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Un ingeniero de Google acusado de robar tecnología secreta de su antigua empresa

Los avances en materia de conducción autónoma es uno de los desafíos más importantes de la industria de la automoción que, en un juego de parejas de baile, han venido incorporando desarrollos de empresas especializadas en tecnología. Una de las más fuertes es Waymo, filial del gigante Alphabet. Una de las mentes más brillantes en este campo, Anthony Levandowski, de 39 años, que con una extensa y prometedora carrera profesional en Google y Uber, se enfrenta a penas de cárcel por robo de tecnología secreta tras fichar por la competencia.

 El exingeniero de Uber Technologies fue acusado de robar datos de tecnología de conducción automática a la unidad Waymo, de la que es propietaria Alphabet, multinacional estadounidense dueña de Google.En una de las batallas legales más notables de Silicon Valley,Levandowski se enfrenta a pena máxima de 330 años de cárcel por cometer 33 delitos (una pena máxima de 10 años por cada delito) relacionados con robo de secretos comerciales, según el informe preliminar ( PDF) difundido este martes por la fiscalía estadounidense. El juez ha decretado una fianza de 300.000 dólares y el compromiso como garantía de dos propiedades por un valor de 2 millones de dólares.
 Los fiscales acusan al ingeniero de roba «a sabiendas, ocultando y sin la debida autorización secretos comerciales pertenecientes a Google por medio de fraudes y engaños», aunque el acusado se ha declarado inocente. Esta acusación anunciada por funcionarios federales en San José (California) suma un nuevo capítulo criminal a una serie de demandas civiles presentadas por Waymo por el robo de secretos comerciales contra Uber.
 Levandowski comenzó a trabajar para Google en 2007 y, en el momento de su repentina partida en 2016, estaba a cargo del equipo de ingeniería de la compañía. Tras su partida, puso en marcha una «startup» de camiones autónomos bautizada como Otto, que vendió meses más tarde a Uber por 680 millones de dólares. La acusación alega que Levandowski estaba previamente en conversaciones con Uber sobre esta adquisición allá por septiembre de 2015, cuatro meses antes de abandonar el gigante de internet.

Los fiscales sospechan que el acusado se hizo con información y material de manera deliberada para irse a la competencia a trabajar en los avances tecnológicos. Entre los detalles supuestamente robados se incluían detalles relacionados con Lidar, una tecnología de sensores crucial para el desarrollo del vehículo autónomo. Según las leyes estadounidenses, un secreto comercial es «información o tecnología económicamente valiosa» que el propietario ha protegido frente a sus rivales, como la receta de la Coca-Cola.

Estas acusaciones se encuentran en la misma línea de las reclamaciones realizadas en 2017 por Waymo, que acusó al antiguo ingeniero de su compañía de robar miles de documentos confidenciales de su programa de desarrollo de vehículos autónomos para crear la compañía Otto, que está trabajando en la producción de camiones autónomos.

Uber compró Otto en agosto de 2016 y, a través de esta adquisición, se hizo con los secretos tecnológicos presuntamente robados por Levandowski, que fue despedido por Uber posteriormente por no querer colaborar con la justicia. Google presentó una demanda contra Uber en febrero de 2017 alegando que su extrabajador se llevó «más de 14.000 archivos de diseño confidenciales y privados».

 

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Neuralink, ¿puedes ya Elon Musk fusionar al ser humano con un ordenador?

Desde que se desvelara hace tres años, el ambicioso proyecto del gurú Elon Musk para conectar el cerebro humano a una computadora no había dado más detalles. Solo se sabía, en parte, las intenciones de Neuralink, otro de los juguetes del empresario. Y sus planes rozan casi la fantasía: la compañía pretende crear microchips cerebrales. Las posibilidades que vislumbra son muy amplias: tratarán enfermedades cerebrales y permitirán una inteligencia sobrehumana.

El magnate de la tecnología, que está detrás de faraónicos proyectos como SpaceX o Tesla, ha asegurado en una presentación este martes en la Academia de Ciencias de California en San Francisco que las pruebas en humanos de su tecnología se empezarán a realizar el próximo año en caso de obtener la aprobación de la Administración de Alimentos y Medicamentos, el regulador médico de EE.UU. De momento, se han practicado ensayos en laboratorios con monos y ratas.

