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El modo oscuro de las apps, ¿para qué sirve?

La salud es lo primero. Eso se dice siempre, ¿no? Pues la industria de la tecnología se ha caído de un guindo. Tras haber creado servicios digitales que han perseguido «enganchar» a los usuarios ahora se plantean dar herramientas a los usuarios para quizás no tanto desintoxicarse sino para saber que puede estar enganchado. Y en esa vorágine sobre el bienestar, las aplicaciones han abrazado un concepto que sin ser realmente nuevo ya es un tendencia, el modo oscuro.

Twitter, la popular red de micromensajes, lo puso en marcha hace unos meses. Lo ha implementado con una opción automática por la cual deja en manos del usuario elegir si quiere que cuando caiga el sol la aplicación se vuelva oscura. La última versión del sistema operativo móvil de Apple, iOS 13, también ha incorporado una característica similar. En sus productos más avanzados, incluso, aprovecha los sensores de luz ambiental para regular de manera automática la intensidad del brillo en pantalla, evitando así los dolorosos golpes de luz cuando se está en una habitación con poca luz. La lista es muy amplia: Telegram, YouTube, Google ChromeWindows 10 o Android 10. Incluso la enciclopedia online Wikipedia no ha querido quedarse atrás.

 Una de las empresas que parece estar decidida a apostar fuerte por esta tecnología es Facebook, que pretende llevar el modo oscuro a sus principales servicios, Instagram y WhatsApp. Dos de las aplicaciones más exitosas del momento y utilizadas constantemente por millones de personas. Todavía en fase de pruebas, ambas «apps» preparan su salto al modo oscuro, que se ha convertido en un fenómeno imparable de momento por sus supuestas aportaciones al bienestar del usuario y, sobre todo, cuidar de su vista.

Aunque se ha mejorado notablemente en los últimos años, la autonomía sigue siendo uno de los puntos flacos de los dispositivos móviles modernos. La solución encontrada por los fabricantes y desarrolladores es aprovechar las pantallas de tipo OLED que generalmente ofrecen negros más profundos para llevar al negro los servicios digitales y, a su vez, ha reducido la emisión de la llamada «luz azul». Con menos brillo se consume menos energía y recursos y, por lo general, se ahorra un poco. Dependiendo del servicio, es posible que lo active de manera automática o en los periodos que decida el usuario.

Santiago Hernández, experto en marketing digital de la Universidad a Distancia de Madrid (UDIMA), cree que existen dos razones de peso por las que las empresas tecnológicas se han subido al carro del modo oscuro. «Por un lado, tenemos la obsesión de la experiencia de usuario que está surgiendo en todos los ámbitos y favorece o evita el cansancio y la fatiga visual. Como cada vez más pasamos más tiempo con el móvil la experiencia es mejor. Pero, también, por otro lado, está la batería. Al emplear tonos menos saturados se logra que tarde más tiempo en descargarse. Y como estamos en un mundo conectado a este aparato «es un factor a tener», sostiene.

La duda acerca de si el modo oscuro se impondrá finalmente en la experiencia de uso en las aplicaciones o no lleva a recordar otras iniciativas del mundo de internet que generó mucho interés pero que finalmente no tuvo recorrido. «Todavía es muy pronto para saber si va a permanecer entre nosotros, pero como tantas otras cosas que parecía que se iba a establecer y luego no», añade.

 

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La validez legal de lo que prometemos por WhatsApp

Las palabras se las lleva el viento. Menos en WhatsApp, conocida aplicación de mensajería instantánea que, convertido en el principal canal de comunicación, en la que se prometen muchas cosas. Y, a veces, más de la cuenta. La plataforma se utiliza para numerosos fines, entre ellos, para comunicaciones oficiales en donde, en muchos casos, se llegan a acuerdos contractuales. La cuestión es: ¿tiene o no validez legal lo que digas?

