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La tiranía de los algoritmos

Viven con nosotros, aunque no los veamos. Están ahí, a cada minuto, sin que reparemos sobre ellos. Allá donde alcanza la vista. Tienen más influencia en nosotros que nuestra madre. Que ya es decir. La economía de los algoritmos ha impregnado en los últimos años una cultura empresarial que busca monitorizar a cada momento los pasos de los internautas. Sometidos bajo un puño de hierro en forma de complejas secuencias y operaciones matemáticas. Están detrás de los servicios digitales que consultamos a diario, pero se extienden, cada vez más, a todos los negocios.

Están entre nosotros. Hay algoritmos para predecir el tiempo, los atascos y hasta el amor. Los hay que componen música y pintan cuadros como si fuera Van Gogh. Otros, en cambio, están detrás de la creación de noticias falsas y son capaces de predecir quién va a ganar en unas elecciones. A medida que los ciudadanos cede poder a las máquinas, más preocupa todo aquello que escapa de su control. ¿Son los algoritmos útiles? ¿Deberían poder auditarse? En ocasiones se piensa en ellos como en la fórmula de la Coca-Cola: secreta, opaca, lucrativa. En realidad, no dejan de ser instrucciones que sirven a las máquinas su poder de decisión. Se alimentan de datos regalados por los usuarios, ajustando y personalizando experiencias de uso. Sí, tienen mucho potencial para la toma de decisiones. Un empresario del futuro tendrá (si no la tiene ya) una máquina a su disposición que le ofrecerá los resultados más óptimos ante un problema.

No, no, las máquinas no se levantarán contra los humanos, pero sí existe, en cierto modo, una tiranía de los algoritmos en las actuales sociedades al estar presente a nuestro alrededor. Eso también quiere poner coto organismos reguladores y autoridades. El objetivo de los actuales visionarios es dotarle de ética para que no se descabalgue de la justicia social en las décadas venideras. Es decir, reducir brechas en lugar de abrirlas aún más. «Un algoritmo es un sistema de información. La información genera conocimiento que, por definición, es positivo para nosotros: sabes más de las cosas. Otra cosa es cómo lo utiliza. La tecnología no es buena o mala, depende de su uso», señala en conversación telefónica con ABC Xavier Ferràs, profesor del departamento de Operaciones, Innovación y Data Sciences de Esade.

Esos famosos algoritmos son el libro de instrucciones de los grandes servicios digitales que han conquistado la sociedad en los últimos tiempos. Netflix, la plataforma de «streaming» de contenidos multimedia, sabe perfectamente en cada momento los programas que mejor se adaptan a un determinado consumidor. Y el propio software implementado anima, precisamente, a sacar esa sed televisiva. Cambia capturas de sus series cuando una ha dado el estirón. « Gambito de Dama», por ejemplo, está protagonizada por la deslumbrante actriz Anya Taylor-Joy. Ahora, una de sus apariciones (secundarias) se ha reforzado con su imagen para captar el interés: «Peaky Blinders». Su algoritmo es capaz de recomendar unas series y no otras.

Lo mismo sucede en otras plataformas como Spotify. El ejemplo más terrenal es Facebook: lo que ves es producto de tu imaginación. Edgerank, que así se denomina, decide los contenidos que aparecen en tu perfil. Cualquier modificación, por pequeña que sea, tiene un impacto. Si no que se lo digan a los medios de comunicación, que han sufrido una notable pérdida de tráfico por la decisión de darle mayor visibilidad a las publicaciones de amigos. «Muchas de las cosas que nos pasan no se escapa del control de los algoritmos. Y, por mucho que nos lleguen de máquinas inteligentes, hay siempre cosas increíbles», sostiene por videollamada Marta García Aller, autora de « Lo Imprevisible: Todo lo que la tecnología quiere y no puede controlar» (Planeta, 2020).

