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Avalancha de bloqueos en twitter por registros indebidos

Sergio (prefiere no compartir su nombre completo) tiene 18 años recién cumplidos. Es aficionado a los videojuegos, en especial al fenómeno creciente «Fortnite», pero también, como muchas personas a su edad, es asiduo a las redes sociales. Usuario de varias de ellas, tiene devoción por Twitter porque le permite estar informado y dar su opinión sobre cualquier tema.

Lleva varios años en esta red de micromensajes, pero su sorpresa se ha producido recientemente cuando, de la noche a la mañana, ha visto cómo era incapaz de acceder a su cuenta. La razón, tenía solo 13 años en el momento en el que se registró, aunque de aquello ya ha llovido bastante. Al final, por las trabas que se ha encontrado, ha acabado por crear una nueva pese a los problemas adicionales que ello conlleva; pérdida de los mensajes y de los seguidores (unos 500), principalmente. Twitter, entonces, le solicitó un DNI para conservar su cuenta. Tras claudicar a esa petición, la red social le avisó que también necesitaba una documentación de consentimiento expreso de sus padres para poder verificar su edad.

Al igual que él, muchos otros en similares circunstancias (uno de ellos, su amigo) en una avalancha de bloqueos de cuentas a usuarios que se abrieron su perfil cuando tenían 13 años. Una medida retroactiva que ha iniciado la compañía norteamericana a partir de su adaptación al Reglamento Europeo de Protección de Datos (RGPD o GDPR, por sus siglas en inglés) el pasado 25 de mayo, más garantista que la ley anterior y que propone el foco en la protección de los menores. Por lo pronto, el marco legislativo ha subido la edad mínimapara poder registrarse a los servicios digitales, algo a lo que se han ido adaptando en las últimas semanas de manera paulatina.

Twitter ha defendido que se trata de una medida proteccionista dado que sus términos de uso contemplan que la edad mínima es de 13 años, independientemente de la ubicación de la persona. «No tenemos permitido legalmente tener a nadie que sepamos que tenga menos de 13 años en nuestro servicio», reconocen a ABC fuentes de la compañía en España, aunque no han desvelado el número de afectados. El RGPD exige nuevas edades de consentimiento, pero el mínimo aceptado es de 13 años, aunque cada estado miembro tiene libertad para establecer su propio umbral. En el caso de Irlanda son 16 años, pero de media se ha subido hasta los 16 años por defecto.

«No tenemos permitido legalmente tener a nadie que sepamos que tenga menos de 13 años en nuestro servicio»

«Hubo usuarios que no añadieron su fecha de nacimiento cuando se inscribieron cuando eran menores de 13 años. No podemos legalmente mantener el contenido en la plataforma donde sabemos que el usuario tenía menos de esa edad cuando nos proporcionaron sus datos», añaden las mismas fuentes. En ese sentido, la empresa tecnológica ha resaltado las dificultades de «separar» el contenido generado por el usuario en dos bloques, uno para los mensajes publicados en el periodo en el que contaba con menos de 13 años y otro para aquellos que se compartieron por encima. Una situación que la red social ha optado por suspender a los usuarios pese que muchos de ellos están ya en edad adulta.

«Es normal que hayan procedido por defecto a bloquear las cuentas de aquellas personas en las que se puede haber producido un vicio durante el registro»

Los expertos sostienen que esta medida de Twitter se ajusta a la normalidad. «El problema surge en estos casos porque el consentimiento que dieron en su momento, su adhesion a las condiciones de WhatsApp, no eran válidos por la edad de quien suscribía la cuenta», explica a este diario Sergio Carrasco, jurista digital en Fase Consulting. «Sabemos que en la práctica muchos menores contaban con cuentas en esta red social, pese a la imposibilidad de acuerdo con la normativa anterior, pero las nuevas medidas y sanciones del RGPD han provocado que las empresas de prestación de servicios se tomen más en serio este riesgo», añade.

A su juicio, puede que la persona ya tenga la edad mínima para dar su consentimiento, pero el consentimiento inicial debemos entenderlo nulo. «Por lo tanto, es normal que hayan procedido por defecto a bloquear las cuentas de aquellas personas en las que se puede haber producido un vicio durante el registro», valora. En opinión de Borja Adsuara, experto en derecho digital, se trata de un procedimiento que pretende «cubrir el expediente y dar la sensación de que están realizando esfuerzos razonables de verificación de edad», aunque reconoce que si el registro de un perfil en una red social «fue hace menos de tres años, el RGPD recomienda los 16 años como edad para consentir».

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Las redes sociales más utilizadas por la generación Z

El 85% de los internautas españoles, unos 25,5 millones de usuarios, emplea alguna red social. Además, se usan cuatro redes de media por usuario, aunque se conocen más de nueve de forma sugerida.

