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BirdWatch, la herramienta de Twitter para combatir la desinformación

Las redes sociales permiten al usuario estar a un «clic» de distancia de cualquiera. Sin embargo, el enorme torrente de publicaciones que fluye dentro de estas herramientas también es capaz de causar problemas; como el de la desinformación, con la que plataformas como Facebook o Twitter llevan lidiando desde hace años. Precisamente, la aplicación del pájaro azul acaba de poner en marcha en Estados Unidos una nueva función que busca combatir las «fake news» que se vierten en su interior. Y, para ello, quiere contar con la colaboración de los internautas corrientes. Su nombre es Birdwatch.

«Birdwatch permite a las personas identificar información en tuits que creen que es engañosa y escribir notas que brindan un contexto informativo. Creemos que este enfoque tiene el potencial de responder rápidamente cuando se difunde información engañosa, agregando un contexto en el que las personas confían y encuentran valioso», explica en un comunicado Keith Coleman, vicepresidente de producto de la red social.

Aunque el servicio, por el momento, solo está disponible en fase pruebas en un sitio aparte de la red social, y al que solo pueden acceder los usuarios de Estados Unidos, desde Twitter se espera que esté disponible próximamente a nivel global: «En este sitio, los participantes de la prueba piloto también pueden calificar la utilidad de las notas agregadas por otros colaboradores». Asimismo, la compañía asegura que ha realizado más de 100 entrevistas con personas de todo el espectro político que utilizan Twitter para hablar sobre la herramienta.

«En particular, las personas valoran que las notas procedan de la comunidad (en lugar de Twitter o una autoridad central) y aprecian que las notas proporcionarán un contexto útil para ayudarles a comprender y evaluar mejor un tuit (en lugar de centrarse en etiquetar el contenido como «verdadero» o «falso»)», expresa Coleman.

 

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Lucha contra la desinformación en Twitter y Facebook

Vuelve el fantasma que asusta a los grupos políticos. Vuelve, a la primera línea, las críticas por la posible existencia de sesgos ideológicos en las plataformas de medios sociales. El detonante ha sido una publicación del medio «The New York Post» en la que se informaban de los supuestos vínculos con Ucrania del candidato demócrata a las elecciones presidenciales de Estados Unidos. La noticia, de interés periodístico, no ha circulado de manera masiva por la limitación introducida por Facebook y Twitter. Lo que ha despertado la ira de sus detractores al grito de censura.

Las redes sociales, que han considerado a esta información de «poco fiable», están en el punto de mira en esta próxima cita electoral. Los escándalos de Cambridge Analytica de hace cuatro años y las campañas coordinadas para tratar de influir entre los votantes ha derivado en la adopción de nuevas medidas contra la desinformación. Estos filtros han generado un intenso debate público acerca de si tratar contenidos informativos puede ser considerado censura.

Sin verificación previa

Es, en efecto, una decisión poco habitual de las redes sociales por su carácter marcadamente editorial. bY más, teniendo en cuenta que lo han hecho sin esperar la verificación de hechos de las empresas asociadas de «fact-checkers» con las que tienen acuerdos internacionales como Newtral o Maldita en España.

En el caso de Facebook, la red social por excelencia ha optado por «reducir la distribución» del artículo durante el tiempo en que sus verificadores analizan la historia, mientras que Twitter se ha inclinado en su completa eliminación. ¿Deberían editorializar las compañías tecnológicas? ¿Son acertadas sus decisiones para intentar frenar la lacra de las «fake news»? El polémico artículo se basaba en la recopilación de una serie de correos electrónicos recuperados de un viejo ordenador que, supuestamente, había pertenecido al hijo de Biden. El asunto más espinoso ha sido la revelación de que una copia se entregó al diario por el exalcalde de Nueva York, Rudy Giuliani, actualmente asesor jurídico de Trump. Este hecho ha considerado poco fiable la información publicada.

Ambas empresas han alegado motivos diferentes para justificar la limitación de alcance de la publicación. Andy Stone, responsable de políticas públicas en Facebook, ha instado en un mensaje en su perfil de Twitter a que los grupos externos de verificación de datos asociados a Facebook corroboren la información. «Mientras tanto, estamos reduciendo su distribución en nuestra plataforma», ha insistido.

