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Nuevo diseño de Gmail, con «modo confidencial» y respuestas inteligentes

Google ha presentado este miércoles el nuevo diseño de su servicio de correo electrónico de Gmail, en el que ha implantado nuevas funciones de seguridad avanzadas, aplicaciones basadas en inteligencia artificial como ‘Nugding’, integraciones con otras ‘apps’ de G Suite, así como un nuevo mecanismo destinado a gestionar el trabajo cuando el usuario esté fuera de la oficina. Además, el gigante tecnológico ya deja probar algunas de estas nuevas características tanto a empresas como a usuarios particulares.

Con el objetivo de que los usuarios de la versión de pago de GSuite trabajen en un ecosistema más «seguro y eficiente», Google ha anunciado la implantación de un modo confidencial de Gmail, que permite proteger el contenido de los correos electrónicos mediante la creación de fechas de vencimiento o la anulación de mensajes enviados previamente, según ha informado la compañía en su blog oficial.

Esta nueva función posibilitará proteger los datos incluso cuando la cuenta de correo del receptor haya sido secuestrada y el mensaje se encuentre aún activo. Esto es posible mediante una función que permite solicitar autenticación adicional a través de un mensaje de texto para ver un ’email’, lo que, además, reduce el riesgo de compartir información confidencial accidentalmente con las personas incorrectas. El modo confidencial estará disponible dentro de unas semanas.

Inteligencia artificial para no olvidar

Con el objetivo de proporcionar una gestión más «eficiente» del correo electrónico, desde Google han desarrollado funciones basadas eninteligencia artificial como ‘Nudging‘, que ayudará a recordar y responder los mensajes, para no olvidar nada que pueda resultar relevante.

Otra de las novedades introducidas en Gmail son las respuestas inteligentes, así como las alertas ante correos potencialmente peligrosos y las sugerencias para que el usuario se dé de baja en un servicio que ya no le es de interés o la posibilidad de posponer correos.

Nuevo diseño que ya está disponible

Gmail presenta, además, un nuevo diseño para su interfaz, que ahora permite ver y hacer clic en los adjuntos desde el buzón de entrada antes de abrir un hilo, o pasar el cursor sobre los mensajes para responder, archivar el email o ignorarlo. Además, se podrán descargar archivos adjuntos sin tener que abrir el correo. Este rediseño supone también la integración de Gmail con otras de aplicaciones GSuite.

Las empresas ya pueden utilizar las nuevas funciones de Gmail en el Early Adopter Program (EAP) de GSuite y activarlas a través de la consola de administración. A su vez, los usuarios personales de Gmail también podrán disfrutar de las nuevas funciones por medio de la opción de Configuración ubicada en la parte superior derecha y seleccionar «Prueba el nuevo Gmail».

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Disrupción tecnológica : la mayor revolución jamás conocida

«Muévete rápido y rompe cosas. A menos que estés rompiendo cosas no te estás moviendo lo suficientemente rápido» (Mark Zuckerberg, dueño de Facebook, febrero de 2012)

En 2013, dos científicos de la Universidad de Cambridge descubrieron que basándose en los «me gusta» de Facebook podían deducir el género del usuario con un 93% de acierto y su orientación sexual con un 80%. Dos años después, con solo 70 «me gusta» predecían la personalidad del navegante mejor que sus amigos y con 300 «likes», mejor que su propia pareja. El juguetón «me gusta» de Zuckerberg se había convertido en el perfecto abrelatas de la intimidad ajena.

Los dos científicos se apellidaban Kosinsky y Stillwell y eran colegas de Aleksandr Kogan, profesor ruso afincado en EE.UU., el hombre que ayudó a pasar a la firma londinense Cambridge Analytica los datos de 50 millones de usuarios de Facebook, un escándalo planetario destapado hace siete días por dos periódicos tradicionales, «The New York Times» y «The Observer». Los perfiles privados fueron utilizados subrepticiamente por la campaña electoral de Donald Trump. Antes, en 2012, Obama también se sirvió de las bases de datos de Facebook. Ejecutivos de Cambridge Analytica se han jactado en una grabación obtenida por la cadena británica Channel 4 de haber viciado así 200 procesos electorales, entre ellos el Brexit. Facebook, con una comunidad de 2.130 millones de seguidores, se ha desplomado en bolsa. Su fundador, Mark Zuckerberg, el quinto hombre más rico del mundo con solo 33 años, tendrá que comparecer en el Congreso de EE.UU. para explicar la filtración.