Según el estudio anual (PDF) de 2018 publicado por IAB Spain, asociación que agrupa a más de 200 empresas relacionadas con el sector de la publicidad y la comunicación digital en España, el promedio de tiempo que los usuarios dedican a las redes sociales es de aproximadamente una hora, excepto en el caso de las mujeres y los jóvenes de entre 16 y 30 años, que lo superan.

El número de usuarios de redes sociales se mantiene estable respecto a cursos anteriores y también el perfil de quienes se resisten a abrirse una cuenta en ellas, que corresponde como promedio al de un hombre adulto, de más de 45 años y celoso de su privacidad.

El teléfono móvil es el principal dispositivo de conexión (en un 95% de los casos), seguido por el ordenador (91%) y la tableta (43%) mientras que, por franja horaria, su uso se intensifica entre las 20.30 y las 24.00 horas. La llamada «Generación Z» -jóvenes de entre 16 y 23 años- es la que emplea mayor número de redes sociales con Instagram, WhatsApp y YouTube somo sus preferidas, mientras que para los «Millenials» -colectivo que abarca a personas de edad entre 24 y 38 años- Facebook es la primera opción.

También se utilizan desde el punto de vista de puro entretenimiento, como sucede con la visualización de videos al menos en YouTube o la escucha de la música favorita en Spotify. Respecto a la publicidad en estos medios, un 32% de los usuarios afirma aceptar positivamente que los anuncios sean afines a sus intereses, un dato que ha aumentado respecto a 2017.

Además, se extiende en un 57% el uso de las plataformas para buscar productos antes de comprarlos, sobre todo en Facebook e Instagram, y el 38% interactúa con comentarios. El informe señala también que el 72% de los usuarios de las redes sociales siguen habitualmente a algún «influencer» y un 46 % de los profesionales del sector han contratado sus servicios debido a su ascendiente mediático.

 

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Oversharing; otro de los peligros de Internet

Los teléfonos móviles inteligentes no son malos de por sí. Demonizar la tecnología es un error demencial, sin lugar a dudas, porque a lo largo de la historia de la Humanidad los avances han permitido el progreso de las sociedades. Aún así, muchos inventos se han empleado para fines negativos y crear daño.

Las redes sociales es un ejemplo relativamente reciente; unos serviciosideados para conectar a los ciudadanos y que gobiernos y grupos han utilizado para controlar y espiar a los ciudadanos. A veces, sin embargo, no somos conscientes de adónde van a ir a parar las imágenes y fotografías que publicamos en nuestros perfiles. Con la entrada en vigor del Reglamento General de Protección de Datos se promete una mayor seguridad acerca de para qué van a usar las empresa tecnológicas los datos personales.

Aún así, es cierto que muchos usuarios, sobre todo entre los más jóvenes, publican constantemente imágenes personales que, a pesar de sus inocentes intenciones, puede utilizarse por personas con malas intenciones. Esa práctica tiene un nombre, «oversharing». Un comportamiento que la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) lo describe como «la sobreexposición de información personal en internet, en particular en las redes sociales a través de los perfiles de los usuarios».

El exceso de información facilitada en internet, así como el comportamiento de los usuarios en las propias redes sociales a través de sus identidades virtuales, suponen una «información fácil de aprovechar por usuarios malintencionados» que facilita la comisión de determinadas conductas que nos pueden ocasionar daños materiales, inmateriales y físicos, lamentan fuentes del organismo regulador.

La fiebre por contar todos los movimientos que uno hace en redes sociales como Facebook o Twitter, subir continuamente imágenes personales o poner además datos de la ubicación puede ser un arma de doble filo. Aunque no es un delito en cuestión, sí puede ser el chantaje o el robo de información personal por medio de algún tipo de técnica. «Cuanta más información se comparta en la red, más riesgo hay de robo y suplantación de identidad», advierten los expertos.

Cómo protegerse

En primer lugar, algo de sentido común: piensa detenidamente lo que vas a publicar al menos durante unos segundos y si crees que desvela demasiados detalles personales o puedes ofender a alguien replanteate si subirlo o no a Facebook o Twitter. Hay que tener en cuenta, además, que la mayoría de plataformas sociales cuentan con funciones para controlar lo que queremos mostrar públicamente o no.

Aunque con el RGPD hay una cierta garantía de saber más o menos cómo trafican con los datos, no está de más configurar la privacidad de la red social para determinar quién puede acceder a tu información e imágenes. Con estas opciones es posible, entre otras cosas, decidir si una imagen la pueden ver todos los contactos o solo unos pocos elegidos, por ejemplo, los amigos más cercanos o familiares. Lo importante es, sin duda, reflexionar antes de publicar información o imágenes, así como evitaer compartir información personal sensible.

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Desengancharse del móvil, el nuevo objetivo al que te ayuda Instagram

Las redes sociales y los fabricantes de dispositivos conectados se han frotado las manos en los últimos años gracias a internet y su capacidad para generar atracción y, en parte, causar adicción, sobre todo entre los usuarios más jóvenes. Ahora, sin embargo, empieza a surgir una tendencia, incorporar funciones para controlar el tiempo de uso de las nuevas tecnologías y, por ende, desengancharse de ellas en la medida de los posible.