Hacia una inteligencia «natural»

Los avances en en el campo de la Inteligencia Artificial están cosechando grandes logros para la economía y, por extensión, la humanidad. Hay innumerables ejemplos de cómo empresas y negocios lo aplican a diario para mejorar sus procesos industriales. Y consiguen una armonía con la eficiencia. Una IA, sin ir más lejos, está ayudando a agricultores africanos en Zambia a obtener información instantánea sobre enfermedades de las plantas y patrones climáticos, que antes solo provenían de expertos en agricultura y meteorólogos.

Hay, también, sistemas que indican cuál es la ruta más rápida hasta un punto determinado. Gracias a estos recursos informáticos se han podido descubrir nuevos exoplanetas. Hay un torrente infinito de ejemplos sobre las oportunidades que ha brindado esta emergente tecnología. «Hay una nueva generación de sistemas de información que son capaces de aprender sobre sí mismos, que es una cuestión inherente al ser humano», apunta Ferràs.

En ese sentido, los expertos consideran que las máquinas deben ser vistas más como compañeros que como sustitutos naturales. Siempre hará falta intuición y creatividad, algo inherente a la condición humana. Las máquinas, de lo que nos pueden proveer, es de información. Que de otra manera sería imposible de profesar, pero las «inteligencias artificiales» sí pueden. Quien decida qué es justo o bueno o malo tiene que ser un humano. «Que los algoritmos conviertan a la sociedad en una sociedad más justa, democrática o autoritaria no tiene que mostrar a los algoritmos como una dictadura. Necesitamos de la electricidad, pero no decimos que es una dictadura», añade García Aller. Se pregunta Ferràs, en ese sentido, si la tencología crea o destruye empleos. Su argumentación: «Depende de se la haces o la cosumes. Si eres un mero consumidor puede que seas un elemento pasivo de la economía».

La IA va a permeabilizar todos los aspectos de la vida cotidiana. No nos damos cuenta de hasta qué punto es necesaria. García Aller lo deja claro: «Va a transformar las relaciones humanas, el amor, el trabajo; poco a poco lo va transformando todo, pero lo que tenemos que pedirle es que a las empresas que los diseñan, que son corporaciones, sean más transparentes en sus cálculos. Porque no son neutros, tienen un fin Y sabemos que las máquinas carecen de ambición. Lo que esos algoritmos buscan es lo que lo que un humano ha querido». Para Ferràs, esta tecnología tiene aplicaciones impresionantes en todos los ámbitos. «Ahora las máquinas pueden reconocer voces, caras, imágenes. Pueden entender los patrones del significado de las palabras, movimientos estratégicos en un juego, saber en base a la experiencia y se empiezan a comportar como la inteligencia humana».

Necesidad de auditarlos

En los últimos años han aparecido movimientos de organismos de derechos civiles y reguladores que han instado a mirar con más determinación la influencia de los algoritmos en las sociedad, en parte por la proliferación de los servicios de comunicación digitales que han atrapado en un laberinto sin salida a los usuarios. Borja Adsuara, experto en derecho digital y miembro del observatorio OdiseIA, defiende que las plataformas sean neutrales. «No deberían entrar en verificar los contenidos. El poder que tienen es, según lo que te recomienden, es enorme al intentar modificar tu opinión y conducta», dice. «Están condicionando -asegura- la opinión de sus usuarios a base de un perfilado psicológico de sus usuarios. Saben por dónde entrarles (a los usuarios)». Pero desliza una frase lapidaria: «No hay que regular los algoritmos como si fueran algoritmos, sino como si fuera una inteligencia natural. No hay que regular la tecnología, sino lo que se hace con ella».