Jonathan Taplin tiene 70 años y es un viejo guerrero. En su juventud organizó conciertos para Dylan y George Harrison y hasta produjo una cinta de Scorsese. Hoy es profesor de Comunicación en la Universidad del Sur de California. El año pasado cobró eco tras publicar un durísimo alegato contra tres colosos de internet, Google, Amazon y Facebook, a los que acusó de minar la democraciay dañar a la cultura.

El título del ensayo parodiaba la cita más conocida de Zuckerberg, «Muévete rápido y rompe cosas». Aunque su tesis adolece de cierto tono conspirológico, merece ser escuchada: «Originariamente internet fue concebida como un medio descentralizado. Pero en los noventa, Jeff Bezos de Amazon; Larry Page de Google, y Peter Thiel, inversor en Facebook, llevaron al mundo su punto de vista libertario. Entendieron muy pronto que internet podía ser un ganador empresarial absoluto y se propusieron plasmarlo. Solo habría necesidad para un gran portal de comercio electrónico, Amazon; un gigante social, Facebook, y un único motor de búsqueda, Google. Pero eso ha sido muy malo para la cultura, los músicos, los artistas y la democracia». Taplin podría haber añadido a la prensa, la intimidad y la propia televisión generalista, mermada ya por Netflix y servicios online similares.

Beneficios asombrosos, impuestos pírricos

Hoy las cinco mayores empresas del mundo son gigantes digitales estadounidenses: el líder planetario es Apple (693.000 millones de euros de valor bursátil), seguido por Alphabet, la matriz de Google (552.000 millones) y Microsoft (470.000). Tras ellas, la tienda virtual Amazon y la red social Facebook. Son multinacionales de faz amable, que con sus ingeniosos servicios han mejorado la vida cotidiana de la humanidad y la han hecho más fácil y amena. Pero se han convertido de facto en monopolios y tal vez también en el caballo de Troya de una nueva forma de totalitarismo light. En el último foro de Davos, el viejo zorro George Soros recordó que Google y Facebook copan el 60% del mercado publicitario estadounidense, lo que deja exangüe a la prensa clásica, con los consiguientes daños para el pluralismo democrático y la calidad de la información.

Fiscalmente, esos titanes se sirven de alambicadas tapaderas que les permiten evitar de manera legal el pago de tributos a las haciendas nacionales. No es ningún secreto: «Las empresas deben pagar sus impuestos allí donde obtienen sus beneficios, aunque se llamen Amazon», se quejó Mariano Rajoy en el último Foro ABC. Este viernes, los primeros ministros de la UE estudiaron legislar al respecto. Dimas Gimeno, el presidente de El Corte Inglés, acaba de exigir también «reglas homogéneas» para «poder competir en igualdad de condiciones» con las multinacionales de comercio electrónico. «Lo que no puede ser es que nosotros paguemos impuestos cuando ellos no los pagan». Es una acusación cierta. En 2016, Google, Amazon, Facebook y Apple solo abonaron 20,3 millones en España por impuestos, y eso pese a haber aumentado su aportación respecto a ejercicios previos. Sin embargo no hay firma española de la parte alta del Ibex que baje de cifras de tres dígitos en tributos.