Y ha añadido: «Esto forma parte de nuestro proceso estandarizado para reducir la difusión de información errónea. Reducimos temporalmente la distribución pendiente de la revisión del verificador de hechos». Twitter, por su parte, ha asegurado que violaba su política interna contra la publicación de material digital robado al considerar que los contenidos se habrían logrado sin el consentimiento de su supuesto dueño.

Donald Trump, actual presidente y candidato republicano, ha calificado en su perfil de Twitter de «terrible» la decisión de las redes sociales, al tiempo que ha llamado de nuevo a eliminar las protecciones legales de las que disfrutan las grandes plataformas de internet bajo la sección 230 de la Ley de Decencia en las Comunicaciones de 1996. El objetivo es una reforma que puede modificar estos servicios que han logrado representar un papel predominante en la política y la distribución de contenidos informativos.

En los últimos meses la relación de estas plataformas con la política se ha tensionado. Las empresas propietarias de estos servicios tan populares han orquestado un plan de acción para evitar la desinformación durante las próximas elecciones. Entre las medidas adoptadas, evitar que se cante victoria antes de tiempo o informar sobre el proceso de votación.

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¿Pagar por tuitear?. Twitter exploara nuevas vías de ingresos tras las perdidas del primer semestre de 2020

Este año va a suponer el punto de inflexión en los servicios de pago por suscripción. Las redes sociales también pueden empezar a explorar este modelo de negocio después de ver reducidos sus ingresos publicitarios a consecuencia de la crisis sanitaria Covid-19. Las plataformas digitales como Facebook y servicios como Google se nutren, principalmente, de la publicidad. Pero para ampliar sus opciones, algunas empresa tecnológicas han optado por reforzar los servicios por suscripción. Apple, Amazon o Microsoft han sacado provecho. Y, ahora, Twitter, conocida red de micromensajes, va a considerar hacerlo.

El momento es importante porque la compañía estadounidense ha registrado unas pérdidas netas de 1.228 millones de dólares (1.060 millones de euros) en el segundo trimestre de 2020, frente a las ganancias de 1.119 millones (966 millones de euros) registradas durante el mismo periodo del año pasado, según las cuentas trimestrales publicadas este jueves por la empresa.

Para tratar de reducir su dependencia de la publicidad, la empresa dirigida por Jack Dorsey ya ha empezado a barajar otras vías alternativas de ingresos. «Estamos en las primeras etapas de una exploración de oportunidades de productos de ingresos adicionales para complementar nuestro negocio publicitario. Esto podría incluir suscripciones y otras aproximaciones y, aunque nuestra exploración está poco avanzada, no esperamos ingresos atribuidos a estas nuevas fuentes en 2020», ha señalado en un comunicado.

A raíz de una oferta interna publicada en la página web, Twitter evidenció su interés en la contratación de un responsable de medios de suscripción. Algo que tendría sentido puesto que el servicio es una importante fuente de datos e información relevante. Agencias de publicidad, instituciones y empresas pueden estar dispuestas a pagar por herramientas avanzadas y servicios «premium» para mejorar su rendimiento. En 2011, la empresa adquirió Tweetdeck, una herramienta de dinamización de contenidos y analítica, por 28 millones de dólares. Con el tiempo también ha sumado otras plataformas para mejorar la experiencia. Y algunas de ellas podrían volverse de pago en un futuro.

Los costes asociados a los ingresos se elevaron un 3,6%, hasta situarse en 288 millones de dólares (249 millones de euros), al tiempo que la partida de investigación y desarrollo (I+D) alcanzó los 216 millones de dólares (186 millones de euros) y los gastos de venta y marketing se contrajeron un 14%, hasta 207 millones de dólares (179 millones de euros). De su lado, los costes generales y administrativos experimentaron un alza, hasta 96 millones de dólares (83 millones de euros), un 9% más.

