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La combinación de tecnologías que podrían hacer que paguemos con el DNI

Si no has nacido en la generación de las aplicaciones te habrás dado cuenta de lo simple que es hoy en día hacer cualquier gestión. Con un par de clics resuelves cualquier problema y esa información almacenada puede servir para automatizar otros procesos. Ya no tienes que hacer cola para hacer lo mismo una y otra vez, o volver a rellenar el mismo formulario. Ese tipo de conexión entre proceso y datos o entre dispositivos no es más que la punta del iceberg de lo que se viene encima.

Hasta la fecha, los expertos auguraban que uno de los motores de la digitalización sería el Internet de las cosas («IoT», siglas en inglés de Internet of Things); es decir, la interconexión de objetos con internet por la que los dispositivos se comunican entre ellos. O dicho de otra manera, la tecnología por la cual «hablan» entre sí los aparatos electrónicos que tienes en casa. Estos interactuan de múltiples formas. Se ha trabajado para que desde estos dispositivos conectados a internet reciban instrucciones de todo tipo, como citarle a tu asistente virtual la lista de la compra (y que ejecute esa acción) o poder conectar el «smart TV» a tu cuenta un servicio digital.

Todo eso ha abierto un sinfín de posibilidades y, ahora, la voz busca ser el nuevo elemento de interacción entre el humano y la máquina. El problema de aplicar ese concepto al espectro público ha sido hasta hace poco la ausencia de un «verificador» (una especie de notario que comprobase cada paso y lo autentificara). Una pena cuando se trata de acabar con esas largas esperas cuando has de hacer cualquier papeleo burocrático. Sin embargo, ese problema parece haberse resuelto con la llegada de otra tecnología, el «blockchain».

Pero el «blockchain» no es solo para las criptomonedas, sino que ofrece «uno de los muchos usos a los que se puede aplicar la tecnología blockchain», según explica a ABC Olga Blanco, directora de Blockchain de IBM España, durante la feria Digital Business World Congress 2018. Aunque la percepción social sobre las criptomonedas es muy dispar (del amor al odio), lo cierto es que su tecnología ha encandilado al sector empresarial en lo que respecta a la digitalización. «Hay un movimiento muy fuerte que va hacia la digitalización y la transformación en general, por la manera de relacionarse con proveedores, socios, clientes y otros. Y eso genera esa necesidad de cambio», cuenta Osmar Polo, director general de T-Systems Iberia.

«Blockchain te permite hacer cosas que si las hiciéramos con la tecnología anterior serían muy complicadas», Olga Blanco de IBM

 

Muchas empresas están interesadas en hacer su propia red «blockchain». La pregunta es clara, ¿por qué? ¿Qué puede tener de especial esta tecnología para que las empresas quieran su propia red? «Blockchain te permite hacer cosas que si las hiciéramos con la tecnología anterior serían muy complicadas. Si queríamos integrarnos con mil proveedores a la vez teníamos que hacerlo uno a uno. Es una nueva manera de comunicar las cosas», responde Blanco. Según las cifras aportadas desde IBM, actualmente la compañía tiene 35 redes en producción en el mundo, pero tiene en marcha 400 proyectos más.

Hacia el sector público

Para contextualizar, Osmar Polo pone sobre el tablero un ejemplo significativo de lo que implicará esta tecnología sobre el entorno público de cara al futuro: «Somos parte del grupo Alastria en España y estamos viendo cómo una prueba de concepto es crear una tarjeta de identificación al ciudadano para que en el ecosistema de smart city se pueda utilizar para identificarse y usar los servicios: servicios de transporte o servicios que la ciudad puede tener». De momento, es un esbozo del que aún queda mucho camino, pero la tendencia hacia la hiperconectividad parece que va en alza.

Eso en cuanto al «blockchain», pero por otro lado el Internet de las Cosas tenía más camino recorrido dentro del uso cotidiano. Sin embargo, todo apunta a que ambas tecnologías van a ir ligadas de la mano. «Todo está relacionado, esto es una tecnología adicional que se integra con el IOT», avanza Blanco. Dentro de no mucho es muy probable que el término «Blockchain of Thing» empiece a formar parte de la lista de tendencias tecnológicas.

De hecho, las redes «blockchain» de criptomonedas que están pensadas para trabajar cada una para una cosa concreta y por separadas están encaminadas a unirse en algún momento. En Singapur una empresa llamada Qtum está trabajando en una plataforma IoT para unir ethereum y bitcoin y otras redes blockchain de criptomonedas. Construir este tipo de conexiones supondría que la cadena de bloques sea más útil para las empresas, y sobretodo para sistemas IoT.

