina permite múltiples ventajas, como enseñar a los pacientes la situación antes de operar, compartir con el equipo el tratamiento, simular la operación, fabricar guías a modo de caja de ingletes o fabricar prótesis en distintos materiales que se implantan en el paciente.

La impresión 3D precisa trabajo multidisciplinar del equipo afinado, donde el médico o cirujano es el máximo responsable y el«director de orquesta» de radiólogos, ingenieros, fabricantes etc., para solucionar a los pacientes sus complejos problemas de salud.

Hay que decir que, como herramienta, la 3D no sirve para solucionar todas las contrariedades, sino para que aquellas de mayor dificultad puedan resolverse mediante la impresión. Además, su uso está totalmente influenciado por el conocimiento, experiencia y recursos de los médicos y cirujanos que la emplean.

De hecho, recientemente se publicó la noticia de la impresión en 3D de un corazón vivo que palpita por científicos israelíes. Y es cierto que se está avanzando en estas investigaciones, aunque la realidad es que quedan bastantes años para que se imprima con garantías un órgano que pueda ser implantado.

No obstante, la medicina regenerativa ya está aquí. Mediante placas y tornillos que guían la regeneración del hueso a la vez que lo sujetan mientras se biodegradan se puede llegar a evitar, así, que el paciente lleve en la cara placas de metal durante el resto de tu vida. Esta técnica se aplica cuando se han producido fracturas o en el ámbito de la cirugía ortognática dirigida a pacientes cuyos dientes no «casan bien», debido a un crecimiento asimétrico de los huesos del maxilar como de mandíbula.

Una dificultad a la que el tratamiento de brackets no puede dar solución. Las placas se fabrican en Japón en un biomaterial híbrido de plástico biodegradable e hidroxiapatito, empleando un proceso similar al acero de las Katanas, doblando en repetidas ocasiones el biomaterial para distribuir de forma homogénea el hidroxiapatito.

En Alemania y Japón ya llevan años usando este tipo de técnicas que han demorado su llegada a países como España. Sin embargo, una serie de especialistas, entre los que me encuentro, hemos operado en los últimos 5 años a más de 250 pacientes con placas osteo-regenerativas, causando un gran impacto dentro de la comunidad médica europea.

Las placas de medicina osteo-regenerativa junto a la simulación e impresión en 3D son un escalón intermedio entre usar titanio actualmente y la futura bioimpresión de materiales biológicos que substituyan al hueso. En Santiago de Compostela ya se está trabajando en este sentido, realizando reconstrucciones óseas a medida con biocerámicas en beta-fosfato tricálcico, donde los estudios preliminares son muy esperanzadores. Es más, en una década no será ninguna locura hablar de órganos humanos impresos en 3D y su trasplante exitoso, una de las mayores revoluciones médicas de la historia sin duda alguna.

 

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El futuro de Twitter pasa por centrarse en los usuarios monetizables.

No ha sido fácil para una red social con perfil marcado como Twitter sacudirse muchos de sus problemas comunes, los «bots» y «trolls» que inundan su plataforma. Tampoco es que lo haya saneado al completo, pero todos sus pasos recientes han sido hacia esa dirección, la supervivencia de su comunidad. El servicio, como una versión alternativa de «Fornite», se ha adentrado en una senda de crecimiento lenta pero progresiva: ahora cuenta con 330 millones de usuarios activos de media.

Un dato que, sin embargo, supone un descenso del 1,78% anual, por encima de los 321 millones a cierre de 2018. La red de micromensajes ha sumado unos 9 millones de usuarios activos mensuales en comparación con el trimestre anterior, según losresultados económicos presentados este martes relativos al primer trimestre del año.

Es cierto, en efecto, que la compañía venía de sufrir un tropezón -perdió 5 millones de usuarios el trimestre anterior como consecuencia de una «limpieza», pero vuelve a manifestar un interés creciente en acceder a su comunidad. Todavía, sin embargo, se queda lejos de los 336 millones de usuarios obtenidos a principio de año.

En un cambio de guión, Twitter ha decidido modificar la comunicación de sus resultados: a partir de ahora solo expondrá públicamente los usuarios diarios que considera «monetizables». Un nuevo referente frente a los usuarios «planos» y «paracaídistas», es decir, aquellos que solo estaban registrados en su base de datos.

Con la nueva estrategia, la compañía se centrará en los usuarios que «se registran y acceden cualquier día a través de la página web o las aplicaciones de Twitter que permiten mostrar anuncios». Esta cifra fue de 134 millones en el primer trimestreun 11,6% más frente a los 120 millones del año pasado. Esta es la clave de su negocio a partir de ahora.

El objetivo, ahora, es apostar por el usuario recurrente. Pero, para ello, necesita acometer una serie de reformas. Su prioridad es «reducir el abuso y sus efectos», según las intenciones del consejero delegado de Twitter, Jack Dorsey, que en un comunicado aseguró que la red social está reduciendo «más del doble» los mensajes que comparten información personal.

Las redes sociales están sometidas a una gran presión de cara a «vigilar» el contenido con mayor relevancia. Unas reclamaciones que vienen después de los continuos escándalos sobre privacidad, los discursos de odio, la benevolencia en las campañas electorales y los comentarios tóxicos. Con todo, Twitter estima que en el segundo trimestre, cuyos datos se publicarán en julio, la facturación se situará en una horquilla de entre 770 y 830 millones de dólares, con un beneficio operativo de entre 35 y 70 millones.