Lo que le pasó a una persona en Vigo (Galicia) puede ser la historia de muchos. La diferencia es que una jueza de la localidad, perteneciente al juzgado de primera instancia número 13, ha emitido una sentencia por la cual se establece que los mensajes de WhatsApp pueden considerarse como prueba de la existencia de un contrato verbal. Según informa «El Faro de Vigo», los dueños de un piso en alquiler tuvieron que acreditar ante el tribunal el arrendamiento a través de los mensajes que intercambiaron con la inquilina.

En las conversaciones, aparentemente informales, los arrendadores compartieron las condiciones del alquiler, fotocopias del DNI y su número de cuenta bancaria necesario para domiciliar los gastos de agua y electricidad. Material empleado a la hora de comenzar relación, pero después de encadenar varios periodos sin pagar, decidieron emprender acciones legales para desahuciarle. El juez le ha dado la razón al entender que se estaba ante un contrato verbal y, por tanto, con cobertura legal.

Aunque no es la primera vez que un caso similar se lleva al tribunal, dado que sucedió también en 2015 en el País Vasco, este tipo de pruebas exige ciertos recursos para demostrarlo. El primero, autentificar la autoría dado que manipular los mensajes digitales es una tarea muy fácil. Pero, también, que ambas partes reconozcan la autoría. «[La sentencia] no dice nada extraño, pero cabe preguntarse “¿cuándo tiene validez legal?” Cuando la otra parte lo reconoce», apunta en declaraciones a este diario Borja Adsuara, experto en derecho digital.

«Lo que no tiene validez es un pantallazo de WhatsApp. No así cuando se reconoce que lo has evadido»

El problema -matiza- es un problema de pruebas. «Normalmente, el juez lo que mira es si la otra parte lo reconoce», apunta este experto, quien recomienda, a su vez, que nunca se reconozca el envío de los mensajes, sino que se impugnen como prueba. Sin embargo, los jueces por regla general, asumen que un pantallazo del teléfono móvil es manipulable, por lo que se suele solicitar una prueba pericial con el teléfono móvil.

«Lo que no tiene validez es un pantallazo de WhatsApp. No así cuando se reconoce que lo has enviado», añade. A su juicio, los mensajes a través de este tipo de canales digitales presentan «las mismas dificultades» que cuando se llega a un acuerdo verbal. Se trata de un conflicto legal algo difuso como también sucede cuando se llevan a juicio los mensajes en la red Twitter, conocidos como «tuits», porque también pueden manipularse fácilmente con extensiones de navegador o programas de retoque digital.

 

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Descubren un fallo en WhastApp que permite conservar las fotos aunque las hayas eliminado

WhatsApp, conocida aplicación de mensajería instantánea, introdujo hace dos años una útil función para eliminar los mensajes enviados. Una opción, «Eliminar para todos», que sin embargo no está exenta de problemas. Ahora se ha descubierto un fallo técnico que permite conservar las imágenes «eliminadas» de la galería del servicio.

Dicho de otro modo, el sistema no borra complementamente las fotografías, según una investigación del medio especializado «The Hacker News», que advierte que afecta a las versiones del sistema operativo iOS, para iPhone y con la configuración predeterminada. El archivo Y, de momento, no existe solución.

Se trata de una función que, desde que se puso en marcha, muchos usuarios han confiado. Máxime a los probables malentendidos y confusiones que se puede producir en este tipo de comunicaciones digitales.

La función «Eliminar para todos» de WhatsApp está concebida para borrar los mensajes inapropiados, incluidos texto, fotos y vídeos. La función, sin embargo, deja un tiempo para poder hacerlo (1 hora, 8 minutos). A partir de ese instante los mensajes no se pueden eliminar.

