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La IA que permite anticipar las necesidades de las urgencias

El coronavirus Covid-19 está causando estragos en el sistema sanitario español. La tecnología está jugando un papel importante en esta pandemia. En regiones como País Vasco se ha puesto en marcha una herramienta basadas en Inteligencia Artificial, que son capaces de prever con una semana de antelación las necesidades de las UCI. La idea es concretizar el número de camas que harán falta en las unidades de cuidados intensivos.

Creado por la empresa vasca Sherpa, el software se ha empezado a utilizar pos los servicios sanitarios para intentar prever las necesidade. Algo que parece casi magia, pero que representa una gran ventaja en la lucha contra el coronavirus. La Inteligencia Artificial se está usando de manera muy intensa en países muy tecnificados como Singapur o Corea del Sur con buenos resultados. ¿Por qué no en España?

La «startup» está considerada como una de las diez empresas más importantes en el campo de la Inteligencia Artificial del mundo. Xabi Uribe-Etxeberria, consejero delegado y fundador de Sherpa, asegura en declaraciones a ABC que su software es capaz de prever con siete días de antelación el número de camas ocupadas en la UCI segmentado por hospitales y región. «Teniendo en cuenta que Osakidetza-Servicio Vasco de Salud es capaz de montar una UCI en 5 días, les damos tiempo para prepararse y dos días extra de margen», valora.

¿Cómo funciona la herramienta? «Usamos datos de Italia y, gracias a que van dos semanas adelantados a España, nos permite extrapolar lo que está ocurriendo en ese país al nuestro. Buscamos regiones similares y aplicamos modelos matemáticos junto a la inteligencia artificial y machine learning. Los resultados son muy buenos», promete el directivo.

La pandemia ha obligado a muchas empresas a reorientar sus planes de negocio para dar salida a su producción ante las necesidades sanitarias que vive España en las últimas semanas. Fábricas y firmas de todos los sectores que han diseñado productos para cubrir los servicios sanitarios. «La medicina no es nuestro campo, pero si Seat puede construir respiradores, nosotros podemos adaptarnos y aportar nuestro granito de arena», añade.

La empresa vasca defiende, pese a las dudas que puede tener la tecnología, que sus predicciones son fiables. «Estamos logrando muy buenos resultados. Lo estamos clavando dos camas arriba, dos abajo. Es cierto que las UCI en el País Vasco nunca han llegado a la saturación de otras regiones, pero los datos que les damos les han permitido anticiparse correctamente», promete.

«La inteligencia artificial es tan importante como la medicina. En Singapur o Corea del Sur se ha aplicado desde el principio, desde el diagnóstico, que gracias a Alibaba ha pasado de 15 minutos a 15 segundos en el tiempo necesario para revisar una tomografía, a la producción de la vacuna o las pruebas de detección del Covid-19, reduciendo un proceso de meses a semanas. Cuando toda la pandemia termine, nos daremos cuenta del enorme papel de la Inteligencia Artificial en su solución», valora.

De momento, el software permite cruzar datos públicos para hacer una estimación, aunque tiene margen de mejora. Y añade: «También estamos intentando ofrecer datos de fallecidos e infectados, aunque ambos tienen un mayor intervalo de incertidumbre que las camas de la UCI porque les afectan otras variables menos predecibles». De hecho,Uribe-Etxeberria adelanta que se va a aplicar la misma tecnología para el desconfinamiento con el objetivo de detectar situaciones de riesgo y focos de contagio con antelación. De esa manera -dice- «se podrá evaluar cómo proceder en el desconfinamiento de forma segura» porque «no hay que bajar en ningún momento la alarma».

El uso de datos e información de los usuarios ha sido una constante en la pandemia. Aplicaciones de autoevaluación y herramientas que incluyen funciones de geolocalización para controlar a las personas contagiadas por el coronavirus. En este caso, el software de esta empresa se limita a su región. La pregunta es: ¿por qué no se está aplicando al resto de España? «El problema está en los datos. Pensábamos al principio que los datos estarían más unificados, pero prácticamente cada región y hospital miden de forma diferente prácticamente todo, desde los contagios a los fallecidos, por no hablar de la manera de exportarlos para poder utilizarlos con la IA», sostiene.