Jonathan Taplin concuerda: «Amazon ni siquiera paga impuestos por vender libros y eso ha expulsado a muchas librerías independientes y otras empresas. YouTube no respeta el copyright, toman obras ajenas sin pagar. Google dispone del 90% del mercado de búsquedas. Amazon, del 70% de las ventas de libros. Facebook y sus firmas Instagram y WhatsApp suponen el 75% del negocio de las redes sociales». Taplin ve como salida leyes antimonopolísticas, que restituyan la competencia, y también «una regulación con límites morales». Facebook es el mayor editor mundial de contenidos, pero Zuckerberg no se siente concernido por las leyes en defensa del honor que obligan al director de cualquier periódico de pueblo. Por las redes sociales de esas multinacionales campan todavía impunes contenidos de apología del terrorismo, violentos, o perniciosos y abusivos para la infancia, amén de las omnipresentes «fake news».

Historias de robots y tableros

Las compañías más ricas del mundo no solo esquivan a las haciendas nacionales, sino también la normativa laboral. Se calcula que en España hay cien mil falsos autónomos trabajando para esas multinacionales, empleados a los que no se les reconoce relación laboral estable, que operan bajo contratos de cero horas. A diferencia de cualquier pyme, las líderes del podio planetario están exentas de pagar la seguridad social de sus asalariados. Los emolumentos son muy bajos y las condiciones, de enorme exigencia. Amazon, en cuyos almacenes se controla hasta cuánto tardan los trabajadores en ir al baño, ha sufrido esta semana una huelga en Madrid por tales abusos.

Precarización laboral, evasión fiscal y también transformación de la faz clásica de las ciudades, donde sucumbe el comercio al uso, incapaz de competir con el electrónico. Muchas grandes compañías tradicionales, que se han lanzado al e-commerce bajo el siempre erróneo mantra de «tenemos que estar ahí» sufren con la venta por correodonde simplemente no les salen las cuentas.

El agresivo cerebro ruso Garry Kasparovde 54 años, y el menudo y suave surcoreano Lee Sedol tienen algo en común. Han sido los mejores del mundo en lo suyo, el ajedrez y el go, el milenario juego del que se dice que ofrece más combinaciones que átomos tiene el universo. Les une algo más: ambos han sido vapuleados por una máquina de Inteligencia Artificial. Kasparov se midió con Deep Blue de IBM en 1997. El humano empezó ganando, pero al final no pudo más. Él era más creativo, pero carecía de la constancia inmutable y la capacidad instantánea de cálculo de su oponente. Kasparov acaba de publicar un libro sobre aquella pelea desigual, «Deep Thinking». Curiosamente, el Ogro de Bakú, el mayor ajedrecista de la historia, parece haber hecho la paz con la IA. «La tecnología puede hacernos más humanos, al darnos más libertad para ser más creativos».

Lee Sedol, catorce veces campeón mundial de Go, lo barrió Go Deep Mind, un proyecto de IA de una filial de Alphabet. Las grandes tecnológicas auspician la investigación de vanguardia en Inteligencia Artificial. Google es pionera en el desarrollo del coche sin conductor, que es ya una realidad. ¿Inocua para la economía? Existe una vertiente positiva, porque la mayoría de los accidentes se deben a fallos humanos, pero otra inquietante: muchísimas familias viven del volante. Conducir es el primer medio de empleo en 29 de los 58 estados de EE.UU., un país con cinco millones de camioneros. Y habrá más sectores afectados: «Cualquier cosa que requiera menos de diez segundos de pensamiento podrá ser hecha por una IA», se escuchó en Davos.

Los apocalípticos auguran una destrucción masiva de empleos tradicionales, hasta un 57% en las naciones de la OCDE según los más pesimistas. Los más castigados serán los trabajadores de bajos salarios y escasa formación, que podrían formar legiones de «refugiados digitales», personas arrojadas a las cunetas de un progreso que enriquece de manera desproporcionada al 1% de plutócratas que ocupan la cima. Un título universitario y la alfabetización digital ayudarán a contar con un empleo. Los optimistas difieren. Creen que la revolución tecnológica generá nuevas profesiones y que acabará habiendo más trabajo, como ocurrió en saltos anteriores. Por su parte, los humanistas advierten que hay que ir pensando en instaurar una «renta básica universal» a costa de los increíbles beneficios de las tecnológicas para asistir socialmente a sus víctimas.

