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Qués es el audio 8D, la última moda sonora que produce «orgasmos sonoros»

De The Beatles Pink Floyd pasando por Led Zeppelin o Queen. Bandas inconmensurables que, en su época, exploraron con el sonido, estrujándolo y retorciéndolo a su antojo para buscar impactar y crear nuevas experiencias auditivas. Con la llegada de los sistemas de grabación 3D, la música cambió para siempre la manera de llegar al oído humano. Un paso más se encontró en el sonido holofónico, desarrollado en los años ochenta de mera casualidad, y que, ahora, encuentra su réplica en un mal llamado sonido 8D.

Se trata de un formato de audio que pretende emular la realidad, pero que requiere de reproducirlo a través de auriculares. «Youtubers» y creadores de contenido audiovisual actuales han encontrado su nueva «moda» pero, allá por los años setenta y ochenta, grupos de rock psicodélico como Pink Floyd lanzaron discos conceptuales en los que se jugaba con nuevas técnicas de grabación. Con ello se logra que las ondas auditivas se manipulen para que parezca que proviene de varios puntos, algo que el cerebro se encarga de procesar generando, así, una experiencia surrealista que algunos definen incluso como «orgasmos sonoros».

Para demostrar la particularidad de este sonido ahí está la típica experiencia de la barbería virtual en el que el receptor «siente» cómo el sonido va moviéndose de izquierda a derecha como si se tratase de verdad de un corte de pelo. Pero, en realidad, su base se encuentra en los llamados sonidos holofónicos, una técnica de de espacialización sonora creada por Hugo Zuccarelli en los años ochenta. Un logro de la técnica que «vende» una forma distinta de escuchar música. Con estos audios binaurales -como se denominan- se pueden «sentir» los sonidos.

«Es un sonido tridimensional y no le encuentro ningún sentido a llamarlo así»

La holofonía partió de casualidad cuando este científico argentino decidió aplicar el concepto de holograma al sonido. Ese efecto, casi hipnótico, es posible mediante cabezas de maniquí que tratan de simular las condiciones auditivas de una cabeza humana. «Básicamente, es igual que el sonido 3D con el que se lleva funcionando mucho tiempo y experimentando desde los ochenta», explica a este diario Loren Alloza Pascual, técnico de Silent Technology. A su juicio, este formato es «un paso más» en el estéreo, sonido basado en dos canales, izquierdo y derecho, pero se intenta lograr un «sonido más realista» para que los oyentes sientan que están «dentro de una sala». Eso, se resiste a denominarlo 8D: «es un sonido tridimensional y no le encuentro ningún sentido a llamarlo así».

A nivel técnico, este sonido modifica algunos parámetros clásicos de los sistemas de grabación. En lugar de utilizar dos micrófonos -uno para el canal izquierdo y otro para el derecho- como en el caso del estéreo, «se utiliza una maqueta de una cabeza artificial». De tal forma que, según este experto, el resultado es lograr que los micrófonos «registren el sonido que ha pasado por las orejas y por el cráneo». «Es introducir en la grabación la función de transferencia», añade.

«La idea es que para percibir si el sonido está en la izquierda o derecha, el cerebro lo que hace es comparar, introduciendo un retardo. Si tenemos un sonido a la derecha llegará antes a ese oído y, después de ese retardo, llegará a la izqueirda. El cerebro, entonces, localiza dónde está el sonido», apunta este experto, al tiempo que sostiene que esta técnica de grabación lo que consigue es «introducir el cráneo como caja de resonancia».

La gracia de todo esto es que este curioso formato se ha venido extendiendo en los últimos años. Los efectos de audio posicional 3D se introdujeron, entre otras cosas, en videojuegos y la tecnología de realidad virtual, pero también ha llegado al mundo de la música, permitiendo a músicos ofrecer una experiencia tridimensional y envolvente en directo.

 

Y para muestra, un botón :

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Cuatro décadas de música portátil; el inicio de la revolución digital

Hoy en día un teléfono móvil sirve para muchas cosas. Es un miniordenador desde el que los usuarios pueden disfrutar de uno de los mejores pasatiempos, escuchar música. Pero antes de aquello hubo un principio. Fue un pequeño invento de la tecnología. Un reproductor de cintas de casete que permitía llevar a cuestas la música.