«Prácticamente la recogida de datos hay que hacerla de forma manual. Si hubiéramos intentado atender otra comunidad autónoma más, probablemente no lo habríamos conseguido, hemos hecho el trabajo de tres meses en prácticamente tres semanas. La extracción de datos sin un estándar hace que el modelo no sea escalable», lamenta.

 

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Europa entra en la carrera por el control de la inteligencia artificial

La UE no quiere perderse la próxima revolución tecnológica con la llegada de la inteligencia artificial y se ha lanzado ya a diseñar el entorno del futuro de la economía digital con la idea de mantener sus capacidades y su independencia frente a los otros dos grandes polos donde se está trabajando también a toda velocidad que son Estados Unidos y China.

Para empezar, la Comisión Europea ya ha decidido que si los datos van a ser la próxima materia prima, se necesitan reglas propias para su utilización que garanticen los derechos fundamentales de los ciudadanos, pero al mismo tiempo espera que las compañías comunitarias puedan utilizarlos para su expansión económica. En total, la Comisión prevé inversiones de hasta 20.000 millones de euros al año, una parte importante para la creación de grandes bancos de datos en Europa que puedan ser utilizados por los desarrolladores europeos según las reglas europeas.

La presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, quiso presentar personalmente esta proposición aprobada el mertes, citando una frase del autor norteamericano Yuval Noha Harari que viene a decir que «los humanos somos siempre mejores inventando tecnologías que utilizándolas» y que en este caso «La inteligencia artificial no solo mejora nuestras vidas, sino que la UE es líder en esa área», y los ciudadanos pueden confiar en su buen manejo. «La batalla de la industria de lso datos acaba de empezar y nosotros estamos para ganarla» dijo el comisario del mercado digital Tierry Breton.

Como hace en estos casos, la Comisión ha puesto en marcha una consulta pública en la que todos aquellos sectores implicados pueden indicar cuáles son sus intereses y sus opiniones, desde los casos en los que podría permitirse el reconocimiento facial, que ahora está prohibido, o el uso de los datos médicos.

Las previsiones de la evolución de este nuevo sector son apabullantes. La Comisión calcula que el volumen de datos que ha recopilado la humanidad en toda su historia hasta hoy empezará a doblarse cada 18 meses, por lo que incluso el almacenamiento más eficiente planteará problemas energéticos y medioambientales. En los próximos cinco años se cree que se van a crear unos 11 millones de puestos de trabajo en la UE para técnicos formados en esta tecnología.

Los responsables europeos (la presidenta de la Comisión, la vicepresidenta Vestager y el comisario Breton salieron ayer a la palestra para dar una idea de la importancia que se atribuye a esta iniciativa) hicieron expecial hincapié en el hecho de que habrá una estricta condicionalidad para todas las empresas y países que quieran beneficiarse del mercado interior y es que todos deberán garantizar previamente que respetan los principios fundamentales europeos. Tal vez se referían al gigante chino «Huawei».

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La inteligencia artificial detectó el primer brote del coronavirus chino

La tecnología basada en en la capacidad de aprendizaje de las máquinas se lleva estudiando desde hace medio siglo. Sus avances han venido a cuenta gotas, pero desde siempre le ha ensombrecido el miedo a que la Inteligencia Artificial campe a sus anchar perjudicando la estabilidad humana. Sus aportaciones, sin embargo, al campo de la medicina o los procesos industriales son indudables. En parte, para una detección anticipada de problemas.

En plena alarma sanitaria por el coronavirus, un virus muy contagioso que ha causado más de un centenar de muertes en China, un software con sistemas de Inteligencia Artificial sirvió para que un epidemiólogo chino diera la primera voz de alarma de la epidemia en la región de Wuhan. En una situación similar el tiempo apremia. Se corre contrarreloj y todas las horas cuentas para poder controlar la propagación, pero un sistema informático supo anticipar el problema antes de que se hiciera pública la alerta a nivel internacional.

Desde la región que se sitúa en el epicentro de la epidemia, el Comité de Salud Municipal de la ciudad de Wuhan emitió un «aviso urgente por tratamiento de neumonía de causa desconocida» en la víspera de Nochevieja. Un día después, el 31 de diciembre, la Organización Mundial de la Salud (OMS) avanzó que está en contacto con las autoridades locales por «un brote no identificado de neumonía viral» en Wuhan, que declararon que habia unas 27 personas -la mayoría de ellas vendedores en el mercado de mariscos- tuvieron que se atendidas en el hospital en un intento de identificar las causas.