Prepárense para lo nunca visto

Noticias recientes. Famosas de Hollywood que clonan a sus mascotas. La Universidad de Berkeley crea la primera cerveza genéticamente modificada. Un taxi sin conductor de Uber atropella y mata a una mujer en Arizona. Nace el primer bebé con la nueva técnica de tres padres genéticos… Perdidos en debates añejos del siglo XX (el nacionalismo, el caudillismo populista), a veces pasamos por alto que estamos ya inmersos en la mayor revolución tecnológica de la historia, una gran disrupción que cambiará la faz de la humanidad.

El historiador israelí Yuval Noah Harari ha vendido millones de libros donde el argumento más provocador es que el Homo sapiens está a punto de dotarse de atributos que creíamos reservados a Dios. «La Biblia dice que Él creó animales y plantas según sus deseos, y nosotros estamos a punto de hacerlo también». Lo que más inquieta a Harari es que «la ingeniería genética y cibernética a disposición de una élite le permitirá crear seres súper humanos, con unas capacidades mejoradas que las clases más bajas no tendrán». Sería el fin de la lotería genética, que desde que existe el hombre permite que a veces un pobre pueda nacer mejor dotado física e intelectualmente que un rico.

La velocidad a la que se expanden los nuevos inventos aumenta de manera exponencial, cada vez más rápido. Un excelente informe de la Fundación Telefónica, que ha circulado por algunos de los más importantes despachos del mundo, recuerda que al teléfono fijo le costó 65 años llegar a cien millones de hogares, mientras que Facebook alcanzó esa cifra en solo cinco y «Pokémon Go» lo hizo ya en 25 días. Hoy existen en el mundo el doble de dispositivos móviles que habitantes. Aunque todavía 3.900 millones de personas carecen de acceso a internet, siete de cada diez entre el 20% de los más pobres del planeta poseen un teléfono móvil, a veces antes que agua potable.

El maravilloso cerebro humano es un almacén reducido, cuya capacidad sería equivalente a 40 vídeos de alta resolución por segundo, limitado además por un interfaz de habla que equivale a un ordenador de los años ochenta. Las máquinas nos están alcanzando. En 2015, por primera vez una logró superar el Test de Turing, haciéndose pasar con éxito por una persona. El año pasado, Facebook apagó un sistema de negociación creado con inteligencia artificial porque había ideado su propio idioma.

La máquina se había soltado la melena, al estilo del ordenador HAL en el «2001» de Kubrick y Arthur C. Clarke, una profecía rodada en 1968. En el arranque de este año, Alibaba, el «Amazon chino», y Microsoft han desarrollando formas de IA que han ido más allá que los humanos en comprensión lectora. A mitad de siglo se vaticina que un ordenador podrá escribir un best-seller (lo sentimos por Ildefonso Falcones y Dan Brown) y correrán también a cargo de todas las intervenciones quirúrgicas (lo siento por mi hermano el cirujano). Pero la gran fecha será 2060, momento en que se estima que la IA superará por vez primera a las personas y alcanzará «la singularidad». «Las máquinas estarían entonces en disposición de autoeditarse y evolucionar de manera exponencial», advierte el informe.

El móvil y las redes sociales forman ya parte de nuestra cotidianidad, como si siempre hubiesen acompañado al animal desvalido que hace 30.000 millones de años todavía sobrevivía como cazador recolector y que luego, gracias a su capacidad de anticipación, se convirtió en el rey de la creación y en un depredador en serie de otras especies. Las novedades se agolpan estos días: realidad aumentada y virtual, impresión en 3D, coches autónomos, drones, internet de las cosas, 5G, asistentes virtuales, robótica, IA, biotecnología, computación cuántica… «La inteligencia artificial puede suponer el fin de la raza humana», venía advirtiendo la voz también cibernética de Hawking en sus últimos días.