Realidad o ficción, la iniciativa tendrá implicaciones médicas. Por ahora, sin embargo, se encuentra en una fase demasiado embrionaria para considerarlo como algo verdaderamente revolucionario. Su objetivo, según explicó, es «resolver los trastornos cerebrales de todo tipo», aunque permitirá también que los humanos se fusionen con una inteligencia artificial, ampliando así sus capacidades.

La primera versión del proyecto pretende utilizarse para ayudar a los pacientes con problemas de movilidad o con miembros amputados a controlar algunos aparatos electrónicos como sus teléfonos inteligentes y teclados. «Un mono ha podido controlar una computadora con su cerebro», aseguró. A largo plazo, aseguró, el objetivo será «lograr una especie de simbiosis con inteligencia artificial». Un sueño que, a su juicio, va a ser real en poco tiempo y tendrá un «impacto menor» que las actuales interfaces cerebro-computadora. Pese a todo, los primeros indicios apuntan a que una versión comercial del proyecto tiene todavía un «largo camino por recorrer».

La idea consiste en la implantación de un diminuto microchip en el cerebro de un tamaño de 4 x 4 milímetros que estará conectado a miles de hilos microscópicos -más delgados que el cabello humano- compuesto por miles de electros y que estarán insertados directamente al cerebro a través de cuatro agujeros perforados en el cráneo. Los electrodos deberán monitorizar unos llamados «picos neurales», es decir, los impulsos eléctricos que indican la actividad cerebral. Ahí, subrayó, se producirá un lapso de tiempo en donde el chip, conocido como Sensor N1, podrá «leer» desde el cerebro e influir en su comportamiento. También añadió que ha desarrollado un robot para insertar esos hilos en el cerebro mediante una operación quirúrgica dirigida por un neurocirujano.

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Por qué las redes 5G van a cambiar el mundo.

Futuro y presente se están uniendo gracias a internet. Es el pilar de todo en estos momentos, creador de valor. Como ha estado ocurriendo en los últimos años en la feria Mobile World Congress, las redes 5G fueron indiscutibles protagonistas del evento de tecnología móvil más importante del mundo. Pero su importancia trasciende de la mera movilidad, ya que anticipa la llegada de un nuevo modelo productivo gracias a la hiperconectividad.

Y su impacto, se cree, será importante. Nuevos trabajos, nuevos procesos, nuevos modelos de negocios se implantarán en el momento en el que se hayan desplegado. Y, con ello, se inauguará –según los expertos– un mundo donde no solo las velocidades de conexión serán más altas, sino que se podrá conducir, por ejemplo, un coche a distancia, ahorrando con ello costes en desplazamientos. Lo ha demostrrado un proyecto de coche conectado de Telefónica en colaboración con Ericsson.

Han conseguido que sea posible conducir remotamente un vehículo de pequeñas dimensiones situado a 50 kilómetros de distancia y bajo una latencia de 30 milisegundos, inferior a lo que son capaces de captar los sentidos de un ser humano. De esa manera, la respuesta del volante, la imagen y el cart, estaban perfectamente sincronizadas en tiempo real, transfiriendo la friolera de 32 GB por segundo, entre imagen, y datos del vehículo.

Primeras pruebas en laboratorio

La idea es que para 2020 ya estén disponibles las primeras conexiones comerciales, pero el trasvase hacia un nuevo tipo de red requiere inversión, infraestructuras nuevas, apoyo de diferentes sectores, desarrollo de sistemas compatibles como para pensar que de la noche a la mañana tendremos todo listo. No obstante, los resultados obtenidos por diferentes marcas implicadas en este momento da pie a considerar que se cumplirán los plazos y que la tecnología avanza más rápido.

El 5G va a cambiar la economía y la sociedad hasta un punto que no nos podemos llegar a imaginar. Los objetos y máquinas conectadas, nos llevarán a una nueva era de automatismo y eficiencia, que algunos podrían denominar como la tercera revolución industrial. Realmente no sabemos qué aplicación tendrá el 5G en el futuro. La tecnología puede ser a veces predecible; los seres humanos, no. Parece una frase hecha, pero no tenemos más que remitirnos a, por ejemplo, el despliegue de las conexiones 3G, que no estaban pensada en un principio para los «smartphones», que llegaron después.