 

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Fallo en WhatsAPP : se pueden manipular tus fotos antes de que lleguen

WhatsApp es, con diferencia, una de las aplicaciones más empleadas por los usuarios en todo el mundo. Son más de 1.500 millones de perfiles registrados y la herramienta indispensable en las comunicaciones digitales. Por eso no deja de ser preocupante los momentos en los que producen desconexiones y, por supuesto, fallos técnicos. La «app» implementó hace dos años, y después de otros tantos de críticas, un sistema de seguridad de extremo a extremo que promete una gran seguridad de las conversaciones.

Pero los ciberdelincuentes son hábiles. Encuentran siempre alguna manera de penetrar a los sistemas. Una investigación de la firma de seguridad Symantec ha descubierto pruebas de una importante vulnerabilidad que permite a una persona malintencionada pueda manipular las imágenes y vídeos enviados antes de que llegue a su destinatario. Este fallo de seguridad, denominado «Media File Jacking», afecta a WhatsApp para Android de forma predeterminada y a Telegram para Android si ciertas funciones están habilitadas. También permite también modificar los archivos de audio.

Este problema afecta únicamente a las versiones de dispositivos móviles Android, el sistema operativo más extendido del mundo. Se trata de un ataque de tipo secuestro de imágenes y se produce, según los investigadores, por el sistema implementado por este servicio digital a la hora de almacenar los archivos. Ambas aplicaciones guardan las imágenes recibidas por los usuarios sin una cadena de identificación que informe si han sido alteradas por una aplicación de terceros.

«Este lapso de tiempo crítico presenta una oportunidad para que ciberdelincuentes intervengan y manipulen los archivos multimedia sin el conocimiento del usuario. Si se explota el fallo de seguridad, un atacante podría manipular información confidencial, como fotos y videos personales, documentos corporativos, facturas y notas de voz», aseguran Yair Amit Alon Gat, autores de la investigación, en un comunicado.

Funcionamiento del «bug»

Los expertos creen que aunque el cifrado de extremo a extremo es un mecanismo eficaz para garantizar la seguridad de las comunicaciones, no es suficiente este sistema si existen vulnerabilidades en el código de programación. «Lo que descubrimos en la investigación es que los atacantes pueden manipular con éxito archivos multimedia aprovechando los fallos lógicas de las aplicaciones, que se producen antes o después de que el contenido se haya cifrado», añaden los investigadores.

De forma predeterminada, WhatsApp almacena los archivos multimedia recibidos por un dispositivo en un almacenamiento externo en la siguiente ruta: / storage / emulated / 0 / WhatsApp / Media. En Telegram, si un usuario habilita la función «Guardar en la galería», asumiendo que es seguro y sin comprender sus ramificaciones indirectas, la «app» almacenará el contenido de los archivos de manera similar en: / storage / emulated / 0 / Telegram /. El problema, subrayan los investigadores, es que ambos son directorios públicos: «las aplicaciones cargan los archivos recibidos de los directorios públicos para que los usuarios los vean en la interfaz de chat cuando ingresan al chat correspondiente», apuntan.

Por tanto, el hecho de que los archivos se almacenan y se cargan desde el almacenamiento externo sin los mecanismos de seguridad adecuados se pueden poner en riesgo la integridad de los archivos multimedia. Si el atacante accede primero a los archivos (esto puede suceder en tiempo real si un «malware» monitoriza los directorios públicos para detectar cambios), los destinatarios verán los archivos manipulados antes de ver los originales. Además, la miniatura que aparece en la notificación que ven los usuarios también mostrará la imagen o el archivo manipulados, por lo que los destinatarios no tendrán ninguna indicación de que se hayan cambiado los archivos. Los expertos creen que, para evitar este posible problema, es más conveniente guardar las imágenes en algún servicio de almacenamiento en la «nube» o en el propio dispositivo.

Otros expertos creen que el fallo no es demasiado grave pero que, una vez más, demuestra el impacto de los permisos de usuarios en las aplicaciones más populares. «El funcionamiento del fallo se basa en permisos de usuario. Cada app tiene acceso solamente a sus ficheros. Lo que pasa es que si tú uno de esos ficheros -una foto que te llega de otro contracto– si la dejas en el carrete de fotos, todas las app que tengan acceso al carrete tendrán acceso a las fotos. El «bug» demuestra, claramante, por qué es necesario acotar el acceso a según qué permisos de aplicaciones», apunta a este diario Lorenzo Martínez, experto en seguridad de Securízame.