 

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Inteligencia artificial «ética» e «inclusiva»; el plan estratégico del gobierno

España quiere subirse al tren de la Inteligencia Artificial. Un imparable avance tecnológico que se ha acelerado en los últimos y que está llamado a cambiar para siempre la economía global. Pero antes de su eclosión, es necesario abordar las cuestiones éticas sobre la responsabilidad de los algoritmos y la robotización de los procesos industriales. Esta tecnología, que ha empezado a aplicarse en numerosas áreas de la economía global, va a jugar un papel importante en las próximas décadas. Los países quieren establecer antes de que sea demasiado tarde las reglas del juego.

Ante estos desafíos, el Gobierno español ha presentado este miércoles su Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial (ENIA), cuyos principales ejes son la necesidad de alinear las políticas nacionales destinadas a fomentar el desarrollo y el uso de esta tecnología, aumentar la inversión y fortaleciendo la colaboración entre el sector público y privado. Su documento, todavía no definitivo, promete potenciar esta tecnología para la recuperación económica. El Gobierno invertirá 600 millones de euros hasta 2023 en su desarrollo, según anunció el presidente Pedro Sánchez en la presentación de este plan en La Moncloa.

De esta cuantía, unos 275 millones se destinarán al desarrollo tecnológico de la inteligencia artificial, 133 millones para integrar su uso en todos los sectores del tejido económico, 100 para hacer lo propio en la administración pública, 42 para potenciar el talento, otros 42 para plataformas de datos y 8 para desarrollar un marco ético normativo que refuerce nuestros derechos y libertades. Estas inversiones se desglosarán en una treintena de medidas que se llevaran a cabo entre 2020 y 2025.

Un marco «ético de confianza»

El objetivo es crear un «marco ético y de confianza» para el «desarrollo de las tecnologías disruptivas como la Inteligencia Artificial que están aquí para quedarse y van a ser claves para nuestra recuperación económica», según avanzó Carme Artigas, secretaria de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial. «Estamos en una oportunidad histórica para transitar hacia una nueva economía digital», que debe ser «más productiva, moderna e inclusiva».

El Ejecutivo contempla, además, la creación de una Oficina del Dato y un programa Nacional de Algoritmos Verdes destinado a «diseñar algoritmos eficientes energéticamente». El texto propone potenciar la «excelencia científica en la innovación en España», «poner a España en una posición de liderazgo en el uso de la lengua española en Inteligencia Artificial» y «creación de empleo de calidad y retener el talento», así como emplear esta tecnología para la mejora de la productividad. El plan es generar un «entorno de confianza» del desarrollo de esta tecnología.

Control y transparencia sobre los algoritmos

A medida que esta tecnología ha avanzado en los últimos años, se han venido descubriendo paralelamente sesgos y prejuicios que ponen en cuestión el futuro de la Inteligencia Artificial. El temor a que produzca nuevos desequilibrios y brechas ha provocado que organismos internacionales hayan puesto la voz de alarma para intentar construir un futuro más igualitario. Los expertos, no obstante, considerna que es clave para la mejora de la productividad.

Para David Carmona, responsable de Inteligencia Artificial e Innovación en Microsoft, es necesario aplicar la «responsabilidad» desde el primer momento. «El desarrollo de Inteligencia Artificial responsable va más allá de identificar los desafíos y establecer unos principios; requiere también implantar nuevas prácticas en el ciclo completo de desarrollo así como herramientas y tecnologías específicas en áreas como privacidad, transparencia o control de los algoritmos», señaló durante un evento organizado por OdiseIA, Observatorio del Impacto Social y Ético de la Inteligencia Artificial.

Acerca del debate asociado a vigilancia y control de datos personales, Franciso José Montalvo, director de datos en Telefónica, está convencido que en España existe un «buen equilibro entre el respeto a la privacidad y la expoliación que sea susceptible de eso». «El uso de la IA se engloba dentro de un marco más amplio de diseño responsable cubriendo la privacidad, la seguridad, la sostenibilidad, la ética, la accesibilidad y el cliente», apuntó durante el mismo evento.