Con el 4G y la alta velocidad móvil se ha dado un importante paso en los últimos años y es de esperar que con el nuevo 5G, que las empresas implicadas (telecomunicaciones, operadoras, tecnológicas) están creando actualmente el protocolo y estandarización, también ocurra igual. La idea es alcanzarlo durante este año, pero eso quiere decir que a día de hoy no existe prácticamente el modelo de nuevas conexiones. «El 5G es mucho más que la comunicación en sí, va a traer cambios en la sociedad y la economía. Sectores que no estaban digitalizados, como la agricultura, se transformarán creando nuevos modelos y oportunidades de negocio», apunta a este diario Sara Mazur, vicepresidente y directora de investigación de Ericsson.

La importancia del 5G radica en que posibilitará el desarrollo del «Internet de las cosas» y la comunicación e inteligencia entre máquinas, lo que nos llevará a la próxima revolución industrial. El 5G -según se cree- solventará dos problemas de nuestro actual 4G. El primero es que éste no optimiza las conexiones, siendo la misma para una persona que está viendo video en alta resolución que un termostato que envía la temperatura a un teléfono, lo que termina saturando las redes.

Huawei ha apostado este año por la nube total. Al fin y al cabo, la evolución al 5G nos va a llevar a un mundo donde toda la inteligencia del sistema se producirá en la nube, con millones de fuentes de datos que administrar y gestionar. Algo que requerirá de todo una nueva generación de servicios en la nube, y que superan la capacidad de procesamiento actual. Junto a Audi y Vodafone se han lanzado a por un coche conectado que utiliza una tecnología intermedia entre el 4G y 5G, lo que permite conectar a los vehículos entre sí, mejorando la seguridad y la gestión del tráfico.

Resolver varios problemas

La era del 5G creará diferentes conexiones con diferentes características dependiendo de la demanda del dispositivo, permitiendo así, que cientos de máquinas se puedan conectar a internet de forma inalámbrica. El segundo problema a resolver es la latencia, es decir, la velocidad de la respuesta de la conexión. En 4G no es lo suficientemente rápida como para soportar, por ejemplo, el coche autónomo con total seguridad.

Técnicamente, el 5G ya es una realidad (al menos en pruebas de laboratorio y ensayos públicos a menor escala) a pesar que faltan flecos por resolver. Es la primera vez que hemos podido ver prototipos reales de 5G. Desde antenas a coches autónomos o teléfonos móviles como el de ZTE, el Gigaset, que ya está preparado para ser compatibles con este tipo de conexiones, aunque a día de hoy su propietario no pueda aprovecharlo.

Colaboración entre empresas

La clave de esta nueva era tecnológica pasa por la colaboración entre empresas. Ninguna va conseguir salir adelante por sí sola. Por eso nos encontramos con productos fruto de la colaboración de varias o muchas empresas, como es el caso del coche conectado de Intel, entre Ericsson y BMW. Un hecho sin precedentes, que ha llevado a toda la industria y a antiguos competidores a enterrar el hacha de guerra. Y a trabajar codo con codo.

Otro detalle a tener en cuenta es que el 5G llegará primero a la industria, donde más se notará su impacto unido al «Internet de las cosas». Donde las máquinas serán capaces de «hablar» entre ellas en tiempo real gracias a la baja latencia del 5G. Entraremos de lleno en la tercera revolución industrial, produciendo con una eficiencia nunca vista hasta ahora. No estamos hablando de una revolución tecnológica, sino más bien de una evolución, como comentan a ABC diversas fuentes de empresas del sector.

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La impresión 3D, un escalón en la evolución de la medicina.

Hoy en día, la cirugía personalizada o de precisión a través de la herramienta de la impresión 3D es ya una realidad. Esta aplicación en medicina permite múltiples ventajas, como enseñar a los pacientes la situación antes de operar, compartir con el equipo el tratamiento, simular la operación, fabricar guías a modo de caja de ingletes o fabricar prótesis en distintos materiales que se implantan en el paciente.

La impresión 3D precisa trabajo multidisciplinar del equipo afinado, donde el médico o cirujano es el máximo responsable y el«director de orquesta» de radiólogos, ingenieros, fabricantes etc., para solucionar a los pacientes sus complejos problemas de salud.

Hay que decir que, como herramienta, la 3D no sirve para solucionar todas las contrariedades, sino para que aquellas de mayor dificultad puedan resolverse mediante la impresión. Además, su uso está totalmente influenciado por el conocimiento, experiencia y recursos de los médicos y cirujanos que la emplean.

De hecho, recientemente se publicó la noticia de la impresión en 3D de un corazón vivo que palpita por científicos israelíes. Y es cierto que se está avanzando en estas investigaciones, aunque la realidad es que quedan bastantes años para que se imprima con garantías un órgano que pueda ser implantado.