Durante el trimestre, la media de usuarios activos diarios monetizables experimentó un crecimiento del 34%, hasta situarse en 186 millones. La red social ha atribuido este alza a la «conversación global sobre la actualidad» y a las mejoras realizadas en el producto. En el conjunto de los primeros seis meses del año, Twitter registró unos ‘números rojos’ de 1.236 millones de dólares (1.067 millones de euros), frente a las ganancias de 1.310 millones de dólares (1.130 millones de euros) de un año antes. Los ingresos entre enero y junio descendieron un 8,4%, hasta 1.491 millones de dólares (1.287 millones de euros).

 

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Hackean cuentas de Twitter de personajes famosos para realizar estafas con criptomonedas

Las cuentas verificadas de la red social Twitter de personalidades reconocidas como Bill Gates, Barack Obama, Kanye West, Joe Biden o Elon Musk, entre otros, han sido hackeadas este miércoles para llevar a cabo estafas con criptomonedas.

Las cuentas hackeadas, entre las que también están la de Kim Kardashian, Warren Buffet, Jeff Bezos o Mike Bloomberg, han publicado ‘tuits’ similares solicitando donaciones vía bitcoin. «Todos me están pidiendo que devuelva y ahora es el momento», indicaba el mensaje de Gates, recogido por la cadena de televisión CNN. El ‘tuit’ prometía doblar pagos en una dirección de bitcoin. «Me envías 1.000 dólares, te devuelvo 2.000», rezaba el mensaje.

Por su parte, la cuenta de soporte técnico de Twitter ha trasladado en un mensaje en la red social que la compañía es «consciente» de «un incidente de seguridad que afecta a las cuentas de Twitter». «Estamos investigando y tomando medidas para solucionarlo. Actualizaremos dentro de poco», ha agregado.

Así, algo después de que el ataque comenzara, la compañía ha restringido la capacidad de compartir mensajes en Twitter de las cuentas verificadas. «Es posible que no pueda tuitear o restablecer su contraseña mientras revisamos y abordamos este incidente», ha informado Twitter en otro mensaje.

No obstante, la mayoría de las cuentas verificadas que han visto su actividad congelada ya están operativas de nuevo. «La mayoría de las cuentas deberían ser capaces de tuitear de nuevo», ha señalado Twitter en un mensaje.

«Mientras continuamos trabajando en una solución, esta funcionalidad puede ir y venir», ha avisado, al tiempo que ha asegurado que la compañía trabaja «para que las cosas vuelvan a la normalidad lo más rápido posible».

La gran cantidad de cuentas importantes que han sido hackeadas convierte a este episodio en el mayor incidente de seguridad de la historia de Twitter, una red social ampliamente extendida entre la población, los medios de comunicación e, incluso, líderes mundiales, como el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. El año pasado, la cuenta del director ejecutivo de Twitter, Jack Dorsey, también fue hackeada.

El incidente ha llamado la atención del FBI y su oficina de campo de San Francisco ha especificado que es «consciente» de lo ocurrido. En un comunicado recogido por el citado medio, ha agregado que «las cuentas parecen haber sido comprometidas para perpetuar el fraude en criptomonedas». Así, han aconsejado al público que no se exponga a ser «víctima de esta estafa» enviando ninguna cantidad de dinero.

 

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Se desactiva en Twitter una campaña del régimen chino qyue defendía su actuación en la gestión del COVID 19

China está, de nuevo, en el epicentro del debate sobre la influencia de las redes sociales en la sociedad. Hasta ahora, las empresas tecnológicas estadounidenses han sido cómplices de la censura del régimen chino, plegándose a sus intereses. Twitter, en cambio, ha decidido cortar por lo sano. En los últimos días ha desactivado más de 174.000 cuentas que, según la red de micromensajes, participaban en una campaña coordinada para promover discursos favorables a su gestión de la crisis del coronavirus Covid-19 y de las protestas prodemocracia de Hong Kong, entre otros temas.

