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Así son la revolucionarias gafas de realidad virtual que prepara Facebook

Facebook le ha metido tanto dinero a esta tecnología que, pese a que no se ha adoptado de manera masiva, no va a tirar la toalla tan fácilmente. La realidad virtual ha tomado una nueva dirección desde que aparecieron los primeros visores compatibles hace varios años. Se ha vuelto más extendida e híbrida, abrazando a otras tecnologías quizás más prácticas como la realidad aumentada. El proyecto de la multinacional estadounidense es llamativo porque parecen, realmente, unas gafas convencionales.

La firma estadounidense ha mostrado el diseño de su dispositivo. Es ligero, compacto y muy delgado. Se parece a unas gafas de sol corrientes, aunque algo más voluminosas. De esta manera se diferencian de la estética abrupta y futurista de otras lentes de realidad virtual como Oculus Rift o HTC Vive, que por lo general es un producto aparatoso. Están fabricadas por Oculus, fabricante especializado que fue adquirido por Facebook en 2014. De momento es un prototipo.

Su diseño compacto se ha conseguido mediante una combinación de lentes plegables holográficas. Este planteamiento tecnológico se puede utilizar «para desarrollar futuros equipos de realidad virtual con aspecto de gafas de sol», explican en un comunicado los autores del trabajo. Gracias a sus desarrollos se ha conseguido adelgazar hasta la mínima expresión las lentes. En este caso se ha conseguido crear lentes de 9 milímetros de grosor. Al mismo tiempo, estas gafas admiten un ángulo de visión comparable a otros productos de realidad virtual.

La mayoría de las gafas de realidad virtual tienen una óptica de visualización común: lentes refractivas compuestas de una sola pieza de gran tamaño, curvada que suele ser de vidrio o plástico. La idea de la empresa es reemplazar este componente voluminoso mediante una óptica holográfica. A través de un sistema de proyección láser y de retroiluminación, el visor logra mostrar imágenes en 2D y en 3D, generando la sensación de inmersión.

Para entenderlo: las gafas de realidad virtual se componen de tres tecnologías: una fuente de luz proporcionada por luces LED, un panel de visualización que ilumina o atenúa la luz para formar una imagen (una pantalla de tipo LCD) y una óptica preparada para enfocar la imagen lo suficientemente lejos para que los ojos del espectador puedan verla con nitidez.

Para reducir significativamente el tamaño y el peso general de las pantallas de realidad virtual, el equipo de desarrolladores de Facebook ha combinado dos técnicas: óptica holográfica y óptica plegable basado en lentes polarizadas. De esta manera, la luz emitida «rebota» para trasladarla al ojo de una manera óptima, con lo que puede tener una mayor cercanía como unas gafas de vista convencionales.

 

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Radar COVID : así funciona la aplicación de rastreos que se esta probando en La Gomera

Radar Covid ya está en marcha. Se trata de la aplicación de rastreo de coronavirus Covid-19 que el Gobierno ha puesto en marcha en una prueba piloto en La Gomera(Canarias). Una «app» que se ha desarrollado por Indra en los dos últimos meses y que está basada bajo el protocolo diseñado en la herramienta de Google y Apple. Se van a usar a unos 300 emuladores para simular que se produce una pandemia en el 10 por ciento de la muestra.

El ensayo durará dos semanas y constará de tres fases: la primera semana se dedicará a una intensa campaña de comunicación, sensibilización y formación a escala local. Y la monitorización se producirá a partir del 6 de julio con simulación de contagios y seguimiento. Una vez finalizado el piloto, previsto para el 20 de julio, las autoridades evaluarán la iniciativa y decidirán en los próximos meses si se escala a nivel nacional como medida adicional para combatir la propagación de la enfermedad.

El objetivo de esta aplicación, que no tiene geolocalización, es evaluar aspectos técnicos y de experiencia de uso del ciudadano, con el fin de optimizar el diseño de la aplicación y su grado de confianza. Además, servirá para calibrar el algoritmo de la app con el fin de garantizar la veracidad de las notificaciones. La prueba es un proyecto tecnológico y social basado en la colaboración ciudadana.