Las principales empresas tecnológicas han señalado en los últimos años su compromiso por mejorar esta disciplina tecnológica. «Es imprescindible educar a la ciudadanía, desmentir mitos y alcanzar un estándar de transparencia y prácticas éticas que generen confianza. Esto nos permitirá avanzar con paso firme hacia metas aspiracionales, por ejemplo en precisión y ‘explicabilidad’, que a día de hoy están más allá del estado del arte», añadió Pilar Manchón, directora de estrategia de investigación de inteligencia artificial de Google.

Para Enric Delgado Samper, director de tecnología para IBM Spain, «el valor de un sistema de IA no está en su potencia tecnológica “per se”, sino en su capacidad para contribuir al progreso justo de las personas y servir al bien común. Desde esa base ética, su potencial para ayudarnos y potenciar las mejores capacidades y los mejores valores del ser humano es inmenso».

 

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Movimientos en el mundo de los buscadores….Apple prepara el suyo para dejar de depender de Google

Apple está trabajando para crear su propio buscador y dejar de depender de Google. Así lo afirma el Financial Times, que ha descubierto que la empresa de la manzana mordida ha comenzado a añadir funciones en iOS 14 y a intensificar la labor de su bot de búsqueda. Esta herramienta, conocida como Applebot, es empleada por la compañía para recopilar datos de material en internet y ha incrementado su actividad recientemente, según expertos en el sector. Lo que coincide con una mayor movimiento de la división de búsqueda de la compañía.

En la última versión del sistema operativo que emplea Apple para sus «smartphones», iOS 14, la tecnológica ha comenzado a mostrar sus propios resultados de búsqueda y enlaces directamente a páginas web cuando los usuarios escriben consultas desde la pantalla de inicio, según ha informado el medio estadounidense.

Además, hace dos años, la empresa contrató a John Giannandrea, jefe de equipo de Google y especialista en Inteligencia Artificial, para mejorar las capacidades en IA de la compañía y de su asistente virtual, Siri. Sin embargo, en el momento en el que se unión a Apple, ya contaba con ocho años de experiencia en el funcionamiento del motor de búsqueda de Google.

A esta contratación se unen las ofertas de trabajo para ingenieros especializados en búsqueda para «definir e implementar la arquitectura innovadora tecnológica de búsqueda de Apple» que está realizando la tecnológica de Cupertino.

Este movimiento de Apple, que no ha sido ni confirmado ni desmentido por la compañía, coincide en el tiempo con la investigación antimonopolio que Estados Unidos está llevando a cabo contra Google. El Departamento de Justicia de Estados Unidos, junto a once estados del país presentaron hace una semana una demanda antimonopolio contra Alphabet, la compañía matriz de Google, acusando a la compañía de abusar de su posición dominante en el mercado de búsquedas y de la publicidad en internet.

 

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Nueuralink, el chip de Elon Musk que conectará cerebro y ordenador

La travesía de Neuralink, un nuevo proyecto en el que se ha involucrado el excéntrico Elon Musk, abre una nueva senda con la presentación, por primera vez desde que se fundó la empresa hace cuatro años, de su interfaz y su arquitectura. La propuesta es unir la mente humana a un ordenador por medio de un chip craneal que se conecta por medio de tecnología inalámbrica Bluetooth. Un avance que, aunque todavía está en fase de conceptualización, augura implicaciones en el estudio médico.

La empresa de biotecnología presentó este viernes un dispositivo «wearable» -vestible, en español- del tamaño de una moneda que se implantará en el cráneo y que concederá una mayor potencia cognitiva a sus usuarios. Un ambicioso plan para conectar el cerebro a un equipo informático. Durante los ensayos se ha probado con un cerdo llamado Gertrude durante dos meses para controlar su hocico. El animal ha tenido implantado un chip que ha transferido datos directamente a un ordenador. Musk mostró, para demostrar que el sistema es funcional, su actividad cerebral.