Para entender por qué ahora el «IoT» es lo que mueve gran parte de los dispositivos, que según la consultora Gartner esta tecnología está presente en más de ocho mil millones de aparatos de acuerdo a los datos de 2017, hay que reparar en los detalles económicos que pueden suponer para las empresas y de facilidades para todo el mundo. Y qué mejor ejemplo que uno de los productos que dan renombre a la gastronomía española: el vino.

El vino «inteligente»

Durante la visita al stand de T-Systems durante el pasada feria DES 2018, uno de los productos IoT que exhibieron estaba dirigido de cara a la enología: el vino inteligente. Resulta que uno de los mayores problemas que tiene este sector traducido en pérdidas reside durante la fase de transporte, cuando ya está embotellado. Es un momento muy delicado para el produto y cualquier condicionante puede hacer que llegue al cliente en mal estado.

Así lo ha asegurado Eduard Contijoch, jefe de IoT de T-Systems Iberia, durante una charla durante dicha feria. Resulta que los clientes aficionados al vino se han encontrado en la situación de que una misma marca les ha sabido distinta en otra ciudad o país, y eso ocurre porque durante el proceso de transporte algo ha afectado a la botella en cuestión y ha alterado su sabor. «Nos sentamos con el cliente para ver cuales son las condiciones que afectan al vino durante el transporte y básicamente identificamos que eran: la luz, la temperatura, la humedad y los golpes», indicó durante la conversación.

Por lo que la solución fue «poner sensores dentro de las cajas de vino para poder tener en todo momento información en tiempo real», explicó Contijoch. Además, han integrado en estos sensores un GPS para ver su localización en todo momento, una tarjeta SIM para transmitir la información y un acelerómetro para ver los golpes que recibe en todo momento. «El IoT lo que nos permite es aplicar tecnologías para sensorizar cualquier tipo de elemento y sobre eso aportar valor a los clientes», asegura como una nueva forma de cuidar al detalle aquello que precisas.

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La rueda se reinventa : no se podrá pinchar y recogerá y enviará información.

La rueda más antigua que se conserva, hallada en un pantano de Liubliana, en Eslovenia, es de madera de fresno y mide 72 centímetros de diámetro. Las más modernas, que aún se perfilan en los departamentos de I+D de fabricantes como Michelin, Hankook o Continental, están construidas con poliuretano o goma sintética, podrán comunicarse con el conductor y se adaptarán a los baches del terreno, a la nieve o a la lluvia.

Una y otras están separadas por 5.200 años. Más de cinco milenios en los que la rueda ha pasado a ocupar un lugar central en la civilización humana, aunque su evolución se ha concentrado fundamentalmente en los últimos 150 años. Avances como la vulcanización, un proceso que multiplica la resistencia del caucho, o la cámara de aire permitieron el desarrollo del neumático y fueron claves para la automoción y el transporte moderno. Ahora, los fabricantes trabajan fundamentalmente en mejorar el confort que transmiten al vehículo, en la instalación de sensores que mejoren la información del coche y del conductor y en el desarrollo de ruedas imposibles de sufrir un pinchazo.

«Quizás piensen que es un sueño, y están en lo cierto: es un sueño a largo plazo, pero un sueño realista». Terry Gettys, vicepresidente de Investigación y Desarrollo de Michelin, sintetizó así los últimos proyectos de los grandes fabricantes durante la presentación de su prototipo más avanzado, Vision Concept, una rueda que fusiona llanta y neumático. Respetuoso con el medio ambiente y biodegradable, el Vision Concept es un adelanto de cómo podrían ser las ruedas dentro de 15 o 20 años. De estructura alveolar, podrá ser reparado o adaptado para cualquier terreno o condición medioambiental mediante impresoras 3D que, según Michelín, estarán repartidas por las carreteras de todo el mundo.

Con la vista puesta en un futuro más inmediato, Continental presentó durante el pasado Salón Internacional de Fráncfort dos tecnologías, ContiSense y ContiAdapt, que permitirán al neumático comunicarse con el vehículo y el teléfono móvil del conductor a través de Bluetooth e incluso adaptar su huella a las condiciones del futuro. Puede parecer ciencia ficción, pero la compañía alemana ya comercializa desde 2013 neumáticos con un sistema que mide la presión y la temperatura, incluso cuando están en circulación. Además de reducir significativamente el riesgo de pinchazo, permiten ahorrar hasta 1.500 euros al año en combustible.

