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Comida y chuches virtuales para Aibo, el perro robótico de Sony

Cuando Sony anunció la salida de su nuevo aibo, el famoso perro robótico de la firma, logró captar una gran atención por parte de todos los amantes de la tecnología. Ahora, la empresa japonesa se ha descolgado con una nueva suerte de «periférico» en forma de actualización para este dispositivo: comida y chuches virtuales.

El objetivo que se persigue con esta medida es que los dueños de este «perro» puedan tener una experiencia más auténtica e inmersiva. «Dele comida a aibo y observa su felicidad. Puede disfrutar de las comidas al mismo tiempo o decirle a Aibo que espere», afirma Sony en la página web de aibo.

Esta comida, que no es obligatoria, se podrá adquirir a través de la aplicación ideada por Sony para el dispositivo, y que se paga con las monedas de la misma plataforma. Estas se pueden lograr mediante regalos y bonificaciones de inicio de sesión. También es posible comprarlas.

A su vez, la compañía ha creado un bol en el que alimentar a aibo, que por el momento no está diponible. «Es el accesorio perfecto para alimentar aibo», explican en la web de la empresa. Esta adición tampoco es obligatoria si se desea alimentar al perro. El usuario también puede dar de comer al can directamente con su mano.

En caso de contar con el bol, el dueño del perro lo único que debe hacer es seleccionarlo en la aplicación y rellenarlo de comida. Tras esto, el perro podrá comer.

Cabe recordar que el dispositivo ya actuaba antes de esta adición de una forma muy similar a la de un auténtico perro. En Japón se ha convertido en todo un éxito. Tanto, que algunos usuarios de los modelos más antiguos del perro, que datan de 1996, son sometidos a un ritual budista de despedida.

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Se buscan rostros para robots

La industria de la robótica se ha planteado en innumerables ocasiones si era preciso producir humanoides con una fisionomía humana. Es un debate complejo. Diversos estudios psicológicos han recomendado evitar esta visión del futuro por el miedo que despierta en las personas: no es lo mismo interactuar con una máquina de brazos hidráulicos y metálicos que hacerlo con una con rostro y gestos de una persona común que te puedes encontrar por la calle.

Como si los «replicantes» que protagonizan la película «Blade Runner» traspasaran la última frontera, una empresa británica llamada Geomiq ha publicado una oferta que puede sonar a ciencia ficción: ofrece 130 mil dólares (116 mil euros) por obtener la cesión de la cara de una persona. Su objetivo es fabricar «amigos virtuales» destinados al cuidado de personas mayores. Eso sí, la venta de derechos de imagen tiene una contrapartida: se hace de por vida. Algo que puede suponer un riesgo mayor de lo que se cree por las posibles consecuencias futuras.

 La empresa de ingeniería, con sede en Londres, ha desvelado que los requerimientos para ser aprobado pasan por tener un aspecto «amable y amigable». No todos pueden servir para la causa. Y habrá que ver cómo se decide. El único dato que piden es una fotografía personal hasta encontrar la cara correcta que mejor se adapte a las circunstancias. «Esto implicará que la cara de la persona seleccionada se reproduzca en miles de versiones de los robots de última generación por todo el mundo», explican en un comunicado fuentes de la empresa. Los candidatos que pasen a la siguiente fase recibirán más información sobre el proyecto final, aunque aquellos que no sean aceptados desconocerán los motivos porque no serán contactados a través de comunicaciones oficiales.

Debido a la crisis demográfica de los países occidentales y regiones asiáticas como Japón, el sector de la robótica ha virado hacia un modelo de robótica asistencial diseñada para cuidar y acompañar a personas mayores, niños pequeños y colectivos con discapacidad. Un negocio al alza que se reforzará en los próximos años. El mercado de la robótica moverá, según las estimaciones que maneja la Comisión Europa, unos 60.000 millones de euros cada año a partir de 2020.

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Armas autónomas; los grandes peligros de los «robots asesinos»

La tecnología no sólo está cambiando completamente la forma en la que los seres humanos se comunican. Desde hace tiempo, ejércitos de todo el mundo se encuentran volcados en la fabricación de armas que funcionan de forma totalmente autónoma. Sin necesidad de que haya una persona monitorizando su funcionamiento. Sin embargo, ¿qué nos garantiza que estas nuevas armas no van a cometer un error y, en un momento dado, asesinaran a miles de civiles?. Lo cierto es que, según la ingeniera informática irlandesa Laura Dolan, absolutamente nada.