Este chip, bautizado como Link V0.9 y de aproximadamente 8 milímetros de diámetro, se ha presentado como un «Fitbit en el cráneo con pequeños cables». La propuesta concibe que este aparato se podrá colocar detrás de la oreja. Tres cables se conectarán a la parte superior de la cabeza. Su alimentación será por medio de una batería recacargable de un día de autonomía. El proyecto describe que para cargarlo se deberá emplear un cargador de inducción magnética.

A través de una pequeña sonda que contiene unos 3.000 electrodos conectados a hilos flexibles (más finos que un cabello humano), la iniciativa permitirá analizar en tiempo real la actividad de 1.000 neuronas del usuario. Para su implantación se necesitará de un robot, construido por la propia empresa, que realizará un injerto en una intervención clínica de menos de una hora de duración.

Más promesas que evidencias

El plan del multimillonario, que ha defendido la necesidad de emplear sistemas de Inteligencia Artificial para mejorar las características humanas, es crear un dispositivo médico para estudiar enfermedades relacionadas con el cerebro como el alzhéimer o permitir, incluso, que pacientes con enfermedades neurológicas puedan controlar aparatos electrónicos como un teléfono móvil directamente con sus pensamientos. Un avance propio de la cultura «cyberpunk», aunque se trata de un proyecto que deja muchas dudas y vacíos por el momento, además de un cuestionable entorno de investigación en donde varios extrabajadores han denunciado intensas horas de trabajo mal remunerado.

«Un dispositivo que se implanta podrá realmente resolver estos problemas«, señaló Musk en una presentación virtual el viernes, en donde aseguró que podrá corregir dolencias como pérdida de memoria, la pérdida de audición, la depresión o, incluso, el insomnio. El chip también podría mejorar la comprensión de las enfermedades neurológicas al «leer» las ondas cerebrales, aseguró uno de los científicos de la compañía durante la presentación.

El control de las ondas cerebrales es un desafío de la ciencia desde hace mucho tiempo. Existen ya algunos avances a través de diademas neuronales con los que se puede intervenir en una interfaz cerebro-computadora que se basan en una interpretación de las ondas cerebrales por parte de una máquina, anticipando un sistema para interactuar con el exterior a través del pensamiento. Neuralink, que emplea a cien personas de diversos campos científicos, ha recibido 158 millones de dólares de inversión, 100 millones de dólares directamente inyectados por el propio Musk.

 

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Así lucha la inteligencia artifical de Facebook contra el COVID-19

Hace cinco años que Facebook inauguró su centro de investigación de Inteligencia Artificial en París. Es importante subrayar que este espacio ha estado estos años liberando todo sus proyectos en código abierto para cualquiera que lo necesitase pudiera usarlo, es decir, todo lo que se desarrolla en la capital francesa queda a libre disposición de empresas y centros de investigación.

Como no podía ser de otra manera, con el COVID-19 todo el centro se volcó en el desarrollo de modelos con los que predecir el comportamiento del virus, desde su viralidad hasta la demanda de UCIs que podría causar su expansión. Antoine Bordes, director de investigación de Inteligencia Artificial de Facebook, comentó que el centro se encontraba hace tres meses, al igual que el resto del mundo, buscando una solución partiendo desde cero; sin datos históricos y sin referencias previas. Todavía es pronto para sacar conclusiones, ya que tres meses para la ciencia es un espacio de tiempo muy reducido para avances claros.

Pero el equipo de París sí que pudo utilizar algo que conocía muy bien como base en la investigación del COVID-19: el concepto de viralidad que también se puede aplicar a las redes sociales. Y es que cuando un contenido se difunde exponencialmente sin freno, su comportamiento no es tan diferente al del contagio de un virus.