Interoperabilidad

Funciona en los dos sistemas operativos móviles más extendidos, Android e iOS. Ya evaluadas por Google y Apple, se ha publicado en sus respectivas tiendas. La primera en recibirla ha sido Android. Durante las pruebas realizadas, ABC ha podido comprobar que el sistema anima al usuario a activar el Bluetooth. El terminal necesita tener activado esta tecnología inalámbrica, utilizada para conectar dispositivos compatibles, para «recoger y compartir de forma segura» el ID o código de identificación aleatorio con otros teléfonos que estén cerca.

Cómo funciona

Radar Covid puede avisar al usuario si ha estado cerca de alguien que ha indicado que tiene síntomas de coronavirus. La herramienta avisa que se comparten con la «app» la fecha, la duración y la intensidad de la señal asociadas a las exposiciones. Si se permite que esté activa siempre en segundo plano, es posible que se reduzca la duración de la batería. Esta función se puede cambiar desde «Ajustes/Aplicaciones/Notificaciones».

En el primer vistazo, la «app» informa del nivel de exposición al que se ha sometido el usuario. En este caso, la prueba realizada por ABC señala que «Tu exposición es baja». Aún así, el propio sistema recomienda a los usuarios una serie de pautas comm mantener la distancia de seguridad estipulada en 1,5 metros, usar «siempre» mascarilla quirúrgica, lavarse las manos frecuentemente. También se incluye otras medidas como taparse la boca al toser o estornudar o usar pañuelos desechables.

Desde la pestaña «Enviar diagnóstico anónimo», el usuario puede introducir el código del test de Covid-19, la prueba PCR realizada por las autoridades médicas que deberán enviar a los pacientes infectados por la enfermedad. Este asunto es clave dado que, de esta manera, se podrá notificar a los usuarios que se aproximen en un rango cercano de que ha estado en presencia de una persona contagiada.

La privacidad, su gran desafío

El Gobierno promete, y así lo destacan en los términos de uso de la aplicación, que no se recogen ningún dato personal como nombre, dirección, edad, número de teléfono o correo electrónico. Tampoco se recopila información de la geolocalización. «No podemos determinar tu identidad ni saber las personas con las que has estado», aseguran desde el ministerio. De hecho, los datos se guardan en el propio dispositivo y la conexión con el servidor está encriptada. Además de esta objetivo, Radar Covid incluye varios métodos de contacto (teléfono, correo electrónico) para reportar incidencias.

 

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El primer caso de un hombre acusado erróneamente por el reconocimiento facial

En 2054, el capitán John Anderton es el jefe de la fuerza de policía PreCrime en Washington. En la cita dirigida por el polifacético director Steven Spielberg, el actor Tom Cruise es quien se pone en el papel. La cosa se va de madre en «Minority Report». Aunque es ficción, en la vida real el empleo de tecnologías para resolver crímenes está cada vez más a la orden del día. La tecnología de reconocimiento facial, que se ha incorporado como herramientas en algunos países, es la más cuestionada. Los fallos técnicos y los habituales sesgos que se producen amenazan su adopción futura en un contexto disputado por grandes empresas tecnológicas.

Pero no está exenta de fallos. Porque los algoritmos diseñados para detectar la culpabilidad en crímenes le queda aún bastante rodaje. Según informa «The New York Times», un hombre afroamericano residente en Michigan estuvo detenido durante treinta horas después de que la tecnología de reconocimiento facial empleada por la policía confundiera su aspecto en un crimen que no cometió.

El curioso episodio se remonta a enero. Robert Julian-Borchak Williams recibió una una llamada del Departamento de Policía de Detroit cuando se encontraba trabajando en una oficina de una compañía de suministros de automoción. El agente con el que habló le adelantó su detención. Un hecho que se produjo, finalmente, a su regreso a su domicilio. Dos patrullas le abordaron, según el relato del medio estadounidense, delante de su esposa y sus dos hijas. Fue acusado de robar en octubre de 2018 unos cinco relojes de lujo valorados en 4.000 dólares en una tienda de joyería.

Imagen del detenido
Imagen del detenido – NEW YORK TIMES

«¿Este eres tú?»

La policía llevó al detenido a la comisaría, donde le tomaron fotografías, las huellas digitales y muestras del ADN. Lo retuvieron durante toda la noche hasta que, alrededor del mediodía del viernes, dos detectives lo trasladaron a una sala de interrogatorios. La versión del detenido es que lo único que hicieron fue mostrarle tres imágenes procedentes de la cámara de seguridad. «¿Este eres tú?», dijo el agente. Se trataba de un hombre corpulento, vestido de negro y con una gorra. Los rasgos, aparentemente, coincidían con el detenido.