En estas situaciones la transparencia y la comunicación son elementos fundamentales para contener la histeria colectiva. En la crisis en Wuhan, el gobierno local ha venido emitiendo comunicados y preparando incluso el terreno para edificar un hospital de campaña para tratar a los posibles afectados. La herramienta proporcionada por Bluedot, una desconocida «startup» de Toronto, una plataforma de monitorización de salud por Inteligencia Artificial contribuyó a detectar el virus, según informó el medio «Quarz».

El software es capaz de procesar y analizar millones datos. Diseñado en 2014, la empresa alertó a sus clientes acerca de un posible brote el pasado 31 de diciembre. Varias semanas antes que se declarara la alerta sanitaria global por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y los centros para el control y la prevención de enfermedades de EE.UU., aun que la organización médica ya había recabado información al respecto.

La compañía creadora del algoritmo asegura en un comunicado que «utiliza análisis de Big Data para rastrear y anticipar la propagación de las enfermedades infecciosas más peligrosas del mundo». El pasado agosto recibió una inyección de capital de 10 millones de dólares en una ronda de inversión. La herramienta es capaz de procesar el lenguaje natural. Emplea técnicas de aprendizaje automático («machine learning», en inglés) para cruzar informaciones procedentes de noticias de alcance global, datos de tránsito en aerolíneas y otros informes de brotes de enfermedades animales, según explica el medio especializado «Wired». Los usuarios, generalmente profesionales epidemiólogos, revisan los resultados registrados.

Si se detecta una situación dudosa, se envían alertas a sus clientes en los sectores público y privado. El objetivo de BlueDot es intentar rastrear la información lo antes posible y de manera más rápida de lo que la enfermedad puede propagarse. Según los primeros avances, el sistema pudo pronosticar correctamente en qué lugar fuera de la China continental iba a llegar el coronavirus (Bangkok, Seúl, Taipei, Tokio) después de su aparición inicial. Sus creadores han asegurado que predijeron el virus Zika en 2014 seis meses antes de declararse la alerta sanitaria.

 

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La cara oculta de los robots

Van a ser el futuro; van a ser tendencia en las próximas décadas; pueden tener aspecto humanoide y hasta resultar entrañables, pero los robots «sociales» tienen una cara oculta y pueden entrañar numerosos riesgos para la privacidad y para la seguridad. ¿Permitirías acceder a un desconocido a tu edificio? ¿y si ese desconocido fuera un robot?. ¿Dejarías a un desconocido hacerte una foto? ¿y si te lo pide un robot?

La empresa de ciberseguridad Kaspersky y expertos de la Universidad de Gante (Bélgica) realizaron un estudio y comprobaron que los robots pueden extraer de forma efectiva información sensible de las personas que se «fían» de ellos. Comprobaron además que la presencia de un robot puede tener un gran impacto en la voluntad de muchas personas, que se inclinan, por ejemplo, por permitirles acceder a un edificio.

Cada vez más, las industrias y los hogares confían en la automatización y en el uso de sistemas robóticos capaces de prestar algunos servicios «sociales», y diferentes estudios apuntan que estos estarán muy extendidos a mediados de siglo, aunque solo entre las clases con un mayor poder adquisitivo. De momento, la mayoría de esos sistemas están en fase de investigación académica pero este estudio ha profundizado en el impacto social y los peligros potenciales de los robots en su interacción con las personas

El trabajo realizado en la Universidad de Gante se centró en el impacto producido por un robot diseñado y programado para interactuar con personas utilizando «canales» humanos como el lenguaje o la comunicación no verbal; se hicieron pruebas con cincuenta personas y los expertos comprobaron cómo los robots eran capaces de introducirse en zonas restringidas o extraer información sensible de esas personas.

Experiencias

Uno de esos robots «sociales» se situó cerca de una entrada de seguridad a un edificio de uso mixto (viviendas y oficinas) al que solo se puede entrar a través de puertas con lectores de acceso y, aunque la mayoría de las personas denegaron la entrada a la máquina, el 40 por ciento sí satisficieron su petición y le permitieron el paso.