El próximo paso, creen los fabricantes, será desarrollar un neumático totalmente imposible de pinchar, algo que pasaría por vaciarlo de aire. Con ello, el pneumatikós («relativo al pulmón», en griego), perderá incluso la cualidad que le da nombre.

Michelin Vision: Fusión de llanta y neumático

Inteligente, conectado, reciclable y capaz de ser producido por una impresora 3D. Michelín presentó en la pasada cumbre de movilidad Movin’On su prototipo Vision, que según el fabricante no contamina y podrá repararse y adaptarse de forma sencilla a los cambios del terreno. La estructura es una malla de goma sintética biodegradable de alta resistencia que permite suprimir la cámara neumática y, por tanto, evita totalmente el riesgo de pinchazos. El plan de Michelín, que pretende implantar este concepto de rueda «dentro de 10 o 15 años», pasa por establecer una red de centros especializados en los que poder imprimir distintos dibujos en el dibujo del neumático para nieve, lluvia o caminos de tierra. Además, registrará el comportamiento del conductor y podrá adaptarse a él.

Continental ContiSense y ContiAdapt: Con sensores para mejorar la seguridad y el confort en carretera

En un mundo en el que todo está interconectado, el neumático no podía quedarse al margen. Eso es al menos lo que piensa Continental, que acaba de presentar dos nuevas tecnologías, Contisense y Contiadapt, que aportarán más seguridad y confort en carretera. Ambas, adelantadas durante el pasado Salón de Fráncfort, monitorizan de forma continua el estado del neumático y permiten la adaptación de su rendimiento a la carretera. En concreto, ContiSense emplea compuestos de caucho conductores de electricidad que alertan inmediatamente al conductor de cambios en la presión o la temperatura del suelo o de la rueda. ContiAdapt, por su parte, utiliza microprocesadores para ajustar la presión de los neumáticos y modificar su huella.

Hankook: Cinco proyectos para aventurar hacia dónde irá la movilidad

Hankook avanzó, en el pasado Salón del Automóvil de Fráncfort, cinco innovadores conceptos de neumático. El fabricante surcoreano presentó «Magfloat», un medio de locomoción a base de ampliaciones de campos magnéticos, «Flexup», que puede subir escaleras, e «iPlay», un biciclo de construcción en suspensión más flexible, «Shiftrac», que ofrece unas excelentes características en las curvas, y «Autobine», que puede colocar o retirar automáticamente los neumáticos en función del número de pasajeros abordo. Demasiado rompedores como para creer que se vayan a materializar en el futuro cercano, sí puede pueden avanzar las tendencias de futuro de este fabricante. Desde 2011 Hankook desarrolla el concepto de rueda no neumática -sin aire y, por tanto, imposible de pinchar-, hecha de poliuretano.

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Los nuevos relojes y pulseras de Samsung ya son resistentes al agua

Samsung quiere ampliar el público de sus relojes inteligentes. Los runners y, en general, los amantes del ejercicio terrestre se le han quedado pequeños. Por eso la marca coreana ha lanzado los nuevos Gear Sport y Gear Fit2 Pro, un smartwatch y una pulsera, respectivamente, especialmente diseñados para cualquier entrenamiento acuático.

La marca surcoreana ha aprovechado la feria tecnológica IFA de Berlín para presentar estos dos dispositivos, que son una evolución deportiva y mejorada del Gear S3 y de la pulsera Fit2, desmintiendo así a los que daban por hecho que Samsung estrenaría una nueva gama de relojes inteligentes (Gear S4). Los datos de Speedo On también son compatibles con Samsung Health, la plataforma de seguimiento de fitness a través de la que Samsung ofrece información más detallada sobre el estado de salud.
Desarrollada para nadadores que quieran monitorizar su actividad, la plataforma de Speedo On actúa como un asesor de entrenamiento integra, con análisis, rastreo del progreso en relación a las metas marcadas, junto con programas adicionales de entrenamiento y consejos personalizados desarrollados por entrenadores y atletas profesionales. Además, permite seguir a otros nadadores, afrontar retos y compartir logros a través de las redes sociales.