Elon Musk, el gurú de Tesla, no le va a la zaga: «Con la IA estamos invocando al diablo. Puede ser peor de las armas nucleares», una paradójica admonición viniendo de quien es pionero en su uso con sus automóviles autónomos. Desde la filosofía también llegan suspiros: «Los datos y las máquinas deben de estar al servicio de las personas, y no al revés. Una sierra mal utilizada también sirve para cortar cabezas», razona el penúltimo gurú de moda, Byung-Chul Han, el filósofo surcoreano afincado en Alemania, que preconiza un retorno -tal vez imposible- a lo auténtico: «Hoy estamos en red, pero no estamos unidos. La comunicación actual se basa en no escucharse».

Apocalípticos e integrados: ¿nos eliminarán las máquinas?

Pero quedarse solo con lo negativo es una mirada tuerta. La revolución tecnológica alargará la vida humana de manera sorprendente y eliminará enfermedades que hoy nos estremecen. Un programa de Harvard mostró que una IA detecta las células cancerígenas con un 92% de acierto, frente a un 96% de los patólogos. Pero cuando los oncólogos y la IA trabajan juntos, el éxito es del 99,5%. Hasta el propio Hariri se desmarca de las profecías apocalípticas a lo «Terminator»: «En cincuenta años ha habido un desarrollo extraordinario en la inteligencia de los ordenadores, pero un desarrollo cero en su conciencia. No hay ningún indicio de que se vayan a desarrollar en ese sentido».

En «2001, una odisea del espacio», «cuando el ordenador HAL se volvió engreído [el astronauta] Dave lo desenchufó con un destornillador y lo dejó cantando patéticamente la canción ‘‘Una bici para dos’’, recuerda irónico el psicólogo canadiense Steven Pinker en su ensayo «Ilustración Ahora», alabado por Bill Gates como «el mejor libro que he leído en mi vida». Pinker se ha convertido en el profeta del optimismo, el sabio que prueba con datos que «en contra de lo que se cree, el mundo va cada vez mejor».

A su juicio sobra histeria cuando se habla de la amenaza de la tecnología y las IA, un alarmismo que él denomina con sarcasmo el «Robotapocalipsis». «La falacia radica en que se confunde inteligencia con motivación». Explica que «incluso si inventásemos unos robots súper inteligentes, ¿por qué iban a querer esclavizar a los humanos y conquistar el mundo? La inteligencia es la habilidad de desarrollar nuevas maneras de lograr una meta. Pero eso no es lo mismo que querer algo». Para Pinker, el hecho de que las máquinas ya nos ganen al go, el ajedrez y los juegos online «no refleja una mejor comprensión de cómo funciona la inteligencia, sino solo la fuerza bruta de chips, algoritmos y data que permite que unos programas sean entrenados con millones de ejemplos y puedan generar unos nuevos similares».

Pinker, de todas formas, no está a su nivel cuando despeja el balón diciendo que «si quieres evitar una IA peligrosa, simplemente no la construyas». Su liviana frase soslaya el gran problema que late al fondo, tal vez el medular: la revolución tecnológica requiere un rearme moral, unas líneas rojas. La tecnología puede cambiar el mundo para bien. Pero si su lema es «todo vale»…

(PD: nada de todo lo que se acaba de relatar ocupa un solo minuto de debate de los partidos políticos españoles).

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El ordenador más pequeño del mundo mide menos que un gramo de sal.

El ordenador más pequeño del mundo apenas mide lo mismo que un grano de sal gorda. Así lo ha adelantado IBM, que en su evento en Las Vegas que se celebra esta semana (IBM Think 2018) presentará por primera vez este «mini PC», llamado a ser una revolución.

Pero no hay que dejarse engañar por su tamaño: el mini-ordenador de IBM tiene la potencia de un chip x86 de 1990, según informan en Mashable, una fuerza muy inferior a los equipos de hoy en día, si bien este «hermano pequeño» sería capaz de realizar funciones como «monitorizar, analizar, comunicar e incluso actuar sobre los datos». Además, fabricarlo solo cuesta diez centavos (ocho céntimos de euro) e incluirá «cientos de miles de transistores».