Cuando el robot se situó como repartidor de pizza y sosteniendo una caja de una conocida marca de comida a domicilio, la mayoría de las personas sí permitió su acceso y no cuestionó su presencia o las razones por las que necesitaba entrar al edificio. La segunda parte del estudio se centró en tratar de obtener información personal mediante un robot que entablaba una conversación amistosa, pero los investigadores comprobaron que este era capaz de obtener información personal a un ritmo de un dato por minuto.

Los investigadores corroboraron así que la «confianza» en los robots, y sobre todo en los robots «sociales» capaces de interactuar con los humanos, es real y que, por tanto, estos podrían utilizarse para persuadir a la gente para que haga algo o para que revele información sensible; cuanto más «humano» más poder tiene para persuadir y convencer.

Potencial problema de seguridad

El británico David Emm, investigador principal en seguridad de la empresa Kaspersky, ha manifestado que «efectivamente» hay un potencial problema de seguridad relacionado con el uso de robots. En declaraciones a Efe, Emm ha observado que los robots completamente equipados están todavía en fase de investigación «pero ya hay un número creciente de dispositivos inteligentes desplegados en el hogar».

«Las personas están muy desprotegidas cuando se encuentran en un entorno familiar; tienden a pasar por alto el potencial de la información sensible que dichos dispositivos poseen e incluso llegan a compartir con ellos datos que probablemente no estarían dispuestos a introducir en un formulario físico o a subir a una red social», señala este especialista en ciberseguridad.

A su juicio, esto se acentuará cuando ese asistente doméstico sea un robot humanoide y se acabe convirtiendo en un «amigo» porque el desarrollador de esa máquina puede diseñarla para que recoja información sensible, como ocurre ya -ha alertado- con los altavoces inteligentes. Hará falta, según David Emm, mucha más investigación para asegurar de forma contundente que la gente confiará más en los robots que en las personas, pero los estudios ya conocidos revelan que hay un nivel de confianza significativo «y probablemente suficiente para que los atacantes del futuro sientan que vale la pena buscar vulnerabilidades».

Como toda la tecnología, los robots pueden llegar a ser «armas de doble filo», ya que, frente a los beneficios que pueden reportar a las personas, está la posibilidad de que accedan a datos muy valiosos para las organizaciones y empresas con fines comerciales «y para los delincuentes», ha corroborado Emm. Ha apuntado además que todas las máquinas, y también los robots, van a ser programados por humanos y que esa programación siempre se puede hacer con sesgos «a menos que se adopten medidas positivas para minimizar esos riesgos y su impacto cuando se desplieguen».

David Emm ha advertido de que esto ya ocurre en la actualidad con los sistemas de aprendizaje automático (la capacidad que tienen muchas máquinas o dispositivos de aprender de la experiencia) y se ha mostrado convencido de que ocurrirá también en el futuro con los robos completamente equipados.

 

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Qué puede hacer la tecnología en la lucha contra el cambio climático

Nuevos procesos de recogida

La basura tecnológica es un problema. Millones de aparatos electrónicos se acumulan en diferentes puntos del planeta como África o India. Millones de pequeños chips y microplásticos que, una vez abandonados a su suerte, se dispersan por el medio ambiente. Elementos como las baterías de iones de litio, las pilas del siglo XXI que alimentan desde teléfonos móviles a juguetes de todo tipo, tienen unos ciclos de existencia. Pasados los cuales se empiezan a deteriorar, pero muchas veces acaban en contenedores inapropiados.

En las ciudades puntos limpios donde se deben depositar estos dispositivos, pero todavía hay trabajo que hacer. En los procesos de fabricación de estos productos de adopción masiva no siempre se tiene en cuenta el momento en el que se «mueren». En España existen leyes como la introducida en 2005 por la cual es obligatorio retirar los frigoríficos en espacios adecuados. Es obligatorio, pues, una vez comprado un nuevo modelo que el fabricante o el proveedor se encargue de recuperarlo.