Ambos dispositivos también comparten la monitorización avanzada de las pulsaciones, con una mayor precisión que anteriores modelos; detección automática de la actividad, que puede reconocer actividades como andar, correr, montar en bici o actividades dinámicas como el baile y el baloncesto.

Además de Speedo On, tanto Gear Sport como Fit2 Pro mantienen integradas las apps deportivas de Under Armour (RecordTM, MyFitnessPal, MapMyRun y Endomondo) para las funciones de actividad deportiva, información nutricional y monitorización del sueño. En el menú de las apps también está Spotify, para escuchar música favorita tanto online como offline o incluso sin necesidad de llevar el móvil.

Gear Sport

El Gear Sport se parece bastante por fuera a la versión deportiva del Gear S3, aunque un poco más estilizado y ergonómico, manteniendo el diseño minimalista, el famoso bisel circular marca de la casa, con pantalla Super AMOLED de 1,2 pulgadas y una interfaz de usuario mejorada que facilita ver la información incluso cuando se está en movimiento, e incluye también las clásicas funciones de la familia Gear.

Entre sus funcionalidades están el control de los dispositivos IoT de Samsung a través de Samsung Connect, actúa como mando a distancia, tanto para realizar una presentación con PowerPoint como para utilizar las gafas Samsung Gear VR y permite pagar con un movimiento de muñeca a través de Samsung Pay (solo con NFC)

Gear Sport estará disponible en color azul y negro, Puede personalizarse con una gran variedad de correas estándar de 20 milímetros intercambiables y en distintos colores.

Gear Fit2 Pro

Por su parte, lGear Fit2 Pro integra una avanzada monitorización GPS para capturar las carreras y paseos en bici con un seguimiento preciso de la actividad.

La pantalla curva de 1,5” Super AMOLED de Gear Fit2 Pro y su panel táctil a color en alta resolución hacen que las actualizaciones y notificaciones en tiempo real sean más fáciles de leer. La pulsera ergonómica, está disponible en negro y rojo, su diseño versátil la convierte además en un accesorio de moda, según la marca.

Samsung también ha decidido renovar más por fuera que por dentro su línea de auriculares inalámbricos IconX, especialmente diseñados para escuchar música en movimiento, tanto online como offline, transfiriendo las canciones desde un smartphone o un PC, o accediendo a los temas favoritos a través de una conexión Bluetooth. Los auriculares traen también una nueva conexión a Bixby, el asistente de voz de Samsung y funcionalidades como con un simple movimiento de tocar y mantener apretado el auricular, el usuario puede utilizar su voz para controlar su música o su teléfono, sin ni siquiera tenerlo en la mano.

El nuevo diseño llega en negro, gris y rosa y es más ergonómico y ligero, para que su uso resulte más seguro y cómodo y elegante. Para los deportistas, Gear IconX monitoriza automáticamente las rutinas en carrera, y también incluye la función Running Coach que puede activarse simplemente apretando el auricular para obtener actualizaciones de audio sobre el progreso del ejercicio, en tiempo real y sin necesitar el teléfono.

Mantiene la carga rápida y aumenta la duración de la batería, con hasta cinco horas de reproducción simultánea y siete horas de reproducción independiente de música y con un almacenamiento interno de 4 GB

 

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El sector de la construcción en el punto de mira de la tecnología

El sector de la construcción ha vivido unos momentos muy complicados con la burbuja inmobiliaria. Por eso, ahora temen que se genere otra burbuja, pero esta vez a nivel tecnológico como consecuencia de la proliferación de herramientas digitales. Sin embargo, lo cierto es que su aparición es cada vez más una realidad y los profesionales dedicados a este ámbito deben comenzar a valorar todas las posibilidades que ofrecen. ¿Qué puede hacer, pues, la tecnología por mejorar este sector?

Analizar los datos para conocer el deterioro

El Big Data, el análisis de datos, por ejemplo, en un futuro cercano será aplicado a las carreteras y podrá evitar accidentes de tráfico. Pero, para ello, habrá que establecer una red de «ojos» que capten información casi en tiempo real. Un sensor permitirá la monitorización continua de las condiciones del interior del pavimento para conocer el estado real del deterioro del firme. De esta forma, se podrá reparar si es necesario y evitar que cause algún daño. Este proyecto ya existe y se llama Repara 2.0. En estos momentos, lo están desarrollando varias empresas como Acciona, Sacyr o Repsol, según el ingeniero de Caminos y «Technical and Development Manager» para Repsol Asfaltos, Franscio José Lucas Ochoa.