Así, en sus usos específicos, este ordenador será una fuente de datos para las aplicaciones de Blockchain. Intentará ayudar a rastrear el envío de productos y detectar robos, fraudes e incumplimientos. También podrá realizar acciones básicas de inteligencia artificial, como ordenar datos.

Sin embargo, aún tardará tiempo en convertirse en un objeto cotidiano, ya que en IBM aún trabajan con su prototipo.

 

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Nanorrobots programados para matar el cáncer

En los últimos años se han desarrollado diferentes tipos de nanopartículas muy prometedoras en la lucha contra el cáncer. Unas nanopartículas que, básicamente, ayudan al sistema inmune a reconocer a las células malignas o actúan como ‘vehículos de carga’ para transportar a los fármacos hasta los tumores. Pero, ¿qué pasaría si estas nanopartículas tuvieran la capacidad de destruir por mismas a las células cancerígenas? Y aún mejor, ¿y si lo pudieran hacer de forma totalmente autónoma? Pues que estaríamos hablando de ‘nanorrobots anticancerígenos’. Un concepto que, aunque suena demasiado ‘futurista’, parece encontrarse a la vuelta de la esquina. Y es que investigadores de la Universidad Estatal de Arizona en Tempe (EE.UU.) han diseñado unos nanorrobots capaces de rastrear y destruir el cáncer al taponar los vasos sanguíneos que nutren a los tumores sólidos –con lo que las células malignas acaben muriendo de inanición.

Como explica Hao Yan, director de esta investigación publicada en la revista «Nature Biotechnology», «en nuestro trabajo hemos desarrollado el primer sistema robótico de ADN completamente autónomo para el diseño de fármacos precisos y el tratamiento dirigido del cáncer. Además, nuestra tecnología puede ser utilizada en muchos tipos de cáncer, dado que todos los vasos sanguíneos que nutren a los tumores sólidos son esencialmente iguales».

Buscar y destruir

La idea de utilizar nanorrobots para combatir el cáncer no es ni mucho menos nueva. De hecho, los nanorrobots descritos en este estudio son el resultado de muchos años de investigación dedicados a descubrir la manera de diseñar nanopartículas basadas en el ADN que puedan encontrar y destruir los tumores sin dañar a las células sanas. Y ya puestos, mejor tener unos nanorrobots que unas nanopartículas. Es decir, mejor que estas nanopartículas sean programables y totalmente autónomas a la hora de llevar a cabo su misión.

Y básicamente, ¿en qué consisten estos nanorrobots? Pues son una lámina de ADN de 90 x 60 nanómetros de tamaño que lleva adherida una enzima que, denominada ‘trombina’, causa la coagulación de la sangre. Así, el objetivo es llevar estar trombina hasta los vasos sanguíneos tumorales y que provoque un trombo o ‘tapón’ para, cual mini-infarto, cortar el suministro de sangre a las células tumorales –que ante la ausencia de oxígeno y nutrientes se ven irremisiblemente abocadas a morir.

Dada la similitud de los vasos sanguíneos que nutren a los tumores, la nueva tecnología puede ser utilizada en muchos tipos de cáncer

En primer lugar, se recurre a la ‘papiroflexia’: la lámina de ADN, ‘cargada’ con cuatro moléculas de trombina, es enrollada sobre sí misma para forma una especie de tubo hueco o ‘canuto’. Y una vez hecho esto, se programa para que ataque a las células cancerígenas sin molestar a las sanas. Y esto, ¿cómo se logra? Pues añadiendo a la superficie del canuto un aptámero de ADN, esto es, una secuencia de ADN de cadena sencilla –y no de doble-hélice como en el núcleo de las células–. Concretamente, este aptámero está diseñado para unirse específicamente a una proteína, la ‘nucleolina’, que abunda en la superficie de las células endoteliales que forman los vasos sanguíneos de los tumores –y que no se encuentra en la superficie de las células sanas–. Por tanto, lo que hay que hacer es inyectar todo el complejo nanorrobótico en el torrente sanguíneo y dejar que circule por el organismo hasta dar con los vasos del tumor, a cuyas células se adherirá a través del aptámero. Y una vez esto ocurra, el nanorrobot inyectará en el vaso su carga: la trombina.