Parte esa adicción se debe a que los iconos de las aplicaciones y las notificaciones generan una obsesión entre los usuarios. Hay una necesidad, una curiosidad y una ansiedad por consultar el último mensaje que ha llegado a una aplicación como WhatsApp o ver los últimos correos de Gmail. Si sistemas operativos como Android P que están en fase de desarrollo ya prevén la incorporación de un sistema para monitorizar el tiempo que el usuario pasa en el móvil y programar tiempos límites en aplicaciones, las plataformas sociales empiezan a prestarle mayor atención a esta causa.

La primera gran red en sumarse es Instagram. Según desvela el medio especializado «Techcrunch», la red de fotografías estudia la incorporación de una interesante característica por la cual informará a los usuarios cuando éstos vean todo el contenido publicado en las últimas 48 horas. Una medida enfocada a corregir una situación que se ha dado, paradójicamente, con la entrada del muro o «feed» cronológico en 2016 y que provoca que sea más complicado saber si has revisado todas las entradas de los contactos.

Nuevas funciones en WhatsApp; ya no serás añadido en un grupo sin tu consentimiento

WhatsApp apunta alto con los grupos. La conversación en internet, es cierto, ha virado hacia este tipo de plataformas que permiten comunicarse entre varias personas a la vez. Los grupos son un verdadero fenómeno, pero en ocasiones resultan inapetentes por ciertas prácticas que se dan, sobre todo entre amigos de toda la vida.

Pero son necesarios, útiles, imprescindibles muchas veces. «Son una parte importante de la experiencia», explican fuentes de WhatsApp en un comunicado. Lo son porque ahí confluyen diferentes perfiles, aunque se da el caso que uno va acumulando muchos (o demasiados) grupos a la vez que acaba por silenciar.

Los hay para conectarse entre amigos de la infancia que siguen contacto después de varios años, los familiares, aquellos que sirven para resolver dudas a los padres primerizos, los compañeros de clase o diversas comunidades de aficiones como el mundo de las motos. Pero en los últimos tiempos han sido pocas las mejoras que la mayor aplicación de mensajería instantánea ha realizado.

Descripciones más claras

Esta es una pequeña mejora de WhatsApp pero que implica una mejor forma de organizarse. Y más cuando uno va acumulando a lo largo del tiempo uno grupo tras otro. A partir de ahora, la «app» permite realizar una descripción más clara. Se trata de un pequeño texto en forma de resumen que aparece debajo de la información del grupo para que puedas escribir el tema, las normas, o cualquier otra nota importante del grupo. «Cuando una persona se una al grupo, la descripción aparecerá en la parte superior del chat», explican fuentes de la compañía.

Evitar a los graciosos que «trollean» los nombres

Todos tenemos algún amigo que disfruta de «trollear» -hacer bromas- a los demás pero también hacer algunas gracias como cambiar el nombre de los grupos o el icono. Pues bien, eso se acabó con los nuevos controles de administrador. WhatsApp quiere así que los administradores puedan restringir quién puede cambiar el nombre, ícono y descripción del grupo. Una novedad que estará dentro de los ajustes de cada grupo.

Ponerse al día

Otra de las novedades de WhatsApp se refiere a las menciones. En muchas ocasiones se da el caso que en los grupos (sobre todo en los masivos y cuando hay, por ejemplo, partidos de fútbol) uno recibe centenares de mensajes durante un corto espacio de tiempo. Eso provoca que más de uno pierda el hilo de la conversación. Aunque no resuelve este problema, la «app» ahora permite que cuando hayas estado un tiempo sin abrir el chat de grupo se puede, tocando el nuevo botón «@» en la esquina inferior derecha, ver rápidamente los mensajes en los que te mencionaron o respondieron.

Ver a los participantes

Los grupos de WhatsApp quieren mejorar la visualización de los participantes. ¿No te ha pasado alguna vez que te aventuras a felicitar a alguien en un determinado grupo y resulta que esa persona no forma parte? Ahora podrás encontrar quién forma parte del grupo desde la pantalla información del grupo. Es decir, de una manera más fácil y rápida.

Más permisos y más protección

El resto de funciones de WhatsApp para mejorar los grupos tienen que ver con los permisos de los administadores y los «derechos» de los contactos. En primer lugar, los administradores ahora pueden eliminar permisos de otros participantes pero los creadores de los grupos no podrán ser eliminados del grupo que ellos comenzaron. Por otro lado, se ha añadido más protección para que no puedan añadir repetidamente a un contacto a grupos de los que se ha salido. Esto es importante puesto que, según la Agencia Española de Protección de Datos, administraciones públicas no pueden agregar a perfiles a un grupo sin su consentimiento.

 

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