No obstante, la medicina regenerativa ya está aquí. Mediante placas y tornillos que guían la regeneración del hueso a la vez que lo sujetan mientras se biodegradan se puede llegar a evitar, así, que el paciente lleve en la cara placas de metal durante el resto de tu vida. Esta técnica se aplica cuando se han producido fracturas o en el ámbito de la cirugía ortognática dirigida a pacientes cuyos dientes no «casan bien», debido a un crecimiento asimétrico de los huesos del maxilar como de mandíbula.

Una dificultad a la que el tratamiento de brackets no puede dar solución. Las placas se fabrican en Japón en un biomaterial híbrido de plástico biodegradable e hidroxiapatito, empleando un proceso similar al acero de las Katanas, doblando en repetidas ocasiones el biomaterial para distribuir de forma homogénea el hidroxiapatito.

En Alemania y Japón ya llevan años usando este tipo de técnicas que han demorado su llegada a países como España. Sin embargo, una serie de especialistas, entre los que me encuentro, hemos operado en los últimos 5 años a más de 250 pacientes con placas osteo-regenerativas, causando un gran impacto dentro de la comunidad médica europea.

Las placas de medicina osteo-regenerativa junto a la simulación e impresión en 3D son un escalón intermedio entre usar titanio actualmente y la futura bioimpresión de materiales biológicos que substituyan al hueso. En Santiago de Compostela ya se está trabajando en este sentido, realizando reconstrucciones óseas a medida con biocerámicas en beta-fosfato tricálcico, donde los estudios preliminares son muy esperanzadores. Es más, en una década no será ninguna locura hablar de órganos humanos impresos en 3D y su trasplante exitoso, una de las mayores revoluciones médicas de la historia sin duda alguna.

 

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El futuro de Twitter pasa por centrarse en los usuarios monetizables.

No ha sido fácil para una red social con perfil marcado como Twitter sacudirse muchos de sus problemas comunes, los «bots» y «trolls» que inundan su plataforma. Tampoco es que lo haya saneado al completo, pero todos sus pasos recientes han sido hacia esa dirección, la supervivencia de su comunidad. El servicio, como una versión alternativa de «Fornite», se ha adentrado en una senda de crecimiento lenta pero progresiva: ahora cuenta con 330 millones de usuarios activos de media.

Un dato que, sin embargo, supone un descenso del 1,78% anual, por encima de los 321 millones a cierre de 2018. La red de micromensajes ha sumado unos 9 millones de usuarios activos mensuales en comparación con el trimestre anterior, según losresultados económicos presentados este martes relativos al primer trimestre del año.

Es cierto, en efecto, que la compañía venía de sufrir un tropezón -perdió 5 millones de usuarios el trimestre anterior como consecuencia de una «limpieza», pero vuelve a manifestar un interés creciente en acceder a su comunidad. Todavía, sin embargo, se queda lejos de los 336 millones de usuarios obtenidos a principio de año.

En un cambio de guión, Twitter ha decidido modificar la comunicación de sus resultados: a partir de ahora solo expondrá públicamente los usuarios diarios que considera «monetizables». Un nuevo referente frente a los usuarios «planos» y «paracaídistas», es decir, aquellos que solo estaban registrados en su base de datos.

Con la nueva estrategia, la compañía se centrará en los usuarios que «se registran y acceden cualquier día a través de la página web o las aplicaciones de Twitter que permiten mostrar anuncios». Esta cifra fue de 134 millones en el primer trimestreun 11,6% más frente a los 120 millones del año pasado. Esta es la clave de su negocio a partir de ahora.

El objetivo, ahora, es apostar por el usuario recurrente. Pero, para ello, necesita acometer una serie de reformas. Su prioridad es «reducir el abuso y sus efectos», según las intenciones del consejero delegado de Twitter, Jack Dorsey, que en un comunicado aseguró que la red social está reduciendo «más del doble» los mensajes que comparten información personal.

Las redes sociales están sometidas a una gran presión de cara a «vigilar» el contenido con mayor relevancia. Unas reclamaciones que vienen después de los continuos escándalos sobre privacidad, los discursos de odio, la benevolencia en las campañas electorales y los comentarios tóxicos. Con todo, Twitter estima que en el segundo trimestre, cuyos datos se publicarán en julio, la facturación se situará en una horquilla de entre 770 y 830 millones de dólares, con un beneficio operativo de entre 35 y 70 millones.

 

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