No solo cáncer

La pregunta entonces es: ¿funciona? Pues sí. Los autores utilizaron un modelo animal –ratones– de melanoma al que inyectaron los nanorrobots y observaron como sus ‘criaturas’ se congregaron alrededor del tumor al cabo de unas pocas horas. Y a partir de aquí, solo hubo que esperar: a las 24 horas, el corte del suministro de sangre había dañado el tejido tumoral; a las 48 horas, el tumor presentaba signos evidentes de una trombosis avanzada; y a las 72 horas, todos los vasos sanguíneos tumorales tenían uno o más tumores. Todo ello sin afectar a ningún otro órgano o tejido –caso sobre todo del cerebro, en el existía el temor de que los nanorrobots pudieran causar un trombo y, por ende, un ictus isquémico–. Es decir, el tratamiento parece totalmente seguro.

Y esta trombosis tumoral generalizada, ¿qué supuso para los ratones? Pues una regresión de sus tumores primarios y la prevención de su expansión a otros órganos –las consabidas ‘metástasis’–, lo que posibilitó que el tiempo de supervivencia de estos animales pasara de 20,5 a 45 días. Además, tres de los ocho ratones tratados vieron completamente eliminados sus tumores.

La administración de trombina por nanorrobots de ADN constituye un avance muy importante en la aplicación de la nanotecnología del ADN para el tratamiento del cáncer

Pero aún hay más. Los autores repitieron el experimento con ratones con cáncer de pulmón, de ovario y de mama, obteniendo un éxito similar. Y en último término, probaron con un modelo animal más grande –aunque no demasiado–: cerdos en miniatura, aun sin cáncer. Y el tratamiento, nuevamente, se mostró totalmente seguro.

Como concluye Hao Yan, «la administración de trombina por nanorrobots de ADN constituye un avance muy importante en la aplicación de la nanotecnología del ADN para el tratamiento del cáncer. Creo que estamos mucho más cerca de la aplicación de esta tecnología en la práctica clínica real, y la combinación de diferentes nanorrobots potadores de varios agentes puede ayudar a lograr el objetivo último de la investigación oncológica: la erradicación de los tumores sólidos y de las metástasis vascularizadas. Pero esta estrategia también podría emplearse como plataforma de administración de fármacos para el tratamiento de otras enfermedades».

 

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Los problemas oculares, se sitúan en el punto de mira de la inteligencia artificial

Bien empleada, en manos de profesionales que emulsionan ética a borbotones y sabiendo aprovechar sus virtudes, la inteligencia artificial y las técnicas de análisis Big Data son un gran valor para los avances médicos. A lo largo de los tiempos, la medicina ha permanecido normalmentesupedidata a la investigación y a la tecnología de la época. Hoy en día existen tratamientos para enfermedades que, parece mentira, pero alimentaban el monstruo de la mortalidad hasta hace bien poquito. Pero queda mucho camino que recorrer y muchas batallas que ganar.

El poder corrector de los avances científicos aplicados al campo de la medicina ha permitido inaugurar tratamientos efectivos para millones de enfermos en una muestra más de la importancia de la investigación en diferentes áreas. Pese las dudas, y con razón, que despierta la inteligencia artificial, lo cierto es que en el futuro los analistas más optimistas creen que algún tipo de sistema informático capaz de «aprender» por su cuenta será un compañero indispensables en los diagnósticos médicos.