«(Este tipo de armamento) podría provocar accidentes a gran escala al comenzar a actuar de forma inadecuada. Es por ello, que cualquier dispositivo armamentístico debería estar sujeto a control humano. De lo contrario, deberían ser prohibidos, porque resultan demasiado impredecibles y peligrosos», ha apuntado la científica en declaraciones al medio británico « The Guardian».

Dolan habla con conocimiento de causa. La ingeniera pasó varios años trabajando para Google, y desde 2017 lo hizo, según afirma, dentro del Proyecto Maven. Un plan, creado por el Departamento de Defensa de Estados Unidos, con el objetivo de reclutar a empresas expertas en inteligencia artificial para emplear su tecnología de reconocimiento por imagen en zonas de guerra; como Irak, Siria o Afganistán.

Teóricamente, gracias a los avances en Inteligencia Artificial, los dispositivos autónomos del ejército norteamericano serían capaces de reconocer a sus objetivos y atacarlos, por lo que no habría necesidad de que una persona tuviese que estar vigilando su actividad. Algo que, como apunta la ingeniera, supone un grave riesgo, ya que nadie garantiza, por ejemplo, que una máquina no pueda confundir en un momento dado «a un combatiente de 18 años de un joven de 18 años que está cazando».

«Las armas totalmente autónomas podrían decidir quién vive y quién muere sin necesidad de que un ser humano intervenga; algo que supone un gran aprieto moral. Como máquinas, carecen de características humanas, como la compasión, que son necesarias a la hora para tomar decisiones éticas complejas», explican desde el grupo Campaign to Stop Killer Robots, al que pertenece Dolan.

Google da marcha atrás

La participación de la firma de Google en este proyecto levantó ampollas entre sus trabajadores. Tanto, que enviaron una carta al director ejecutivo de la compañía, Sundar Pichai, a modo de queja. Algunos, como Dolan, fueron más allá y tomaron la determinación de abandonar la compañía: «Aunque no participé directamente en acelerar el reconocimiento de video, me di cuenta de que era parte de la cadena de asesinatos; que esto conduciría en última instancia a que más personas fuesen atacadas y asesinadas por el ejército de Estados Unidos en lugares como Afganistán».

«Aunque no participé directamente en acelerar el reconocimiento de video, me di cuenta de que era parte de la cadena de asesinatos; que esto conduciría en última instancia a que más personas fuesen atacadas y asesinadas por el ejército de Estados Unidos en lugares como Afganistán»

Debido a la fuerte oposición de sus empleados, Google terminó optando por dar marcha atrás y dejar que el contrato de colaboración que la ataba al proyecto del ejército estadounidense se extinguiese. «Siempre hemos dicho que esto fue un contrato de 18 meses, por lo que terminará en marzo de 2019. Después de esto, no seguiremos en el Proyecto Maven», recalcó en junio de 2018 Diane Greene, consejera delegada de Google Cloud.

El ejército de Estados Unidos, por su parte, es consciente de la impopularidad del Proyecto Maven. Debido a ello, informó hace pocos días de que está buscando un experto en ética que ayude a utilizar el armamento autónomo de forma correcta. «Estamos pensando profundamente acerca del uso ético, seguro y legal de la inteligencia artificial», afirmó en rueda de prensa Jack Shanahan, director del Centro de Inteligencia Artificial del Departamento de Defensa de EE. UU.

Shanahan, a su vez, llamó la atención acerca de que otros países como China o Rusia no estén mostrando ninguna preocupación sobre los peligros existentes detrás de este tipo de armamento. Sin embargo, se mostró terminantemente en contra de la prohibición: «sería contraproducente prohibir por completo cosas en las que las personas ni siquieran entienden por completo a lo que se refieren cuando dicen «prohíbe esto»». Por el contrario, espera que su adopción se acelere lo máximo posible.

Falta de control

Como ocurre con tantas otras cosas, hasta el momento no existe una legislación que regule, o prohiba, el empleo de armamento militar autónomo. La ONU lleva años tratando de dar solución a este problema. Sin embargo, por el momento los avances son escasos. «(Estas armas) son políticamente inadmisibles, moralmente reprobables y deberían estar prohibidas por el derecho internacional», señaló en un escrito el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, durante la reunión del pasado mes de marzo, en Ginebra, de un grupo de expertos gubernamentales de la organización en el ámbito de los sistemas de armas autónomas.