Modelaje inteligente para reducir costes

La multinacional energética estuvo presente en la jornada «Tech Constrution Day» celebrada en el Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Madrid. En ella, se presentaron proyectos y servicios tecnológicos punteros en un encuentro dedicado a la innovación tecnológica. Las herramientas que más destacaron en el futuro de la construcción, según los gurús del sector, fueron: el Big Data, «Interneet de las cosas» (IoT), los nanomateriales y drones. No obstante, el mayor protagonista fue el BIM -Building Information Modeling-, una metodología que será implantada de forma obligatoria en España en 2018 en todos los proyectos constructivos de financiación pública.

Precisamente, a la hora de diseñar y dibujar los planos la tecnología ya está asentada, pero se pueden hacer muchas cosas. Sobre todo, para anticipar proyectos. Esta maqueta digital, en tres dimensiones, supone una revolución tecnológica para la cadena de producción y gestión de la edificación y las infraestructuras. Algunas de las ventajas que proporciona el BIM son la reducción de costes y la construcción de manera más eficiente. Además, su aplicación total creará nuevos perfiles profesionales como modelador BIM o BIM manager.

«El BIM supone la digitalización de los espacios y vamos hacia un mundo totalmente digitalizado. Esta herramienta lo va a ocupar absolutamente todo y ni siquiera como lo entendemos ahora», sostiene el director general de Visual Technology Lab, Iván Gómez. Sin embargo -confiesa- que España va retrasada en esta tecnología si se compara con los países europeos del norte o Estados Unidos. Por su parte, el arquitecto Técnico y tecnólogo Enrique Alario, pese a que cree que «es absolutamente necesario», lamenta que haya estudios que aún no se atreven a trabajar con el BIM.

Realidad virtual para moverse por las obras

De manera que, mientras los más reticentes al BIM prefieren seguir dibujando una línea en un papel en vez de diseñar muros o puertas en tres dimensiones, siguen surgiendo nuevas técnicas que van un paso más allá: la unión del BIM y la realidad virtual o aumentada. Desde esta empresa trabajan en integrar ambas herramientas para obtener un resultado más eficiente en construcción. Así que a través de las gafas Microsoft HoloLens o HTC Vive, un arquitecto puede moverse libremente por el espacio de un edificio en obras para la detección de fallos en los elementos arquitectónicos o hacer arreglos de mantenimiento del edificio desde su propia oficina.

Esta última idea, fue muy latente durante toda la jornada, pues los expertos apuestan a que la innovación no solo pasa por la fase de construcción, sino que una vez finalizada las obras, la empresa también deberá estar presente para su conservación. De modo que, en esta línea IBM propuso la creación de edificios cognitivos cuya base sea «Internet de las Cosas».

«Son edificios que entienden lo que se le dice, razonan y son capaces de aprender incluso de sus errores. Ya no se programan, se enseñan», señala a este diario el representante de IBM, Gonzalo Valle.

Así, por ejemplo, se podría conocer cómo circulan las personas por ese edificio o interactuar con los elementos: abrir una puerta, apagar una luz. Valle explica que su implantación supondría una optimización del el agua o la energía eléctrica a la vez que reduciría la emisión de los gases de efecto invernadero. Asimismo, señala que esta tecnología no supone una gran inversión y que se podría integrar en edificios antiguos. «No es ciencia ficción», señala.

Una opinión con la que que concuerda Gustavo Díez, de Presto Ibérica, quien presentó unos grifos en los que, entre otras funcionalidades, se quedaba registrado la temperatura con la que cada miembro de la familia se lavaba las manos. «Elementos innovadores que antes considerábamos exclusivos de películas de ciencia ficción como Blade Runner, ya existen, como los sistemas de grifería domótica con inteligencia artificial integrada».

Un futuro incierto

Sin duda, el año que viene con la aplicación obligatoria del BIM, comenzará a hacerse latentes los cambios en este ámbito tan tradicional. Aunque el problema al que se enfrenta este sector en la innovación reside en que «la tecnología existe y faltan ideas para saber qué hacer con ella», reseña Alario.

Para él «el primer paso va a ser vender construcción más que hacer construcción. Creo que la realidad virtual va a ayudar mucho a vender». Asimismo, comenta que ya no es necesario un piso piloto porque al comprador se le pondrá unas gafas en la oficina y se le enseñará toda la casa con los materiales que él quiera y sin tener que realizar una inversión en hacer una maqueta de un piso piloto.