Para localizar al sospechoso, los investigadores emplearon el software DataWork Plus. La tecnología identificó al detenido gracias a cargar las imágenes de las cámaras de vigilancia. El sistema dio información relevante. Pero resultó un falso positivo. Algo que se produce muy habitualmente por la existencia de sesgos entre personas negras. A pesar de no ser culpable, tuvo que pasar varias horas hasta que fue liberado tras pagar una fianza de 1.000 dólares.

En la actualidad se ha abierto un intenso debate a escala internacional sobre el racismo en las detenciones. En Estados Unidos se han registrado decenas de protestas a raíz de la muerte a manos de un agente de policía de George Floyd. Un hecho que ha despertado, además, las dudas sobre los sistemas de vigilancia utilizados por la policía. Los sistemas de reconocimiento facial se llevan utilizando por las fuerzas policiales desde hace varios años. Estudios recientes realizados por el MIT y el Instituto Nacional de Estándares y Tecnología (NIST) han encontrado que sesgos e imprecisiones entre personas de color oscuro.

De hecho, la tecnología funciona relativamente bien entre personas blancas, pero sus resultados son menos precisos debido a la falta de diversidad en las imágenes utilizadas para desarrollar las bases de datos con las que «entrenar» a los software. Empresas de tecnología como IBM, Microsoft y Amazon han anunciado recientemente que dejará de vender sus herramientas de reconocimiento facial a los cuerpos de seguridad. En un comunicado, la policía ha pedido perdón.

 

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¿Van a fracasar las aplicaciones de rastreo del COVID-19?

A falta de vacunas y tratamientos más efectivos, el empleo de la tecnología, el uso de mascarillas y las medidas de confinamiento se han revelado como los únicos escudos seguros contra el coronavirus Covid-19. De las propuestas más innovadoras, las aplicaciones de rastreo de contagio han sido las que más han llamado la atención por su aparente efectividad. La proliferación de iniciativas público-privadas, las peleas en Europa para decantarse por un modelo u otro y las dudas que despiertan en la privacidad han satanizado a las herramientas.

Cuando la pandemia echaba a rodar, el mundo, enmudecido, se asombró ante las estrategias adoptadas por países como Singapur o Corea del Sur. Fueron pioneras en el empleo de aplicaciones de rastreo. Había un voto de confianza. Pero también había un problema adicional: estas herramientas de trazabilidad, por sí solas, no sirven de nada; requieren del respaldo de la ciudadanía. Hay estudios que apuntan a que para que estas «vacunas» digitales tengan efectividad deben utilizarse por un 60% de la población.

España hará una prueba piloto en las próximas en La Gomera (Canarias) una «app» de rastreo de exposición del coronavirus basada en el protocolo diseñado por Apple y Google. La herramienta, que no es obligatoria ni accede a la geolocalización de los usuarios, emplea la tecnología inalámbrica Bluetooth, presente en los teléfonos móviles, para mandar alertas de posibles personas contagiadas. El proyecto, que ha sido apoyado por 22 países, es interoperable entre territorios y sistemas operativos, con lo que el enfoque es evidente: preparado para el turismo y la apertura de fronteras.

La canalización y centralización de esta iniciativa ha estado dirigida por dos empresas aparentemente rivales como Apple y Google, que han prestado su tecnología que las autoridades sanitarias que lo deseen puedan utilizar su API -software de creación de servicios digitales- para poder integrar sus propias herramientas de notificación de exposición al virus. Otros países han decidido hacer la guerra por su cuenta con el desarrollo de sus propias aplicaciones. En Europa, en su mayoría no se han puesto todavía en marcha. Algunas regiones que han ido por libre o bien las han cancelado o bien no han logrado el efecto esperado. El recelo hacia el respecto de la privacidad han limitado su introducción en los países.