Rompió récords. Y le dio un gran baquetazo al vinilo, hoy recuperado para los melómanos. La historia detrás del Walkman es la historia de la inmersión cultural, de la capacidad de disfrutar de las canciones en la intimidad. Aunque existen controversias sobre la autoría de este dispositivo, fue Sony quien, en 1979, lanzó el TPS-L2. 

Los adolescentes y jóvenes de la época tuvieron a mano un «gadget» con encanto, que representaba su estatus. Su precio inicial era demasiado elevado. No todos los chiquillos se lo podían permitir. La sensación que causó define sin ambages la sociedad del momento. En cualquier caso, es un símbolo de los años ochenta, un verdadero icono, que allanó el camino a otros reproductores.

Su importancia es que podías escuchar tus discos preferidos (o la radio) desde cualquier sitio. Porque inauguró la era de la música portátil, revolucionó su consumo. Inspiró, además, a todo lo que vino después porque durante estos cuarenta años ha visto desfilar numerosos productos como la aparición del Discman (1984), la revolución del MP3 (1998). El propio Steve Jobs, cofundador de Apple, recogía aquel legado cuando creó el iPod (2001).

En los albores de la revolución digital, el primer modelo de Walkman era, además, extremadamente fácil de usar. De diseño minimalista, tenía unas limitadas funciones que se resumían, básicamente, a reproducir, rebobinar y detener la música. Aquel aparato cosechó un éxito inmediato. Los distribuidores, de hecho, estuvieron desbordados por la demanda. Diez años después de su lanzamiento ya se habían vendido 50 millones de unidades. Hasta marzo de 2010, justo cuando Sony anunció su retirada del mercado, había vendido exactamente 200.020.000 unidades. Numerosos fabricantes se subieron al carro como Toshiba, JVC, Panasonic.

Y fue tal el impacto del reproductor, que hoy nos referimos a todos los dispositivos de este tipo, con el nombre de la marca (Walkman). Y esto fue posible gracias al trabajo de Masaru Ibuka y Akio Morita, que idearon el concepto original y lo lanzaron al mercado con un precio de 200 dólares. Originalmente, el dispositivo requería un soporte físico para almacenar la música.

Era el casete que Philips había producido hacía décadas y que permitía guardar hasta 60 minutos (30 minutos por cara) con una calidad aceptable. Antes de la voracidad de la piratería, los usuarios se fabricaban sus propios recopilatorios con sus canciones preferidas. Alquilaban cintas y CD’s para grabarlas en casa. Era un sentimiento en forma de homenaje y no de estar realmente cometiendo una ilegalidad. Porque, además, era un aparato que obligaba a sus consumidores a tomar decisiones, como elegir la cinta que querían llevarse o la necesidad de darle la vuelta a la cara.

Consciente del hábito que habían desarrollado entre los usuarios, la firma japonesa quiso repetir el éxito en años siguientes con sucesivos nuevos modelos que introdujeron capacidades más innovadoras. El WM-101 incorporó las pilas recargables, luego vino el MZ-1,un modelo de corte más deportivo WM-F5. Incluso en 2015 ha seguido renovándolo con el ZX2, que proporciona la experiencia de alta resolución.

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El altavoz inteligente de Google llega a España con versión en castellano.

El español, con sus matices y su riqueza lingüística, es un idioma excepcional. En la actualidad, el segundo más hablado del mundo. Para aquellos que no lo han mamado desde pequeños dominarlo es cuestión de mucho tiempo. Estratégicamente hablando, representa una gran oportunidad para lanzar productos de cualquier tipo. La tecnología así lo ha visto. De ahí a que si se quiere triunfar a nivel mundial es probable que las marcas comerciales estudien cómo adaptar sus propuestas tecnológicas a España y, por extensión, al español internacional.

La de los altavoces inteligentes es una batalla que no ha hecho más que comenzar. En el mundo de la innovación, quien golpea antes tiene posibilidades de triunfar. De ahí a que los fabricantes de este tipo de dispositivos se hayan apresurado a que «hablen» español lo antes posible. Sus lanzamientos coinciden en el tiempo, pero es Google el que lanza a partir de este martes su Home en un intento de acercarse a los hogares del país. Google Home y Home mini se podrán adquirir por 149 euros y 59 euros, respectivamente.