La ONU ha levantado la voz ya en varias ocasiones acerca de los peligros que esconde este tipo de armamento. Sin embargo, como hemos expresa, países como Estados Unidos, Rusia, Israel, China o Reino Unido, que están trabajando en el desarrollo de este tipo de tecnología, se muestran tremendamente reacias respecto a un posible acuerdo internacional de prohibición. Algo de lo que numerosas asociaciones llevan años quejándose.

«Aún no es tarde para cambiar de rumbo. La prohibición de los sistemas de armas totalmente autónomos podría impedir algunos escenarios realmente distópicos, como una nueva carrera de armas de alta tecnología entre superpotencias mundiales que provocaría que las armas autónomas proliferaran de forma generalizada», señala Rasha Abdul Rahim, investigadora sobre inteligencia artificial y derechos humanos de Amnistía Internacional.

«Hasta que no haya robots matando gente no sabrán cómo reaccionar, porque lo ven como algo etéreo, algo que simplemente podría no suceder»

Desde otros grupos, como «Campaign to Stop Killer Robots», apuntan que es imprescindible que los estados reconozcan los potenciales peligros que esconde este tipo de armamento, el cual, sostienen firmemente, debe ser prohibido. A su vez, hacen un llamamiento para que empresas, como Google, no colaboren en la elaboración de este tipo de sistemas.

Importantes personalidades del mundo de la tecnología, como Elon Musk, también han alzado su voz contra el empleo de este tipo de tecnología. El consejero delegado de Tesla no se ha cortado a la hora de manifestar en varias ocasiones la necesidad de que las armas autónomas sean prohibidas. «Hasta que no haya robots matando gente no sabrán cómo reaccionar, porque lo ven como algo etéreo, algo que simplemente podría no suceder», expresó Musk hace dos años en una conferencia junto a políticos estadounidense.

 

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Llegan los robots agricultores que recogen la fruta directamente del árbol como un humano.

La automatización de los procesos industriales no es un fenómeno nuevo. Desde hace décadas, los sectores más arraigados en las sociedades avanzadas y las nuevas empresas han basado su crecimiento en la robotización y mecanización de algunas de sus tareas. Y ello ha permitido un ahorro importante de costes al tiempo que se contribuía al bienestar del trabajador. Con la implosión de los nuevos avances en inteligencia artificial, el futuro de la economía empieza a emerger en la figura de robots de todo tipo.

La agricultura, además, ha sido uno de los sectores donde más impacto ha tenido estos avances. El campo ha venido incorporando numerosos avances tecnológicos, al que deben sumarse la nueva hornada de robots capaces de recoger la fruta directamente del árbol con la misma precisión y sensibilidad de la mano humana. Uninteresante proyecto del Centro Australiano de Robots del Campo de la Universidad de Sydney (Australia) ha puesto, precisamente, ese enfoque en este sector tan tradicional.

Y disponen de varias propuestas curiosas que tienen como misión recolectar productos alimenticios de manera rápida y efectiva. Y con el añadido de estar permanentemente trabajando. Algunos de sus robots, por ejemplo, funcionan por alimentación solar. Unas células fotovoltaicas permiten hacerlos funcionar en campos agrícolas y cultivos de árboles.

Así, prototipos llamados Rippa o Ladybird permiten emplear tecnologías autónomas para tomar decisiones rápidamente en fincas de alta densidad. Robots granjeros de gran precisión.Uno de los más curiosos es una máquina que puede coger una pieza de fruta de un árbol y, sin dañarla, depositarla directamente en una caja para su almacenaje.

Pero, además de esta tarea, está programado para «aprender» del estado de los productos, distinguiendo, incluso, si está o no madura. Además de recolectar, el centro dispone de robots preparados para fugimar, arar la tierra o gestionar el ganado. El centro pretende lanzar el próximo año versiones comerciales de sus robots. Es un proyecto muy ambicioso y más teniendo en cuenta que el mercado global de Robotics e Inteligencia Artificial crece globalmente a 7 billones de dólares en 2018 y está previsto que llegue a más de 26 billones de dólares en el año 2023.