Aunque con menor o peor acierto. Italia ha llevado proyectos pilotos. En Singapur, que fue pionero en este tipo de herramientas, ha funcionado razonablemente bien, aunque al igual que en Corea del Sur también han tenido que realizar medidas de confinamiento. Reino Unido, que en un primer momento decidió crear un desarrollo propio y lo probó en la Isla de Wight, ha tenido que reconsiderar la iniciativa de las dos tecnológicas. Noruega ha sido uno de los que ha tirado la toalla. Esta semana el Instituto Noruego de Salud Pública anunció que abandona el proyecto de recopilación de datos a través de la «app» de rastreo llamada Smittestopp.

El proyecto, que ha costado unos 229.000 euros, ha tenido una buena respuesta entre los ciudadanos. Se estiman más de 1,5 millones de descargas. Pero incluía una particularidad que no ha gustado del todo a la autoridad reguladora en materia de protección de datos noruega, el acceso al sistema GPS. Una tecnología que permite monitorizar en tiempo real los movimientos de los ciudadanos. Una supuesta invasión a la intimidad de las personas.

El lanzamiento de la nueva aplicación de rastreo de contagios de Alemania para enfrentarse al coronavirus ha provocado, por su parte, críticas por parte del comisionado de protección de datos del país. El Gobierno alemán ha creado una aplicación con un sistema de geolocalización voluntaria que permitirá rastrear personas que puedan haber estado en contacto con un caso confirmado del nuevo coronavirus, aunque apuesta por una «solución interoperativa europea». El uso de la aplicación, que utiliza Bluetooth, responde a «una decisión totalmente voluntaria» del ciudadano, que decide si se la quiere bajar, si la quiere activar e incluso si la activa, si quiere facilitar sus datos en caso de confirmación de contagio.

El nivel de penetración de este tipo de soluciones digitales está en centro del debate. Kuwait y Bahrein, en el Golfo Pérsico, han lanzado, por su parte, algunas de las aplicaciones de rastreo de contactos Covid-19 más invasivas del mundo, poniendo en riesgo la privacidad y seguridad de sus usuarios, según denuncia Amnistía Internacional. El grupo de derechos descubrió que las herramientas estaban llevando a cabo un seguimiento en tiempo real de la ubicación de los usuarios mediante el acceso al GPS desde un servidor central.

 

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¿Se puedes escuchar una conversación «escuchando» a las bombillas?

La voz de las personas u otros sonidos, como la música, producen pequeñas vibraciones en las bombillas colgadas del techo que permiten descifrar lo que están diciendo los implicados. Así lo afirma un grupo de expertos de Israel que ha desarrollado una tecnología que solo mediante estas vibraciones es capaz de espiar conversaciones a distancia y en tiempo real.

Esta técnica, bautizada como «lamphone» («teléfono lámpara», en inglés), ha sido desarrollada por investigadores de la Universidad Ben-Gurión del Néguev y el Instituto Científico Weizmann, ambos ubicados en Israel.

La tecnología consiste de un ataque de canal lateral que se aprovecha de la implementación física de un sistema. Pero en este caso no de un «software», sino de las bombillas ligeras tradicionales tipo bulbo colgadas del techo, como por ejemplo en lámparas, que vibran cuando reciben un sonido.

Para descifrar una conversación a distancia mediante su uso, únicamente es necesario disponer de un telescopio equipado con un sensor electro-óptico y tener visibilidad directa de la bombilla, como por ejemplo a través de una ventana, aunque esta se encuentre hasta a 25 metros de distancia.

El estudio sostiene que «las fluctuaciones del aire presionan en la superficie de una bombilla colgada, lo que causa que la bombilla vibre muy ligeramente», con vibraciones que apenas alcanzan la milésima parte de un grado pero que pueden captarse con un sensor y «ser explotadas por espías para recuperar conversaciones y canciones».

Posteriormente, los investigadores analizaron la relación entre las señales de audio y los cambios en las bombillas y desarrollaron un algoritmo capaz de recuperar el sonido solo a través de los datos de imagen de un sensor electro-óptico sobre una bombilla.

Ya existen otras técnicas capaces de descifrar el sonido a través de los efectos de las vibraciones sonoras en superficies como bolsas de plástico o ventanas. Pero, como principal diferencia, «lamphone» permite obtener las conversaciones en tiempo real, de forma externa y pasiva.

En las pruebas, los investigadores reprodujeron una canción de la banda Coldplay y un fragmento de un discurso del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. La primera de ellas pudo reconocerse con éxito a través de la aplicación musical Shazam, y el segundo, mediante la API de transcripción de habla a texto de Google.

 

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