Aunque en el mercado norteamericano ha tenido una gran acogida, este tipo de dispositivos todavía no tienen una adopción masiva entre los consumidores. Lo que consiguen es, en parte, preparar el terreno ante lo que probablemente se extienda en los próximos años; que la voz sea la nueva forma de interrelacionarse entre el ser humano y las máquinas. Esa visión se debe a los depurados y cada vez más avanzados asistentes virtuales que «entienden» las instrucciones de los usuarios y las ejecutan de manera automática.

Apple (HomePod), Amazon (Echo) y Google (Home) son los tres principales productos que quieren conquistar el hogar. A final de año, todos ellos entenderán el español, con lo que los consumidores tendrán varias opciones, cada una con sus diferencias y similitudes. Con Home, por ejemplo, el propietario puede pedirle al aparato que le «lea» las noticias o reproduzca música. Pero existen otras muchas posibilidades que van desde la más habitual configuración de la alarma del despertador o reproducir contenido multimedia de los servicios digitales que seamos usuarios como Netflix, así como solicitarle sugerencias gastronómicas o lugares de interés. Y todo con las palabras mágicas para despertarlo, «OK, Google».

Su funcionamiento sorprende. Con más de 10 millones de unidades vendidas, el altavoz, cuyo «cerebro» es el asistente de voz Assistant, entiende perfectamente las palabras de los usuarios. Lo hace de manera fluida e, incluso, si la persona está balbuceando. Su rango de alcance es de varios metros, aunque Google no ha proporcionado esta información. La idea general es realizar peticiones informativas. «Liberarnos las manos para las cosas que importan en un entorno doméstico», explica Andrés Martínez Ortiz, director de relaciones con desarrolladores de Google y conocido como «Almo».

Por ejemplo, sólo pronunciando que queremos ver «La casa de Papel» en Netflix, automáticamente aparecerá en la pantalla a la que se haya vinculado el acceso. Pero este tipo de aparatos abre la puerta a un futuro domótico en donde gran parte de las tareas domésticas se realicen con solo emplear la voz, como el control del sistema de iluminación, la gestión del termostato o la activación de un robot-aspirador. Su debut parte de una compatibilidad con unos mil productos con funciones «inteligentes» de 150 firmas. Además, permite utilizarse con hasta seis cuentas distintas de voz para que tenga una experiencia personalizada. Por defecto, el asistente prioriza las peticiones directamente a Home en caso que se disponga de un teléfono con Android. «Y todo esto bajo el contexto de aprendizaje automático y ampliado a un entorno doméstico», añade.

El dispositivo cuenta con dos micrófonos para recoger la señal de la voz desde varias fuentes para poder optimizar el comportamiento. Dado que es también un altavoz, Home permite emitir sonido procedente por ejemplo de Spotify. Tiene una pantalla táctil superior desde donde controlar el volumen o apagarlo con un toque.

Hay numerosos ejemplos de uso. Si le dices «Cómo se presenta el día?» nada más levantarte, el dispositivo te realiza un plantel de las notificaciones previstas, te puede leer los principales titulares de un determinado periódico, te relata la agenda del día o la situación del tráfico, aunque se puede solicitar algunas cosas como «cuál es el próximo viaje» o solo los compromisos guardados en la agenda. Pero también puede, y ahí está otra de sus potencialidades, tener acceso a otros aparatos como la iluminación, atenuar o apagarla con solo comandos de voz. Siempre que sea compatible, aunque es posible utilizar un enchufe inteligente para que tenga acceso y pueda controlarlo. En cuanto a las rutinas, las programaciones que cada usuario puede personalizar, llegada próximamente a la versión en español.