Por otra parte, Iván Gómez está seguro que el cambio se producirá cuando todo comience a funcionar todo junto: BIM, «IoT», realidad virtual y aumentada. A lo que matiza, el Director de Desarrollo del Colegio de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Madrid, Felipe Aparicio, que con todas estas herramientas la edificación será más eficiente, pero siempre y cuando exista un equilibrio con la experiencia del profesional. Un valor irremplazable.

En cualquier caso, la aplicación de las nuevas tecnologías en la construcción genera un gran debate y nadie está seguro de cuál será el futuro. Pero lo que está claro es que se trata de un mundo que aún está por descubrir y que cada día está más cerca de ser una realidad.

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En el futuro, la informática pasará de la nube a la niebla.

La expresión «computación en la nube» o cloud computing se refiere al uso de servidores remotos para almacenar información y para ejecutar todos o algunos de los procesos que hacen funcionar servicios y aplicaciones a los que el usuario normalmente accede desde el ordenador o el móvil. Para que la computación en la nube sea posible es necesario transferir grandes cantidades de datos a través de internet, de modo que la computación en la nube requiere una conexión a internet de gran capacidad y alta disponibilidad. Por ejemplo, por wifi y 4G en dispositivos móviles y ADSL o fibra óptica en viviendas y oficinas.

“El problema es que aunque es muy útil disponer de la potencia y capacidad de un servidor remoto», dicen en TechRadar, «también existe el riesgo de que ese servidor se vea comprometido y todos los datos que contiene queden expuestos”.

Para reducir ese riesgo Rosario Culmone y Maria Concetta De Vivo, de la facultad de tecnología de la universidad de Camerino, en Italia, han propuesto el desarrollo de protocolos que hacen uso de tecnologías ya utilizadas en internet para desmenuzar los datos a procesar. De ese modo, la información no se enviaría a un servidor remoto concreto, sino que estaría repartida, troceada, entre muchos servidores menores. Se trataría de “información inmaterial en el sentido de que en ningún momento la información existe en su forma completa en ningún lado”, explican.

La información inmaterial permanece distribuida en redes redes públicas y privadas, sin quedar almacenada en un lugar concreto. De este modo no hay un servidor que pueda ser objetivo de ataques maliciosos y solo el dueño legítimo de la información pueden acceder a ella cuando la necesite: “Es como si enviaras una carta por correo sin destinatario pero con un dispositivo de seguimiento: la carta pasaría de una oficina de correos a otra y nunca se entregaría en ningún sitio, pero en cualquier momento se puede recurrir al dispositivo de seguimiento para saber dónde está y recuperarla”, dicen las investigadoras.

Esta descentralización de la computación en la nube se conoce como computación en la niebla o fog computing. El término fue acuñado por Cisco hace algún tiempo y se refiere al uso de uno o de más dispositivos cercanos al usuario, incluyendo su móvil, para distribuir la información en lugar de enviar los datos a un único servidor en internet. “Mientras que la nube está ahí arriba en algún lugar del cielo, distante y remota y deliberadamente abstraída, la niebla está cerca del suelo, donde las cosas se concretan”, explica el columnista de The Wall Street Journal Christopher Mims.

La distribución de la información entre uno o más dispositivos y centros de datos menores geográficamente más próximos al usuario supone también una mejora en la velocidad de acceso, en el tiempo de latencia, y en la disponibilidad de los datos. Parte de esos datos pueden quedar distribuidos en redes locales entre los dispositivos del usuario, por que la computación en la niebla ofrece teóricamente una mayor seguridad con respecto a la computación en la nube. Además de que los datos se reparten entre diversas máquinas y dispositivos una parte de esa información puede quedar a este lado del router, en una red local, por ejemplo, reduciendo en gran medida el riesgo que implica transferirlos por internet.

La computación en la niebla tiene una estrecha relación con el internet de las cosas o el internet de todo (IoT, IoE, respectivamente), la idea de que los objetos cotidianos incorporen ordenadores más o menos capaces y estén conectados entre sí. Por tanto entre los dispositivos candidatos a formar parte de una red de computación en la niebla se pueden incluir también todos aquellos aparatos conectados con los que convivimos habitualmente: tabletas, teléfonos móviles y ordenadores, puntos de acceso, routers y switches de red, videoconsolas o impresoras, sin descartar tampoco un televisor o una nevera como cualquier aparato que pueda participar en el internet de las cosas.

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