Utilizar materiales reciclados

Al igual que estas medidas, otros fabricantes de productos de consumo como Apple han querido abrazar la lucha contra el cambio climático produciendo muchos de sus dispositivos con aluminios 100% reciclados, como en el caso de los últimos modelos de iPad. La tecnología «verde» empieza a ser una realidad y se aleja, además, de las estrategias de responsabilidad corporativa de las empresas. Contaminar menos y cuidar el planeta no es solo un eslogan temporal sino que empiezan a surgir corrientes sociales que demandan precisamente un mundo más ecológico también en las tecnologías. Es una decidida apuesta por la economía circular, que insiste en la idea de reciclar materiales y productos que, tradicionalmente, se han metido en el saco de los desechos.

De acuerdo con los cálculos de Back Market, empresa especializada en la venta de reacondicionado electrónico, con la reutilización de cada uno de estos aparatos se evitaría una emisión media de 30 kg de CO2 a la atmósfera y se ahorrarían unos 12 litros de agua limpia. Teniendo en cuenta estos datos, la reutilización de los millones de móviles que actualmente guardan los europeos en sus cajones evitaría la emisión de 21 millones de toneladas de CO2 a la atmósfera y supondría un ahorro de 8.400 millones de litros de agua cada año

Bioeconomía y biotecnología

Es la gran idea de la sostenibilidad conectada. Según el informe de previsiones de Ericsson, 6 de cada 10 encuestados cree que los servicios basados en el internet de los sentidos harán que la sociedad sea más sostenible desde un punto de vista medioambiental. Otro de los grandes desafíos es recuperar lo antes posible los materiales que se desechan. De ahí que otra corriente importante son las medidas para utilizar organismos vivos para producir otros bienes reutilizables como biocombustibles y energía para, entre otras cosas, mejorar la eficiencia en sectores como la agricultura.

El vehículo impulsado por motores eléctricos es considerado, a día de hoy, como una transición que llevará al futuro a la sociedad gracias a sus emisiones cero en el área de circulación. Pero, todavía, no es la alternativa más «verde» puesto que emplea elementos como sus baterías altamente contaminantes. Además, la producción de energía eléctrica también es otro aspecto controvertido.

El problema es que, pese a que los fabricantes de automóviles empiezan a abrirse a este tipo de motores, sus ventas no acaban de cuajar al ritmo esperado. Diversos estudios afirman que este año se han reducido a nivel mundial y solo en China, uno de los países más contaminantes, es donde más aumenta su adopción. De tal manera que avanzar en un cambio cultural en donde se empleen menos coches en los trayectos a corta distancia también es un modelo que se empieza a tener en cuenta en grandes capitales mundiales.

La biotecnología, según considera en una investigación la empresa valenciana Aina, aporta soluciones para esto en forma de biofactorías: microorganismos que tienen la capacidad (natural o inducida) de producir sustancias (moléculas) de interés industrial con un elevado rendimiento. Algunos ejemplos de sustancias que pueden ser obtenidas con biofactorías: enzimas, pigmentos, principios activos farmacéuticos, ingredientes bioactivos para alimentos funcionales, bioconservantes, bioplásticos…

Robots e Inteligencias Artificiales como apoyo

Uno de los principales impactos al medio ambiente proviene de los microplásticos, los enseres no reciclados y otros agentes contaminantes. Se estima que se vierten alrededor de ocho millones de toneladas de estas piezas imperceptibles en los océanos. Recientemente, un informe ha puesto de relieve que se ha perdido el 2% del oxígeno en el agua. Algo preocupante.

Frente a ello, empiezan a aparecer propuestas en las que se aplican algunos avances en robótica para que ejerzan una labor de limpieza y cuidado. En Costa Rica, por ejemplo, se ha desarrollado una tortuga inteligente que, aprovechando sus comportamientos propios de los drones autónomos, se pueda encargar de detectar microplásticos en el mar. Una oportunidad para poder extraerlos evitando, además, que afecten a los seres vivos. También hay otras propuestas: desde la Universidad de Shinshu han desarrollado un método muy novedoso que apuesta por recolectar esos mismos microplásticos del agua mediante la acústica aplicada a un dispositivo especializado. Otro interesante proyecto, impulsado por Google, la Fundación Leonardo DiCaprio, Oceana y SkyTruth, ha propuesto realizar un mapa capaz de monitorizar en tiempo real la actividad de las flotas pesqueras a nivel mundial de cara a detectar posibles actividades ilegales mediante la Inteligencia Artificial, otra tecnología que empieza a aportar beneficios en la protección del medio ambiente.