En colaboración con la Facultad de Matemáticas y la plataforma de investigación de Ciencia de Datos de la Universidad de Viena, utilizando datos públicos y la base de trabajo sobre pronóstico del COVID que ya se utilizó en Nueva York y Nueva Jersey en el mes de abril, están usando IA para generar proyecciones de comportamiento del virus a nivel de distrito. Austria fue uno de los primeros países en Europa que salió del confinamiento, y por lo tanto es el veterano en datos del comportamiento del COVID en el Viejo Continente, perfecto para crear pautas de contagio del virus en un entorno con medidas de distanciamiento e higiene, pero con libre circulación, igual que en España ahora mismo.

Otro de los puntos donde se ha aplicado inteligencia artificial desarrollada en París en la plataforma de Facebook en este periodo de pandemia, es en el procesamiento del lenguaje natural o PNL para poder reconocer cualquier publicación referente al COVID y orientar o aconsejar al usuario. Por ejemplo, si el modelo encuentra una solicitud de ayuda en una publicación, le indica al usuario que puede publicarla en «Ayuda de la Comunidad» para llegar a más personas, y ocurrirá justo al revés si la publicación lo que hace es ofrecer ayuda.

En esta línea, el centro de Inteligencia Artificial de Facebook en París se ha unido a la iniciativa de traducción para COVID-19. El objetivo es traducir las indicaciones para la prevención de la enfermedad en todos los idiomas posibles, incluso en aquellos de bajos recursos. Como aclaración, un idioma de bajos recursos es aquel del que no se dispone suficiente información escrita como para dar traducciones automáticas de forma fiable. Estos pueden ser Dari, Dinka, Hausa, Luganda, Pashto y Zulu. Con esta base que proporciona Facebook IA, los traductores profesionales de «Traductores sin Fronteras», por ejemplo, disponen de más información y herramientas para traducir terminología médica a esos idiomas.

Estos cinco años de investigación han dado para mucho, no sólo en lo relativo al COVID, sino también en valiosas aportaciones a la comunidad de desarrollo de Inteligencia Artificial mundial. Por ejemplo, «Fast Text», un algoritmo de clasificación de texto, ha recibido más de 20.000 estrellas de puntuación en Github, la comunidad abierta para desarrolladores, donde todos los miembros comparten sus desarrollos de forma abierta, o «Torch Vision», que es una librería de Python de reconocimiento de imágenes desarrollada por Facebook IA accesible también desde Github, y que miles de desarrolladores han utilizado en sus aplicaciones. Uno de sus logros más recientes ha sido el «Transcoder», una herramienta de «Deep learning» capaz de traducir lenguajes de programación, por ejemplo, de Python a C++ o Java, un gran paso adelante que nos acerca a conseguir que las aplicaciones funcionen de la misma forma independientemente de la plataforma donde estén.

Yann LeCun vicepresidente, científico jefe de IA en Facebook, afirma que «el mayor avance en Inteligencia Artificial lo vamos a ver en los próximos años en la medicina. El COVID-19 nos ha demostrado que la IA es capaz de descubrir neumonía en la radiografía de los pulmones de forma más eficiente que un médico, esto se va a trasladar a tumores y otros escáneres».

Hablando de Inteligencia rtificial no podemos omitir el famoso sesgo humano que lleva años trayendo de cabeza a los científicos, cómo los sesgos del desarrollador se imprimen en las aplicaciones de inteligencia artificial. Para Jeromi Pesenti VP de IA de Facebook no deberíamos de combatir contra los sesgos, ya que son una característica de la inteligencia humana, pero sí que deberíamos ser conscientes de que existen. La inteligencia artificial ha invadido los productos de Facebook, desde Instagram que intenta mostrar contenido afín a los intereses profundos del usuario, y el reconocimiento de imagen que identifica la ropa que llevan las personas en las fotografías, para así conducirlas a la compra, a Portal que reconoce las poses y gestos del usuario con la cámara.

Por su parte, Jeromi Pesenti, jefe de desarrollo de Inteligencia Artificial de compañía, apunta que «la IA responsable está empezando a ser tendencia, una IA más justa e inclusiva. Es ahora cuando empezamos a entenderlo».

 

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