 

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Así utiliza Facebook la inteligencia artificial.

Facebook y la inteligencia artificial están en boca de todos. Al fin y al cabo, hay una inteligencia artificial detrás de lo que vemos en Facebook, la que decide qué se nos muestra en nuestra página cada vez que iniciamos la red social. De ahí que ahora se hable tanto del sesgo de la inteligencia artificial, y cómo ésta hereda los sesgos de sus creadores.

Hablamos con Antoine Bordes, responsable de Investigación del centro de Inteligencia Artificial de Facebook en París. Hace cinco años que Facebook abrió el primer centro de inteligencia artificial, justo en el momento de la compra de WhatsApp. Gracias a ello ahora la IA está en todos lados, en el messenger, en el news feed, en los sistemas y en la seguridad, aunque al principio no tenía un uso práctico directo. Uno de los grandes papeles que juega la IA en la red social se encuentra en la traducción a los más de 100 diferentes idiomas, que se hablan en la red de redes.

Pero los centros de investigación, que ya son ocho en el mundo, siendo París el más grande, a diferencia de lo que muchos podrían pensar, tienen la libertad para desarrollar lo que quieran en formato de código abierto. En realidad la inteligencia artificial como tal, los algoritmos no han avanzado en los últimos años, sino que la mejora que percibimos es debida al aumento de la capacidad computacional y el número creciente de datos sobre los que se sustenta la inteligencia de las máquinas.

La pregunta sobre qué ocurrirá en un futuro cercano con los empleos y cómo les afectara esta creciente Inteligencia Artificial es inevitable. «En algunos lugares, es fácil aplicar la IA y va a eliminar tareas repetitivas, en definitiva, va a ayudar a que haya más de “humano” en los puestos de trabajo. Por ejemplo, el doctor podrá pasar más tiempo con el cliente, en vez de estar interpretando radiografías», apunta.

La inteligencia artificial cada vez va a ser más y más protagonista en las redes sociales, Facebook es consciente de ello y dedica grandes recursos a su investigación. Veremos cómo afecta al comportamiento de la plataforma en el futuro.

 

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¿Será el futuro de los contenidos digitales el “streaming” y las suscripciones?

La suscripción es el nuevo El Dorado. El concepto mercantilista que aspiran a dominar las firmas tecnológicas y las empresas de contenidos. La distribución en «streaming», la forma de llegar al consumidor final. El anuncio de Apple y su plataforma de televisión ( llamada Apple TV+) es una prueba más de cómo la industria del ocio está virando hacia una reorganización estratégica sin parangón. Y, por el camino, el abanico de oferta cultural se dispara, aunque con ello se desplaza el sentimiento de propiedad que ha regido el sistema económico capitalista desde su extensión.

Los contenidos, bajo este modelo, ya no son del usuario. El consumidor da la bendición, por medio de un «alquiler» (mensual, trimestral o anual), a recibir una oferta amplia, variada y ajustada, pero que no controla en absoluto. Es la que es. Son muchos los servicios que han apostado por esta forma de comercializar una oferta cultural casi ilimitada. Desde Spotify, en el caso de la música en «streaming», o Netflix, en la parte cinematográfica y audiovisual, esta estrategia comercial.

Pero, a su vez, ha empezado a desembarcar también en el mundo del ocio electrónico. Porque la batalla por el control de los contenidos no ha hecho más que comenzar. Recientemente,Google desveló Stadia, una plataforma de «streaming» de videojuegos que ejerce de una especie de «Netflix» a todas luces. Por medio de una cuota se recibe una serie de títulos. Es un servicio similar a Xbox Game Pass o PlayStation Now que, como aspecto positivo, logra desterrar el formato físico. Un formato que ocupa espacio en los hogares y que, tal vez solo para los más melómanos, no compensa hoy en día.

No es una idea descabellada. Tampoco original y totalmente novedosa, puesto que desde tiempos inmemoriales, por ejemplo, cualquier persona podía acudir a una biblioteca para leer una novela durante un tiempo. Ese «alquiler» llegó hace tiempo a los servicios digitales como iTunes donde cualquier usuario puede alquilar una película por un precio más o menos accesible. Pero, en estos momentos, lo que se pretende es atrapar al consumidor a una cuota mensual y obtener, por otro lado, una nueva fuente de ingresos para las compañías.

El ocio, por tanto, sale caro, puesto que la acumulación de suscripciones puede dispararse en una familia que pretenda tener acceso a contenidos audiovisuales, musicales, literarias o interactivas. Las alternativas son demasiado amplias. «Los costes se dispararían, y la centralización de títulos en un catálogo se difuminaría», calificaban recientemente en un artículo en el medio especializado Xataka.

Todas las empresas que tienen algo que ofrecer al consumidor lo están explorando. En el medio audiovisual, la oferta es amplia. Incluso Disney o DC Comics están preparando su asalto al mundo «streaming» en los próximos meses, con lo que un consumidor que quiera recibir estos contenidos específicos deberán abonar una cuota. También en el software se ha empezado a extender, como el caso de Adobe, propietaria de programas informáticos potentes como Photoshop, Lightroom o Illustrator se distribuyen a través de este modelo.

En este ámbito los planes temporales son adaptativas y, en el caso de corporaciones y empresas, puede tener sentido. Y más teniendo en cuenta el posible ahorro de costes y la posibilidad de recibir las actualizaciones periódicas del servicio. Para el consumidor medio, sin embargo, puede resultar un problema si solo emplea una determinada herramienta de vez en cuando.

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