Si tienes dos dispositivos puedes hacer «broadcast» para mandarle un fragmento de audio de uno a otro Home. Algo útil para las casas grandes. Lo que puede evitar gritos innecesarios. Pese a tratarse de Google, el altavoz es compatible con los dispositivos basados en el sistema operativo de Apple, iOS, aunque se le puede sacar más partido desde Android y, por supuesto, si el usuario está registrado a las aplicaciones del gigante de las búsquedas, aunque estas nuevas interfaces computacionales que están permanentemente «escuchando» han despertado los temores acerca de una posible intromisión en la vida íntima de las personas. La pregunta es clara: ¿superará en un futuro cercano el uso de la voz al móvil?

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Youtube Music; Google inventa su propio Spotify

YouTube ha lanzado la nueva aplicación musical YouTube Music, un nuevo servicio de «streaming» para los vídeos musicales de la plataforma, y ha renombrado su plataforma de pago YouTube Red, que pasa a conocerse como YouTube Premium.

YouTube Music es una aplicación para móviles con la que es posible explorar mediante «streaming» entre el catálogo musical de YouTube, e incluye canciones oficiales, videoclips, actuaciones en directo y listas de reproducción, como ha explicado la plataforma de Google a través de un comunicado.

La nueva aplicación se lanzará el próximo 22 de mayo en Estados Unidos y otros cuatro países, a los que se añadirán 14 países europeos entre los que se encuentra España «en las próximas semanas». Contará con una versión gratuita y otra de pago sin publicidad y con descargas por un precio de 9,99 dólares al mes.

Además, YouTube ha decidido también modificar la denominación de su servicio de suscripción y contenidos propios en «streaming» YouTube Red, que se llama ahora YouTube Premium, y que integrará los servicios de la parte de pago de YouTube Music. YouTube Premium, que tendrá un coste mensual de 11,99 dólares, se lanzará «pronto» y se encontrará disponible en nuevos países a los que no había llegado su predecesor Red, según ha explicado la empresa.

Música en el video

YouTube ha presentado también la nueva herramienta «Música en este vídeo», que se muestra en los vídeos al acceder a la pestaña «Mostrar más» y que incluye información sobre el artista y el tema incluso en los vídeos creados por «youtubers», como ha explicado Google a través de su sitio oficial.

La función, que ya se muestra en más de 500 millones de vídeos de la plataforma, tiene como objetivo «ofrecer un mayor reconocimiento y exposición» a los artistas musicales, según Google. Muestra datos sobre la canción como el artista, los sellos discográficos y enlaces al canal oficial y al vídeo musical del tema.

A través de la tecnología propia para creadores Content ID y de alianzas con las compañías discográficas, YouTube es capaz de identificar automáticamente tanto los temas que aparecen tanto en videoclips como las canciones añadidas en vídeos creados por los propios usuarios.

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Curioso truco para poner música a los estados de WhatsApp

Hay veces que la cosa más artesanal supera las carencias técnicas. Pese a que no han cuajado del todo, los estados de WhatsApp, el servicio de mensajería efímera de la conocida aplicación, sirven en muchas ocasiones para que los usuarios compartan citas célebres o mensajes cargados de filosofía.

Pero, aunque la «app» no lo permite de manera oficial, hay un truco para compartir no solo imágenes o videos sino música. Tal cual. Y en cuanto lo sepas pensarás, sin duda, «pues cómo no se me había ocurrido…». Y sí, el método más rudimentario puede servir en este caso para compartir durante 24 horas tu canción favorita o, si te pones, la que esté de moda en ese momento (leáse «Despacito», de Luis Fonsi).

Los pasos son bien sencillos. Tan solo hay que abrir la función Stories o Estados y optar por dos opciones: o bien descargarse previamente una imagen totalmente en negro o capturar una fotografía dejando el teléfono móvil inteligente en la mesa para tapar, en la medida de lo posible, la cámara. Lo importante es que sea cuanto más oscura, mejor.

Posteriormente, es necesario reproducir la canción que uno quiera desde el reproductor del «smartphone». Una vez que la tenemos puesta, la cuestión es capturar la melodía con el móvil. Y, para ello, una vez que hemos cargado la imagen en negro, iniciamos la grabación de un video, de tal forma que se estará recogiendo el sonido con una calidad bastante decente sobre un fondo en negro. Una vez logrado todos los pasos se comparte como se haría cualquier historia dentro de WhatsApp. ¡Y querías perdértelo!

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