Las cuentas se desactivaron en los primeros tres meses de 2020 y, según explica Twitter en un comunicado, la mayoría escribían mensajes en mandarín. Su objetivo era mejorar la imagen del gobierno liderado por el Partido Comunista Chino, principalmente en otras regiones de Asia. En total, se desactivaron unas 23.750 cuentas y 150.000 perfiles automatizados por «bots», que potenciaban el contenido por medio de sistemas de automatización. En agosto del pasado año se iniciaron las primeras investigaciones acerca del uso progubernamental de esta plataforma, que se incluye en la lista negra de los servicios bloqueados en el país.

Twitter defiende que las 23.750 cuentas eliminadas se detectaron rápidamente por medio de sus sistemas de revisión de contenido automatizados y no lograron gran relevancia. El informe concluye que, por lo general, eran perfiles con un escaso número de seguidores. Algo que también sucedía con las 150.000 cuentas encargadas de «amplificar» los mensajes. Los investigadores analizaron unos 348.608 «tuits» entre enero de 2018 y abril de 2020. Descubrieron que la mayoría de los mensajes se publicaron en horario comercial en Pekín en periodos comprendidos entre los lunes y viernes. El objetivo de sus actividades era influir en el debate social aprovechando los momentos de mayor actividad en la red social.

La gran mayoría de las cuentas (78,5%) no tenía seguidores, mientras que el 95% albergaba a una media de ocho seguidores, aunque esas cuentas tenían un alto nivel de compromiso entre sus seguidores. Las sospechas se iniciaron después de descubrir que el «modus operandi»: muchas de esas cuentas recibían «retuits» sin tener ningún seguidor. La investigación concreta que un total de 156 «tuits» de recibieron más de 50 «me gusta» y 26 «tuits» de perfiles sin seguidores recibieron más de 10 «retuits».

La compañía estadounidense ha insistido en que esta campaña de injerencia estuvo involucrada «en una variedad de actividades de manipulación» informativa. Propagaban sus mensajes en distintos idiomas chinos para amplificar el discurso y difundían opiniones favorables al Partido Comunista de China, mientras «continuaban promoviendo otras narrativas sobre la política en Hong Kong», denuncia la empresa.

La red social explica que ha hallado vínculos entre esta operación y otra llevada a cabo también por el Gobierno chino a mediados de 2019 que se extendió, además de esta plataforma, a otras como Facebook y YouTube. Sin embargo, en esa ocasión, el objetivo principal de la campaña era influir sobre la percepción de la crisis desatada entre Pekín y la autonomía de Hong Kong, y contó con 210 canales de YouTube, 200.000 cuentas en Twitter, y siete páginas, tres grupos y cinco cuentas de usuarios en Facebook.

Además, investigadores del Instituto de Política Estratégica de Australia descubrieron que, aunque Twitter está bloqueado en China, la campaña se diría a usuarios de habla china fuera del país «con la intención de influir en las percepciones sobre cuestiones clave, incluidas las protestas de Hong Kong, el multimillonario chino exiliado Guo Wengui y, en menor medida, la gestión de Covid-19 y sus relaciones con Taiwán».

Polémica con Zoom, la «app» de videollamadas

Por su parte, Zoom, conocida empresa de videollamadas, ha admitido que ha borrado cuentas de activistas siguiendo las recomendaciones del gobierno chino. Entre los perfiles desactivados se encontraban usuarios que organizaban reuniones en la que se conmemoraban las protestas de la Plaza Tiananmen de 1989 y las protestas de Hong Kong.

«El gobierno chino nos informó que esta actividad es ilegal en China y exigió que Zoom cancelase las reuniones y las cuentas de los anfitriones», reconoció en un comunicado la compañía, que gestiona unas 300 millones de cuentas en todo el mundo. Pese a todo, la empresa ha insistido en que no colabora con el régimen: «No proporcionamos ninguna información del usuario ni contenido de la reunión al gobierno chino. No tenemos una puerta trasera que permita que alguien entre a una reunión sin ser detectado».

Otra empresa que se ha plegado a los intereses chinos ha sido Apple, que ha decidido retirar recientemente la aplicación Pocket Casts de la App Store en China por incluir «contenido ilegal». Lo ha hecho después de recibir una petición de la Administración del Ciberespacio China -CAC, por sus siglas en inglés-, según han comentado los propios desarrolladores de la aplicación en un comunicado.