El modo nocturno; la codiciada función que persigue la industria tecnológica

La salud ha entrado en los planes de contingencia de las empresas tecnológicas. En su inventario se han añadido otros elementos «silenciosos» que buscan incentivar al usuario a llevar buenas prácticas con sus productos electrónicos. La nueva camada de smartphones ha puesto el foco en el modo noche que, aunque no es una opción novedosa, acelera los pasos para ser un estándar dentro de la industria. El desafío: contribuir a una mejora del sueño del usuario y, de paso, intentar cuidar de sus ojos.

A medida que las pantallas digitales se han adentrado en lo más profundo de nuestras vidas, el miedo a los posibles efectos en la salud ha ido a mayores. Se trata ya como trastornos. incluso, el uso compulsivo de las plataformas digitales. Los oftalmólogos advierten, aunque puedan llegar a beneficiarse en un futuro,de un aumento en edades más prematuras de la miopía.

Todas estas preocupaciones han contribuido a que la industria, en general, decida cotizar al alza algunas funciones aparentemente secundarias como el «modo noche». Una función que servicios tan populares como WhatsApp han empezado a desarrollar para lanzarlo próximamente entre sus usuarios.

En un afán por proteger la vista de los usuarios, muchos servicios digitales disponen de funciones específicas para reducir la proyección de luz artificial procedentes de las pantallas de los móviles. Algunos terminales, incluso, cuentan con modos noche para atenuarlas. El objetivo es forzar menos a los ojos cuando se pasan tiempos prolongados. Y eso a pesar de que no existen evidencias científicas acerca de los riesgos de la luz azul que emiten las pantallas.

Plataformas como YouTube lo tienen desde hace tiempo implementado aunque su denominación es «modo oscuro». Para los angloparlantes, «dark modo». Pero tiene otras denominaciones también como «modo noche», como en el caso de Twitter, la red de micromensajes. Ese modo oscuro consiste en invertir las tonalidades de la interfaz de usuario. Es decir, cambiar el fondo blanco por uno negro. Y, con ello, evitar fatigas visuales. Esta función gana mucho peso en el caso de las pantallas de tipo OLED, que ofrecen unos negros más profundos, con lo que el resultado es más efectivo.

Hay sistemas operativos, como en el caso de iOS, que disponen incluso de funciones muy interesantes como «Night Shift» que permite al usuario seleccionar un periodo de tiempo en donde la pantalla se puede regular de manera más cálida, por ejemplo, en la tarde o bien entrado en la noche. Es una idea que favorece el bienestar al igual que el «brillo automático», que permite regular la intensidad del brillo en función de las condiciones de la habitación. Así uno evita el espasmo visual, el golpe nada más abrir el ojo nada más levantarse o consultar el móvil a media noche.

Además de estas indudables ventajas, el modo noche, a su vez, tiene otra: los dispositivos consumen menos energía. De hecho, Google descubrió hace varios años esta particularidad, con lo que ha venido extendiendo la opción a todos sus servicios. Por regla general, la pantalla es el elemento que más recursos consume de batería. Reduciendo su intensidad y las tonalidades más oscuras lo que se genera es un menor gasto energético que repercute en todos los aspectos del uso cotidiano de la tecnología.

En algunas plataformas también se puede reducir lo que se llama “punto blanco”, es decir, la intensidad de los colores vivos, aunque afecta a todas las aplicaciones dado que sus efectos se extiende a toda la interfaz de usuario. En Android 10, la próxima gran actualización del sistema operativo de Google, contará con un “modo noche” mejor integrado: se activará automáticamente cuando se encienda el ahorro de energía.

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