La mayoría de la población pasa buena parte de su tiempo en el trabajo, muchas veces, adoptando posturas casi imposibles frente a la pantalla de su ordenador o realizando movimientos bruscos que para nada benefician a la salud. De hecho, desde la empresa tecnológica Worldline –especializada en servicios de pago– cuentan que varios estudios aseguran que el 71,1% de las enfermedades profesionales se deben a problemas musculares y óseos; entre ellos, la lumbalgia se lleva la palma. Una situación que no benefician ni a la empresa, que debe hacer frente a numerosas bajas, ni al trabajador.

Consciente del panorama, la empresa francesa –en connivencia con SGS y Eurecat– ha creado un body que detecta en qué posición permanece una persona en su puesto de trabajo y se «chiva» de si la postura es apropiada o dañina para espalda. Su nombre es Wearlumby es quizás uno de los gadgets más llamativos que han pasado por los stands del Mobile World Congress (MWC) que esta semana se ha celebrado en Barcelona. Se trata de un «wearable» que nació tras «tres años de trabajo» y que se probó entre trabajadores que dedican su vida a actividades muy variadas, explica Santiago Ristol, director del centro de competencias de movilidad de Worldleine.

Ventajas de la Inteligencia Artificial

Con las medidas del usuario como referencia, utiliza los quince sensores que tiene colocados en la parte posterior para analizar la elongación (capacidad de los músculos para estirarse), la tensión y la rapidez de los movimientos, explica Ristol. Al estar conectado a un software inteligente a través de blutooth, el resultado saldrá reflejado en la pantalla, listo para que un médico lo analice y desvele al usuario en qué aspectos falla y cómo puede mejorar su higiene postural.

Augurios para el futuro

Sin embargo, a pesar de estar diseñado para el ámbito laboral, Ristol prevé que en una década –o puede que menos– esta innovadora prenda se dirija al consumo general y pueda llegar al gran público; es decir, que no se limite solo al mundo empresarial. Aunque asegura que para lograrlo habría que cambiar la forma en que se proporcionan los datos –hacerlos mas claros para que los médicos no sean lo únicos que los puedan comprender e interpretar– y añadir nuevos sensorespara calcular otros parámetros de salud como la respiración, las pulsaciones o la presión sanguínea.

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