El maridaje entre tecnología y salud se va asentando. El objetivo, más allá, es reducir los márgenes de error, mejorar el triaje -la selección de los pacientes en urgencias- y como apoyo en las intervenciones quirúrjicas. Por ahora, son pequeñas muestras de todo el potencial que puede dar en el futuro, pero ya se han producido importantes avances que hacen presagiar que, en efecto, en los próximos años la medicina «inteligente» y doctores «artificiales» serán algo habitual. Según las estimaciones de la consultora Accenture, los avances en inteligencia artificial aplicados a la medicina podrían ahorrar 150.000 millones de dólares a la industria médica estadounidense para 2026.

A partir de escáneres médicos y una serie de algoritmos «entrenados» en base a las exploraciones de la retina, la máquina puede diagnosticar con mayor rapidez y eficacia un problema ocular que, incluso, dicen los desarrolladores, un especialista humano. De momento es un caso práctico, pero ya se considera la primera aplicación de relevancia de la inteligencia artificial en el campo de la salud médica. Esta tecnología, de la que ya se supo de su existencia el pasado año, podría probarse en ensayos clínicos en unos pocos años si los resultados logran la aprobación de los reguladores y los especialistas.

«En áreas específicas como las imágenes médicas se puede ver que vamos a lograr un progreso realmente impresionante en los próximos años gracias a la inteligencia artificial», apunta Dominic King, responsable del área médica de DeepMind, a «Financial Times», al tiempo que considera que los modelos de «aprendizaje informático» o «machine learning» pueden desempeñar «un papel muy importante» a la hora de realizar exploraciones de forma «más precisa y específica» que en la actualidad.

Para lograr este reto, el algoritmo se ha entrenado cruzando los datos de los escáneres de retina en 3D de pruebas anónimas diagnosticadas previamente por médicos especialistas. Debido a los millones de píxeles recogidos en las imágenes escaneadas, las cuales proporcionan una serie de valiosos datos, el sistema puede «aprender» y «buscar» indicios de las tres enfermedades oculares más graves que sufren los pacientes (glaucoma, retinopatía diabética y degeneración macular). Peng Tee Khaw, director de investigación y desarrollo en Moorfields, se ha mostrado «optimista» con los resultados, puesto que cree que la investigación «beneficiará a personas de todo el mundo» y «ayudará a poner fin a la pérdida de visión».

No es la primera vez que se pone en práctica los avances en inteligencia artificial y las técnicas de Big Data al campo de la medicina y a la lucha contra el cáncer, una enfermedad que solo en España provoca más de doscientos mil casos anuales, con la mitad de ellos recuperados. El MIT, uno de los centros de investigación más reconocidos, también ha investigado las posibilidades de estas tecnologías. Ha logrado analizar los datos de miles de pacientes y personalizar los tratamientos. También, la inteligencia artificial ha logrado descubrir un compuesto fármaco para tratar ciertas patologías. Berg, una «startup» especializada en medicina de EE.UU. desarrolló un fármaco, BPM 31510, gracias a un algoritmo.

Mucha investigación en otros campos

Los algoritmos, estas fórmulas matemáticas que parecen ser otro de los negocios del siglo, también ha permitido prever los tiempos en que un paciente necesita acudir a un centro médico. La firma Careskore ha desarrollado un sistema que cruza los datos demográficos, clínicos y sociales, y establece las posibilidades de enfermar. Algo similar a lo sugerido por Sentrian, que mediante biosensores y sistemas de aprendizaje informático es capaz de anticiparse a la aparición de posibles enfermedades como los episodios de gripe y, por tanto, servir de base para la gestión de un hospital.

Otras aplicaciones se encuentran en Watson, el superordenador de IBM que ha superado muchos retos en los últimos años como uno de los más avanzados. Un supuesto en el que ha trabajado ha sido la evaluación de los motivos por los que diferentes tipos de cáncer son más resistentes a un determinado tratamiento. Muchos ejemplos de gran relevancia los encontramos en Harmony, Facet y Hexin, tres proyectos en biomedicina de la firma GMV que aprovecha los análisis de datos (Big Data) en la toma de decisiones en ciertas problemáticas médicas asociadas al alzheimer, efermedades en la sangre, así como sistemas de control epidemiológico.

 

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