Teletrabajar, «smart cities», coches autónomos

Otro de los principales causantes del efecto invernadero se debe a las altas concentraciones de dióxido de carbono y agentes contaminantes procedente del tráfico rodado. En las grandes ciudades se aprecia esa situación cuando se observan los niveles de polución que, en muchos casos, se superan con creces. En grandes capitales como Madrid o Londres, millones de personas viajan solas en sus coches en sus trayectos diarios hacia el trabajo. Aunque todavía está en fase de experimentación, soluciones de teletrabajo pueden eliminar la necesidad de desplazamientos tan frecuentes.

Telefónica, en ese sentido, se ha marcado unos objetivos ambiciosos para que a partir de 2040 sea una compañía neutra y más verde gracias, entre otras cosas, a la migración del cobre a la fibra óptica. Así, con el auge de tecnologías como la fibra y el 5G permitirán duplicar la velocidad y la capacidad de la red cada año reduciendo el consumo de energía gracias a la eficiencia y a las renovables. El teletrabajo, los servicios de gestión de flotas o soluciones como Smart Agro, Smart Lighting o Smart Waste, contribuyen -según sus informes internos- positivamente a frenar el cambio climático en al menos un 15%, y puede llegar hasta el 85%. Además, la teleoperadora ya está trabajando con sus proveedores para reducir las emisiones de CO2 en su cadena de suministro un 30% por euro comprado a 2025 respecto a 2016.

De igual manera, según algunos pronósticos del sector, con el auge de los futuros coches autónomos se reducirán considerablemente los desplazamientos, serán más eficientes y útiles, de tal manera que se espera contaminar menos. También las llamadas «smart cities» están concebidas, precisamente, para reducir el impacto medioambiental. Un reciente panel de expertos organizado por la plataforma enerTIC apuntaba hacia esa dirección: algunas grandes infraestructuras, como pueden ser los puertos, aeropuertos o cementeras, contaminan mucho más que la iluminación y climatización de todos los edificios juntos.

Es preciso -recalcan los expertos- actuar con decisión en estos focos de contaminación porque los beneficios serán muy elevados. La aplicación de la tecnología en un sector clave como es el turismo resultará muy beneficiosa para las localidades que impulsen proyectos innovadores que atraigan un turismo de más calidad y más satisfecho y, a la vez, promuevan el bienestar de sus ciudadanos.

Nuevos modelos energéticos

Al margen de las centrales eléctricas y la energía nuclear, las llamadas energías «verdes» deben tomar más determinación en la producción energética de los países. Desde la escuela de negocios The Valley se analizaba, recientemente, cómo la tecnología impacta también en el mercado de las energías limpias y cuidado del planeta. Para los expertos, puede contribuir a un mejor autocontrol de la producción y consumo gracias a la energía solar inteligente. La digitalización ha hecho posible, entre otras cosas, que la producción de energía solar en casa a través de herramientas como paneles solares inteligentes que se pueden implementar fácilmente en los tejados de los hogares y conectar con sistemas de energía inteligentes para tener un mayor control sobre la producción y gasto energético.

La energía que se produce con el viento es otro de los sistemas de producción renovable más antiguos, pero con la tecnología se ha potenciado. Gracias a los servicios más innovadores, ahora es posible medir de forma precisa y fiable el viento en alta mar o monitorear, diagnosticar y controlar las turbinas eólicas mediante software con inteligencia artificial, para facilitar y hacer más eficiente y económica la producción de energía.

Respecto a la energía hidráulica, en los últimos años se han creado algunos prototipos a pequeña escala que permiten instalar pequeñas turbinas en ríos, cuencas poco caudalosas o cualquier desnivel de altura en corrientes de agua para obtener energía sin necesidad de grandes instalaciones. Otras innovaciones incluyen la energía mareomotriz, que utiliza las mareas para mover las turbinas sumergidas en el mar; o la energía undimotriz que genera electricidad mediante un conjunto de boyas ancladas al fondo marino, culebras formadas por cilindros que flotan en la superficie u otros sistemas que se mueven con la corriente marina generando energía.

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