Son muchas las empresas implicadas en este sector. Una de ellas, Small Robot Company, ha empezado a distribuir máquinas más productivas y autónomas que podrían decir adiós en los próximos años a los clásicos tractores. Ante el escaso interés de los trabajadores en desempeñar tareas propias de la agricultura en las últimas décadas, hay iniciativas, incluso, que han conseguido cultivar y cuidar lechugas por robots. Un escenario que se irá repitiendo en un futuro muy cercano.

 

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Las claves de internet, 30 años después.

Internet ha cambiado totalmente la vida de las personas. También a la sociedad. Y a la economía. Lo que empezaba a fraguar hace tres décadas se ha impregnado en todos los rincones de las ciudadades más desarrolladas. El futuro conquistará todos los objetos que parecen cotidianos hoy en día. Nada es ya como parece; y nada lo será en los próximos años.

La base tecnológica que ha permitido este avance tuvo un inicio, un 12 de marzo de 1989. El momento proclive para la historia. O, más bien, para la Historia, porque fue entonces cuando el físico británico Tim Berners-Lee sentó las bases de la World Wide Web (WWW) en un informe que se considera como el pistoletazo de salida del internet que hoy todos manejamos en el móvil o en el ordenador. El protocolo necesario para la revolución.

Hay quien, con más o menos razón, empieza a dezlizar cambios fundamentales en su desarrollo; la era «post PC» empieza a dar paso a la era «post pantalla». Un detalle apenas nimio que, sin embargo, muestra el camino hacia un futuro en donde internet estará presente en infinidad de objetos electrónicos en las próximas décadas. De hecho, según diversos estudios consultados, en 2019 se prevé que existan más de 26.000 millones de objetos conectados. Una cifra que ha ido creciendo desde los 15.400 del año 2015 y que todo apunta a que se alcanzará los 75.40 para 2025, según datos de la consultora Deloitte.

El impacto económico será obvio: los productos basados en la filosofía «Internet de las Cosas»n Europa pasarán de los 23.000 millones de dólares a los 38 previstos para este año a los 94.000 que se prevén conseguir en 2023, según la empresa Statista.

«El auge de tecnologías como el control por voz, el abaratamiento de componentes, el desarrollo de la tecnología 5G y las soluciones que reducen el tiempo de comercialización y los costes de desarrollo para las empresas están haciendo que actualmente vivamos la verdadera revolución de los objetos conectados», asegura en un comunicado Ángel Sánchez, cofundador y Manager Director de Geeksme. «El IoT ya es una realidad y veremos cómo se va normalizando y asentando en todas las capas de la sociedad en un futuro inmediato».

La existencia del Día Mundial de Internet, este 17 de mayo, se produce, sin embargo, en un momento de cuestionamiento del propio medio. En este periodo se ha convertido en una herramienta de alcance global para la distribución de la información, la colaboración y la comunicación entre personas independientemente de su ubicación geográfica. Entre algunas de las tendencias que están marcando la evolución de internet a día de hoy, desde la compañía DE-CIX destacan, entre ellos, la futura llegada de las redes de quinta generación, las conocidas como redes 5G, que han abierto una guerra comercial entre Europa, Estados Unidos y China por su control.

De hecho, los expertos coinciden en que la quinta generación de comunicaciones móviles supondrá una revolución. Entre sus ventajas destacan una mayor velocidad, una menor latencia y la capacidad de conectar a un mayor número de dispositivos. «La implantación de esta tecnología de redes móviles supondrá un aumento exponencial del tráfico de internet al hacer posible la industria 4.0», señalan fuentes de la compañía a través de un comunicado.

Los servicios «cloud» también tendrán un gran impacto en la economía digital. Los datos de la consultora Gartner lo constatan: se estima que el negocio alrededor de los servicios en la nube alcanzará a finales de 2019 la cifra de 214.000 millones de dólares, una cifra que seguirá creciendo -aumentado tres veces más rápido que el conjunto de las tecnologías de la información para 2022-. «A medida que las empresas van migrando sus servicios a la a la nube y los usuarios la utilizan cada vez más para almacenar su información personal, los data centers se enfrentan a mayores desafíos de capacidad», añaden lasmismas fuentes.

La neutralidad en la red o el control de los gobiernos también ha agitado la propagación de internet al tiempo que el equilibrio entre la libertad de expresión y los nuevos derechos digitales han visto cómo se usaban para intentar censurar a los ciudadanos. La seguridad informática, a su vez, tmabién representa otro de los grandes desafíos de esta era hipereconectada.

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